Centro de Acidez Estomacal / Prevención

A menor estrés, menor gastritis

El estrés es estado donde los sentidos se alertan para poder enfrentar situaciones que exigen concentración y respuestas rápidas. A pesar de ello, también puede afectar nuestro estómago y digestión, por lo que debemos controlarlo.

En efecto, el estrés puede motivar a un estudiante a preparar y presentar un examen o hacer posible que un grupo de trabajo elabore un informe urgente para su empresa, pero cuando perdura existe el peligro de que varias funciones corporales y nuestro estado de ánimo se vean afectados.

Diversos estudios en todo el mundo han comprobado que el estrés persistente disminuye la capacidad de respuesta de nuestro sistema inmunológico (que nos protege de infecciones), con lo cual se incrementa notablemente la posibilidad de adquirir enfermedades. Además, es por todos sabido que ansiedad y tensión repercuten en el sueño y funciones psicológicas, de modo que nuestro estado anímico y relación con quienes nos rodean se ven afectadas.

En este sentido, el estrés también es factor de riesgo para padecer gastritis (inflamación de la mucosa o tejido que recubre el interior del estómago) o acentuar los problemas en quienes ya sufren esta afección pues, aunque la causa más común es la infección por la bacteria Helicobacter pylori, resulta innegable que las personas sometidas a estados de ansiedad prolongada son las más vulnerables a padecer este trastorno gastrointestinal.

Esto se debe a que la tensión constante no sólo favorece el aumento de la acidez estomacal, sino también a una rutina agobiante, que orilla a muchas personas a tener una alimentación sin horarios fijos y basada en comida rápida y antojitos callejeros. De ahí que aprender a manejar los estados de estrés adecuadamente sea benéfico para la salud digestiva.

Adecuada respiración

La práctica de ejercicios de inhalación y exhalación profunda es uno de los recursos más sencillos y fáciles de hacer para eliminar la tensión acumulada. Pueden realizarse en la casa, la oficina o la escuela, e incluso se aconsejan para antes de ir a dormir, pues mejoran la calidad del descanso.

Para comenzar es indispensable encontrar lugar silencioso y solitario donde se pueda adoptar posición cómoda. Una de las más habituales se obtiene recostándose boca arriba, con las piernas ligeramente entreabiertas y los brazos extendidos, o bien, sentado, con la espalda recta y las manos descansando sobre los muslos. En todo caso, es importante quitarse aquellas prendas de vestir que puedan ejercer presión en el cuerpo, como cinturón, corbata, zapatos, reloj o pulseras.

A continuación deben cerrarse los ojos, sin apretar mucho los párpados, relajar los músculos y permanecer inmóvil; luego se da paso a una serie de respiraciones profundas, las cuales se consiguen cuando al inhalar se expanden el abdomen (“se saca la pancita”), pecho y clavícula, y se expulsa el aire lentamente por la boca. Para lograr este movimiento es necesario que los hombros estén libres de tensión.

El ritmo respiratorio será lento, de modo que cada inhalación y exhalación durará unos 5 ó 6 segundos. Asimismo, la mente debe fijar su atención en el proceso de inhalar y exhalar, y si bien es muy probable que los pensamientos se disparen hacia cualquier otra dirección (recordar algún pendiente, pensar en dónde estarán las llaves del automóvil, creer que sonó el teléfono celular o recordar que hay que recoger a los niños de la escuela), se tiene que hacer lo posible por volver a focalizarse en la respiración.

Para lograr mejor concentración puede ser útil realizar ejercicios de visualización. En este sentido, es muy placentero pensar en colores como azul o verde (que son los más relajantes) o un paisaje natural que sea agradable. También se aconseja imaginar cada músculo del cuerpo y enfocarse en que se sientan relajados.

Otras dos buenas opciones consisten en imaginar que el estrés sale del cuerpo a través de los dedos de las manos y pies, o bien, escuchar música apacible o el sonido del agua que corre en un arroyo. Por último, se aconseja efectuar 1 ó 2 sesiones diarias de este tipo de ejercicios durante 10 ó 15 minutos.

Otros aliados

Dormir adecuadamente y practicar ejercicio con regularidad son dos recursos de gran valor para controlar las presiones cotidianas, ya que ayudan a que el organismo recupere su equilibrio.

Por lo que respecta al sueño, es aconsejable practicar ejercicios de respiración como los que hemos descrito, o bien, tomar ducha ligera (de no más de 10 minutos) en la noche para favorecer la relajación.

También es importante que en la recámara no haya ruido y que sea lo más oscura posible, pues esto favorece el descanso (no es recomendable conciliar el sueño mientras se ve televisión). Asimismo, no se deben consumir cenas abundantes, y toda actividad física intensa debe concluir aproximadamente dos horas antes de ir a acostarse.

Asimismo, es importante adoptar horario fijo para acostarse y levantarse, incluso entre semana, y tratar de dormir entre 7 y 8 horas diarias.

Por lo que toca a la práctica de ejercicio, debemos señalar que éste es uno de los mejores recursos para combatir el estrés, ya que la actividad física libera la tensión, ayuda a lograr estado emocional positivo y vigoroso, y favorece la convivencia con familiares y amigos.

Para que cumpla adecuadamente con estos beneficios, y otros más (fortalecer al sistema circulatorio, ayudar a mantener el peso corporal adecuado), no es necesario someterse a deportes olímpicos ni rutinas exhaustivas; más bien, lo más importante es que haya constancia en la práctica de actividad física.

Así, lo que se sugiere es realizar al menos 30 minutos diarios de alguna actividad moderada que resulte agradable (caminar, trotar, andar en bicicleta o patines, nadar, bailar), durante cinco días a la semana. Esto es, sin duda, un fantástico seguro contra el estrés y otro tipo de dolencias físicas.

Finalmente, es importante acudir al médico familiar o gastroenterólogo para evaluar el impacto del estrés u otros factores (consumo de alcohol y tabaco, ingerir alimentos muy condimentados) en la salud del estómago, a fin de establecer tratamiento integral que muy probablemente incluirá el uso de medicamentos para controlar la acidez estomacal (algunos de venta libre), cambio de hábitos y, por supuesto, manejo del estrés.