SÍNDROME DISPÉPTICO, EL ESTÓMAGO PIDE AYUDA
Dr. Eduardo Ramírez Jaramillo
La cuarta parte de la población adulta en México
padece alteraciones del aparato digestivo, como el llamado síndrome dispéptico;
sin embargo, muy pocas personas buscan atención médica y dejan
que el problema avance, lo que llega incluso a incapacitar al enfermo.
El síndrome dispéptico conjunta una serie de síntomas
abdominales, como dolor, náuseas, inflamación abdominal, flatulencia,
eructos, sensación de saciedad temprana, pirosis (ardor torácico),
regurgitación o lo que las personas comúnmente refieren como indigestión;
en contadas ocasiones se presenta diarrea.
En los últimos años, la atención de pacientes
que acuden a consulta por presentar alguno o varios de estos síntomas
se ha incrementado, a causa de las grandes variaciones que ha sufrido la dieta
pero, sobre todo, por desordenes alimenticios de cada persona.
El consumo de productos picantes, grasas, alcohol y tabaco es
común en la población mexicana, por lo cual la mucosa gastrointestinal
se irrita y genera procesos inflamatorios que no permiten la secreción
adecuada de sustancias que se encargan de llevar a cabo el proceso de digestión.
La consecuencia es que, al no ser adecuadamente digeridos los alimentos, su
paso del estómago hacia el intestino se retarda, generando sensación
de saciedad y plenitud gástrica, así como retraso en el vaciamiento
del órgano, favoreciendo de esta manera que el contenido del mismo retorne
al esófago, propiciando reflujo y náuseas, eructos y ardor torácico,
lo que en conjunto se conoce popularmente como agruras.
Sucede también que los alimentos mal digeridos, al llegar
a la porción final del intestino, son atacados por las bacterias de esta
región y causan formación de gases intestinales que generan inflamación
abdominal y flatulencia.
El síndrome dispéptico se origina por la conjunción
de varios trastornos; los más importantes se mencionan a continuación:
- Hernia hiatal. Se presenta cuando hay una apertura del hiato, parte del cuerpo que conecta al esófago con el estómago, el cual se desplaza por encima del diafragma (músculo que separa al tórax del abdomen).
- Úlcera gástrica. Lesión que se genera en la cubierta interna (mucosa) del estómago o del duodeno (inicio del intestino), que se puede extender al resto de las capas de estos órganos y llegar a perforar sus paredes.
- Gastritis. Inflamación de la mucosa gástrica que cubre las paredes internas del estómago.
- Gastroparesia. En otras palabras, trastornos del movimiento gástrico, debido principalmente a la falta de estímulos nerviosos que propician deficiente desplazamiento de los alimentos por el intestino.
- Intolerancia a la lactosa. La falta o baja presencia de la enzima llamada lactasa impide la óptima asimilación de un azúcar componente de los lácteos, denominada lactosa; el problema puede generar flatulencia y diarrea y, en alto porcentaje, es hereditaria.
- Parasitosis intestinales. La presencia en el tracto digestivo de parásitos (sobre todo amebas, salmonellas y lombrices) frecuentemente es causa de alteraciones en el proceso digestivo.
Otros padecimientos, como pancreatitis (inflamación del
páncreas), colestasis biliar (afectación en la secreción
de bilis) y diabetes, así como embarazo y estrés dificultan la
formación de secreciones (jugos gástricos) encargadas de llevar
a cabo la digestión.
Cómo ayudarnos
Para controlar los síntomas del síndrome dispéptico es
importante conocer las causas específicas que lo originaron, con el fin
de que el tratamiento se dirija a corregir origen y síntomas; sin embargo,
en muchos casos las molestias resultan excesivas, por lo cual el médico
especialista (en este caso gastroenterólogo) tratará de darles
alivio lo más pronto posible siguiendo un tratamiento empírico,
es decir, basado en su experiencia científica.
Lo anterior generalmente resulta la opción adecuada para
pacientes menores de 45 años de edad, que no tienen evidencia de alguna
enfermedad crónica como diabetes; también es útil en quienes
presentan síntomas leves pero de larga duración, intermitentes
o de fácil control. Las opciones terapéuticas más recurrentes
para controlar los molestos síntomas son las siguientes:
- Antiácidos. Constituyen excelente medio para tratar síntomas leves de dispepsia, en especial cuando se relaciona con excesos o con alteraciones de la dieta habitual; no se recomiendan a pacientes que sufren de dispepsia constante o diaria.
- Subcinato de bismuto. Protege y regenera la mucosa; sin embargo, como se llegan a absorber pequeñas cantidades de bismuto no debe usarse por tiempo prolongado.
- Bloqueadores. Productos que impiden la secreción de jugo gástrico (ácido clorhídrico); son una de las opciones más usadas por los pacientes que se automedican, no obstante, quienes no mejoran en grado significativo con este tratamiento requieren de estudios específicos para un diagnóstico preciso y dar el tratamiento correspondiente.
- Procinéticos. Medicamentos que mejoran los trastornos de la movilidad gastrointestinal y proporcionan alivio en los pacientes con reflujo gastroesofágico o dispepsia sin presencia de úlcera; pero, como los anteriores fármacos, si no se observa mejoría significativa, se deben realizar exámenes adicionales para su control.
Cuando los medicamentos descritos no causan el efecto esperado
y las molestias continúan por más de 7 días, el gastroenterólogo
indicará exámenes de laboratorio precisos para conocer las posibles
causas de la dispepsia y los daños que ha generado en el organismo; entre
los más comunes se encuentran:
- Ameba en fresco. Consiste en la toma de muestra de moco de la región anal por medio de un hisopo (cotonete), con la finalidad de establecer la presencia de ameba.
- Citología en moco fecal. Sirve para identificar el tipo de glóbulos blancos que contiene el moco fecal, de esta manera se puede tener idea de las características del agente que está produciendo la diarrea.
- Coproparasistoscópico. Se buscan parásitos, sus huevecillos o restos de ellos en heces del paciente, con la finalidad de establecer su tipo y características; es común que se tomen muestras durante tres días consecutivos para conocer el desarrollo de los microorganismos.
- Endoscopía. Diminuta cámara de video es introducida por la boca para conocer el estado de esófago, estómago e intestino, así como para tomar muestras de tejidos (biopsia) y descartar la presencia de células cancerígenas en la zona.
- Esofagograma. También llamado serie esófago-gastro-duodenal, es una exploración con rayos X en distintas posiciones (de pie, acostado, boca abajo) en la que se utilizan contrastadores para observar el movimiento de líquidos en el aparato digestivo.
- Gastroscopía. Mediante un tubo de luz se puede ver a través de un monitor la mucosa del esófago y estómago en busca de alteraciones.
Otras de las medidas que se deben procurar para complementar
el tratamiento de dispepsia es la modificación de los hábitos
dietéticos estableciendo horarios fijos de comida, evitando el consumo
de aquellos alimentos que sean sospechosos de causar el síndrome, como
irritantes gastrointestinales (picante, condimentos, café, lácteos,
grasas, alcohol, chocolate, menta, semillas oleaginosas, como cacahuate, almendra,
nuez, avellana y ajonjolí, entre otras), así como refrescos gaseosos,
huevo y embutidos, por ejemplo. Asimismo, es importante incrementar el consumo
de fibra natural de frutas y verduras, y la ingesta de líquidos.
En ocasiones es necesario recurrir a terapias de apoyo como
la ocupacional, psicoterapia, hipnosis y conductual, la cual incluye sesiones
de relajación. Estas técnicas proporcionan al paciente sensación
de mayor control sobre sus enfermedades, promueven patrones sanos de comportamiento
y reducen los estados de estrés, ansiedad y depresión.
En conclusión, podemos decir que la terapéutica
empleada para el control de los síntomas del síndrome dispéptico
debe ser, la mayoría de las ocasiones, en forma combinada. De esta manera,
se logrará mejorar el padecimiento eliminando los síntomas y procurando
que el paciente no se automedique pues podrían surgir otro tipo de alteraciones
por sobredosificación, reacciones alérgicas o efectos secundarios
a cualquiera de los medicamentos empleados; lo más conveniente es solicitar
la valoración clínica del gastroenterólogo y mantenerse
bajo tratamiento controlado y supervisado.