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Reflujo en bebés, ¿qué hacer?

Martes 24 de junio del 2014, 03:08 pm, última actualización.

Muchos padres suelen alarmarse al observar que su bebé, luego de comer, hace buches, escupe e incluso vomita la leche con ligero olor agrio; esto no significa que el pequeño esté enfermo, sino que tiene reflujo, condición común durante los primeros meses de vida y cuyas consecuencias son mínimas si se dan las atenciones adecuadas.

Reflujo en bebés, Reflujo gastroesofágico en lactantes, Agruras en bebés

Ignora los rumores sin fundamento. El reflujo gastroesofágico (devolver el alimento contenido en el estómago a través del esófago hacia la boca) en niños menores de 1 año no es padecimiento nuevo o "de moda", tampoco es resultado de infección por microorganismos y menos un problema de gravedad, de modo que aunque no hay que desatenderlo, tampoco debe generar alarma.

Contrario a lo que muchos padres consideran, sobre todo cuando son primerizos, esta condición es tan común que más de la mitad de los lactantes la presentan y se debe a que el organismo del infante se encuentra en formación. Aunque en casos extremos puede generar consecuencias en la nutrición y salud del sistema digestivo, la mayoría de veces basta seguir medidas preventivas para contrarrestar posibles efectos negativos.

Si bien los progenitores pueden notar que su hijo siente malestar luego de expulsar el alimento, basta con explicar que el reflujo es el responsable de las molestas agruras; a ello se debe la incomodidad y el por qué no se debe someter al infante a tratamientos innecesarios. Acompáñanos a conocer más sobre este padecimiento, sus consecuencias y, ante todo, su prevención.

Evitar complicaciones

Este padecimiento se presenta porque el esfínter esofágico inferior, anillo de músculos que permite el paso de los alimentos del esófago al estómago y que al contraerse evita que regresen, no ha madurado totalmente y carece de la fuerza necesaria para mantenerse cerrado. Ya que los infantes con meses de edad se alimentan únicamente con leche, ésta suele expulsarse casi como fue ingerida, aunque también presenta ligero olor agrio debido a que entró en contacto con los ácidos estomacales encargados de iniciar la digestión de los nutrientes.

Este último aspecto debe tomarse muy en cuenta, ya que cuando el reflujo ocurre de manera persistente puede generar lesiones en el esófago, debido a que es una parte del sistema digestivo que no está preparada para el paso de sustancias ácidas. También puede haber retraso en el crecimiento debido a que la leche no continúa su recorrido normal y, por tanto, no es asimilada en su totalidad por el pequeño, quien no puede obtener los nutrientes que necesita.

Para evitar el reflujo en lactantes es muy útil llevar a cabo las siguientes medidas:

  • Mantener al bebé en posición vertical durante 1 o 2 horas después de las comidas para que sea un poco más difícil el retorno de los alimentos.
  • Ofrecer pequeñas cantidades de comida en cada toma, pero con mayor frecuencia, a fin de no recargar el estómago del menor y facilitar el trabajo al esfínter esofágico inferior. Así, el bebé debe ser alimentado cada 3 o 4 horas.
  • Si el niño ya consume papillas, prepararlas un poco más espesas, ya que esto dificulta su retorno al esófago.
  • Procura que el pequeño duerma de lado para evitar que al devolver el alimento pase a las vías respiratorias y se ahogue.
  • Vístelo con pañales y ropa holgada que no aprieten su estómago.
  • Durante el cambio de pañal mantén al bebé un poco inclinado (30º aproximadamente); puedes lograrlo poniéndole una almohada en la espalda.
  • Al preparar la fórmula láctea no la agites en exceso, pues ello genera burbujas que entorpecen la digestión, favoreciendo los eructos y facilitando el reflujo.
  • El orificio ideal de la mamila es aquel que cuando se voltea el biberón permite un goteo continuo de la leche y no un chorrito. Si el orificio es muy grande el bebé comerá con rapidez, ingerirá mucho aire y su digestión será difícil, con muchos eructos.
  • Evita fumar cerca del niño para impedir al máximo el contacto con irritantes que pudieran alterar su digestión.

¿Se requiere ayuda médica?

El reflujo desaparece en la mayoría de casos entre los 6 y 12 meses de edad, justo cuando los músculos del sistema digestivo adquieren la fortaleza necesaria para realizar bien su trabajo. A pesar de ello, conviene mantener informado al pediatra sobre todos los pormenores que pudieran presentarse respecto a la alimentación del lactante y, ante todo, para solucionar las dudas que pudieran generarse durante el tratamiento del problema.

Además, considera que el especialista en salud infantil es el más indicado para establecer horario y cantidad de alimento que debe ingerir el bebé, y él es quien puede brindar la asesoría necesaria en cuanto a cómo dar seguimiento al crecimiento del infante mediante la medición de peso y talla, ya que de esta manera se descarta la posibilidad de que el reflujo ocasione problemas nutricionales al impedir el paso de la leche a los intestinos en cantidades adecuadas.

Asimismo, es absolutamente necesario que los padres acudan al pediatra en caso de que el reflujo persista y de que el lactante:

  •     Llore a menudo y muestre carácter irritable.
  •     Rechace los alimentos o se llene rápidamente.
  •     No aumente de peso y talla conforme a lo esperado.
  •     Sufra problemas respiratorios como tos recurrente o se ahogue.
  •     Genere sonido similar a un silbido cuando respira.
  •     Manifieste molestias en la garganta y pecho al extender excesivamente el cuello y hacer hacia atrás la cabeza.

Todos estos síntomas pueden indicar que el esfínter del niño continúa con problemas y que el tránsito de los fluidos estomacales ha originado daño en esófago, garganta e incluso pulmones. Para establecer el alcance del problema es probable que se requiera de auscultación directa y estudios como radiografía y medición de los niveles de acidez.

Además de atender las lesiones internas con medicamentos, es probable que el pediatra recomiende el uso de fármacos que disminuyan el reflujo y de fórmulas lácteas diseñadas para niños con este padecimiento, las cuales proporcionan todos los nutrimentos necesarios para el crecimiento y son más espesas debido a que incluyen almidón de maíz.

Finalmente, el restablecimiento dependerá en gran medida de la buena comunicación que los padres establezcan con el pediatra y de que no recurran a tratamientos caseros. Y, recuerda, la inmensa mayoría de los problemas por reflujo gastroesofágico tienen remedio cuando reciben los cuidados necesarios.

SyM - Sofía Montoya

 

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