CAUSAS DE PARÁLISIS FACIAL
Mario Rivas
En forma espontánea, una persona saludable puede notar
que uno de sus ojos luce demasiado abierto, no controla su sonrisa, y en general,
experimenta incapacidad parcial o total al gesticular. Este problema, llamado
parálisis de Bell, puede afectar a cualquier individuo, pero llega a
ser muy frecuente en ancianos. ¿Quiere saber por qué?
El rostro es importante medio que permite expresar o reafirmar
emociones sin pronunciar una sola palabra, incluso contagiar la alegría
de una carcajada o la emoción conmovedora del llanto. También
es una de las bases más sólidas de nuestra autoimagen, ya que
las facciones son tan particulares en cada individuo, que el conjunto formado
por nariz, boca, ojos, frente y pómulos nos diferencia de los demás.
De ahí que no sea extraño pensar en el impacto
que puede ocasionar en cualquier persona el hecho de verse al espejo con el
gesto irreconocible, descompuesto, tenso y, ante todo, de no poder modificar
esa expresión porque se carece de control parcial o total en la gesticulación.
Quienes han vivido esta experiencia, sea en persona o a través
de algún ser querido, coinciden en señalar que las sensaciones
que despierta son atemorizantes y desagradables, ya que se tiene la impresión
de que "se deja de ser uno mismo" y de que el rostro se encuentra
"tenso" o "torcido". Lo cierto es que esta anomalía,
conocida como parálisis de Bell, es generalmente inofensiva y tiene su
origen en una deficiencia del nervio facial (responsable de estimular los músculos
de la cara), ocasionada por problemas de circulación de la sangre, golpes
o baja de defensas que permiten la reactivación de virus que permanecen
ocultos en el organismo, como los del herpes y varicela.
La incidencia aproximada de este padecimiento es de 23 casos
por cada 100 mil en un año, lo que significa que 1 de cada 60 o 70 personas
la llega a padecer en algún momento de su vida. Mujeres y hombres de
todas las edades se ven afectados en igual medida, aunque se ha observado que
afecta principalmente a personas jóvenes sometidas a mucho estrés
y adultos mayores, sobre todo cuando padecen enfermedades que alteran al sistema
nervioso o a la red de distribución sanguínea, como diabetes,
aterosclerosis e hipertensión arterial.
Síntomas
La parálisis de Bell suele aparecer en forma repentina, incluso
en personas que no han manifestado previamente molestia alguna, aunque en la
mayoría de las ocasiones se experimenta, días u horas antes, dolor
detrás de alguna de las dos orejas. Asimismo, el grado de debilidad o
falta de control en los músculos faciales puede variar de leve a completa,
pero siempre afecta a un solo lado de la cara.
En términos generales, las manifestaciones de este padecimiento
consisten en:
- Problemas para cerrar un ojo y mueca rara en la boca. Esto es notado casi siempre por otras personas antes que por el mismo afectado.
- Se llega a presentar lagrimeo anormal, debido a la falta de parpadeo.
- La expresión facial cambia y puede lucir incluso sombría, teniendo la sensación de hormigueo, pesadez o de que la cara se jala hacia un lado.
- En ocasiones los sonidos se perciben más fuertes del lado afectado.
- Puede haber disminución en la capacidad de captar sabores.
- Al cerrar los dientes con fuerza, una comisura de la boca se contrae y la otra no.
Ante la aparición de estos síntomas, el paciente
debe dirigirse al médico internista o neurólogo (especializado
en problemas del sistema nervioso) para confirmar el diagnóstico, pues
aunque es poco probable, la parálisis facial puede deberse a otras causas.
Una de ellas es el accidente cerebrovascular, también conocido como trombosis,
embolia o ictus, el cual se debe a la interrupción del flujo sanguíneo
hacia una parte del cerebro, lo que da lugar a la pérdida o deterioro
de funciones. Esta enfermedad llega a producir debilidad súbita del rostro,
pero sólo afecta a la parte inferior y se acompaña de debilidad
en el brazo y en la pierna.
Hay otras causas de parálisis facial que son menos frecuentes
y suelen ser de aparición lenta, como: tumores cerebrales que comprimen
al nervio facial, infecciones en el oído medio o en las vías respiratorias
que se han extendido, fracturas en el hueso de la base del cráneo o picaduras
de garrapata que transmiten enfermedades bacterianas.
Habitualmente, el médico puede descartar estos trastornos
basándose en la historia clínica de la persona y en los resultados
de pruebas como tomografía (sistema que registra rayos X y los envía
a una computadora para crear imágenes del interior del organismo) o resonancia
magnética (imágenes tridimensionales de las estructuras internas
del cuerpo humano mediante el uso de campos magnéticos).
Como llega, se va
No existe tratamiento específico para la parálisis de
Bell, pues aunque algunos médicos consideran que deben administrarse
fármacos antiinflamatorios de estructura química similar a hormonas
(corticosteroides), no se ha demostrado que estas medidas sea eficaces en el
control del dolor o que mejoren las posibilidades de recuperación.
Cuando la parálisis de los músculos faciales impide
que el ojo cierre completamente, debe evitarse que éste se seque; para
ello se recomienda utilizar lágrimas artificiales a intervalos de 1 a
2 horas, aunque también es posible que se requiera un parche ocular.
Asimismo, se ha observado mejoría muscular mediante la aplicación
de masaje en las regiones afectadas, por lo que debe considerarse esta técnica
como auxiliar en la recuperación.
Se sabe que la gran mayoría de personas con parálisis
de Bell (71%) tienen una recuperación completa, y que la mejoría
clínica de este grupo se consigue en 85% de los casos en las primeras
tres semanas. El 15% restante mejora entre 3 y 6 meses más tarde, una
vez que se recupera la red nerviosa.
Si la parálisis dura entre 6 y 12 meses o más,
y el estudio a través de impulsos eléctricos ratifica la existencia
de daño severo, el médico puede considerar la posibilidad de intervenir
quirúrgicamente (reinervación o reanimación) para restablecer
la expresión del rostro al conectar un nervio sano, habitualmente tomado
de la lengua, con el músculo facial paralizado.
De acuerdo a estadísticas, 13% de las personas con parálisis
de Bell presentan secuelas casi imperceptibles pero permanentes, y 16% sufre
consecuencias moderadas a graves de por vida. Estos grupos son susceptibles
a cirugía, pero hay que aclarar que no en todos los casos se logra la
recuperación total.
Por ello, y para concluir, se debe subrayar la importancia de
acudir al médico internista o neurólogo para evaluar el grado
de la lesión que genera parálisis facial, pues en los casos más
severos la intervención oportuna puede ser factor vital para tener una
mejor recuperación, pues entre más tiempo se deje pasar, más
probabilidad existe de que la movilidad se recupere sólo en forma parcial.