DÉFICIT DE ATENCIÓN, TAMBIÉN
EN ADULTOS
Israel Cortés
El trastorno por déficit de atención e hiperactividad
se asocia comúnmente a niños incansables, distraídos y
de difícil trato que gracias a educación especial y medicamentos
superan su problema. Sin embargo, se ha descubierto que este padecimiento también
se presenta en la edad adulta y requiere atención. ¡Entérese!
Mucho se habla en nuestros días sobre esta alteración
neuronal, y cada día aparecen nuevos artículos médicos
que abordan el tema. Sin embargo, la última palabra dista mucho de estar
escrita, ya que el trabajo de neurólogos, psiquiatras y psicólogos
arroja cada vez más información que se acerca a la verdad sobre
el déficit de atención e hiperactividad (TDAH), condición
que hasta hace algunos años se consideraba exclusiva de la infancia y
adolescencia.
Investigaciones y estudios recientes nos permiten saber hoy
día que esta condición caracterizada por gran distracción
(sobre todo en mujeres), tremenda impulsividad y actividad exagerada (ambos
más frecuentes en varones) afecta cuando menos a entre 7% y 13% de la
población mundial infantil, pero también que más del 65%
de quienes padecieron TDAH en la niñez lo presentan en la edad adulta
y que 80% de los pacientes mayores de edad que asisten a consulta psiquiátrica
por cualquier motivo tienen antecedentes de hiperactividad y/o falta de atención.
No se han determinado con precisión las causas que originan
este trastorno, pero se considera que herencia, alteraciones en el sistema nervioso
central (formado por cerebro y columna vertebral), problemas en la glándula
tiroides, altos niveles de plomo en sangre, estrés de la madre durante
el embarazo o consumo excesivo de alimentos con saborizantes, conservadores
o colorantes artificiales favorecen su aparición. Tampoco se ha encontrado
cura, aunque sí es controlable a través de medicamentos y aprendizaje
de técnicas que mejoren la convivencia.
Esto es muy importante no sólo para los infantes, en
quienes desafortunadamente se encuentra el padecimiento cada vez con mayor frecuencia,
sino para personas adultas: trabajadores, padres y madres de familia recientemente
diagnosticados, quienes gracias a tratamiento adecuado dejan de incidir en problemas
que los han perseguido toda su vida y que se repiten sin explicación
aparente.
¿Padecimiento nuevo?
El TDAH se conoce en niños desde hace décadas,
pero los mayores de edad tuvieron que esperar mucho tiempo para ser considerados
dentro de la población afectada; ello, de acuerdo a especialistas, no
porque no existiera, sino debido a que sus síntomas se ocultaban detrás
de "problemas cotidianos" como dificultad para relacionarse socialmente,
poca organización, cambios de estado de ánimo y trastornos psicológicos
como neurosis (angustia extrema, ira incontrolable o preocupación excesiva)
o neurastenia (caracterizada por fatiga, débil concentración e
incapacidad de retener lo que se aprende).
Lo cierto es que en años recientes se ha reconocido que
adultos con depresión, ansiedad, impulsividad o que abusan de drogas
y alcohol deben su problema a esta condición, además de que el
seguimiento minucioso de los casos de TDAH en infantes ha demostrado que los
pequeños no sólo heredan la propensión a sufrir el trastorno,
sino que sus progenitores lo pueden padecer al mismo tiempo. Es muy común
que al realizar el diagnóstico infantil uno de los padres, casi siempre
el hombre, piensa que el psiquiatra o psicólogo exagera en cuanto a la
impulsividad o mala concentración de su hijo ya que, afirman, "cuando
era niño yo actuaba igual" o porque "los mismos problemas de
atención los tiene todo el mundo".
Aunque se reconoce que poco más del 2% de la población
adulta presenta este trastorno de la conducta, cierto es que gran número
de personas permanecen sin ser diagnosticadas debido a que crecieron en una
época en la que médicos, educadores y padres de familia sabían
muy poco del padecimiento, y por ello enfrentan notables dificultades que se
confunden con "la naturaleza de su carácter".
Debido al constante rechazo y chantaje con que han sido educadas,
estas personas han desarrollado baja autoestima y percepción negativa
de sí mismos (se autodefinen "vagos", "estúpidos"
y hasta "locos") que obstaculizan notablemente el desarrollo de sus
habilidades. Por ello y por el profundo alivio que se genera al llevar una terapia
adecuada ante este trastorno, se debe acudir a evaluación cuando se presentan
problemas de conducta como:
- Dificultad para controlar impulsos súbitos.
- Memoria deficiente. En poco tiempo se olvidan hechos ocurridos recientemente.
- Baja persistencia en la realización de tareas que exigen concentración.
- Incapacidad para regular emociones, efusividad y, en ocasiones, agresividad.
- Irregularidad notable en la ejecución de tareas o trabajo. Por momentos se muestra mucho ímpetu y de inmediato se experimenta apatía.
- Dificultades con compañeros de trabajo y problemas para respetar jerarquías.
- Gran dificultad para respetar horarios, y mal manejo del tiempo.
- Sentir aburrimiento con facilidad.
- Baja autoestima. A menudo se culpabiliza a uno mismo de malos resultados e ineficiencia.
- Ansiedad y depresión constantes.
- Cambios bruscos en el estado de ánimo.
- Dificultad en las relaciones con familiares y amigos, así como inestabilidad con la pareja.
- Abuso de alcohol y drogas.
- Conductas de riesgo en las que a menudo se desafía a la autoridad.
Además, es común que el adulto con TDAH presente
actitudes recurrentes desde la infancia y adolescencia, entre ellas:
- Mover continuamente manos o pies, así como cambiar de posición con frecuencia mientras se está sentado.
- Abandonar el asiento en situaciones en que es inapropiado hacerlo.
- Dificultad para mostrarse atento durante la realización de actividades, incluso las de entretenimiento.
- Falta de atención en los detalles o cometer muchos errores por descuido.
- No escuchar cuando se le habla directamente.
- Sentirse intranquilo o inquieto.
- Baja tolerancia a la frustración; incapacidad para aceptar que sus deseos u objetivos no se cumplan de la manera o en el tiempo que se desean.
- Incapacidad para seguir instrucciones de principio a fin y para terminar el trabajo.
- Problemas para organizar tareas y actividades.
- Sensación de sentirse "impulsado por un motor".
- Dificultad para involucrarse en actividades durante el tiempo libre.
- Manifestar enojo al realizar trabajos que requieren esfuerzo mental sostenido.
- Hablar excesivamente.
- Perder cosas necesarias para tareas y actividades.
- Contestar abruptamente antes de que las preguntas se hayan completado.
- Impaciencia; cuesta mucho trabajo esperar turno.
- Interrumpir o entrometerse en lo que otros están haciendo.
El grado en que se presentan estos síntomas puede ir
de leve a severo, y se manifiestan en aspectos de la vida académica,
social y laboral, así como durante la convivencia habitual con seres
queridos. También cabe señalar que estas características
son parecidos a las que se presentan en otras alteraciones psiquiátricas
y médicas, por lo que nunca se debe efectuar autodiagnóstico,
sino acudir a especialistas que realicen la evaluación pertinente cuando
exista la sospecha, tal como se indica a continuación.
Mejora en las condiciones de vida
La frecuencia de TDAH es mayor en el sexo masculino (en proporción
de entre 3 y 4 niños por cada niña y de 2 hombres adultos por
una mujer mayor de edad) y su detección cada vez es más sencilla
gracias a los avances en investigación, que además de precisar
y unificar criterios logran mayor conciencia en médicos y sociedad.
El diagnóstico generalmente es realizado por un equipo
médico que incluye a neurólogo de la conducta o psiquiatra y psicólogo
clínico o educativo, y se basa en el análisis de síntomas,
historial médico, familiar y del desempeño en escuela y trabajo.
También se efectúa entrevista para hablar sobre capacidades para
enfrentar las demandas de la vida diaria y se realizan preguntas destinadas
a encontrar alguno de los tres síntomas principales del TDAH (hiperactividad,
distracción e impulsividad). Además, es recomendable que se cuente
con el testimonio de al menos otro informante además del paciente, ya
sea uno de los padres u otra persona muy cercana.
Asimismo, la evaluación debe incluir pruebas psicológicas
para determinar problemas de conducta y aprendizaje a fin de descartar otras
condiciones médicas o de formación personal que sean responsables
de las dificultades ocupacionales, académicas o en las relaciones, y
se debe aclarar si en algún momento se han consumido fármacos
administrados por un especialista en salud mental y por qué. En ocasiones
se requieren estudios de rayos X o tomografía (sistema para obtener imágenes
por secciones del cerebro), así como electroencefalograma (medición
de la actividad eléctrica del sistema nervioso) para lograr un resultado
más preciso.
Una vez que el diagnóstico se confirma puede iniciar
el tratamiento, mismo que por lo general combina la enseñanza de técnicas
para ayudar al paciente a manejar su conducta con la administración de
medicamentos antidepresivos que mejoran los síntomas, principalmente
de ansiedad y estado de ánimo derrotista. También se procura informar
a la familia sobre la naturaleza del TDAH y cuáles serán las medidas
a seguir durante la terapia.
Algunas de las estrategias que han demostrado efectividad para
mejorar la conducta y convivencia de personas con este padecimiento son:
- Cuando sea necesario, pedir al maestro o jefe que repita las instrucciones, en vez de adivinarlas.
- Dividir tareas largas o trabajos en partes pequeñas para hacerlas más manejables. Es útil establecer una fecha límite para cada parte y hacerse un regalo o darse recompensa cada vez que se concluya una.
- Realizar una lista de lo que se necesita hacer en el día y jerarquizar las actividades de acuerdo a su importancia. Es útil recurrir a un horario o emplear una agenda.
- Trabajar en áreas tranquilas y libres de distracción (lejos de ventanas, puertas y zonas de mucho tránsito).
- Hacer una sola cosa a la vez y manejar descansos entre una actividad y otra.
- Escribir y ordenar lo que se necesite recordar en una libreta que siempre estará a la mano.
- Utilizar hojas autoadheribles en zonas visibles (refrigerador, espejos, armario o tablero del automóvil) para recordar actividades importantes.
- Guardar los objetos de acuerdo a sus usos; por ejemplo, puede almacenar en un lugar los discos de música y en otros los de la computadora; la chequera y recibos pueden tener un sitio común, en tanto que las hojas que emplee en el trabajo pueden permanecer en un solo lugar en vez de estar dispersas.
- Identificar qué situaciones aumentan la ansiedad y descubrir de qué manera puede calmarse uno mismo.
- Hablar con pareja y familiares de los sentimientos, en lugar de actuarlos.
- Crear una rutina, fijar metas y repetirlas con frecuencia.
- Practicar ejercicio y actividades recreativas que ofrezcan adecuado desahogo para la energía y ansiedad.
- Dormir al menos ocho horas y seguir una dieta balanceada, rica en frutas, verduras y cereales, sin descuidar la aportación de proteínas animales y grasas, a fin de mantener condiciones óptimas para el sistema nervioso y, por tanto, para la concentración mental.
Tome en cuenta que el TDAH es considerado por muchos especialistas
en salud mental el trastorno neurológico y de la conducta no diagnosticado
más común en adultos, y también que, por fortuna, la comunidad
de psicólogos y psiquiatras lo toma cada vez más en cuenta, beneficiando
así a considerable porcentaje de la población que no tiene que
seguir sufriendo por sus efectos.