¿QUÉ ES EL SÍNDROME DE REYE?
Karina Galarza Vásquez
Cuando niños y menores de 14 años presentan enfermedades
ocasionadas por virus, como gripe, influenza o varicela, nunca hay que administrarles
ácido acetilsalicílico, pues se ha demostrado que su uso durante
dichos padecimientos incrementa el riesgo de que desarrollen síndrome
de Reye; trastorno cuya manifestación más grave es la inflamación
del cerebro.
Algunos padres de familia que desconocen esta situación
ponen en grave riesgo la salud de sus hijos al proporcionarles medicamentos
con dicha sustancia para aliviar las molestias que traen consigo las enfermedades
antes señaladas, como fiebre o dolor de cabeza; además, como estos
productos son de libre acceso, el riesgo es aun mayor.
Por lo anterior, es importante considerar que la toma de esta
sustancia durante periodo de infección viral origina aumento en los niveles
de amoniaco y acidez en la sangre, a su vez, la cantidad de azúcar desciende,
el hígado se inflama y desarrolla depósitos de grasa, en tanto
que el cerebro presenta hinchazón, lo que puede derivar en convulsiones,
estado de coma y muerte del órgano.
Los síntomas del síndrome de Reye se presentan
aproximadamente una semana después de que el paciente ha sufrido alguna
enfermedad causada por virus, los cuales incluyen náusea y vómito
constantes seguidos de pérdida de la capacidad para mantenerse alerta,
sueño insoportable, confusión, alucinaciones, cambios en la personalidad,
desorientación, visión doble, dificultad para hablar, comportamiento
agresivo y convulsiones.
Dicho síndrome, que fue descrito por primera vez en 1963
por un patólogo australiano, pasa por las siguientes etapas:
Estado 0. El paciente experimenta recuperación
aparentemente normal de una infección viral, pero repentinamente presenta
náuseas y vómitos; su funcionamiento mental aún no sufre
alteraciones.
Estado 1. Horas o días
después el niño puede manifestar hiperactividad y dificultad para
mantenerse despierto.
Estado 2. Puede aparecer
delirio o aturdimiento.
Estados 3 al 5. Aparecen
convulsiones y/o estado de coma, afecciones que pueden agravarse hasta culminar
con la muerte.
¿Qué hacer?
En estos casos el diagnóstico temprano es indispensable, el cual
será realizado con base en los síntomas antes citados y confirmado
a través de análisis de sangre, hígado y del líquido
cerebroespinal. En cuanto se tenga esta información se debe ofrecer tratamiento
inmediato, mismo que incluye aplicación de glucosa y soluciones que contrarresten
la acidez sanguínea, pero si el problema se complica será necesario
auxiliar al pequeño con un ventilador para que pueda respirar y, en algunos
casos, se efectúa cierto proceso quirúrgico que permite reducir
la inflamación del cerebro.
Asimismo, se requiere administrar por vía intravenosa
medicamentos anticoagulantes para prevenir la formación de cúmulos
de sangre espesa en alguna parte del cuerpo a causa de la permanencia prolongada
en cama. En ocasiones es necesario suministrar antibióticos para tratar
posibles infecciones bacterianas.
Cabe destacar que cuando se recibe atención temprana
aproximadamente 80% de los pacientes se recupera, pero ello depende de la gravedad
de las alteraciones y de su velocidad de progresión, así como
de la cantidad de amoniaco en la sangre y presión dentro del cráneo.
Quienes sobreviven a la fase peligrosa por lo regular se reponen, aunque aquellos
que presentan convulsiones corren el riesgo de padecer, más adelante,
cierto daño cerebral, como retraso mental, movimientos musculares anormales
o alteraciones en ciertos nervios.
Más vale prevenir
En 1897 el farmacéutico alemán Félix Hoffman descubrió
las propiedades del ácido acetilsalicílico, principio activo que
desde entonces ha sido uno de los más utilizados para aliviar el dolor,
controlar la fiebre y hasta prevenir infartos; no obstante, sus valiosos beneficios
debe considerarse que su uso durante algún proceso infecciosos causado
por virus aumenta el riesgo de que se presente síndrome de Reye.
Por esta razón, cuando sus hijos padezcan enfermedades
virales, como resfriado, gripe, influenza, varicela o sarampión en lugar
de ofrecerles medicamentos a base de ácido acetilsalicílico o
salicilato, opte por los que contengan acetaminofeno o ibuprofeno, pues estos
controlan dolor y fiebre sin el riesgo de causarles complicación alguna.
Por último, considere que los medicamentos de libre acceso
que contienen dicho principio activo incluyen un aviso que advierte sobre el
riesgo de ocasionar síndrome de Reye, de ahí la importancia de
que los padres lean las instrucciones de uso antes de administrarlos a sus hijos
y utilicen otras fórmulas para no correr riesgos innecesarios.