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Habanos, puros riesgos a la salud

Tal vez sea parte de una costosa moda que incluye a mujeres, pero hoy es muy común encontrar fumadores de tabaco puro, los llamados habanos, pese a que se ha comprobado científicamente que no son menos dañinos que los cigarrillos.

Parece que sólo fuera cuestión de aspirar el puro, retener el humo en la boca durante unos segundos y después dejarlo salir, pero fumar un habano es algo más que eso. No se trata de que la bocanada llegue a los pulmones, sino de mantenerla en la lengua y disfrutar ese intenso sabor; es más, quienes gustan del tabaco en esta forma saben que hay una ocasión para cada puro. Para ellos, no es el mismo producto el que se fuma con el padre de un nuevo bebé, que el indicado para una charla de negocios o el que se lleva a una corrida de toros, pues cada uno tiene características propias según su marca y lugar de procedencia.

La popularidad del habano ha crecido a tal grado que en Estados Unidos y Europa existen clubes para amantes del puro, los que no tardarán en aparecer en México y el resto de países de América Latina, donde, eso sí, el surgimiento de nuevas tiendas para fumadores aumenta considerablemente.

De Colón a nuestros días

El tabaco es originario de América, y uno de los primeros que dio cuenta de su consumo fue el mismo Cristóbal Colón, quien dejó por escrito que estando en lo que hoy es Cuba recibió información de dos exploradores que "hallaron por el camino mucha gente con un tizón en la mano, yerbas para tomar sus sahumerios (aromas) que acostumbraban...".

Se sabe también que Rodrigo de Jerez, uno de los exploradores de la comitiva española en la época de la Conquista, fue el primer europeo aficionado al tabaco, y al regresar a su pueblo natal (el Puerto de Ayamonte) la Inquisición lo procesó de inmediato "por estar endemoniado y echar humo del infierno".

Hacia 1717 la Corona Española estableció un almacén de tabaco en La Habana, desde donde se exportaba la preciada hoja a Sevilla, lugar donde finalmente se realizaba la manufactura cigarrera. Desde ahí se comercializaba al resto de Europa, Asia y África.

En nuestros días el tabaco se consume principalmente en forma de cigarrillo, al que se le atribuyen como principales daños afectaciones en garganta y pulmones, ya que el humo que se aspira se dirige a esas zonas. Durante mucho tiempo se consideró que por la forma de fumarse, el puro no tendría las mismas repercusiones que el cigarro.

Sin embargo, la Organización Mundial de la Salud (OMS) señala, con base en estudios del Centro Internacional de Investigación sobre el Cáncer de Lyon (Francia) y del Programa de Cuidados Médicos de Oakland (Estados Unidos), que los habanos y el tabaco en pipa provocan cáncer y muertes prematuras en la misma proporción que los cigarrillos. Es más, quienes fuman de esa manera tienen el doble de posibilidades de padecer cáncer de boca, garganta y pulmones o contraer enfermedades del corazón que los no fumadores.

Por otra parte, durante la XI Conferencia Mundial sobre el Tabaco y Salud que se celebró en Chicago (Estadios Unidos) en el año 2000, los científicos participantes advirtieron a los fumadores de puros sobre la posibilidad de volverse adictos a la nicotina, aunque no aspiren el humo. La cantidad de esta dañina sustancia en un habano es muy variable, ya que va desde la misma que tiene un cigarrillo hasta la que llega a presentar una cajetilla entera.

Como sucede con otros placeres, fumar un puro es algo sin comparación, pero el cual representa serio peligro para la salud.