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La llegada del primer hijo

Miércoles 21 de junio del 2017, 07:33 pm, última actualización

El nacimiento del primer hijo altera la rutina de la pareja y es un hecho que hasta la mejor relación se pone a prueba. Ello se hace más evidente porque el bebé marca el ritmo de las actividades en casa, pues todo depende de sus horarios. ¿Qué hacer frente a esta situación?

Primer hijo, Mamá, Papá, Llegada del primer hijo

Si bien la llegada del primer hijo supone un acontecimiento dichoso, la transición no siempre resulta tan sencilla para la pareja, lo que depende, en buena medida, de la forma en que se conciben maternidad y paternidad, apoyo conjunto, inteligencia para dar espacios y combinar el nuevo rol de padres con la intimidad de la relación.

“Muchas parejas experimentan descenso o falta de intimidad a causa del embarazo, nacimiento del bebé y, posteriormente, por el cuidado y las atenciones que demanda la criatura. En definitiva, son muchos los aspectos de la vida que se modifican, y hay ocasiones en que ello asusta a los papás inexpertos; no obstante, se equilibran por la conformación de la familia y las alegrías que el pequeño va trayendo”, refiere la terapeuta de pareja Libe Oldak.

Añade que, desde luego, es muy importante que los nuevos roles no sustituyan a los anteriores, lo que implica que los papeles de papá, mamá y pareja siempre deben tener su propio lugar.

Avalancha de cambios

Dentro del triángulo mamá-bebé-papá se produce un juego de relaciones en el que, digamos, se forman nuevas parejas. En momentos, mamá y bebé excluyen al papá; en otros, antes de ser excluido, el progenitor se aísla y evita relacionarse con su hijo y pareja. Igualmente, hay ocasiones en que el hombre se dedica por completo al chiquillo y, prácticamente, ignora a su cónyuge.

En consecuencia, surgen celos, rencores y resentimientos entre la pareja, al grado de que ambos se preguntan si habrán dejado de quererse. “En este sentido, el gran desafío de la pareja es ingresar al delicado territorio de los triángulos amorosos sin excluir a ningún integrante y sin usar al hijo para llenar vacíos o carencias emocionales”, añade la especialista.

Recientemente, en la Universidad de San Diego California (Estados Unidos) se efectuó un estudio con 31 mil personas casadas y se concluyó que la satisfacción matrimonial tras el nacimiento del primer bebé es 42% más baja entre la última generación de padres, en su mayoría miembros de la denominada generación X (personas nacidas alrededor de la década de 1970).

A su vez, el llamado Proyecto Nacional de Matrimonio (National Marriage Project) de la Universidad Rutgers en Nueva Jersey, también en Estados Unidos, fue categórico al afirmar en uno de sus informes: “Los hijos parecen ser creciente impedimento para la felicidad de los matrimonios”.

Sin duda, el nacimiento de un bebé es etapa de satisfacciones, pero debido a que todo cambia en el hogar es necesario diseñar nueva organización sin descuidar la relación de pareja, pues el pequeño demanda gran atención.

En la vida sexual

Por muy deseado que haya sido, un bebé en casa supone cambios importantes para los miembros de la pareja, quienes hasta entonces sólo se tenían el uno al otro y en cualquier momento y lugar podían acariciarse y mantener relaciones sexuales. Sólo la disponibilidad de tiempo, estrés y cansancio impedían la libre expresión de los deseos sexuales hacia el otro.

Sin embargo, tras el nacimiento del primer hijo la situación cambia, pues existe un ser pequeño e indefenso que requiere toda la atención para atender sus necesidades básicas por sí mismo. De acuerdo con la Dra. Françoise Dolto, autora del libro Cuando los padres se separan, muchas mujeres durante el embarazo y tras el nacimiento de la criatura dejan de ser esposas y amantes, lo que ocasiona depresión en el varón porque se siente abandonado.

“El marido retoma el biberón; no se ha dado cuenta de que cayó en estado depresivo, de que está celoso del otro, y no entiende si el bebé es su hijo o hermano, y no sabe si su mujer es su madre o esposa”, revela la especialista en su obra.

De acuerdo con la Dra. Françoise Dolto, los cambios surgen desde que ella está embarazada, etapa en la que el deseo sexual propiamente dicho no disminuye, pero en muchas mujeres se manifiestan temores infundados de dañar al feto durante el coito o experimentan dificultades durante el encuentro erótico a causa del abdomen abultado. Por tanto, el contacto sexual disminuye.

La llegada de un bebé no tiene por qué afectar las relaciones sexuales. Si bien numerosas parejas refieren haber disminuido el número de sus encuentros íntimos tras la llegada del primer hijo, hacen lo posible por mantener viva la llama de la pasión.

Reestructuración

Si por tu mente ha pasado la idea de tener un hijo y no sabes si ahora es el mejor momento, pregúntate lo siguiente:

  • ¿Por qué quiero tener un bebé?
  • ¿Es decisión personal o existe presión de familiares o pareja?
  • ¿Estoy listo(a) para tenerlo?
  • ¿Me siento preparado(a) para criarlo y educarlo?
  • ¿Cuento con familiares o personas de confianza que puedan ayudarme con el pequeño?
  • ¿Cómo afectará los planes en mi vida profesional y laboral?
  • ¿Estoy dispuesto(a) a levantarme temprano el fin de semana, reducir mis salidas y/o contratar a alguna niñera?
  • ¿Me veo como madre o padre?
  • ¿Me gustan los niños?

Las respuestas a las interrogantes anteriores te darán la pauta sobre si ya es tiempo de ser madre o padre, o bien, hay que dejar pasar tiempo. Considera que la llegada de una criatura requiere, además, espacio físico y emocional, lo que plantea la necesidad de reestructurar el contrato y reglas que han regido a la pareja.

Como nuevos padres, es posible prepararse y ajustar las funciones asumidas hasta el momento, tomando en cuenta las siguientes consideraciones:

  • Desde el embarazo es vital la participación del hombre para subsanar los efectos que este cambio lleva para la pareja. El hecho de que ambos participen durante el proceso de gestación, parto, posparto, lactancia y los cuidados del bebé contribuye en gran medida a sentar las bases para una paternidad responsable.
  • Conviene replantear los roles que asumirán ambos miembros de la pareja, tratando de ser equitativos en las responsabilidades y tareas, de modo que la llegada del pequeño no sea una carga.
  • Es preciso ampliar las labores que hasta entonces se efectuaban y enriquecerlas en lo relativo a la crianza y educación del hijo, pues éste necesita cuidados, amor y presencia de ambos padres.
  • La maternidad compartida poco a poco se va infiltrando en los cambios sociales y familiares; sin embargo, cuando se da por hecho que la pareja participará en determinadas tareas y no sucede así, puede iniciar un conflicto. De ahí que sea conveniente acordar, antes del nacimiento del hijo, las responsabilidades que cada uno asumirá.

Toma en cuenta que la preparación para ser padres va más allá de decorar la habitación del bebé. Consiste en reconocer que el nuevo ser depende completamente de cuidados y atenciones de ambos padres. Si se tiene conciencia de ello, será más sencillo sortear las eventualidades que esta tarea trae consigo.

SyM - Karina Galarza Vásquez

 

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