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19 Octubre 2017 | Iniciar Sesión



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Zoonosis, riesgos al convivir con animales

Viernes 12 de mayo del 2017, 01:31 pm, última actualización.

Sin saberlo, muchos vacacionistas y dueños de mascotas se exponen a contraer alguna enfermedad transmitida por animales domésticos, de granja o salvajes (zoonosis), misma que puede atentar gravemente contra su salud y vida. Manténte al tanto de este importante tema y sus medidas preventivas.

Enfermedades transmitidas por mascotas, Zoonosis
Zoonosis, riesgos al convivir con animales

De manera deliberada o por casualidad, los seres humanos convivimos prácticamente a diario con algún animal. Así, es común que los niños cuenten con una mascota en casa (perro, gato, canario, perico, hámster, conejo, tortuga o peces, entre otros) que proporciona compañía, a la vez que contribuye al aprendizaje en la adquisición de responsabilidades, pero también es cierto que al salir de la ciudad de vacaciones en playas, selva o bosque, nos exponemos a entrar en contacto con las más diversas criaturas.

Así, la relación del ser humano con animales no está exenta de riesgos para la salud, ya que muchas especies silvestres, e incluso domésticas y de granja, se encuentran contaminadas con diversas bacterias, virus o parásitos capaces de causar enfermedades en las personas, conocidas por médicos y veterinarios como zoonosis (del griego zoo, "animal", y noxos, "enfermedad").

Aún cuando el hombre ha domesticado a especies desde tiempos remotos, y hasta el siglo XIX sólo se sabía que rabia (enfermedad que afecta al sistema nervioso) o peste (genera problemas respiratorios y hemorragias en la piel) podían ser transmitidas por el contacto con perros y ratas, respectivamente, los estudios médicos y epidemiológicos efectuados desde entonces han multiplicado la lista de zoonosis, y nuestros conocimientos son tan amplios que ahora sabemos que incluso un animal saludable es capaz de transmitir una infección.

Además de esto, se tiene bien claro que los mayores riesgos no provienen necesariamente de especies salvajes, sino de las que viven en casa sin control veterinario adecuado, y que en la mayoría de los casos la transmisión ocurre como resultado de la defensa del animal ante una lesión infligida por su dueño, intencional o accidentalmente. En otros casos, la zoonosis es ocasionada porque la mascota se enferma y transmite microorganismos o parásitos a los seres humanos.

Larga lista

Las zoonosis son tantas que sólo las que se sabe que tienen relación con animales domésticos superan la cifra de cien; además, un cálculo reciente sugirió que su incidencia es tan alta que pueden costar tantos recursos en materia de salud pública como las enfermedades de transmisión sexual.

Así pues, hablar de todas es prácticamente imposible, pero a continuación mencionaremos las zoonosis más frecuentes, de acuerdo a sus agentes causantes:

  • Parásitos. Viven a expensas de otros seres vivos y pueden clasificarse en externos o internos. Los hay microscópicos, como los protozoarios, o aquellos de mayor tamaño y que son visibles, como pulgas, garrapatas o lombrices intestinales. Generan los siguientes padecimientos:
    • Anquilostomiasis. Es ocasionado por gusanos anquilostoma, que en su forma larvaria entran por la piel luego de tocar un piso o material infectado con heces de animales, casi siempre perro o gato. Causa vómito, diarrea, pérdida de peso y, en casos graves, lesiones localizadas en ojos o vísceras, según el caso. Se trata con medicamentos antiparasitarios (antihelmínticos) y dieta balanceada, rica en proteínas.
    • Hidatidosis, equinococosis o quiste hidatídico. Infección causada por el gusano Echinococcus granulosus; el contagio ocurre sobre todo en la infancia, cuando el niño juega con perros infectados, o a cualquier edad cuando se ingieren verduras o aguas contaminadas con huevos del parásito. Afecta al hígado y pulmones, básicamente generando fiebre y dolor abdominal. También se trata con antihelmínticos, prescritos por un médico.
    • Lombrices intestinales. Aunque no es un término muy preciso, designa a distintos tipos de gusanos (tricocéfalos, áscaris, filaria, tenia, toxocaras) que se alojan en los intestinos del ser humano y que producen malestar estomacal intermitente, diarrea, pérdida de peso, desnutrición, vómito y alteraciones del sueño; en casos graves pueden extenderse a otras áreas del organismo y ocasionar lesiones oculares, cutáneas, hepáticas o neurológicas. Constituyen un problema sanitario grave porque se propagan a través de huevecillos en las heces de animales como perros y gatos, a los cuales se deja defecar en parques y vías públicas (fecalismo). Indistintamente, la terapia médica incluye el uso de antiparasitarios.
    • Toxoplasmosis. Afecta principalmente a los gatos, y es generada por el protozoario Toxoplasma gondii, que se disemina mediante comida contaminada con orina y excremento de animales infectados. La infección es controlada por el organismo, y rara vez genera síntomas de consideración, pero es de gravedad cuando la contrae una mujer embarazada, debido a que el feto puede sufrir ceguera y daños irreversibles en el sistema nervioso. La mujer encinta con este problema debe recibir tratamiento con antibióticos bajo estricta vigilancia médica.
    • Giardiasis o lambliasis. Se manifiesta con diarreas y fuertes dolores de estómago, a causa de la infección por el protozoario Giardia lamblia . Su transmisión es idéntica a la de las lombrices intestinales, por lo que también es importante consecuencia del fecalismo. Casi siempre requiere el uso de antihelmínticos, aunque hay algunas personas que sólo requieren cuidar el consumo de líquidos en su dieta.
    • Leishmaniosis. Es una enfermedad canina no muy común, generada por el protozoario Leishmania infantum, que se transmite por la picadura de mosquitos. Dentro del perro afecta a diferentes órganos, pero generalmente sufren mayor deterioro riñones, hígado y piel, por lo que produce pérdida de cabello, descamación, adelgazamiento y apatía. Potencialmente puede ser contagiada a seres humanos, aunque esto ocurre sólo en individuos con sistema de defensas (inmunológico) debilitado. No hay tratamiento curativo, por lo que la única medida conocida para evitarla es la prevención, que consiste en realizar cada año un análisis de sangre a la mascota.
    • Dirofilariosis. Otra enfermedad transmitida por mosquitos y que casi siempre padecen perros y gatos. Los parásitos que la ocasionan (Dirofilaria immitis) no dañan al ser humano, pero se pueden alojar temporalmente en la región pulmonar, formando un nódulo (conglomerado en forma de esfera) y ocasionando tos y dificultad para respirar; no necesita cuidados especiales, pero requiere vigilancia médica. En ocasiones se ha detectado el nódulo mediante radiografías y se le confunde con una formación tumoral, por lo que el paciente es sometido a cirugías agresivas e innecesarias.
    • Sarna. En realidad es un grupo de enfermedades producidas por ácaros (“parientes” diminutos de las arañas) que se alojan dentro de la piel, generando inflamación, dolor y pérdida de pelo. No todas son contagiosas, aunque algunas que afectan a perros (sarcóptica), gatos y conejos (cheiletielosis) pueden hacernos daño si hay contacto directo. Requieren tratamiento supervisado por un dermatólogo, quien administrará antimicóticos.
  • Virus. Son agentes que no pueden reproducirse por cuenta propia, por lo que se convierten en parásitos de células vivas para desarrollarse. Ocasionan diversas enfermedades en organismos animales o vegetales, y son más diminutos que un hongo o bacteria. Ocasionan las siguientes zoonosis:
    • Rabia (hidrofobia). Vieja conocida de la humanidad, es una infección aguda (grave y de corta duración) de los mamíferos, especialmente de los carnívoros, que se caracteriza por irritación del sistema nervioso central seguida de parálisis y muerte, y que se contagia por la mordedura de animales infectados. La vacunación de mascotas ha restringido su avance, pero todavía puede ser transmitida por murciélagos, ratas, ardillas, lobos, zorros, mapaches y otros animales salvajes. Toda mordedura debe ser atendida por un especialista, quien administrará suero antirrábico.
    • Coriomeningitis linfocitaria. Infección por un microorganismo de la familia arenavirus, la cual se disemina por la mordedura de ratones, ratas, hámsteres, cobayos (roedores originarios de América cuyo tamaño puede alcanzar 25 centímetros), e incluso perros. Puede adquirir dos formas clínicas distintas: una leve, que semeja un resfriado, y otra grave, en caso de que la persona tenga sistema inmunológico débil, que puede desencadenar meningitis (infección en los tejidos que protegen al cerebro y médula espinal). El tratamiento sólo busca aliviar los síntomas, ya que no hay medicamento eficaz para destruir al virus.
    • Hanta. Las primeras manifestaciones de la enfermedad por hantavirus son muy similares a los de la gripe; inicia abruptamente con fiebre, escalofríos, dolor de cabeza, cansancio, náuseas, vómitos, malestar general y tos seca; la persona siente cierta mejoría durante corto período de tiempo, pero en 1 o 2 días presenta dificultad para respirar, e incluso incapacidad para tomar aire. Ratas y ratones silvestres son portadores del microorganismo, el cual puede contraerse al respirar aire contaminado con excretas u orina de animales enfermos, así como por mordeduras. No hay un tratamiento específico, y requiere hospitalización.
    • Gripe aviar o de los pollos. Puede ser causada por 15 variedades de virus de la influenza, mismos que se reproducen en el aparato digestivo de las aves. En fechas recientes se descubrió que uno de estos microorganismos, denominado AH5N1, puede atacar al hombre; no se ha establecido con precisión cuál es el mecanismo de propagación, aunque al parecer influyen el contacto directo con los animales afectados y con las heces. Se manifiesta con fiebre, dolor de cabeza, irritación en garganta, tos y, en los casos más graves, neumonía (inflamación de los pulmones). La enfermedad se ha manifestado en el sudeste asiático, principalmente, y en grupos humanos reducidos; es una incógnita si las medidas de salubridad emprendidas son suficientes o si habrán nuevos brotes. El tratamiento, aún en estudio, se basa en fármacos antivirales y medicamentos para el control de la fiebre (antipiréticos) y molestias (analgésicos).
  • Bacterias. Son microorganismos formados por una célula, los cuales pueden sobrevivir en ambientes muy diversos y que constituyen una de las formas de vida más antiguas. No todas son dañinas, pero algunas que transmiten los animales generan enfermedades en el ser humano:
    • Leptospirosis o enfermedad de Weil. Producida por bacterias de la familia Leptospira, infecta a gran variedad de especies, pero son más sensibles perros, cerdos, vacas, ratas y ratones. Se disemina mediante la orina, la cual contamina agua, alimentos y vegetación, y es más común en quienes tienen contacto con este tipo de desechos: veterinarios, criadores de animales, ganaderos, agricultores y practicantes de caza, montañismo y campismo. En la mayoría de los casos genera síntomas que semejan gripe moderada (dolor de cabeza y cuerpo, fiebre, escalofríos) y puede controlarse con antibióticos; sin embargo, en 10% de los afectados se registra daño en hígado, riñón, ojos o mucosas (tejido que cubre el interior de nariz y garganta), además de infección en meninges, por lo que requiere hospitalización.
    • Fiebre Q. Zoonosis de distribución mundial causada por la bacteria Coxiella burnetii; en su estado inicial se manifiesta con elevación de la temperatura, neumonía y hepatitis (inflamación del hígado); si no recibe tratamiento puede generar daños en las válvulas del corazón. Afecta a ovejas, cabras, vacas, gatos, perros, pájaros, ratas, ratones, conejos y zorros, principalmente, y los humanos la adquieren al inhalar gotitas contaminadas expulsadas por los animales infectados. El tratamiento se basa en antibióticos.
    • Enfermedad por arañazo de gato. Se estima que la mitad de los felinos domésticos portan en sus uñas al agente causante de este padecimiento, la bacteria Bordetella, por lo que la transmisión ocurre al irritar a estos animales o jugar bruscamente con ellos. El padecimiento causa inflamación de los ganglios linfáticos (tejidos de defensa contra infecciones en forma de sacos) localizados en axilas o cuello, durante 1 o 2 meses, junto con malestar general, falta de apetito, dolor de cabeza y fiebre. Se combate con ayuda de antibióticos.
    • Salmonelosis. Causada por bacterias Salmonella, se manifiesta con diarrea, fiebre, dolor de cabeza, malestar abdominal y vómito. Normalmente se contrae al consumir alimentos contaminados, pero también se sabe que el contacto con animales exóticos, como peces de acuario, anfibios y reptiles ha dado origen a más de un caso grave en niños pequeños (los microorganismos llegan a infectar la sangre y generar meningitis). El tratamiento exige el uso de penicilinas y dieta rica en frutas, verduras y agua.
    • Psitacosis. El agente causante es la bacteria Chlamydia psittaci, que se transmite del excremento de las aves a los humanos; genera fiebre, debilidad, dolor de cabeza, vómito, tos seca, dificultad respiratoria y, lo más grave, la posibilidad de aborto en mujeres embarazadas. Es más común cuando se entra en contacto con aves exóticas que se venden en el mercado negro. Se combate eficazmente con antibióticos.
    • Pasteurella multocida. Esta bacteria y otras similares son responsables de problemas respiratorios que pueden complicarse cuando los microorganismos invaden a la sangre (septicemia), ya que generan hemorragias internas. Se encuentra ampliamente distribuida en la boca y garganta de multitud de animales, silvestres y domésticos.
    • Peste. Temida en la antigüedad, esta enfermedad ha sido casi erradicada de las regiones en que habita el ser humano gracias a medidas sanitarias; sin embargo, el microorganismo que la ocasiona (Yersinia pestis) puede ser contraída por la picadura de pulgas alojadas en ratas y ardillas infectadas que viven en regiones boscosas. Después de causar breve hinchazón en los ganglios linfáticos de las axilas, infecta sangre y pulmones, provocando pequeñas hemorragias por todo el cuerpo. La terapia obliga a la administración de penicilina y aislamiento del paciente.
    • Micobacterias. El microorganismos Mycobacterium marinum, relativamente frecuente en peces, puede ser contagiado al ser humano luego de realizar la limpieza de un acuario o cuando alguna herida entra en contacto con agua contaminada. El padecimiento ocasiona infecciones, úlceras en la piel y pequeñas ampollas oscuras que llegan a reventarse. Los peces presentan un cuadro similar y puede ser necesario su sacrificio. El médico prescribe antibióticos y recomienda adecuada limpieza de la región.
    • Rhodococcus equi. Esta bacteria es responsable de neumonía en potros con menos de seis meses de edad, y ocasionalmente ataca a gatos, perros, cerdos y roedores. Se ha descubierto que también llega a afectar a seres humanos con sistema inmunológico debilitado, como quienes sufren infección del virus de la inmunodeficiencia humana (VIH). Además, genera problemas respiratorios y en casos complicados ocasiona abscesos (acumulación de pus) en cerebro, hígado, pulmones, próstata y riñones, así como meningitis.
    • Tos canina. Es causada por Bordetella bronchiseptica, bacteria que llega a formar parte de la flora bucal de los perros y que puede generar enfermedades respiratorias cuando aumenta su población. Es raro encontrarla en el ser humano, pero llega a afectar a personas con sistema de defensa deteriorado.
  • Hongos. Pertenecen al reino vegetal y necesitan infestar a otros organismos para obtener alimento; hay gran diversidad, pero sólo pequeña cantidad es capaz de ocasionar daño al ser humano. Generan padecimientos como:
    • Tiñas. Los hongos Microsporum producen infecciones en la piel de perros, gatos, caballos u otras especies animales, y pueden ser transmitidas al hombre por contacto directo. La lesión más característica es un área circular y sin pelo, normalmente con el borde enrojecido porque es ahí donde está el hongo. No se trata de una enfermedad grave, pero sí bastante molesta y de lenta curación, que debe ser atendida por un dermatólogo, mediante antimicóticos.
    • Esporotricosis. Infección de la piel que se manifiesta a través de pequeña protuberancia, rojiza e indolora que se convierte en úlcera y que puede propagarse a otras regiones. Es causada por el hongo Sporothrix schenckii, que se encuentra en la vegetación y que puede ser diseminado por el gato.

Ahora bien, además de todos los padecimientos descritos se debe mencionar que gran variedad de animales pueden desencadenar reacciones alérgicas en el ser humano y empeorar el estado de padecimientos como asma. Esto se debe a que algunas de las partículas depositadas en el pelo de gatos, perros, roedores y caballos, el plumaje de algunas aves o las escamas de los reptiles son reconocidas erróneamente como peligrosas por el sistema de defensas del ser humano, de modo que estimulan una reacción de defensa exagerada.

Es común entonces que se presenten urticaria (surgimiento de granitos en la piel), enrojecimiento cutáneo, ojos llorosos, goteo y obstrucción nasal, estornudos, comezón en la nariz, mareo, náuseas, dificultad respiratoria y dolor de cabeza. Todos estos síntomas pueden ser controlados con medicamentos (antihistamínicos) y al evitar la sustancia que desencadena la alergia (alergeno). Si el problema se debe a la presencia de una mascota, queda a juicio del médico y del paciente la decisión de permanecer con el animalito o buscarle un nuevo hogar.

Prevención

Muchas de las zoonosis pueden evitarse cuando se siguen medidas adecuadas en la convivencia con animales, entre ellas:

  • Someter a toda mascota a revisión periódica con el veterinario. Un programa de control parasitario correcto, inmunización adecuada y tratamiento oportuno de enfermedades previene prácticamente todos los padecimientos infecciosos.
  • Utilizar guantes al limpiar las áreas y casa asignadas a la mascota, o al recoger y eliminar sus excretas y orina. Después de efectuar esta labor, el amo deberá lavarse con agua y jabón las manos u otras zonas que hayan entrado en contacto.
  • Enseñar a los niños que no deben acercarse a la cara del animal ni jugar bruscamente con él, ya que es un ser viviente que al sentir dolor o maltrato tiene el impulso de defenderse.
  • Recoger las excretas de la mascota cuando las elimina en lugares públicos.
  • Lavarse las manos con agua tibia y jabón luego de jugar o cuidar animales, en especial antes de comer.
  • Las personas con sistema de defensas debilitado no deben acudir a competencias o exhibiciones de animales.
  • Toda mujer embarazada debe reportar a su médico la presencia de mascotas en casa, sobre todo gatos, para acordar medidas de higiene y prevención.
  • Al salir al bosque, playa o selva, se debe tratar con respeto a los animales de granja o salvajes, y no jugar con ellos ni retarlos.
  • Si practica campismo, asegúrese de que el lugar que visita es seguro, y busque las clínicas cercanas donde podría recibir atención médica.

Por último, cabe destacar que los padecimientos infecciosos más frecuentes que pudieran afectar a nuestras mascotas y de las que más hemos oído hablar, no pueden contagiarse a las personas. Por tanto, parvovirosis, moquillo y coronavirosis (en perros), así como peritonitis infecciosa o panleucopenia (en gatos), no son peligrosas para el ser humano. Todas estas enfermedades, además, se pueden prevenir mediante la vacunación de los animales.

SyM - Sofía Montoya

 

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