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Ley antitabaco: por los no fumadores

A pesar del rechazo de muchos dueños de restaurantes y bares, y de parte de las personas que fuman, la Ley General para el Control del Tabaco fue publicada en el Diario Oficial de la Federación el 30 de mayo de 2008, prohibiendo con ella fumar en lugares públicos.

La llamada "ley antitabaco" (inicialmente aprobada por los diputados el 6 de diciembre de 2007 en la Ciudad de México), comenzó a causar "ampollas" en ciertos sectores del país que la calificaban de discriminatoria y como un atentado a los derechos de los fumadores.

Sin embargo, su intención no es prohibir el consumo de tabaco, sino establecer áreas donde se respire aire libre de humo. “Tan sólo consideremos que las estadísticas señalan que la población fumadora, entre 12 y 65 años, es aproximadamente 26.4% del total, lo que nos revela que la mayoría de las personas no tiene tal adicción; no obstante, se convierten en fumadores pasivos”, refiere el Dr. Justino Regalado Pineda, subdirector de Atención Médica de Neumología del Instituto Nacional de Enfermedades Respiratorias "Ismael Cosío Villegas".

Humo asesino

De acuerdo con la Ley General para el Control del Tabaco, está prohibido a cualquier persona consumir o tener encendido cualquier producto de tabaco en los espacios 100% libres de humo. Asimismo, en lugares con acceso al público o en áreas interiores de trabajo, públicas o privadas, incluidas las universidades e instituciones de educación superior, deberán existir zonas exclusivas para fumar, las cuales tienen que ubicarse en espacios al aire libre o en interiores aislados que dispongan de mecanismos que eviten el traslado de partículas hacia aquellos exentos de humo de tabaco, y que no sean paso obligado para los no fumadores.

En este sentido, es muy importante tener presente que el humo del cigarrillo contiene 4 mil 700 sustancias que, al ser inhaladas, generan una serie de fenómenos que terminan dañando todos los órganos y sistemas, tanto de personas con tabaquismo como de fumadores pasivos.

"Entre ellas se encuentran tolueno, arsénico, amoniaco y benzopireno, por mencionar algunas, y todas son productos que, incluso, se utilizan en la fabricación de raticidas, insecticidas y pesticidas. Además, el humo contiene elemento radiactivo llamado polonio 210, que es uno de los venenos más letales y con el cual el exespía ruso Alexander Litvinenko  fue asesinado (en 2006, mientras investigaba casos de asesinatos y tortura en Chechenia)", advierte el Dr. Regalado.

Si bien el humo del tabaco nos afecta a todos, los fumadores pasivos no siempre lo inhalan en la misma concentración. Por ejemplo, si hablamos de una persona que está en cierto "antro" saturado de humo por espacio de seis horas, termina inhalando cantidad equivalente a una cajetilla de cigarros. En otros espacios, donde el consumo no es tan intenso, dicho nivel disminuye y su equivalente en cigarrillos es menor, pero el punto es que no existen cigarros seguros.

"Estar expuesto a mínima concentración de humo ya es dañino para el individuo. Por ello, lo que persiguen las disposiciones de protección es que los no fumadores dejen de someterse a nivel alguno, aunque sea mínimo", indica el Dr. Regalado Pineda.

El especialista agrega que como la muerte por tabaquismo no ocurre en forma inmediata, la gente e industria tabacalera se encargan de minimizar los daños; en consecuencia, los consumidores asumen que a ellos no les pasará nada. No obstante, sabemos que la mitad de los fumadores fallece prematuramente a causa de las múltiples enfermedades que se relacionan con el consumo de tabaco.

Lo que establece la ley antitabaco

Algunos de los aspectos más importantes de la Ley General para el Control del Tabaco son:

Queda prohibido:

Además…

Que no sea letra muerta

Para que se cumpla una disposición como la "ley antitabaco", debe existir policía incorruptible, pues la primera intención de muchos consumidores de cigarrillos es sobornar a la autoridad, en "actitud absurda porque el mismo ciudadano, en otras circunstancias y escenario, como en países industrializados, respondería como lo haría la colectividad, es decir, respetando las normas", señala el también investigador.

Lo que se requiere es que la sociedad se convenza de que esta medida es positiva para la sociedad, como todas las leyes, y que en realidad no se realiza o concreta para fastidiar a los ciudadanos, sino para mejorar la convivencia entre ellos. Así, nosotros mismos deberíamos ser quienes nos encarguemos de hacer cumplir las reglas.

"Estas mismas disposiciones en otras latitudes las hacen cumplir los propios ciudadanos, quienes no están de acuerdo en estar expuestos al humo de tabaco. Por tanto, cuando alguien enciende un cigarrillo, los demás individuos le exigen al dueño del restaurante que lo retire, o bien, llaman a la autoridad para que aplique la ley”, señala el especialista del INER.

En realidad, agrega el experto, no se trata de una ley antifumadores, sino para mejorar la calidad de vida de las personas que convivimos en el colectivo denominado sociedad mexicana. Así como todos estamos de acuerdo en llevar nuestro coche a verificar porque reconocemos que esto es elemento central para mejorar la calidad del aire, deberíamos estar de acuerdo en respetar las disposiciones de los espacios de fumadores para que todos podamos respirar aire sin humo.

La ley antitabaco hace prevalecer el interés del bien público, no de las tabacaleras. Además, no se trata de una regla contra los derechos de los fumadores, sino de proteger tres prerrogativas de la ciudadanía en general: la salud, la de los niños a tener adecuado desarrollo, y de todos a respirar aire libre de humo.

¿Por qué no puedo dejar de fumar?

De acuerdo con el Dr. Justino Regalado Pineda, el consumo de tabaco está vinculado íntimamente con la adicción, a lo cual se suma que los fabricantes han invertido tiempo y dinero para que su producto cause adicción inmediata, el humo se inhale más fácil, sea menos irritante, y posea olor y sabor menos desagradable.

De esta manera, los consumidores aceptan con mayor facilidad los cigarrillos, y así las tabacaleras cumplen su finalidad: que la nicotina llegue lo antes posible al cerebro, donde estimula zonas específicas, generando en el individuo la necesidad de obtener dosis cada vez mayores. Es por ello que dejar de fumar se torna cada vez más complicado si no se cuenta con ayuda, por ejemplo, de clínicas antitabaco.