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Se duplica la rinitis alérgica en menos de 20 años

No sólo es la enfermedad alérgica más frecuente, sino que su incidencia va en aumento y se encuentra entre las 10 primeras causas de consulta médica, lo cual supone importante impacto económico y baja calidad de vida a causa de sus molestos síntomas y complicaciones.

Rinitis alérgica es la reacción inflamatoria del tejido que recubre internamente a la nariz (mucosa), debido a la acción de diversas partículas que se encuentran en el ambiente. Esta enfermedad se conocía como fiebre del heno, pero es inapropiado denominarla así, ya que no produce aumento en la temperatura y tampoco ocurre únicamente ante la presencia de dicha hierba.

Quien experimenta un cuadro de rinitis padece obstrucción nasal o catarro, comezón en ojos, nariz o garganta, tos crónica o estornudos constantes. Como es de esperarse, este molesto trastorno puede impedir que la persona duerma con tranquilidad, trabaje o practique ejercicio, no sólo por los síntomas mencionados sino porque es habitual que sienta, asimismo, cansancio persistente.

Esta enfermedad también tenía los apellidos estacional y crónica hasta hace poco, pero dichas denominaciones se han transformado y hoy se habla de rinitis intermitente, si los síntomas se presentan durante menos de cuatro semanas, y rinitis persistente, cuando se prolongan más de un mes.

Así lo estipula el Dr. Andrés Sánchez González, vicepresidente de la Federación Mexicana de Otorrinolaringología y Cirugía de Cabeza y Cuello (Fesormex), quien informa que la presencia de rinitis alérgica “se ha incrementado tanto que en la última década del siglo XX se consideraba que el porcentaje de la población con esta enfermedad  alcanzaba 20%, pero en la actualidad es 40%”.

El prestigiado especialista abunda en que a las complicaciones ocasionadas por el ambiente se debe agregar otro factor de riesgo: la herencia, que en la práctica se traduce como mayor susceptibilidad para desarrollar la enfermedad, aunque no como condición fatal que adquieren los descendientes de cierta persona. Quizá esta circunstancia, dice el Dr. Sánchez González, ha contribuido al aumento de este padecimiento, que a nivel mundial ha alcanzado índice de 60% en la población infantil.

Conocer la enfermedad

La rinitis alérgica no se cura, por lo que los médicos orientan el tratamiento para controlar los síntomas. Ahora bien, si el paciente no acude a tiempo al especialista, se pone en riesgo de padecer un proceso respiratorio infeccioso, “desde catarro, rinosinusitis (cuando la inflamación alcanza los senos paranasales, los líquidos que están dentro de estas cavidades y/o del hueso subyacente), laringitis (inflamación en el área de las cuerdas vocales) e, incluso, bronquitis o neumonía (afecciones en las estructuras internas de los pulmones)”, señala el especialista.

El también catedrático de la Universidad Autónoma del Estado de México (UAEM) apunta que la Mercadotecnia ha cambiado mucho en los últimos tiempos y hoy se ve “que algunos medicamentos que antes debían ser recetados por el facultativo se pueden adquirir libremente, como es el caso de los antihistamínicos (combaten los síntomas de las alergias). Al respecto, vale la pena decir que éstos son muy seguros y cuando se emplean adecuadamente no tienen reacciones secundarias ni originan otro tipo de trastornos”.

Sin embargo, es preciso saber que un antihistamínico controla síntomas, pero no todos. “Lo que hace es reducir el escurrimiento porque seca la mucosidad, pero no descongestiona; igualmente, disminuye la comezón en nariz, ojos u oídos, y reduce o quita estornudos. Pero insisto: no descongestiona y el paciente sigue ‘tapado’”.

En opinión del experto, la gente piensa que es muy sencillo sobrellevar la enfermedad y no acudir al médico, pero lo más importante “es tomar conciencia y conocer cuál es el proceso de la rinitis alérgica para que pueda cuidarse de los factores de riesgo que hay en el aire y en lo que comemos. Actualmente hay pruebas que nos ayudan a determinar a qué se puede ser alérgico y, posteriormente, aplicar vacunas o tomar algún medicamento específico, pero no hay que olvidar que cuidarnos de los alergenos (elementos que producen reacciones alérgicas) nos puede ayudar mucho”.

Hay pacientes que se conocen tan bien, señala el entrevistado, que cuando saben que acudirán a algún lugar en el que se pueden sentir mal (el campo o cierto sitio en el que haya animales que causen alergia, toman un antihistamínico en forma preventiva. “Un paciente así es el que ha aprendido y no se autoprescribe tontamente; sin embargo, son pocos porque la mayoría se dedican a ingerir fármacos sin conocimiento de la enfermedad ni de los efectos de lo que consumen, y sólo acuden al médico hasta que se sienten muy mal”, asevera el entrevistado.

Contrario a lo que sucede con los antihistamínicos, se debe tener mucho cuidado con otros medicamentos empleados en el tratamiento de este padecimiento: los esteroides, ante lo cual concluye el directivo de Fesormex: “Aunque estos productos son descongestivos, actúan en todos los síntomas y ayudan a que el paciente se sienta muy bien, hay que tener cuidado porque deben utilizarse por periodos muy cortos para que no ocasionen efectos secundarios indeseables (por ejemplo, pérdida de densidad en los huesos, cambio de ánimo, aumento de peso y presión arterial elevada). Además, nunca deben autoprescribirse, por los riesgos que conllevan”.