Antibióticos, ¿pueden causar alergias? - SyM
Salud y Medicinas, Sitio líder en salud y prevención de enfermedades, Cuidados de la salud

22 Noviembre 2017 | Iniciar Sesión



Hacer fuente pequeña
Hacer fuente normal
Hacer fuente grande
Imprimir

Antibióticos, ¿pueden causar alergia?

Miércoles 06 de abril del 2016, 04:38 pm, última actualización

En buena medida, el desarrollo de la Medicina moderna ha sido posible gracias al descubrimiento y evolución de los antibióticos, pues han ayudado a combatir peligrosas enfermedades que cobraban la vida de miles de personas. Sin embargo, su uso frecuente en nuestros días no está exento de riesgos.

Antibióticos pueden causar alergia

Los antibióticos o antimicrobianos son sustancias que ayudan a eliminar bacterias que generan enfermedades, ya sea destruyéndolas (acción bactericida) o inhibiendo su reproducción (bacteriostática). Su origen se remonta a 1928, cuando el escocés Alexander Fleming descubrió por accidente que ciertos microorganismos nocivos no sobrevivían en presencia de un hongo diminuto, el Penicilliun notatum , pues éste generaba un agente químico que los destruía: la penicilina.

En la actualidad los antibióticos se siguen obteniendo de hongos, pero también pueden elaborarse con ayuda de bacterias o mediante síntesis en laboratorio. Asimismo, se usan para combatir infecciones en garganta, oídos, vías urinarias, sistema respiratorio, estómago e intestinos, entre otras, siempre y cuando se compruebe, mediante pruebas clínicas, que son causadas por bacterias (las enfermedades generadas por virus u hongos no responden de manera favorable).

Aunque los antibióticos son seguros cuando los administra un médico adecuadamente, también es cierto que, como ocurre con cualquier otro fármaco, pueden producir reacciones indeseables:

  • Alergia. Sucede cuando el organismo responde ante el medicamento como si fuera un intruso dañino; el sistema de defensas (inmunológico) genera un rechazo exagerado que puede ocasionar problemas leves (granos, ronchitas) o muy severos (dificultad para respirar).
  • Toxicidad. El fármaco puede desencadenar síntomas similares a los anteriores, además de dañar riñones, hígado, sistema nervioso y glóbulos de la sangre, casi siempre porque se toma una cantidad más elevada que la recomendada o la terapia es prolongada.
  • Resistencia. Los microorganismos llegan a generar “inmunidad” o resistencia a los antibióticos cuando se hace uso indiscriminado de estos productos o hay mal apego al tratamiento (al “saltarse” las tomas o disminuir la dosis recomendada).
  • Disbacteriosis. Terapias prolongadas o altas dosis afectan a bacterias benéficas que habitan en el sistema digestivo, desencadenando comezón en boca y lengua, dolor abdominal y diarrea.
  • Sobrecrecimiento. Es probable que, a pesar de eliminar a los microorganismos que ocasionan una infección, el medicamento permita paralelamente el desarrollo de otras bacterias nocivas.

La alergia es el efecto adverso más frecuente entre los usuarios de antibióticos y también el que implica mayores riesgos: puede presentarse de manera súbita e imprevista, y siempre se debe atender como una emergencia médica, pues llega a poner en peligro la vida del afectado.

Manifestaciones

Una de las dificultades más notables en la detección y prevención de este problema radica en que nadie nace siendo alérgico a la penicilina o a algún otro tipo de antibiótico y, por tanto, las reacciones adversas no suelen surgir en la primera aplicación, sino durante las subsecuentes (cuando hay reexposición al medicamento). Ello se debe a que el sistema de defensas primero debe identificar a una sustancia que ingresa al organismo (se sensibiliza), y luego la reconoce como agente potencialmente nocivo, dedicándose a repelerlo.

Asimismo, se debe aclarar que estos medicamentos se clasifican en diferentes grupos y que la alergia hacia alguno de ellos no significa que se generarán los mismos efectos hacia las demás. En otras palabras, la alergia a los antibióticos es casi imposible.

Los tipos de antibióticos más conocidos son:

  • Penicilinas. Se trata de los productos más antiguos, elaborados con ayuda de hongos, y suelen ser los que desencadenan reacciones desfavorables con mayor frecuencia. Forman parte del grupo de los beta-lactámicos, y los más usuales son penicilina, amoxicilina, ampicilina, azlocilina, bacampicilina, carbenicilina, cloxacilina, imipenem y metampicilina.
  • Cefalosporinas. Totalmente sintéticos, pese a lo cual las personas alérgicas a las penicilinas suelen serlo a estos medicamentos (también son beta-lactámicos). Pertenecen a esta familia: cefadroxilo, cefalexina, cefalotina, cefazolina, cefalotina, cefaclor, cefapirina, cefixima, cefuroxima, cefamandol, ceftazidima, y grepafloxacino, entre otras.
  • Aminoglucósidos. Productos sobre los que se reportan menos reacciones desfavorables, pero deben emplearse con prudencia y bajo prescripción médica. Destacan gentamicina, amikacina, tobramicina, kanamicina, netilmicina y sisomicina.
  • Quinolonas. Son buena elección para personas alérgicas a beta-lactámicos (penicilinas y cefalosporinas), aunque no se recomiendan en menores de 16 años. Destacan el ácido nalidíxico, ácido pipemídico, norfloxacino y ciprofloxacina
  • Macrólidos. Útiles para tratar amplia variedad de infecciones y con baja incidencia en cuanto a efectos adversos; entre ellos encontramos eritromicina, azitromicina, claritromicina, espiramicina, roxitromicina, dietilmidecamicina y troleandomicina.
  • Tetraciclinas. Ideales para infecciones en boca, pulmones y las ocasionadas por bacterias extrañas; tampoco se recomiendan en menores de 16 años. Destacan oxitetraciclina y doxiciclina.
  • Cloramfenicol. Tiene gran eficacia con muchas bacterias, pero debido a que puede alterar médula ósea, química sanguínea y salud en general, sólo se usa para oídos y ojos.
  • Sulfamidas. Combaten gran diversidad de bacterias, aunque se emplean especialmente en infecciones urinarias y del sistema respiratorio; ocasiona alergia en pocos casos. Trimetoprim y sulfametoxazol son los más empleados, casi siempre combinadas.

Otros antibióticos más recientes son vancomicina (de la familia de los glicopéptidos) y linezolid (de las oxazolidinonas); su uso se da sólo en casos especiales, bajo estricta vigilancia médica, y se ha reportado bajo índice de alergias.

Aclarado lo anterior, vale indicar que los efectos negativos generados por rechazo a los antibióticos, casi siempre beta-lactámicos, suelen tener manifestaciones similares y se dan básicamente en dos niveles de intensidad. El primero de ellos es la reacción alérgica simple, misma que se presenta incluso cuando la exposición al medicamento ha sido en cantidad limitada. Ocurre a unos cuantos minutos de haber realizado la aplicación y hasta en un máximo de 24 horas, aunque se han reportado casos luego de 2 ó 3 días de su administración. Sus síntomas son:

  • Comezón y enrojecimiento (urticaria) en regiones determinadas de la piel (brazos, manos, piernas, rostro) o en todo el cuerpo.
  • Ronchas y granitos (erupción cutánea).
  • Hinchazón de labios, párpados, lengua y rostro en general (angioedema).
  • También puede haber ligera inflamación en cuello, manos, brazos, ingles y piernas.
  • Dificultad para respirar.

La forma más grave de reacción adversa se conoce como choque anafiláctico, reacción anafiláctica o anafilaxis, que usualmente ocurre de 5 minutos a 2 horas después de la aplicación o toma del antibiótico. Es poco frecuente, pero requiere ayuda médica inmediata debido a que puede causar la muerte en unos minutos si no hay intervención oportuna. Se caracteriza por:

  • Dificultad para respirar (la voz puede escucharse ronca y al tomar aire se emite especie de silbido).
  • Comezón, piel enrojecida y granitos en diferentes partes del cuerpo.
  • Sensación de aturdimiento y confusión.
  • Náuseas, mareo y vómito.
  • Desmayo.
  • Diarrea.
  • Dolor y calambres en el abdomen.

Cabe recordar que en una reacción alérgica se genera importante cantidad de histamina, sustancia responsable de estos síntomas que también puede hacer que los vasos sanguíneos se dilaten (con lo que baja la presión sanguínea) y que los líquidos pasen del torrente sanguíneo a los tejidos (se disminuye el volumen sanguíneo), produciendo estado de choque (inconciencia, disminución del pulso y frecuencia cardiaca). Asimismo, se puede presentar acumulación de agua en los pulmones (edema pulmonar) y asfixia.

Detección y tratamiento

Un diagnóstico rápido de alergia a estos medicamentos se realiza ante la presencia de los síntomas descritos y al conocer el antecedente de que el paciente se encuentra bajo tratamiento con antibióticos. Además, un examen superficial de la piel y de la cara puede mostrar erupción e hinchazón de labios, rostro o lengua, típicos de un problema leve, sin olvidar que baja presión sanguínea, voz ronca, sonido de silbido al tomar aire y náuseas pueden indicar una reacción anafiláctica.

El objetivo del tratamiento inmediato consiste en aliviar los síntomas y prevenir las consecuencias de una reacción severa, si ésta se presentara. En caso de reacciones alérgicas leves o moderadas:

  • Se debe calmar al paciente y darle seguridad, pues la ansiedad aumenta la gravedad de la reacción.
  • Es necesario identificar el tipo de antibiótico que se ha administrado, a fin de llamar al médico y notificar lo sucedido.
  • Si la víctima presenta granitos, se deben aplicar compresas frías o alguna crema refrescante que se sepa que no genera reacción alérgica al paciente. Se deben evitar lociones con medicamentos.
  • Es importante observar si los signos de sufrimiento en la víctima aumentan y reportar esto al especialista, ya que puede haber complicaciones y el desencadenamiento de choque anafiláctico.
  • Se deben seguir al pie de la letra las indicaciones del médico, quien puede recomendar el traslado del paciente o el uso de medicamentos de venta libre (como antihistamínicos, que como su nombre indica, reducen la producción de histamina).

Por su parte, la anafilaxia es una situación de emergencia que requiere atención profesional inmediata, por lo que es necesario llamar al servicio de urgencias a la brevedad. Luego de ello, los pasos a seguir son:

  • Calmar al paciente y darle confianza.
  • Identificar el medicamento que ha consumido y recordar si el paciente ha manifestado alergia hacia alguna otra sustancia. Esta información debe proporcionarse al servicio médico.
  • Examinar las vías respiratorias y pulso del paciente. Si se presenta dificultad para tomar aire, debilidad extrema o pérdida de la conciencia (estado de choque), es importante realizar respiración boca a boca y masaje cardiaco mientras llega la ayuda.
  • Para contribuir a que el paciente no pierda el conocimiento, se le debe acostar boca arriba, levantar sus piernas 30 centímetros y cubrirlo con un abrigo o cobija. No se le debe colocar en dicha posición si se sabe o sospecha de una lesión en la cabeza, cuello, espalda o piernas, o si le causa incomodidad.
  • Si el paciente ha sufrido ataques alérgicos con anterioridad, es probable que cuente con un medicamento de emergencia (como epinefrina, un antihistamínico), y se le debe ayudar a inyectarlo. Se evitarán fármacos orales si hay problemas respiratorios.
  • Las intervenciones de emergencia por parte de paramédicos o gente del servicio de emergencias pueden incluir la colocación de un tubo, por la nariz o boca, en las vías respiratorias (intubación endotraqueal) o la realización de cirugía de emergencia en la tráquea (traqueostomía o cricotirotomía).
  • Es posible que se requieran líquidos intravenosos y medicamentos que ayuden al corazón y sistema circulatorio a realizar su trabajo.
  • También se pueden suministrar antihistamínicos y otros medicamentos para reducir malestares posteriores.

Una vez superada la emergencia es probable que se programe la realización de pruebas cutáneas para confirmar la alergia a algún tipo de antibiótico (beta-lactámico, por lo general), además de que se debe realizar historial médico y detalles del suceso para saber si las reacciones no se deben a otras causas, como aumento en la dosis del medicamento (intoxicación).

En adelante, se debe evitar el uso del producto que desencadena la alergia y, ante todo, hay que notificar dicho problema a todo médico que se consulte (incluyendo odontólogo y personal de un hospital o clínica) antes de iniciar cualquier terapia. Además, se aconseja que el paciente utilice alguna tarjeta que identifique sus alergias, sin olvidar que puede transportar con él una toma de fármaco de emergencia (el más común es epinefrina). Siempre se evitará la automedicación, sobre todo en lo que respecta a productos contra infecciones.

Finalmente, cabe indicar que este tipo de alergia puede mejorar gracias a un tratamiento realizado por el alergólogo, la desensibilización o inmunoterapia, que consiste en administrar dosis cada vez más elevadas de la sustancia que genera reacciones adversas (alergeno) para que el organismo mejore su tolerancia a él. Empero, es importante mencionar que el paciente puede volver a desarrollar este problema y, por tanto, se recomienda que en el combate de infecciones se empleen antibióticos de una familia distinta a la del que ocasiona daño.

SyM - María Elena Moura

 

Comenta el tema desde Facebook... Si tienes alguna consulta médica, regístrate gratuitamente en Pregunta al Médico. Nuestros especialistas te responderán en forma privada sólo a través de dicha sección.

Comenta el tema desde Facebook... Si tienes alguna consulta médica, regístrate gratuitamente en Pregunta al Médico. Nuestros especialistas te responderán en forma privada sólo a través de dicha sección.

Hoy en Alergias

Temporada de frío, detonadora de alergias


Ver más...

La Organización de las Naciones Unidas (ONU) considera la violencia de género en México una "pandemia".




Comscore