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Cómo se elabora un medicamento seguro

Viernes 08 de abril del 2016, 11:31 am, última actualización

Contar con fármacos seguros depende de larga serie de estudios y evaluaciones cuya responsabilidad es compartida por laboratorios, médicos, pacientes y autoridades. 

Medicamentos seguros, Desarrollo de un medicamentos

Es bueno conocer este proceso y los inconvenientes que enfrenta, ya que garantizar una buena terapia está en manos de todos.

Quizá te has preguntado cuál es el trabajo médico y científico que hay detrás de la tableta que estás a punto de ingerir, o cómo se determina que una inyección o un jarabe sean eficientes y libres de riesgos. Ambas dudas se resuelven cuando descubrimos que todo producto farmacológico se somete a riguroso seguimiento que comprueba su eficiencia.

Dicho proceso, llamado cadena de seguridad, “va desde que un fármaco aparece en la mente de un investigador hasta que se utiliza en terapia; por tanto, no depende de una sola persona, sino de diversos actores sociales e importantes inversiones de tiempo y recursos”, asegura el Dr. Javier Coindreau, director ejecutivo del Instituto Científico Pfizer.

El establecimiento de medidas de control para desarrollar fármacos, afirma, ha sido paulatina y se relaciona con la evolución de la Medicina moderna. “Pienso que era muy frustrante ser facultativo en los siglos XVI o XVII, pues no existían medidas terapéuticas adecuadas. La mortalidad infantil era muy alta, la principal causa de defunción eran las infecciones y la esperanza de vida era aproximadamente 35 años, es decir, casi la misma desde el inicio de la era Cristiana. Sin embargo, a finales del siglo XIX y principios del XX hubo un cambio que elevó la expectativa a 60 ó 65 años”.

El hecho trascendental fue que la ciencia se convirtió en el detonador del bienestar humano, y el conocimiento comenzó a aplicarse en forma efectiva y sistematizada contra las enfermedades. Así, se combatieron epidemias y problemas de salubridad con éxito, y a partir de entonces la esperanza de vida quedó delimitada por padecimientos crónico degenerativos (de larga duración y que generan daño paulatino), como son los males de tipo circulatorio, reumático y neuronal.

“Todavía queda mucho por hacer —subraya el especialista—, porque según la Organización Mundial de la Salud no hay tratamiento adecuado para el 75% de las 2,500 afecciones médicas conocidas en la actualidad, pero también es cierto que la mayoría de nosotros no estaríamos vivos si no fuera por la intervención de la ciencia médica y los medicamentos eficaces que ha desarrollado” a través de los siete pasos de la cadena de seguridad, que veremos a continuación.

Detección de necesidades

Javier Coindreau explica que el primer paso en la creación de un fármaco se genera a través de dos motivadores principales: la detección de un problema de salud y la inquietud del científico por darle solución. “Un proyecto de investigación debe cumplir con requisitos específicos y demostrar que, por extraño que parezca, es de importancia para la sociedad. En su momento pudo sonarnos muy extraño que un grupo de trabajo se encerrara en un laboratorio para investigar al pez globo, pero ahora sabemos que el veneno que produce este animal contiene péptidos o sustancias que han sido de gran utilidad para desarrollar analgésicos, fármacos contra el dolor”.

No todos los proyectos logran desarrollarse, ya que pueden enfrentar limitaciones económicas, materiales y humanas, o presentan errores básicos de planteamiento: buscan atender padecimientos con baja o nula presencia en una población, parten de un análisis equivocado del problema o se basan en hipótesis y paradigmas erróneos, ante todo por falta de pericia científica o adiestramiento adecuado. La experimentación continúa sólo cuando se salvan estos obstáculos.

Investigación

En este eslabón se inicia el diseño de nuevas moléculas destinadas a bloquear alguna fase de la enfermedad. La tarea no es sencilla, pues en la actualidad deben crearse aproximadamente 10,000 químicos distintos para elegir a uno sólo de ellos, que es el que saldrá al mercado.

La selección se realiza mediante dos grupos de pruebas. El primero de ellos, llamado fase preclínica, sirve para conocer eficacia, efectos tóxicos, probable generación de cáncer o alteraciones en el desarrollo embrionario (teratogénesis). Estos exámenes se efectúan en células, luego en tejidos y finalmente con animales, donde las regulaciones son estrictas y se requiere alta especialización. Únicamente pasan la prueba cerca de 80 moléculas.

Las siguientes pruebas se realizan en seres humanos, y son las fases clínicas:

  • Fase I. Determina qué tan segura es una sustancia, basándose en estudios de farmacocinética (qué le pasa al medicamento en el organismo), farmacodinámica (lo que la sal le hace al paciente) y seguridad inicial (posibles efectos adversos). Sólo se realiza en cierta cantidad de personas.
  • Fase II. Es para conocer cómo funciona el fármaco, por lo que se determina cuál es la dosis óptima para que ofrezca los efectos esperados y no genere daño. Participan decenas o centenares de individuos que, al igual que en la etapa anterior, son voluntarios (muchos de ellos estudiantes de Medicina o facultativos).
  • Fase III. Establece cuáles son los resultados a mediano o largo plazo y evalúa la eficacia del producto en comparación con la seguridad que ofrece. Muchos de estos estudios se realizan en México, y en ellos participan centenares o miles de personas que pertenecen a grupos específicos de la población, como pacientes con las enfermedades y síntomas que se tratan de aliviar (con cáncer y males degenerativos, por ejemplo).
  • Fase IV o de farmacovigilancia. Sirve para determinar efectos en la práctica cotidiana; el medicamento sale a la venta, es empleado fuera de laboratorio y ya no cuenta con condiciones controladas. Esta etapa nunca termina, pues el producto se encuentra en constante evaluación. Intervienen millones de pacientes.

El primer medicamento con que se realizaron medidas de control de calidad y evaluación de resultados fue el ácido acetilsalicílico, sintetizado por el alemán Félix Hoffmann en 1897. Por supuesto, la complejidad de los fármacos y las pruebas que deben superar ha aumentado paulatinamente y, para ilustrarlo, cabe decir que “en 1970 un compuesto pasaba de la mente del investigador a la farmacia en 8 años, mientras que en 2005 deben transcurrir entre 12 y 16 años, durante los que se invierten cerca de 1,200 millones de dólares”.

A decir del Dr. Javier Coindreau, las investigaciones se comprueban mediante rigurosos seguimientos obtenidos con datos del presente (prospectivo) o del pasado (retrospectivo), además de que las personas que participan en ellos se seleccionan con mucho cuidado y los resultados se comprueban minuciosamente. “El control es tan estricto que cuando un médico que participa en estos trabajos altera los resultados, ingresa a una ‘lista negra' a la que tiene acceso la industria farmacéutica del mundo y nunca más se le vuelve a tomar en cuenta”.

Desarrollo humanista

Es el eslabón en donde se enfatiza la parte ética de la investigación, y tiene como objetivo evidenciar la eficacia de un medicamento antes de que sea suministrado. Tal preocupación inició en 1906, cuando se creó en Estados Unidos la Administración de Fármacos y Alimentos (FDA, por sus siglas en inglés), que es un organismo encargado de aprobar el uso de medicamentos seguros.

En Europa se dieron avances importantes en la materia con el descubrimiento de los efectos adversos de la talidomida (medicamento para mareos que, al ser tomado por mujeres embarazadas, generó el nacimiento de bebés con malformaciones), lo que desencadenó la creación de la enmienda Kefauver-Harris (1962) y la declaración de Helsinki (1964), documentos que, entre otros aspectos, exigían a laboratorios y autoridades la protección de las personas que participaban en investigaciones y la revisión de datos de laboratorio antes de la aprobación de un producto.

A partir de entonces, detalla Coindreau, toda persona que participe en un estudio o protocolo médico debe firmar un documento llamado consentimiento informado, en donde se le notifican los efectos favorables o negativos que puede tener al probar un medicamento. También surgieron los comités de ética, es decir, grupos de médicos pertenecientes a un hospital, universidad o instituto, por ejemplo, que valoran la conveniencia de realizar o no determinada investigación.

Durante el decenio 1980-90 iniciaron las buenas prácticas en investigación clínica, emprendidas en Europa, Japón y Estados Unidos con el objetivo de garantizar los derechos de los usuarios de medicamentos y personas que participaban en las investigaciones, sin olvidar que el paso definitivo se dio a finales de los 90, cuando por iniciativa de la Organización Mundial de la Salud se homologaron los criterios de seguridad, eficacia y calidad de fármacos en todo el mundo.

Promoción

En este apartado se contempla la información que llega a los oídos de un médico respecto al fármaco, su eficacia y los estudios que se realizaron para garantizar su seguridad. A decir del Dr. Coindreau, los datos para el galeno deben ser claros, objetivos y basados en evidencia científica, sin olvidar que los laboratorios deben realizar esta difusión a través de promotores capacitados y no incitar a la autoprescripción.

Diagnóstico

Es una etapa que queda exclusivamente en manos del médico, quien es el encargado de atender al paciente, elaborar el diagnóstico, establecer tratamiento y dar seguimiento para rectificar la terapia y vigilar la evolución de la enfermedad.

Respecto a este eslabón de la cadena de seguridad, sostiene el especialista, “podemos afirmar que lo más difícil e importante es el diagnóstico, pues de él depende el éxito de la terapia. Por ejemplo, la presencia de dolor articular es sólo un síntoma, y puede relacionarse con artritis reumatoide (padecimiento que ocasiona inflamación de articulaciones y tejidos circundantes, además de daño a otros órganos), osteoartritis (desgaste del tejido blando o cartílago de las articulaciones), lupus (el sistema de defensas del organismo ataca a los tejidos articulares) u otros problemas. Si el veredicto del facultativo falla, también habrá errores en el abordaje del problema”.

Algunos inconvenientes que el médico puede enfrentar son: no indicar que se debe suspender el consumo de medicamentos que se tomaban con anterioridad, dejar de lado la posibilidad de que el paciente sufra alguna alergia, no aclarar la duración del tratamiento, olvidar darle seguimiento a éste y hasta escribir una receta con letra ilegible.

Compra-Venta

En este apartado también hay factores que ponen en riesgo la eficacia del medicamento, entre ellos:

  • Solicitar diagnóstico y tratamiento al farmacéutico, siendo que no es un médico profesional.
  • Cambiar el medicamento que prescribe el médico por otro que ofrecen en la farmacia, bajo argumento de que “es más barato”, “es mejor” o “no es tan fuerte”.
  • Modificar la dosificación de un producto sólo porque la que solicita la receta no está en existencia.

“El farmacéutico no tiene derecho a cambiar la prescripción del médico, pues no sabe cuál es el diagnóstico del paciente y no es una autoridad sobre el médico; además, en ocasiones se comente el error de vender un medicamento de 100 miligramos en vez del de 50, afirmando que es igual si se parte la pastilla por la mitad. Esto es falso, ya que muchos comprimidos tienen una capa entérica que les protege de los jugos digestivos del estómago, y ella garantiza que la sustancia activa sea absorbida hasta que llega al intestino; si la tableta se rompe, la sustancia pierde su protección y la dosificación se altera”, señala el especialista.

Administración

El paciente es parte importante en el cumplimiento de la cadena de seguridad, y puede cometer errores que afectarán la eficacia del medicamento:

  • Desconocer su enfermedad y su tratamiento. Muchas veces el paciente no se molesta en investigar sobre su padecimiento o el fármaco que consume, “y suena absurdo, pero pueden pasar varios años y la persona siempre acude a la farmacia con la caja del medicamento para que le vendan otro igual, y si la extravía ya no sabe qué tienen que tomar”.
  • Olvidar si ya ha ingerido el fármaco o no, o cada cuántas horas debe hacerlo.
  • Confundir la forma en que se administra el medicamento (hay tabletas que se tragan y otras sólo se colocan debajo de la lengua, por ejemplo).
  • Hacer papilla las pastillas para facilitar su toma. Como se ha explicado, hay sustancias activas que se dañan si no están protegidas contra los jugos gástricos.

Para concluir, el Dr. Coindreau señala que a través de entrevistas realizadas por él y otros especialistas en Guadalajara, San Luis Potosí, la Ciudad de México y otras poblaciones del país, se ha determinado que la prescripción de un fármaco puede ser modificada, antes que por el médico tratante, por la opinión de terceras personas ajenas a la profesión.

En orden de importancia, “encontramos que primero están la suegra y la madre, y luego les siguen profesionales de la salud que no son médicos (como veterinario, dentista o enfermera), el dependiente de la farmacia, un enfermo con un padecimiento similar y, finalmente, en sexto lugar, el médico. Esto significa que la palabra de cualquiera de las personas que señalé al principio, a pesar de su desconocimiento en la materia, tiene mayor peso en México que la de un facultativo”.

Es por ello que el especialista incita a recordar que “la vigilancia médica está despertando en nuestro país, sobre todo por parte de los laboratorios y las autoridades”, pero también que se requiere que la población ponga más atención en el seguimiento de su tratamiento, pues “el paciente es quien comente más errores en el proceso que hemos descrito. Debemos confiar más en la opinión del médico, no en la de otras personas, y no perder de vista que los medicamentos son el resultado de procedimientos estrictos y cuidadosos”.

“También hay que tener cuidado con los ‘productos milagro' que se anuncian en la televisión y que son elaborados por fabricantes de reputación dudosa, pues no ofrecen una solución real y carecen del respaldo de una cadena de seguridad como la que hemos mencionado. Calculo que aproximadamente 40% de quienes recurren a esas mercancías tienen que asistir después a consulta médica porque no encontraron alivio”, finaliza Coindreau.

SyM - Rafael Mejía

 

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