AERÓBICO O ANAERÓBICO, ¿CUÁL ES LA DIFERENCIA?
Lido Coronado
No hace falta ser médico para saber que el ejercicio
trae grandes beneficios a la salud, de ahí el creciente interés
por practicar deporte, lo que además ha provocado que, entre otras cosas,
se incorporen nuevas palabras al diccionario popular, como aeróbico o
anaeróbico, de los cuales hablaremos a continuación.
Si empezamos por lo más elemental, tendremos que decir
que aeróbico significa trabajo en presencia de oxígeno, es decir,
el aire que tomamos es suficiente para cubrir las necesidades de ese vital elemento.
Entonces, cualquier actividad que cumpla con ello se le denomina aeróbica,
independientemente de su intensidad o duración. Un ejemplo sencillo es
dormir, donde se cubren las necesidades de oxígeno al respirar.
Por su parte, anaeróbico se refiere al trabajo realizado
en donde el oxígeno que tomamos del aire no es suficiente para la cantidad
que necesitamos, por ejemplo, al perseguir el autobús hasta que parece
que el corazón se escapa por la boca.
Ahora bien, al iniciar cualquier actividad física el
aire que tomamos siempre cubre las necesidades del organismo, por lo tanto empieza
siendo aeróbico. En el caso de que la intensidad se eleve a un punto
en el que necesitamos más aire del que podemos tomar caemos en esa falta
y, por tanto, se convierte en anaeróbico, teniendo que disminuir la intensidad
e incluso detenernos para poder recuperarnos.
Aire que te quiero aire
Habiendo dejado claro que el ejercicio aeróbico es aquel que lleva aire
a los pulmones, pensemos que en esa categoría está caminar de
manera rápida, correr, remar, brincar la cuerda, nadar, patinar, esquiar,
andar en bicicleta y bailar, entre las más comunes. Lo peculiar en ello
está en que los músculos utilizan como combustible principal las
grasas en el organismo, de manera que la cantidad gastada aumentará en
la medida que dure la ejecución.
Así, quien efectúa ejercicio aeróbico durante
largo período y con intensidad moderada, lo verá reflejado en
la fortaleza y aumento de volumen de las llamadas grandes masas musculares,
como piernas, nalgas y parte baja de la espalda.
Es de vital importancia que el ejercicio se haga con cierta
intensidad para que los latidos del corazón aumenten e ingrese más
aire a los pulmones, con el fin de que el oxígeno sea distribuido a nivel
celular. Recuerde que si la intensidad aumenta en exceso deja de ser aeróbico
para ser anaeróbico, donde necesitamos más aire del que somos
capaces de respirar.
Por otra parte, los verdaderamente doctos en el asunto indican
que la forma más fácil de medir la intensidad del ejercicio aeróbico
es a partir del número de pulsaciones cardíacas por minuto, partiendo
de que la cifra máxima que soporta un corazón sano es aproximadamente
220. Entonces, para calcular la cantidad pertinente para cada persona, se resta
a 220 la edad (en años) del practicante, por ejemplo, para un hombre
de 30 años sería: 220 - 30 = 190.
En base a esto, los especialistas consideran las siguientes
categorías para práctica de ejercicio aeróbico:
Suave. Si se realiza en el rango del 55%
al 60% de la cifra indicada.
Moderado. Entre el 60% y 75%.
Fuerte. Al ejecutado entre 75% y 85%.
Exceder esta cifra implica convertirse en anaeróbico.
De esta forma, si lo que se persigue es mayor resistencia física
y mejor condición del corazón, lo indicado es ejecutar los ejercicios
aeróbicos en un rango de intensidad fuerte, durante un tiempo moderado
(20-30 minutos) un par de veces a la semana. Si el objetivo es mantener la salud
y mejorar el metabolismo (aprovechamiento y desecho) de las grasas, conviene
hacer un trabajo de suave a moderado, durante 40 minutos o más y de 3
a 5 veces por semana; habrán mayores beneficios si hay la posibilidad
de hacerlo con más frecuencia.
A su salud
La constancia en el ejercicio aeróbico tendrá importante recompensa
en la salud del practicante, principalmente en las siguientes áreas:
- Fortalece el corazón al hacerlo latir más fuerte.
- Disminuye la grasa corporal.
- Desciende la presión sanguínea.
- Reduce el colesterol malo y mantiene en niveles normales el bueno, lo cual disminuye en forma considerable los riesgos de ataque cardiaco.
- Ayuda a perder peso, por el uso de calorías como combustible.
- Disminuye tensión y estrés.
- Aumenta fuerza física y autoestima.
- Acelera el proceso de absorción y desecho (metabolización) de las grasas, al grado que una vez finalizada la sesión el cuerpo tiende a quemar más calorías, preferentemente de la grasa, aun en reposo.
- Colabora en la eliminación de toxinas a través de respiración más eficiente.
Ahora que, usted puede combinar ambos tipos de ejercicio y obtener
mejores resultados, por ejemplo, si realiza entrenamiento con pesas (en la categoría
de anaeróbico), a fin de ayudarse a mejorar en forma y vigor físicos,
considere también ejercicio aeróbico, el cual le proporcionará
beneficios como los ya mencionados. Lo anterior es particularmente recomendable
en las personas mayores de 35 años, puesto que a partir de esta edad
los riesgos en la salud se incrementan.
Finalmente, es de vital importancia ser asesorado por un verdadero
profesional en instrucción deportiva para obtener los resultados que
se esperan del ejercicio aeróbico, pues es el indicado para que se cumplan
las condiciones necesarias en cuanto al consumo de oxígeno adecuado y
al control de la intensidad.