CADA DÍA SURGEN NUEVAS ENFERMEDADES POR EL TRABAJO
Rafael Mejía
Las fuertes exigencias que se presentan en oficinas y centros
laborales han dado lugar a dolencias y problemas de salud que, aunque no lo
crea, generan bajo desempeño, ausentismo y hasta incapacidad permanente
para realizar algunas funciones. Téngalo en cuenta e infórmese
para no convertirse en la próxima víctima.
Medios informativos y publicidad se encargan de difundir el
estereotipo de los profesionistas de nuestro tiempo: mujeres y hombres que asumen
fuertes responsabilidades, llevan un ritmo de vida frenético y toman
decisiones trascendentales todos los días sin perder el aplomo ni alterar
su fotogénica personalidad. Por desgracia, este ideal dista mucho de
lo humanamente posible y los trabajadores son presa constante de ansiedad, estrés
y presión psicológica que les hace enfermar.
No por nada, a partir de los últimos dos decenios del
siglo XX se ha prestado más atención a la manera en que la exigencia
profesional afecta tanto a la salud pública como a la economía
de las empresas, ya que paralelamente al aumento de presión laboral en
el individuo se ha observado el incremento de padecimientos anímicos
y físicos que antes se confundían con pereza, desgano y falta
de voluntad.
En efecto, la Medicina moderna comienza a utilizar con más
frecuencia nuevos términos, provenientes en su mayoría de Estados
Unidos o Inglaterra, pero que hacen referencia a enfermedades con origen y síntomas
definidos en alarmante ascenso, y de las cuales damos cuenta a continuación.
Síndrome de desgaste profesional
(burnout)
Fue definido por primera vez en el decenio 1970-1980 y se caracteriza
por extremo agotamiento físico y mental, bajo rendimiento laboral y pérdida
de interés hacia el trabajo; su nombre en inglés hace referencia
a la expresión utilizada por los primeros pacientes atendidos, luego
de que se les preguntaba cómo se sentían: "fundidos"
o "quemados", respondían invariablemente.
Las estadísticas han permitido confirmar que este problema
es más frecuente en personas cuya profesión se basa en el trato
directo con gente: médicos, psicólogos, trabajadores sociales,
profesores, policías, bomberos, guardias de cárceles, comerciantes
y encargados de brindar información o atención al público,
ya que deben involucrarse en problemas y preocupaciones de otros y enfrentarse
a hechos sociales dolorosos, como pobreza, violencia o muerte.
Se ha identificado que los pacientes con síndrome de
desgaste profesional son muy exigentes, con baja autoestima o dificultad para
manifestar sus emociones, y que paulatinamente notan que "algo" les
desagrada en su trabajo. De entrada consideran que su malestar se debe a inconformidad
en la organización de su grupo laboral o a que se sienten cansados, por
lo que toman algunos días de vacaciones; sin embargo, al reincorporarse
notan que todo sigue igual, experimentan frustración y en 5% a 10% de
los casos llegan al grado de sentir desgaste permanente y severo que puede ocasionar
incapacidad de por vida para volver a desempeñar las actividades que
venían realizando.
Los síntomas que se observan con mayor frecuencia son:
- Falta de realización personal. La víctima de
este síndrome evalúa su trabajo en forma negativa y afirma que
sus actividades no le satisfacen.
- Agotamiento. El cansancio mental y emocional genera pérdida
de vitalidad, mala concentración, descuido de las responsabilidades
y escasa disposición por ayudar a otros.
- Deshumanización. Muy ligado a agotamiento, se refiere
a actitudes insensibles y cínicas en quienes deben brindar servicios
de atención o ayuda.
- Manifestaciones físicas. Como en otros estados de
estrés, se presentan cansancio, malestar general, dolor de cabeza,
cuello y espalda, insomnio y alteraciones gastrointestinales y del ritmo cardiaco
(taquicardias).
- Problemas de conducta. Se presenta baja autoestima acompañada
de actividades evasivas, como aumento en el consumo de café, tabaco,
alcohol e incluso drogas. También es habitual el ausentismo laboral,
bajo rendimiento, distanciamiento afectivo y conflictos con compañeros
de trabajo.
- Peleas familiares. Nerviosismo, inquietud, dificultad para
la concentración, sentimiento de persecución y baja tolerancia
a la frustración redundan en mala relación con los seres queridos.
Queda señalar que este síndrome se ve favorecido
en ambientes laborales tensos, con poca motivación, competencia desleal
e infraestructura deficiente, así como en centros en los que el esfuerzo
individual tiene acción limitada ante hechos como pobreza, violencia,
frustración y muerte, lo que da lugar a sensación de inutilidad
y hostilidad entre el grupo de trabajadores.
Síndrome de acoso (bullying
o mobbing)
Se produce cuando una persona es sometida a fuerte presión psicológica
por parte de varios miembros del grupo al que pertenece o por sus superiores,
quienes buscan que renuncie a su empleo. Se observa cada vez con más
frecuencia y se caracteriza por depresión o estado de estrés y
ansiedad que, de no atenderse a tiempo, derivan en complicaciones severas.
Se ha observado que este problema es mayor en organizaciones
relativamente cerradas cuya cultura interna considera al poder y al control
sobre otros como valores más importantes que la productividad y la eficacia;
por ello se da con más frecuencia en empresas con organigrama muy rígido,
oficinas de gobierno, hospitales e incluso escuelas y universidades, aunque
en teoría ninguna entidad, pública o privada, parece estar a salvo
del problema.
Los individuos con mayor riesgo a sufrir acoso y exclusión
son aquellos cuyo aspecto, conducta, valores y actitud contrastan con los de
sus compañeros de trabajo, ya que su sola presencia provoca un cuestionamiento
implícito sobre los símbolos, características y valores
que dan homogeneidad a una empresa o grupo laboral. De este modo, los especialistas
han definido tres categorías de personas potencialmente afectadas:
- Envidiables. Son gente brillante y atractiva, pero considerada
peligrosa o competitiva por los líderes del grupo, quienes se sienten
alterados con su sola presencia.
- Vulnerables. Individuos con alguna peculiaridad, defecto
físico o emocional cuyo carácter suele ser depresivo; requieren
afecto y aprobación de los demás y dan la impresión de
ser inofensivos e indefensos.
- Amenazantes. Personas activas, eficaces y trabajadoras que
ponen en evidencia los errores que otros solapan y pretenden imponer reformas
e implantar sistemas de trabajo más eficientes.
Se observa con frecuencia que la víctima es objeto de
bromas que hacen mofa de su apariencia o comportamiento y de rumores e insinuaciones
sin fundamento ni posibilidad de defender sus puntos de vista; además,
es común que se le excluya, que se le impongan obstáculos para
que realice su labor adecuadamente o que se ignoren o minimicen sus virtudes
en cuanto a capacidad y rendimiento.
Asimismo, el síndrome de acoso puede manifestarse de
dos formas:
Cuadro depresivo. Es muy parecido al síndrome
de desgaste profesional o burnout, pues el paciente también se
siente agotado física y mentalmente, sólo que en este caso no
se identifica el origen del problema con una situación general y difícil
de definir (carga excesiva de trabajo o inconformidad hacia la falta de justicia
y seguridad social, por ejemplo), sino con las personas responsables del acoso
o las estructuras organizacionales que imposibilitan el desarrollo profesional.
Estrés y ansiedad.
En este caso la persona afectada es incapaz de quitarse de la cabeza los momentos
de tensión que vivió, incluso los "revive" a través
de pensamientos, actitudes y sueños repetitivos; su carácter se
vuelve irritable, desconfiado y rencoroso, por lo que su capacidad de interactuar
socialmente se ve disminuida en forma notable. De acuerdo con algunos psicólogos
es parecido al estrés postraumático, es decir, el que presentan
víctimas de accidentes y agresiones, quienes no pueden olvidar lo ocurrido.
En cualquiera de estos casos es imposible que no se vea alterado
el ámbito familiar, por lo que aumentan las fricciones en la relación
de pareja e incluso con los hijos, y es común que la víctima de
acoso o exclusión no logre entender qué está pasando y,
por tanto, sea incapaz de organizar su propia defensa. El resultado final de
este bombardeo es una persona con deficiente productividad, que suele ausentarse
del trabajo hasta abandonar su empleo y, en casos muy severos, puede pensar
insistentemente en el suicidio e, incluso, cometerlo.
Síndrome de fatiga crónica
(gripe del yuppie)
Esta afección también se conoce con nombres tan complicados
como encefalomielitis miálgica y síndrome de disfunción
inmunológica, pero en todos los casos se hace referencia a un cuadro
de estrés laboral caracterizado por dolor de cabeza, irritabilidad, sensación
de cansancio permanente, pérdida de memoria y disminución en la
capacidad del sistema de defensas contra enfermedades (inmunológico),
por lo que el paciente suele manifestar síntomas similares a los de un
resfriado.
El origen del nombre común que algunos anglosajones le
dan a esta enfermedad se debe a aquellos ejecutivos y hombres de negocios surgidos
en las últimas dos décadas del siglo XX en Estados Unidos, los
yuppies (palabra que abrevia al término young urban
profesional o "joven profesionista de ciudad"), quienes tenían
el único objetivo de obtener "ganancias" que les permitieran
contar con alto nivel de vida y reconocimiento social, aunque fuese a costa
de agotadoras jornadas de trabajo o de desafiar todo principio ético
o moral.
El trepidante ritmo de vida autoimpuesto por hombres y mujeres
de 25 a 40 años de edad dedicados a labores ejecutivas, de negocios y
de oficina comenzó a llamar la atención de los médicos
a mediados del decenio 1980-90, cuando notaron que estas personas mostraban
gradual y dramática reducción de sus capacidades físicas
e intelectuales a la vez que se mostraban enfermizas. Aunque hasta la fecha
se desconoce cuál es la causa concreta del padecimiento, e incluso se
especula que pueden existir varios factores a la vez (algunos especialistas
hablan de ciertos virus o baja producción de hormonas cerebrales), ha
quedado claro que el alto nivel de estrés atrofia al sistema inmunológico,
encargado de protegernos de enfermedades.
La fatiga crónica se diagnostica cuando una persona se
muestra agotada por un período de seis meses, cuando el cansancio no
desaparece con el reposo y cuando se muestran cuatro de los siguientes síntomas
durante más de medio año:
- Pérdida de la memoria reciente o incapacidad para
concentrarse.
- Molestias en la garganta.
- Ganglios linfáticos hinchados en las axilas o en la
garganta.
- Dolores musculares o en las articulaciones.
- Dificultad para dormir y descansar.
- Dolor de cabeza.
- Luego de hacer algún esfuerzo físico, el cansancio
se prolonga más de un día.
El padecimiento suele irrumpir en la vida de sus víctimas
en forma repentina o gradual, y en un tercio de los casos se presenta acompañado
de síntomas similares a los de la gripe o mononucleosis (infección
causada por el virus de Epstein-Barr, que se caracteriza por fiebre, faringitis
y aumento del tamaño del bazo); tales problemas no ponen en peligro la
vida, pero crean un grupo cada vez más numeroso de individuos confusos,
desconcertados y agotados. Asimismo, se corre el riesgo de que una persona afectada
por el síndrome de fatiga crónica se sienta profundamente deprimida,
angustiada y devaluada al ver que su capacidad ha disminuido, por lo que llega
a pensar en el suicidio.
Síndrome de fatiga informativa
(tecnoestrés)
Aparece en personas que deben trabajar largas jornadas con computadoras
y novedosas tecnologías hacia las que se termina por crear mayor o menor
grado de dependencia; este problema fue descrito desde 1984 por el psicólogo
Craig Bord, pero el tema ha comenzado a difundirse hasta hace poco debido a
que la masificación de estos sistemas es más reciente.
El tecnoestrés puede iniciar a la vez que se aprende
a hacer uso de la computadora, ya que muchos trabajadores se ven obligados a
adquirir nuevos conocimientos a marchas forzadas, sin cometer errores y bajo
la presión de quienes desempeñan cargos superiores, por lo que
es común que se experimenten ansiedad, inseguridad y sentimiento de incompetencia,
lo que puede desencadenar, sobre todo en personas de mayor edad, aversión
hacia las nuevas herramientas (tecnofobia), e incluso solicitar cambio de puesto
o deserción en el trabajo.
En cambio, cuando se logra cierto dominio en el uso de la tecnología
o cuando ésta no represente un problema, es habitual que el trabajador
se dedique a experimentar sobre las posibilidades y atracciones que ofrece la
computadora, de modo que incurre paulatinamente en hábitos repetitivos
y sin sentido: consulta decenas de veces por día su correo electrónico,
navega por Internet sin saber qué está buscando y siempre está
al pendiente del teléfono celular.
A esto deben agregarse manifestaciones corporales como dolor
en cuello, espalda, brazos y hombros, ojos irritados, dificultad para conciliar
el sueño, nerviosismo y mala digestión, en tanto que anímicamente
se presenta un hecho curioso: como en otros casos de estrés, la persona
luce confundida y agotada, pero también parece copiar la manera en que
trabaja la computadora, de modo que todo el tiempo desea actuar deprisa, pretende
realizar varias actividades a la vez y procura desempeñarse con exagerada
precisión; por ello, no tolera los errores (cuando son propios hay gran
decepción y depresión) y corre el riesgo de perder su identidad
al obligarse a ser como una máquina.
Es común que el síndrome de fatiga informativa
llegue a ocasionar, en forma secundaria:
- Alteraciones en el ritmo cardiaco e hipertensión (aumento
en la presión sanguínea).
- Gastritis y úlcera (inflamación y perforación
de la pared estomacal, respectivamente).
- Problemas de concentración y pérdida de memoria.
- Aumento de agresividad y nerviosismo.
- Mareos.
- Distanciamiento de la pareja, familia y amistades.
- Trastornos del sueño.
Según las investigaciones, el tecnoestrés, mantenido
por largo tiempo, también puede desencadenar otros síndromes,
en concreto los de fatiga crónica y de desgaste profesional.
Adicción al trabajo (workaholism)
También es llamada ergodependencia o dependencia al estrés,
y se presenta cuando el individuo no se da la oportunidad de momentos de reposo
y vuelca toda su energía en la realización y progresión
de su trabajo; difícilmente dedica tiempo a aspectos de su vida personal:
cuidado de sí mismo, práctica de algún deporte, convivencia
familiar y en pareja, o simplemente descansar.
Las personas más afectadas por este problema son de personalidad
ansiosa, tendencia a deprimirse y baja autoestima; además, son perfeccionistas,
cuentan con la necesidad de sentir que tienen el control de cualquier situación,
prefieren el trabajo individual antes que el grupal y pueden permanecer así
durante muchos años sin darse cuenta de su adicción y sin hacer
nada para solucionarlo. Este comportamiento es más típico en los
varones debido a que desde pequeños se les inculcan los anhelos de poder,
éxito y prestigio, a la vez que deben establecer relaciones sociales
lejos de sus sentimientos y negar emociones como tristeza, miedo o dolor.
Un adicto al trabajo se distingue mediante las siguientes actitudes:
- Toda problemática de la empresa es tomada como personal.
Negocia todo, incluso su propia persona, moral, ética y buenas costumbres.
- Cuando logra cargos de jerarquía eleva las exigencias
y aplica medidas imposibles de tolerar por el resto del personal.
- Traslada problemas y temas de la empresa a su casa, inclusive
durante los fines de semana y vacaciones; sigue trabajando y soñando
con estar por encima de los demás.
- Lleva una relación de pareja fría y prefiere
cumplir sus responsabilidades laborales antes que convivir con sus hijos.
- Tiene problemas nutricionales porque varía su horario
de comidas; pasa horas de ayuno forzoso debido al trabajo y luego hace comilonas
descomunales para compensar o festejar logros laborales.
- Acostumbra consumir medicamentos y drogas estimulantes para
continuar con su desgastante ritmo laboral y emplea sedantes para dormir.
Este panorama genera gran presión emocional que el individuo
dependiente al estrés evade debido a su incapacidad para manejar situaciones
sentimentales complicadas; la manera en que lo hace es fácil de adivinar:
enfoca sus pensamientos exclusivamente hacia sus obligaciones profesionales
porque siente que en su trabajo encuentra el éxito que no logra en su
vida personal.
El intenso estrés puede generar síntomas muy parecidos
a los del síndrome de fatiga crónica, aunque en particular se
ha observado que quienes sufren este padecimiento son mucho más propensos
a tener enfermedades del sistema circulatorio, entre ellas presión arterial
elevada, irregularidades en el ritmo cardiaco e incluso infarto del miocardio,
es decir, obstrucción del suministro de sangre al corazón que
puede generar la muerte del paciente.
¿Hay solución?
Desde luego que sí. Lo primero que se debe hacer es reconocer
que el problema existe y comenzar a emprender medidas encaminadas a controlar
ansiedad y estrés, tales como:
Mejorar la alimentación. Se recomienda
ingerir una dieta rica en verduras, cereales y fruta, así como evitar
comidas de difícil digestión (ricas en grasas, aceites y harinas
refinadas) que sobrecarguen al organismo y generen consecuencias negativas a
mediano y largo plazos, como obesidad. Asimismo, se debe contar con tiempo para
comer y romper por un momento con la presión de las actividades profesionales.
Descansar. Disponer de
horas y días para reponer energías y entretenerse no es un lujo,
es una necesidad; por ello es vital dormir lo suficiente (entre 7 y 8 horas
diarias), tomar vacaciones y descansar los fines de semana sin llevar las preocupaciones
o papeles de la oficina a casa y fomentar las relaciones sociales para "cambiar
de aires".
Practicar ejercicio. Realizar
algún deporte o actividad física ayuda al relajamiento, refuerza
los lazos afectivos cuando se efectúa en compañía de familiares
y pareja, ofrece la posibilidad de hacer nuevas amistades, eleva la autoestima,
permite controlar el peso corporal, fortalece al organismo y refuerza el funcionamiento
del corazón, entre muchas otras virtudes. De acuerdo con especialistas,
se recomienda cuando menos caminar 30 minutos al día para observar beneficios.
Optimizar la organización.
No hablamos de cumplir con un horario exhaustivo, sino de ordenar nuestras actividades
y respetar los tiempos establecidos para trabajo y descanso. Para lograrlo es
muy importante dar su justo valor a las responsabilidades y a la puntualidad,
pero también a la comprensión sabia de que no siempre se puede
hacer todo lo que deseamos y de que existen percances fuera de nuestro alcance
(tráfico, descompostura del automóvil) que generan retrasos y
cancelación de citas.
Solucionar problemas a la brevedad.
Dejar pasar las situaciones que nos preocupan genera ansiedad e incertidumbre
al no saber qué ocurrirá; lo mejor que se puede hacer es afrontarlas
a través de decisiones tomadas siguiendo un proceso lógico (puede
hacerse anotando los pensamientos en una hoja de papel): plantear el problema,
analizar las alternativas que hay (pros y contras) y elegir la solución
más conveniente.
Alimentar la autoestima.
Es importante reconocer que se es capaz de desempeñar bien el trabajo
asignado y que esto se logra no por suerte, sino gracias al esfuerzo sostenido
y a la capacidad individual que resulta de la combinación de organización
y talento. De igual manera, cuando algo sale mal hay que reconocer los errores,
analizarlos y corregirlos, pero sin caer en reproches y autocastigos. Es justo
querernos y tratarnos bien.
Activar la convivencia.
Una relación cercana con la pareja, amigos, familia y compañeros
de trabajo crea una red afectiva sólida que ayuda a disminuir el impacto
del estrés, debido a que es más sencillo tener a alguien con quien
hablar de los problemas cotidianos y compartir las emociones, buenas o malas.
Igualmente, es conveniente reforzar una conducta positiva con las personas de
nuestro entorno mostrando interés hacia lo que hacen o piensan, sonriendo,
teniendo algún detalle y ofreciendo buena disposición para compartir
y escuchar lo que les ocurre. Acudir a reuniones sociales y fiestas también
es de utilidad.
Aprender técnicas de control.
Practicar la relajación de manera periódica durante los momentos
de tensión es muy valioso, pues contribuye a aclarar los pensamientos
y a evitar estragos en el organismo. También es de utilidad leer algún
buen libro de autoayuda que enseñe a eliminar pensamientos erróneos
e ideas irracionales.
Como puede observarse, la idea esencial consiste en mantener
la calma para evitar estragos en el organismo y en el comportamiento, incluso
para tener la serenidad de pensar, cuando hay acoso laboral o exigencias desmedidas,
en la posibilidad de acudir a instancias legales encargadas de regular las condiciones
de trabajo. Finalmente, recomendamos que en caso de tener dificultad para controlar
el estrés acuda a un psicólogo o psiquiatra, quien le ayudará
a recuperar el bienestar y su salud.