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Embarazo: de la concepción al alumbramiento

El embarazo es período que transcurre desde la concepción hasta el alumbramiento, el cual dura en promedio 280 días o 40 semanas (aproximadamente 9 meses) a partir de la última menstruación de la madre.

Cada mes el organismo de la mujer permite la maduración de un óvulo, el cual se desprende del ovario y entra en una de las trompas de Falopio (conductos que se prolongan hasta la parte superior del útero o matriz); después del coito, el esperma depositado por el hombre se desplaza hasta ahí para concretar la fecundación.

El cigoto u óvulo fertilizado se convierte en sólido conglomerado de células, luego en esfera hueca llamada blastocisto, el cual se adhiere a la pared uterina (endometrio), y más adelante se transforma en embrión (estructura sin características humanas). Por su parte, en el interior de la matriz se desarrolla la placenta, tejido esponjoso que permite el intercambio de oxígeno y nutrientes entre la madre y el producto a través del cordón umbilical, además de que se encarga de generar las hormonas que ayudan en la gestación:

De acuerdo con estimaciones de organismos internacionales de salud, para mantener un embarazo saludable es necesario que la madre incremente 300 calorías diarias a su dieta. Tales nutrientes deben provenir de una dieta equilibrada, basada en frutas, verduras, granos integrales y proteínas; dulces y grasas deben ingerirse poco.

Una alimentación sana y bien equilibrada durante el embarazo también ayuda a reducir algunos síntomas del embarazo, como náuseas y estreñimiento. Las siguientes son las raciones diarias de alimentos que se aconsejan para una mujer encinta:

Dichas cantidades son recomendadas para mujeres que contaban con peso normal antes de quedar embarazadas; quienes se encontraban debajo o encima de su cifra ideal deben analizar sus necesidades alimenticias particulares con ayuda del ginecólogo o nutriólogo.

Asimismo, cabe señalar que la práctica regular de ejercicio, con la aprobación del médico, ayuda a aminorar las molestias físicas del embarazo y contribuye a la recuperación de la madre después del parto. Algunos estudios revelan que las mujeres que practican algún deporte de manera regular y se encuentran en buen estado físico pueden continuar con su práctica durante todo el embarazo sin riesgo alguno; empero, las que son inactivas o que presentan complicaciones médicas deben consultar a su ginecólogo antes de realizar alguna actividad de este tipo.

Características y diagnóstico

Las manifestaciones y molestias ocasionadas por el embarazo varían de una mujer a otra; sin embargo, podemos considerar las siguientes como las más habituales:

El embarazo puede confirmarse de manera temprana mediante exámenes de laboratorio con muestras de orina o sangre, los cuales permiten detectar la presencia de hormona gonadotropina coriónica humana. También se puede identificar en la comodidad del hogar a través de pruebas que se exponen a orina, disponibles sin receta médica.

Otra forma de comprobar la condición de gravidez o embarazo es con la ayuda del ultrasonido, sistema que funciona con ondas sonoras y que permite obtener imágenes del interior del vientre materno para descubrir la presencia del feto y placenta.

Mes a mes

La gestación se divide en tres fases, cada una con sus propios eventos importantes. Durante el primer trimestre se forman todos los órganos y sistemas del niño, pero también es el período de mayor fragilidad y en el que se generan la mayoría de los defectos congénitos y abortos espontáneos. Por su parte, el segundo y tercer trimestre se caracterizan por el rápido crecimiento y maduración del bebé.

De manera más detallada, los cambios que se presentan en la madre y su hijo son los siguientes:

Primer mes. El útero de la mujer tiene un tamaño parecido al de una pera, y sus paredes internas se hacen más gruesas para anidar al embrión; el cuello de la matriz se ablanda, en tanto que la placenta y el cordón umbilical comienzan a formarse. Asimismo, hay ligeras molestias en la pelvis, cansancio, aumento de las secreciones vaginales, posibles nauseas y vómitos, así como necesidad de orinar con más frecuencia. Psicológicamente es común que haya cambios anímicos, así como sensaciones contradictorias acerca de la maternidad.

En el embrión se inicia la formación de los pulmones, extremidades y tubo neural (estructura que formará al cerebro y médula espinal, y que para su desarrollo requiere el consumo de ácido fólico o vitamina B9), sin olvidar que el corazón empieza a latir aproximadamente al día 24 o 25. Al finalizar las primeras 4 semanas, el pequeño mide 9 mm y pesa 0.5 g. Se deben practicar exámenes de sangre para conocer la compatibilidad sanguínea, estado nutricional de la madre y presencia de posibles infecciones que pudieran alterar la gestación.

Segundo mes. La futura madre puede padecer indigestión e inapetencia debido a los cambios hormonales; crece su cintura, se acentúa la fatiga, hay retención de agua y llegan a presentarse brotes de acné, además de que el tamaño de los senos se incrementa y hay sensación de ardor en los pezones. El cordón umbilical adquiere su forma definitiva y se acumula el líquido amniótico, mismo que protegerá al bebé, facilitará sus movimientos y mantendrá su temperatura.

En el embrión comienza la formación de los sistemas y principales órganos del cuerpo; también da inicio el desarrollo de tobillos, muñecas, orejas, dedos y párpados. Al terminar este período el embrión mide 4 cm y pesa 5 g.

Tercer mes. La madre tiene mejor apetito y experimenta antojos, aunque ciertos olores de alimentos pueden generarle náuseas. La matriz se llena de líquido amniótico (es del tamaño de una naranja grande o una toronja mediana), en tanto que la placenta, aunque todavía no se desarrolla por completo, cumple ya la función de segregar hormonas y permitir el intercambio de nutrientes de la madre al bebé y de productos tóxicos del hijo a su progenitora. Aumenta el volumen de sangre, por lo que venas y arterias son visibles en estómago, senos y piernas.

A partir de este momento podemos dejar de hablar de embrión y utilizar la palabra feto para referirnos al bebé. Se le han formado las uñas, inicia el desarrollo de dientes, sus órganos maduran, sus latidos son audibles y hay considerable aumento en talla y peso, pues al final de esta etapa mide cerca de 10 cm y pesa 20 g. Se incrementa la necesidad de vitaminas y minerales, y se debe realizar al menos un estudio de ultrasonido para rectificar las semanas de embarazo y descartar posibles daños en el tubo neural.

Cuarto mes. Inicia el segundo trimestre del embarazo; la mayoría de las sensaciones desagradables han pasado, aunque el aumento en el volumen abdominal ocasiona dolor y molestias por el estiramiento de los ligamentos que mantienen a la matriz en su sitio. Las aureolas de los senos se oscurecen ligeramente y aumentan su diámetro. Puede sentirse que el bebé comienza a moverse.

El niño ya escucha los sonidos del exterior; su piel, aunque translúcida, comienza a adquirir su coloración habitual. El cordón umbilical crece y la placenta se acaba de formar. Al terminar esta etapa el pequeño mide 15 cm y pesa poco más de 90 g.

Quinto mes. El útero alcanza el tamaño de un melón y el aumento de peso es notable; pueden presentarse molestias en la espalda y cansancio en las piernas, además de que se recomienda consumir alimentos con fibra para mejorar el tránsito intestinal. Los movimientos del bebé son más intensos y notorios, y el estiramiento de la piel puede dar lugar a la formación de estrías. Aparecen ciertos cambios superficiales debido a la acción de las hormonas, como algunas manchas en mejillas, nariz y barbilla (cloasma o máscara del embarazo), además de oscurecimiento de la línea de vello que hay entre el ombligo y el pubis. Emocionalmente hay mucha mayor estabilidad.

Por lo que respecta al feto, se mueve con tanta intensidad que puede dar giros bruscos, además de que duerme y se despierta a intervalos regulares. Al terminar este período mide 25 cm y pesa 250 g.

Muchos médicos recomiendan la realización de una amniocentesis o estudio del líquido amniótico para supervisar el estado de la gestación, ante todo cuando hay antecedentes de trastornos genéticos como síndrome de Down (retraso mental y bajo desarrollo muscular debido a la existencia de un cromosoma extra en el par cromosómico 21), si se sospecha la presencia de malformaciones como espina bífida (espina abierta, en donde las vértebras no se cierran) y anencefalia (condición en la que el cerebro se encuentra incompleto o está ausente), así como en caso de que la madre tenga 35 años de edad o más.

Sexto mes. La presión del útero genera dolor en la parte de atrás de la pelvis y espalda baja, además de dificultad para respirar, pues los pulmones no pueden extenderse totalmente; pese a ello, madre y bebé tienen adecuado suministro de oxígeno gracias a la acción de las hormonas del embarazo. Es común que se presenten contracciones en el útero, similares a los calambres menstruales, pues la matriz se prepara para el trabajo de parto. La vigilancia médica se enfoca a saber si la madre desarrolla diabetes gestacional (elevación temporal de niveles de azúcar en sangre). Aumentan los pensamientos sobre él bebe y se sueña con él a menudo.

La piel del feto ha terminado de formarse, pues tiene color rosado uniforme y está cubierta por fina capa de vello (lanugo). Sus pulmones son todavía inmaduros, por lo que si tuviera que nacer necesitaría de cuidados intensivos. Los párpados se despegan y el niño abre los ojos. Su talla es de 30 cm, en tanto que su peso alcanza 640 g. Se recomienda otro estudio de ultrasonido para rectificar el desarrollo del bebé, detectar posibles defectos congénitos y, si los padres lo desean, conocer el sexo de su hijo.

Séptimo mes. Inicia el último trimestre, y con él nuevas molestias para la madre. El útero mide ya 28 cm, por lo que genera problemas en el tránsito intestinal, indigestión, irritación en la piel del abdomen y pies hinchados. El aumento en el volumen de sangre puede desencadenar el surgimiento de venas varicosas en las piernas. Llegan a presentarse problemas para dormir, y para solucionarlos se recomienda descansar sobre el costado izquierdo, pues así no se interrumpe el flujo en las principales vías sanguíneas (arteria aorta y vena cava), que están ubicadas ligeramente a la derecha.

El bebé puede chupar su dedo, abrir los ojos y llorar; también hace ejercicio pateando y estirándose, responde a estímulos de luz, voces y música, y tiene un desarrollo considerable en sus sistemas óseo y muscular, por lo que sus necesidades de calcio, proteínas, hierro y ácido fólico son mayores. El niño mide 40 centímetros, pesa 1.200 kilos y tendría alta probabilidad de sobrevivir si naciera.

Octavo mes. El crecimiento del útero acentúa los problemas de estreñimiento e indigestión, por lo que es importante tomar mucha agua para ayudar al tránsito intestinal; también hay mayor dificultad para respirar y hacer esfuerzo. El peso de la madre aumenta 500 g por semana y el cuello de la matriz comienza a dilatarse para permitir el paso del bebé en unas semanas (se considera que este proceso termina hasta que la apertura es de 10 cm). El médico vigila el posible aumento de la presión arterial acompañada de eliminación de proteínas por la orina e hinchazón en las piernas, pues son síntomas de preeclampsia, complicación muy seria del embarazo. La mujer puede sentirse asustada y preocupada por el parto, de modo que requiere sentir atención, afecto y protección.

Continúa el desarrollo del sistema nervioso y del cerebro. El útero ha detenido su crecimiento acelerado y el feto se encuentra más apretado; a pesar de ello, sus patadas son más fuertes y puede tener movimientos bruscos. Los huesos de la cabeza son suaves para permitir la salida del bebé por el canal de parto (vagina). Los pulmones son todavía inmaduros, pero si el niño naciera tendría buenas probabilidades de sobrevivir. El producto mide 45 cm y pesa 2.500 kg.

Noveno mes. El útero mide 33 cm y el flujo vaginal puede ser constante; comienzan las contracciones uterinas, que pueden ser de dos tipos: falsas, que son irregulares, muy dolorosas y se llegan a sentir en varias partes del cuerpo (pelvis y espalda, por ejemplo), y verdaderas, que empiezan en el fondo del útero. Los senos pueden producir calostro, que es un líquido que genera la madre antes de la leche. La tensión emocional y ansiedad pueden ser muy intensas, y el aumento de peso llega a 800 g por semana.

El feto recibe anticuerpos de la madre y sus pulmones ya están preparados para funcionar en el exterior. La piel deja de estar arrugada y el lanugo se cae casi por completo; el bebé pesa cerca de 3 kg y mide 50 cm. Es útil un nuevo estudio de ultrasonido para revisar la cantidad de líquido amniótico, los movimientos del bebé y la posición en que éste se encuentra, pues seguramente será la misma en que estará al momento de nacer.

Cabe señalar que aquellas ocasiones en que se presentan preeclampsia o presión arterial elevada, obstrucción del canal de parto, infección genital, sufrimiento fetal (baja aportación de oxígeno al bebé) o el pequeño está en posición podálica (con los pies hacia abajo), el alumbramiento puede requerir de cesárea, una intervención quirúrgica que permite la salida del bebé mediante una incisión que se realiza por encima del pubis, en el abdomen inferior.

Cuidados generales

Es muy importante que la gestante siga algunas medidas que le permitirán tener un embarazo saludable y con menos molestias:

Asimismo, es imprescindible informar de inmediato al médico tratante de la presencia de aquellos síntomas que durante cualquier etapa del embarazo pudieran revelar alguna complicación. Éstos pueden incluir:

Finalmente, resta señalar que las medidas de vigilancia médica han reducido considerablemente las complicaciones durante la gestación y el parto, pero para que tengan el efecto deseado es necesario que la madre y su pareja hagan lo posible por seguir las indicaciones del médico tratante, asistan a revisión con el ginecólogo de manera puntual y tengan la disposición de colaborar en aquellos casos en que se requiera tratamiento.