PREVENGA UN DERRAME CEREBRAL
Raúl Serrano
El derrame cerebral puede tener repercusiones muy serias e incluso
llevar a la muerte. El primer signo de su presencia puede ser fuerte dolor de
cabeza, ¡cuidado!
De la forma más simple puede explicarse que el derrame
cerebral (o apoplejía) es el daño originado por la interrupción
del suministro de sangre al cerebro. Sus causas son diversas, pero es importante
destacar que en alto porcentaje se deben a malos hábitos que pueden prevenirse;
el problema se debe principalmente a:
Trombosis. Estrechamiento
progresivo y bloqueo de una arteria del cerebro o cuello, por lo general debido
a la acumulación de colesterol, compuesto graso que el cuerpo produce
y que se encarga, (entre otras cosas) de regular el funcionamiento de ciertas
hormonas; ingresa al organismo por alimentos que lo contienen (carnes rojas,
huevo, mariscos y la mayoría de los productos lácteos, principalmente)
.
Embolia. Obstrucción
de una arteria del cerebro o del cuello por un coágulo de sangre que
puede formarse en otra parte del organismo (por lo general en el corazón)
y que es trasladado por el torrente sanguíneo a la cabeza.
Hemorragia. Ruptura de
una arteria del cerebro o de la superficie cerebral, la cual puede deberse a
un aneurisma (zona delgada y débil de la pared arterial) o a una malformación,
con la que se nace, del sistema circulatorio que irriga al encéfalo.
El derramamiento de sangre puede producirse dentro del propio cerebro o en el
espacio entre éste y la membrana protectora exterior.
Se estima que 60% de los casos de derrame cerebral se deben
a trombosis, y que el 40% restante se divide entre embolias y hemorragias. No
obstante, las estadísticas señalan que 50% del total de los casos
futuros pueden evitarse si se siguen las indicaciones del médico y se
modifican ciertos hábitos dañinos en el estilo de vida, los cuales
influyen directamente en los factores de riesgo:
Colesterol alto y sobrepeso.
El excedente de este compuesto graso puede depositarse en las paredes arteriales
y producir el bloqueo de dichos vasos a causa de una trombosis; a su vez el
peso excesivo dificulta el funcionamiento de todo el sistema circulatorio y
predispone a la persona a otros factores de riesgo, como presión arterial
alta (hipertensión). Es de entenderse que se debe acudir a un nutriólogo
que prescriba la dieta que mejore el estado físico y de esa manera se
reduzcan los problemas aquí referidos, evitando en lo posible a charlatanes
y oportunistas que pueden poner en riesgo la salud.
Hipertensión. La
presión sanguínea alta daña las paredes arteriales y puede
incrementar la coagulación, misma que favorece la formación de
"tapones" de sangre que provocan apoplejía; este problema puede
incrementar entre 2 y 6 veces el riesgo de derrames cerebrales. Para evitar
problemas de consideración es imprescindible seguir ciertos cuidados,
como llevar dieta balanceada, consumir fruta, mantener peso adecuado y hacer
ejercicio. Sólo se debe recurrir a fármacos bajo prescripción
médica.
Fibrilación auricular.
La fibrilación auricular (AF) es el nombre que se da al ritmo cardíaco
irregular que se presenta en la aurícula izquierda (compartimiento superior
izquierdo del corazón), la cual puede llegar a latir hasta 400 veces
por minuto, cuando lo normal es que sean entre 60 y 100 contracciones; a largo
plazo, la AF sin tratamiento también puede debilitar al corazón
y provocar infarto cardíaco. Consulte siempre a un cardiólogo
para recibir tratamiento, y de ninguna manera lo interrumpa.
Tabaquismo. Los compuestos
que se aspiran al fumar cigarrillo o puro dañan considerablemente a los
tejidos que encuentran en su camino hacia los pulmones, entre ellos vasos y
arterias sanguíneos, a cuyas paredes provocan endurecimiento, y con ello
se obliga a que el corazón trabaje más de lo normal y se eleve
la presión sanguínea. Además, fumar hace que la sangre
se coagule con mayor facilidad, aumentando el riesgo de originar obstrucciones.
Este mal hábito puede elevar al doble el riesgo de derrames cerebrales,
por lo cual se hace imperativo dejarlo.
Cabe destacar también que existen otros factores de riesgo
de derrames cerebrales que es imposible modificar, entre ellos:
- Diabetes. Los problemas circulatorios asociados a esta enfermedad
pueden incrementar el riesgo de derrames cerebrales incluso si se controlan
estrechamente los niveles de azúcar e insulina.
- Edad. El riesgo de derrames cerebrales se duplica cada 10
años después de los 35 años de edad.
- Herencia. Los antecedentes familiares de apoplejía
indican mayor riesgo para la persona.
- Raza. Las personas de ascendencia negroide tienen el doble
de riesgo de sufrir derrames cerebrales que otros grupos raciales.
- Sexo. Los hombres tienen riesgo de apoplejía ligeramente
superior a las mujeres.
Además de estos factores de riesgo, los derrames cerebrales
también se relacionan con el consumo de alcohol (especialmente cuando
se beben cantidades exageradas) y el consumo combinado de anticonceptivos orales
con alto contenido de estrógenos y tabaco por mujeres mayores de 30 años
de edad.
Signos de alerta
Quien cumple con uno o varios de los factores de riesgo antes mencionados
deben prestar mucha atención a los siguientes síntomas y procurar
atención médica inmediata.
Algunos derrames cerebrales son precedidos por señales
de alerta denominados ataques isquémicos transitorios (ATI), los cuales
se caracterizan por la interrupción transitoria del flujo sanguíneo
dentro del cerebro o en sus regiones aledañas. Entre los ATI o señales
de alerta de la apoplejía se encuentran los siguientes:
- Dificultad para hablar o para comprender frases sencillas.
- Falta de equilibrio, mareo o pérdida de la coordinación.
- Fuerte dolor de cabeza, localizado y sin explicación
aparente, de aparición súbita.
- Pérdida de sensibilidad, debilidad o parálisis
del rostro, brazo o pierna, especialmente en un solo lado del cuerpo.
- Visión nublada o reducida en uno o dos ojos sin causa
supuesta.
Es importante saber reconocer estos graves signos de alerta.
Aunque quizás no provoquen dolor y puedan desaparecer rápidamente,
son señales claras de que poco después podría presentarse
un derrame cerebral.
Ahora bien, para hablar de las consecuencias que la apoplejía
puede traer, debemos entender que éstas dependerán de la extensión
de la región cerebral afectada. Si la falta de irrigación sanguínea
deteriora al hemisferio izquierdo del cerebro se verá disminuida la memoria
y los procesos de comunicación -escuchar y hablar-, así como los
movimientos del costado derecho del cuerpo, principalmente en brazos y piernas.
Perjudicar al hemisferio derecho del cerebro puede afectar las
capacidades espaciales y de percepción, así como a los movimientos
del lado izquierdo del cuerpo. Es de entender que las apoplejías de gran
amplitud (que dañan a considerable porción de tejidos cerebrales)
provocan mayor número de efectos e incrementan su gravedad.
Secuelas
No resulta raro encontrar personas que han sobrevivido a un derrame
cerebral, pero en alto porcentaje de los casos el problema deja secuelas para
el resto de la vida, entre las que pueden mencionarse:
Depresión. Decaimiento del estado de ánimo que, en el ámbito
afectivo, se expresa mediante tristeza profunda, vacío existencial, autoculpa
y soledad, en tanto que en el mental ocasiona ofuscación, pesimismo,
inseguridad y baja autoestima. Son rasgos característicos de este estado
emocional episodios de llanto, ira o risa, que inician y terminan rápidamente
y se disipan con el tiempo. El tratamiento requiere colaboración del
psicólogo o psiquiatra, quien además podría prescribir
medicamentos.
Hemiplejia. En alto porcentaje
se presenta parálisis en un solo lado del cuerpo (lado opuesto al hemisferio
en donde se produjo el derrame cerebral), incluidos el rostro y boca. Los pacientes
pueden presentar dificultades para deglutir.
Problemas de comunicación.
El término afasia se emplea para describir a un conjunto de dificultades
de la comunicación, que incluyen habla, comprensión, lectura y
escritura.
Trastornos de la visión.
Es posible que los pacientes no puedan enfocar la vista o sufran debilidad de
la visión en uno de los ojos.
Medidas a tomar
Cuando se produce la apoplejía es necesaria la hospitalización
del paciente para determinar la causa, iniciar el tratamiento y evitar las complicaciones
que pudieran surgir. La rehabilitación se inicia una vez que se estabiliza
el estado del superviviente de derrame cerebral y se compruebe que se ha detenido
el deterioro neurológico; por lo general ésta se dirige a la recuperación
de aspectos como movimiento, equilibrio, percepción del espacio y del
cuerpo, control de esfínteres, lenguaje y métodos de adaptación
psicológica y emocional.
Como puede apreciarse, los programas de rehabilitación
tras un derrame cerebral exigen el esfuerzo coordinado de muchos profesionales
de la salud, y la experiencia acumulada ha propiciado que aproximadamente 80%
de quienes han sufrido este problema hayan tenido una rehabilitación
exitosa.
Se sabe que la frecuencia de casos de derrame cerebral aumenta
dramáticamente con la edad, por lo que saludymedicinas.com.mx
recomienda visitar al médico general para someterse a sencillo examen
físico a fin de determinar los riesgos de sufrir este grave problema.
Las estadísticas dictaminan que después de los 35 años
de edad el peligro se duplica cada década, sobre todo si se incurre en
hábitos como fumar y beber o se padecen enfermedades como las mencionadas
anteriormente.