AFECCIONES EN SENOS, EVITE GRANDES PROBLEMAS
María Elena Moura
A partir de la pubertad, los senos de la mujer sufren alteraciones
debido a herencia, actividad hormonal y dieta, y aunque la mayoría son
cambios benignos, algunos pueden ser de consideración. Por ello, es importante
conocer las afecciones más comunes y sus síntomas para prevenir
graves problemas.
Durante siglos, pero principalmente en las últimas décadas,
la mujer ha librado ardua lucha para mantener su salud, ya que su organismo
se encuentra expuesto a factores que pueden generar distintas alteraciones bioquímicas,
mismas que pueden repercutir en cambios importantes en la estructura de órganos,
tejidos y huesos.
En concreto, los senos o mamas de la mujer sufren modificaciones
constantemente, sea por motivos hormonales (internos), como ocurre durante la
menstruación y embarazo, así como por hábitos y factores
alimenticios (externos), entre ellos tabaquismo, consumo excesivo de alcohol
y exposición al Sol sin la protección de un bloqueador o filtro,
así como una alimentación rica en grasas.
Si a esto añadimos que pueden existir factores hereditarios
que incrementen el riesgo de sufrir algún padecimiento en las mamas,
no es exagerado afirmar que toda mujer debería acostumbrarse a autoexaminar
periódicamente sus senos cada mes, a partir de los 18 años o antes,
y a visitar a un especialista en salud femenina (ginecólogo) para resolver
cualquier duda sobre salud reproductiva y acerca de la detección oportuna
de alguna alteración en su organismo, que aunque en la mayoría
de ocasiones son benignas e inofensivas, no deben ser motivo de exceso de confianza.
Sencillamente, hay que recordar que incluso los padecimientos
graves, cuando son detectados y atendidos a tiempo, no ponen en riesgo la vida
de la paciente; por ejemplo, 99% de los casos de cáncer de mama que reciben
terapia oportuna no representan una emergencia médica gracias a su lento
crecimiento. Empero, de nada sirven los avances médicos si la mujer oculta
su enfermedad por miedo o ignorancia, y lo revela cuando ya se encuentra muy
avanzada.
Un poco de anatomía
Para conocer mejor los padecimientos que pueden afectar a los senos
o mamas, bien vale la pena recordar que dicha estructura corporal está
formada, sobre todo, por tejido adiposo (grasa), y que debajo de ella se encuentra
la glándula mamaria. Esta última es una estructura comparable
a un racimo de uvas, donde el lugar de los frutos es ocupado por diminutas glándulas,
llamadas acinos, y en vez de tallos encontramos una serie de conductos que forman
los lóbulos mamarios.
Los lóbulos sufren cambios notables cuando son estimulados
por distintas sustancias, como la prolactina, que se genera al concluir el embarazo
para estimular la producción de leche, misma que sale por el pezón
a través de los conductos galactóforos. Sin embargo, las hormonas
sexuales (estrógenos y progesterona) son las responsables de las alteraciones
más frecuentes y comunes, por lo que es conveniente que toda mujer tenga
esta información para no alarmarse innecesariamente.
En concreto, hay que explicar que días antes del inicio
del ciclo menstrual tiene lugar la liberación de cantidades considerables
de estrógneo, hormona que estimula a la glándula mamaria para
que aumente de tamaño, por lo que se llega a sentir dolor; en contraparte,
y coincidiendo con la llegada de la menstruación, el organismo produce
progesterona, otro tipo de hormona que hace que la mama se desinflame y, por
ende, se termine el dolor.
Ahora sí, pasemos a describir las afecciones más
comunes del seno, mismas que, a pesar de sus distintos orígenes, pueden
agruparse en tres categorías: dolor, secreción del pezón
y formación de estructuras o tejidos anormales (nódulos).
Dolor mamario
También se le conoce como mastodinia; no es un síntoma
preocupante, porque, en general, los trastornos más graves que afectan
a la mama no generan dolor, salvo cuando se encuentran en fases muy avanzadas
de desarrollo. En los casos benignos (que no son graves ni ponen en riesgo la
vida), las molestias puede presentar diferentes características:
- Aparecer y desaparecer cíclicamente o, por el contrario, ser constante.
- Sentirlo solamente cuando se aprieta la mama o estar siempre presente.
- Afectar a un solo seno o a ambos.
- Puede ser difuso o localizado en un área concreta.
Las causas más frecuentes de este padecimiento son:
Ciclo menstrual. Como
ya se indicó, el dolor mamario que antecede al final de este ciclo afecta
a todas las mujeres, principalmente a las jóvenes. En general, aparece
10 días antes del sangrado y se presenta en ambas mamas; no tiene una
localización precisa, sino difusa, y desaparece por sí solo justo
después de la llegada de la menstruación.
No es necesario acudir al médico por esta causa, a menos
que el dolor sea especialmente fuerte o molesto. En estos casos es posible que
el ginecólogo recete fármacos antiinflamatorios, analgésicos
u hormonales que disminuyan o eliminen las molestias.
Mastopatía fibroquística.
Es una anomalía benigna de la estructura de la mama, común
en las mujeres en edad fértil y causada por irregularidades hormonales.
Estos desequilibrios pueden favorecer la formación de pequeños
quistes (cavidad o saco con materia líquida o semisólida) o el
incremento de tejido fibroso en el interior de la glándula mamaria. El
dolor puede aumentar durante la fase premenstrual y suele afectar a ambas mamas.
Los quistes se identifican fácilmente mediante la autopalpación
o durante la visita médica, en la cual se pueden realizar algunos análisis
y pruebas de exploración. No deben despertar preocupación aunque
alcancen dimensiones de varios centímetros, pues son benignos y se generan
casi siempre por ligeras variaciones en la producción hormonal.
El tratamiento de los quistes puede ser mediante punción,
es decir, se remueven con ayuda de una aguja que permite vaciar el líquido
que contienen, y sólo en casos muy contados se analiza al microscopio
para conocer su naturaleza. Aunque parezca extraño, también se
pueden eliminar empleando la píldora anticonceptiva, ya que permite regular
la situación hormonal; de manera complementaria se suele recomendar una
dieta baja en café, chocolate, té negro, refrescos de cola, nueces,
sal y grasas de origen animal.
Mastitis. No es común
en todas las mujeres, generalmente se presenta en aquellas que amamantan a un
bebé; se debe a la obstrucción de los conductos de las glándulas
mamarias, las cuales se inflaman debido a que se acumula gran cantidad de leche
que no puede salir.
Además de generar dolor, se acompaña de enrojecimiento,
endurecimiento y aumento de temperatura en una región de los senos, así
como sensibilidad y agrandamiento de una de las mamas (rara vez se presenta
obstrucción en ambas). Ante ello, se requiere la ayuda del ginecólogo,
quien evaluará la dimensión del problema, recomendará descanso
y ayudará a drenar el exceso de líquido con ayuda de un tiraleche
y masajes.
Secreciones del pezón
Es una anomalía relativamente frecuente en las mujeres después
de los 30 años; su aparición no debe despertar preocupación
especial, ya que la mayoría de las veces es inofensiva, pero tampoco
se debe dejar de lado, pues puede revelar el avance de un tumor. Las secreciones
pueden estar relacionadas con diversas causas:
Medicamentos. Es la causa
principal y se presenta en ambos senos. Generalmente, el líquido no es
expulsado en forma espontánea, sino que se observa al presionar ligeramente
el pezón. Los medicamentos que con mayor frecuencia pueden provocar un
derrame son anticonceptivos orales, tranquilizantes y fármacos empleados
para proteger las mucosas del estómago. Cuando la mujer lo considere,
puede acudir al especialista, quien en casos severos modificará la medicación
para eliminar el problema.
Mastopatía fibroquística.
Como ya se mencionó, se trata de una anomalía benigna que afecta
a las mujeres en edad fértil. Es causada por irregularidades hormonales
y se caracteriza por la presencia de numerosos quistes.
Ectasia ductual. Es una
dilatación de los conductos galactóforos que provoca secreciones
amarillentas del pezón, la cual afecta mayoritariamente a las mujeres
de más de 50 años. El ginecólogo debe controlar este padecimiento
con medicamentos en forma constante, porque puede causar inflamación
de los conductos. Para excluir la presencia de otros problemas de naturaleza
más grave, se puede realizar un examen citológico, es decir, un
análisis de las células de la mama para descartar la presencia
de cáncer.
Exceso de prolactina. Aunque
el incremento en los niveles de prolactina es común luego del embarazo,
existen factores que pueden desencadenar aumento en los niveles de esta hormona
y generar la secreción de líquido lechoso, tales como períodos
de mucha ansiedad y angustia, episodios estresantes, alteraciones en la glándula
hipófisis y consumo de algunos medicamentos, como antidepresivos o aquellos
empleados en el tratamiento de úlceras gástricas.
El diagnóstico se efectúa a través de análisis
de sangre y el tratamiento será siempre personalizado, aunque en términos
generales podemos afirmar que cuando el problema está relacionado con
estrés, se resuelve mediante técnicas de relajamiento. Si es causado
por fármacos, el médico valorará la posibilidad de recetar
otros productos con igual función, pero diferente fórmula.
Papiloma intraductal. Se
trata de un problema frecuente y de naturaleza benigna, ocasionado por el surgimiento
de uno o más pequeños nódulos (formación anómala
de tejidos) que muchas veces no son perceptibles al tacto y que se desarrollan
en el interior de los conductos galactóforos. Este padecimiento tiene
la característica de manifestarse con pequeñas secreciones de
sangre por el pezón, que se presentan en una sola mama.
El diagnóstico se logra a través de la galactografía,
estudio que consiste en inyectar a través del pezón una sustancia
de contraste, misma que permite tomar una placa de rayos X y detectar anomalías.
También es común que se realice un examen citológico de
la secreción.
El tratamiento consiste en la extirpación quirúrgica
de las células afectadas, las cuales deben analizarse para asegurar que
no sean tejido canceroso. Algunos casos de papiloma intraductal pueden modificar
su naturaleza y generar tumoraciones malignas, por lo que esta enfermedad requiere
atención oportuna.
Células cancerosas.
Aunque la mayoría de las alteraciones que generan secreciones del pezón
resultan benignos, se debe tener presente la posibilidad de que el origen del
síntoma sea un tumor en formación. Para realizar el diagnóstico
adecuado se deben contemplar factores como edad (se estima que 77% de los casos
se dan en mujeres mayores de 50 años), historial en la familia o consumo
de alcohol y tabaco, así como llevar una dieta abundante en grasas y
con baja cantidad de frutas y verduras.
Toda sospecha debe confirmarse a través de una biopsia,
intervención que sirve para tomar parte del tejido afectado con el fin
de someterlo a pruebas de citología; además, se puede recurrir
a otras técnicas, como mamografía, que es un sistema que radiografía
la mama desde varios ángulos, útil para mujeres mayores de 40
años ya que no es capaz de detectar anomalías en una glándula
densa, como la de una fémina más joven, o una ecografía,
que es el estudio de tejidos internos a través de ultrasonido u ondas
acústicas de alta frecuencia.
Nódulos
Este tercer problema hace referencia a formaciones anómalas que
se advierten palpando el seno. En general suelen ocasionar sobresalto ante su
descubrimiento, pero en realidad son alteraciones benignas que en la gran mayoría
de los casos y, sobre todo en mujeres menores de 40 años, están
asociadas a alteraciones hormonales.
En cualquier caso, el descubrimiento de un nódulo exige
que la mujer visite al ginecólogo, ya que sólo él es capaz
de distinguir, a través del estudio de dimensiones y consistencia de
la malformación, qué nódulo es benigno y cuál requiere
otros exámenes para confirmar su naturaleza.
Entre las causas principales de nódulos encontramos:
Papiloma intraductal.
Como se indicó antes, se trata de uno o más pequeños nódulos
en el interior de los conductos galactóforos; generalmente, se distingue
por un derrame sanguinolento y suele ser benigno, pero son muy importantes seguimiento
y controles periódicos para asegurarse de que estas formaciones celulares
no modifiquen su naturaleza y se vuelvan cancerígenos.
Quistes. Son formaciones
redondeadas, simples o múltiples (mastopatía fibroquística)
que en todo caso son benignas. Se trata de sacos que acumulan líquido
en su interior, y que al ser palpados se perciben con consistencia esponjosa
y parece que no se mueven respecto a la piel. Pueden ser muy pequeños
o grandes, incluso medir varios centímetros.
El diagnóstico se auxilia de ultrasonido en las mujeres
jóvenes, o mamografía y ultrasonido cuando tienen más de
40 años. En caso de duda sobre el contenido de los quistes, es posible
introducir una aguja (punción) y extraer parte del líquido para
examinarlo.
Fibroadenoma. Es muy común
entre mujeres jóvenes y se presenta como formación redondeada,
dura, elástica, con superficie lisa y móvil respecto a la glándula.
Es un problema que, en general, se debe a desequilibrios hormonales.
El diagnóstico se ratifica a través de ultrasonido
y, en general, no requiere de intervención, ya que este problema se resuelve
espontáneamente cuando se regulariza la situación hormonal. El
fibroadenoma debe ser revisado periódicamente para controlar su eventual
crecimiento, y se puede extirpar en caso de aumento de volumen notable o si
genera dolor intenso y problemas estéticos.
Tumor filoide. Se trata
de una formación benigna similar al fibroadenoma, pues se presenta como
un nódulo circunscrito y móvil, sólo que tiene la característica
de aumentar su tamaño rápidamente, creando problemas estéticos
e irregularidades en la forma de la mama. Algunas veces pueden generar complicaciones
mayores, por lo que se prefiere extirparlos quirúrgicamente.
Lipoma. Es una formación
benigna constituida por grasa que, a la palpación, aparece como nódulo
redondeado, móvil y blando. Se identifica con ayuda de una mamografía,
y si es voluminoso se extirpa quirúrgicamente.
Cáncer. El diagnóstico
de esta enfermedad se efectúa, luego de descartar alguna de las causas
anteriores, a través de diferentes pruebas, como exploración directa,
ultrasonido, mamografía y citología.
Cada vez se tiene mayor oportunidad de descubrir este padecimiento
en etapas tempranas, y con ello aumenta la posibilidad de llevar a cabo medidas
oportunas que permitan su control a través de fármacos (quimioterapia),
radiaciones (radioterapia), terapia hormonal y cirugía, concretamente
lumpectomía (extracción del tumor y algunos tejidos cercanos a
él), mastectomía parcial (extirpación del cáncer,
parte del tejido que le rodea y algunas fibras musculares) y mastectomía
radical (eliminación de toda la mama y el recubrimiento de los músculos
del tórax).
Se sabe que la perspectiva de esta enfermedad es muy buena cuando
el tamaño de la formación no alcanza 1 centímetro, pues
esto significa que las células anómalas no se han extendido todavía
y no han generado daños considerables a la estructura del seno. Por ello
siempre es mejor reportar oportunamente cualquier cambio al médico.
Importancia de la autoexploración
Como puede observarse, visitar periódicamente al ginecólogo
para someterse a revisión es una medida que ayuda a crear un historial
y a evitar riesgos futuros a la salud, pero todavía más importante
es que la mujer conozca su anatomía y aprenda a realizar la autoexploración
de sus senos, ya que con esta sencilla medida puede detectar a tiempo el surgimiento
de algún problema que afecte su salud.
Cada mes, la mujer puede recurrir a sencilla técnica
que le permita evaluar la salud de sus mamas a través de la observación
y del tacto; preferentemente, la realizará una semana después
de que ha terminado la menstruación para evitar que la inflamación
generada por la acción de los estrógenos interfiera, y en caso
de que se encuentre ya en el climaterio (menopausia) fijará un día
en cada mes (todos los días 10 o 20, por ejemplo) para efectuarla. Estos
son los pasos a seguir:
- Primeramente, es indispensable brindar el tiempo y las condiciones de intimidad necesarias para sentirse relajada y con buena disposición.
- Elija una habitación bien iluminada y con temperatura agradable.
- Desnúdese de la cintura hacia arriba frente a un espejo.
- Con los brazos colgando a los lados de su cuerpo, observe detenidamente si sus senos poseen el aspecto y tamaño habituales.
- Coloque sus manos detrás de la cabeza y observe los pezones; es muy importante que verifique si sobresalen o hay secreción de líquido claro, lechoso o sanguinolento.
- Después estire bien los brazos hacia arriba para poder ver si hay alguna diferencia en forma o tamaño de ambas mamas, o bien, algún bulto o prominencia en axilas. Estas observaciones deberá hacerlas de frente y de perfil.
- A continuación coloque sus manos en la cintura, tense los músculos pectorales y compruebe si aparece alguna irregularidad en la piel o si hay abultamientos.
- Posteriormente, acuéstese boca arriba sobre una superficie plana; ponga una toalla doblada debajo del hombro, coloque el brazo del mismo lado detrás de su cabeza y apoye ésta en la almohada. Palpe con las yemas de sus dedos presionando suavemente el seno mediante movimientos circulares, iniciando desde la zona más alejada hacia el pezón. Haga lo mismo con el otro seno.
- Ejerza ligera presión sobre los pezones para verificar que secretan ningún líquido.
- Finalmente, toque sus axilas y cheque si presentan protuberancias.
Esta prueba no le quitará mucho tiempo y sí redituará
en beneficios notables, ya que en todo problema relacionado con la salud de
los senos es muy importante la detección a tiempo. Recuerde que cualquier
anormalidad debe ser reportada de inmediato al ginecólogo; no la oculte
por miedo o pudor, ya que entre más pronto se actúe mejores serán
los resultados.