CÓMO TENER BUENA MEMORIA
Regina Reyna
Más de una vez nos ha sucedido que tenemos la respuesta
a algo en la punta de la lengua pero no la decimos porque en ese momento nos
traiciona la memoria; incluso sucede que recordamos con más precisión
un hecho de la infancia a lo que hicimos ayer, siendo más notorio en
las personas de la tercera edad ¿por qué sucede y qué podemos
hacer?
De acuerdo al fallecido científico estadounidense Carl
Sagan, el cerebro humano promedio contiene algo así como 100 billones
de células nerviosas, lo que nos permite almacenar en la mente el equivalente
a 10 billones de páginas de enciclopedia.
Los estudiosos del cerebro estiman que únicamente retenemos
el 1% de la información diaria que recibimos, la cual traduce y convierte
en pensamiento inteligente ese órgano; pero a decir de los mismos especialistas,
si lo retuviésemos todo sufriríamos de una sobrecarga informativa
que nos paralizaría.
No me acuerdo
Las modernas teorías para el tratamiento de desórdenes
psicológicos, trastornos de la memoria y concentración trabajan
de manera integral diversos puntos, partiendo de interesantes definiciones:
Memoria. Es la capacidad
de almacenar información en el cerebro, de modo que pueda ser utilizada
en momentos adecuados. Se clasifica de acuerdo a los puntos de enfoque o interés,
pudiendo ser inmediata, reciente y remota.
Los trastornos que puede experimentar la memoria se deben a
razones sicológicas (un impacto emocional, estrés, depresión
y ansiedad, principalmente) o patológicas (golpe en la cabeza, uso de
anestésicos y medicamentos para el insomnio, ciertos trastornos circulatorios,
alcoholismo, tabaquismo y Alzheimer).
Concentración.
Es la capacidad de enfocar la memoria en un área de interés; sin
embargo, este concepto está íntimamente relacionado con la atención,
que al ser selectiva permite al individuo centrarse en el tema de interés
o en sus responsabilidades sin que se disperse con la gran cantidad de eventos
que pueden ocurrir a su alrededor.
Así, el trabajo para mejorar la concentración
consiste en realizar ejercicios de emisión y recepción en que
se preste atención a cosas que a la persona interesan del momento que
vive. El siguiente ejercicio mental ayuda a activar la memoria para, por ejemplo,
el momento en que le presenten a una persona:
- Identifique las características físicas, como estatura, peso, rasgos del rostro, color de cabello y otras.
- Trate de recordar a otra persona que se le parezca.
- Repita el nombre de la persona por lo menos tres veces.
- Piense en una palabra que rime con el nombre.
- Repítase a usted mismo el nombre varias veces a intervalos.
- Piense en una imagen que el propio nombre le sugiera y coloque mentalmente esa figura en el rostro de la persona.
- Escriba el nombre y léalo varias veces.
Particularmente, las personas de la tercera edad con un declive
en su capacidad de memoria hoy tienen un aliciente, ya que estudios recientes
han demostrado que al realizar actividades que fomenten el desarrollo de nuevas
habilidades y el aprendizaje de conocimientos novedosos reactivan la memoria.
Los geriatras (médicos especialistas en atender a las personas mayores)
recomiendan no alejarse de las reuniones sociales y echar mano de ejercicios
que van desde las prácticas sencillas, como leer, resolver cuestionarios
de agilidad mental o completar crucigramas, hasta la realización de actividades
más complejas. Los siguientes consejos son igualmente de gran utilidad:
- Propóngase todos los días memorizar un nuevo número telefónico. No importa que no sea de uso frecuente, repítalo una y otra vez, asocie los números con lugares o personas conocidas.
- Practique todas las operaciones aritméticas: multiplicar, sumar, restar y dividir, evitado el uso de la calculadora.
- Para evitar olvidar algo que tenemos que hacer conviene tener un recuerdo visual como, por ejemplo, colocarnos el reloj en la mano distinta a la que usamos normalmente.
Cerebro saludable
Todos captamos información a través de la vista, oído,
olfato, tacto y paladar, que se conserva en la memoria sensorial hasta que,
durante el sueño, estos datos se graban en las estructuras encargadas
de resguardarlos definitivamente en forma de sinapsis o enlaces entre neuronas.
Este proceso depende de un tejido (llamado hipocampo) ubicado entre los ventrículos
laterales del cerebro.
Asimismo, al llegar a la edad adulta, en que se han incrementado
los conocimientos y aumenta el número de recuerdos, se van creando nuevos
círculos de neuronas, pues en éstos se almacena la información.
Al paso del tiempo, la red que se ha formado de neuronas se va haciendo más
compleja, por lo que el cerebro debe mantenerse sano, pues de no ser así
es posible que se recuerden eventos remotos y se olviden los recientes.
¿Qué influye en la salud del cerebro? Directamente,
la fatiga física o intelectual, estrés, falta de sueño,
no usarlo regularmente y alimentación inadecuada. Este último
rasgo es fundamental para fortalecer a las neuronas y protegerlas del envejecimiento,
así como que haya el suficiente aporte de sangre y que de esta forma
lleguen los nutrientes necesarios.
Es así que le recomendamos que consuma:
Aminoácidos y oligoelementos. Este
conjunto de alimentos activa la potencia cerebral y en particular la capacidad
de recordar. Los encontramos preferentemente en mariscos, pescado, levadura
de cerveza y almendras.
Antioxidantes. Protegen a las neuronas
del envejecimiento, y se encuentran en betacaroteno y vitaminas C y E, cromo,
zinc, selenio y magnesio, los cuales pueden consumirse en ajo, soya, germen
de trigo, te, vino (tinto principalmente), col, brócoli, zanahoria, cebolla,
espinacas, jitomate y cítricos.
Carbohidratos. Son la principal fuente
de energía para todas las funciones del cuerpo, desde caminar hasta pensar,
dormir y memorizar; se encuentran en maíz, frijol, arroz, tortillas,
trigo, pan, harinas, pastas, avena y frutas, así como en frutos como
higo, plátano, sandía, manzana, fresa, papaya, durazno, pera,
naranja, piña y mango.
Gingko biloba. Árbol cuyas hojas
poseen sustancias que actúan sobre el sistema circulatorio y fortalecen
a las neuronas. Combate depresión, desorientación y pérdida
de memoria; se consume en complementos alimenticios.
Ginseng. Arbusto de origen coreano del
que se aprovecha el potencial de su raíz. Científicamente se ha
comprobado que contiene compuestos (denominados gingenósidos), cuya cualidad
consiste en adherirse a las moléculas de oxígeno, facilitando
el contacto con las células y que éstas le den mejor aprovechamiento.
Al verse fortalecidas las células se mejora notablemente el metabolismo
y, por tanto, las importantes funciones que desempeña el cerebro.
Glucosa. Es uno de los principales sustentos
del cerebro durante la actividad intelectual, por lo que es recomendable consumir
miel o jugo de frutas de manera equilibrada; su exceso puede traer otro tipo
de problemas -diabetes-, y su baja administración puede llevar a hipoglucemia
(nivel reducido de azúcar) que haría que el cerebro no funcione
adecuadamente.
Lecitina de soya. Enriquece a las membranas
de las neuronas y motiva las actividades cerebrales; se consume mediante complementos
alimenticios.
Minerales. Calcio y fósforo, por
ejemplo, aumentan la concentración y permiten la fluidez en la transmisión
de información entre las neuronas; están presentes en pescado,
leche, queso, huevo, almendras, avellanas, nueces y germen de trigo. Por su
parte, el cobre colabora en la formación de glóbulos rojos, responsables
de conducir oxígeno al cerebro por medio de la sangre; se encuentra en
germen de trigo, leche y sus derivados, espinacas, hígado y yema de huevo.
Magnesio, elemento que refuerza la memoria y estimula el buen funcionamiento
de las neuronas, lo consumimos en pan integral, chocolate, garbanzo, frijol,
arroz, espinaca, papaya y plátano, además de germen de trigo.
Romero. Arbusto que contiene sustancias
activas que mejoran la circulación y el desempeño del sistema
nervioso; en general estimula las funciones cerebrales. Se puede consumir a
través de infusión o te.
Vitamina A (retinol). Repara los tejidos,
es importante para la vista, combate bacterias e infecciones, y ayuda a la formación
de huesos y dientes. Está presente en pollo, pescado, acelgas, berros,
espinacas y zanahoria.
Vitamina E (tocoferol). Protege a los
glóbulos rojos, y es esencial en el bienestar de las células del
organismo y la prevención de coágulos sanguíneos internos.
Las oleaginosas en general, como nueces (de Castilla y de la India), castañas,
cacahuates y almendras son la más notable fuente de esta vitamina.
Vitaminas del grupo B. Inciden significativamente
en los cambios de humor y en el rendimiento del cerebro y el buen funcionamiento
del sistema nervioso. Están contenidas en carne de cerdo, vegetales de
hojas verdes, legumbres, yema de huevo y levadura de cerveza, así como
cereales integrales, hígado y leche; su deficiencia podría llevar
a la pérdida de la conciencia, disminución de memoria y potencial
daño cerebral.
Evite a toda costa alcohol y tabaco, ya que aceleran el envejecimiento
neuronal.
A manera de resumen, consideremos que aun las personas de la
tercera edad requieren ejercitar su cerebro para mantener activa la memoria,
y que una adecuada alimentación brindará a este órgano
la salud que requiere para desempeñar todas sus funciones adecuadamente,
¿no se le olvida?