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Síndrome Zollinger-Ellison, causa de acidez y cáncer

No es un problema digestivo del todo frecuente, pero es importante estar al tanto de sus características, ya que su aparición, relativamente común en adultos y personas de la tercera edad, se vincula con tumores que pueden ser de carácter maligno.

Sirva como referencia decir que el sistema digestivo es el encargado de transformar los alimentos que ingerimos en partículas pequeñas, a fin de que sean absorbidas por las vellosidades del intestino delgado y luego se distribuyan o almacenen en el organismo. A estos diminutos elementos nutrientes los podemos clasificar en carbohidratos (azúcares), aminoácidos (proteínas), grasas (lípidos) y oligoelementos, es decir, vitaminas y minerales.

La digestión inicia en la boca, donde una enzima contenida en la saliva (ptialina) actúa sobre los alimentos para facilitar su absorción; luego, continúa en el esófago, que cumple la función de impulsar el bolo alimenticio hacia el estómago. En este órgano es donde se realiza el “trabajo pesado”, ya que el ácido clorhídrico y la pepsina que segrega son fundamentales para la adecuada digestión de las proteínas e indispensables para disminuir el número de bacterias que acompañan a los alimentos.

Es importante resaltar la importancia de estas dos últimas sustancias, pues ambas participan activamente en el desarrollo de la enfermedad ácido péptica, misma que corresponde a varias patologías en las que el ácido clorhídrico actúa como mecanismo de daño. Hablamos problemas como reflujo gastroesofágico (cuando el contenido del estómago regresa por el esófago), gastritis (inflamación estomacal), úlceras gástrica (lesiones en la pared del estómago) y duodenal (erosión del primer segmento del intestino delgado), así como síndrome de Zollinger-Ellison.

Problema de hiperacidez

La enfermedad que nos ocupa se caracteriza por la aparición de tumores benignos o gastrinomas en el páncreas; estos agentes son responsables de producir gran cantidad de hormona gastrina, la cual estimula mayor fabricación de ácido gástrico. De este modo, la hiperacidez ocasiona lesiones o úlceras en las estructuras del aparato digestivo y, en casos extremos, puede provocar cáncer.

No existen datos completamente fiables sobre este padecimiento, pero se considera que representa hasta el 1% de todas las úlceras duodenales. Asimismo, se estima que dicho síndrome está presente en 1 de cada 50 perforaciones de la pared estomacal que reaparecen tras haber sido operadas, y las estadísticas señalan que se manifiesta, ante todo, entre la tercera y quinta décadas de la vida, con una frecuencia superior en los varones que en las mujeres.

El Dr. Ricardo Joel Esquivel Cortés, gastroenterólogo cirujano adscrito al Hospital Santa Fe, perteneciente al Grupo Star Médica, explica que el síndrome Zollinger-Ellison es un cuadro de úlceras difícil de tratar y que, a pesar de que las herramientas farmacológicas que tenemos en la actualidad para su combate son muy potentes, no siempre se consigue la cura total de la enfermedad.

“Son úlceras atípicas en cuanto a su localización y que, además, provocan diarrea porque la hiperacidez destruye la lipasa del páncreas, que es la sustancia que hace que se asimilen las grasas”, asegura el experto.

No obstante, quien haya sido diagnosticado con hipergastrinemia (niveles elevados de gastrina en sangre) no debe considerarse un enfermo de Zollinger-Ellison. Se habla de este último problema, dice el especialista egresado de la Universidad Nacional Autónoma de México, “sólo cuando se sabe que la presencia excesiva de gastrina se debe a la existencia de uno o más tumores generados en las células no beta (que no producen insulina) del páncreas”.

Ahonda Esquivel Cortés: “Las tumoraciones se originan en ese órgano, pero pueden estar localizados fuera de él. Hay una zona que los cirujanos conocemos como triángulo del gastrinoma, que está formado por la unión del conducto cístico de la vesícula biliar con el colédoco (vías encargadas de conducir la bilis proveniente del hígado), la unión de la segunda y tercera porción del duodeno (intestino delgado) y, por último, por la unión de la cabeza y el cuerpo pancreático. Es aquí donde se localizan el 90% de los tumores del páncreas, aunque hay algunos que se ubican en el cuerpo o la cola de este órgano, o en 2 ó 3 lugares a la vez. Pueden, incluso, a llegar a ser microscópicos”.

Ciencia médica, siempre atenta

Como ya se estipuló, el síndrome Zollinger-Ellison no es un problema que le quite el sueño a los gastroenterólogos; sin embargo, resulta tranquilizador saber que los médicos mexicanos conocen el cuadro clínico al que eventualmente pueden enfrentarse.

Así lo señala el Dr. Esquivel Cortés, quien refiere que el tratamiento estándar para casos de úlcera gástrica se basa en la administración de medicamentos que hacen que el estómago se vacíe más rápido (procinéticos), además de antiácidos locales e inhibidores de la bomba de protones, que es el mecanismo encargado de producir el ácido clorhídrico directamente en el estómago.

Con este tratamiento “una úlcera debe reducir su tamaño al menos en 50% al término de seis semanas, pero si eso no sucede, debemos investigar más a fondo. Si el paciente tomó bien su medicamento y la enfermedad no cede, hay que pensar en otra posibilidad hasta delimitar perfectamente el diagnóstico. Tal vez sea necesario realizar estudios de ultrasonido (obtención de imágenes con ayuda de uso de ondas sonoras de alta frecuencia) para detectar tumores muy pequeños, así como efectuar medición del nivel de gastrina (su rango normal es de 200 picogramos por mililitro). Así, tenemos mayor probabilidad de saber si el padecimiento es en verdad el síndrome de Zollinger-Ellison.

Tratamientos optimistas

Los médicos consideran que la cirugía es ideal para tratar a los pacientes con Zollinger-Ellison porque la remoción del gastrinoma elimina definitivamente la liberación excesiva de gastrina, la hormona causante de todo el problema. De esta manera se termina de una vez por todas con las úlceras, la hiperacidez y, por si fuera poco, se evita que el tumor pudiera extenderse.

Ahora bien, el problema se complica cuando el gastrinoma se extiende a la región hepática, ya que en ese momento se deberá pensar en retirar parte del hígado o, incluso, en un trasplante de dicho órgano.

En ocasiones, dice el especialista en gastroenterología por el Centro Médico Siglo XXI, “no podemos localizar los tumores porque son como granitos de sal; además, pueden localizarse en lugares poco habituales, como detrás de la cabeza del páncreas. Es muy frecuente, asimismo, que una vez que el cirujano está operando fracasé en su intento por localizar la lesión (las estadísticas señalan que esto pasa en 30% de los casos), por lo que se recomienda que el médico recurra a un ultrasonido transoperatorio para que pueda revisar, parte por parte, las zonas donde puede ubicarse el tumor”.

El pronóstico para este tipo de pacientes es bueno, ya que generalmente se encuentra el agente que ocasiona la enfermedad y es susceptible de eliminarse. Si no se encuentra el tejido anormal, lo recomendable es retirar lo más que se pueda del cuerpo y la cola del páncreas, ya que esto aumenta la posibilidad de erradicar el problema. Aproximadamente, 60% de los pacientes que se operan son susceptibles de curarse por completo, estima el Dr. Esquivel Cortés.

“La enfermedad es bastante controlable y pienso que el porcentaje de éxito puede subir hasta 80% si se combina la intervención quirúrgica con el uso de medicamentos. En realidad, la situación es bastante llevadera, con la salvedad de que si el paciente no tuvo la suerte de que se le haya retirado por completo el tumor, tendrá que cambiar su dieta de por vida, porque una mala nutrición podría hacer recaer al paciente con hipergastrinemia”, concluye.