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Niños con daño cerebral

Investigadores de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) trabajan en novedosas técnicas contra el responsable de 1 de cada 5 discapacidades: los problemas prenatales y perinatales.

Durante la segunda mitad del siglo XIX, el médico inglés William Little describió el caso de varios niños pequeños que presentaban rigidez en músculos de piernas y brazos, así como dificultad o incapacidad para sujetar objetos, gatear o caminar. A través del análisis del historial clínico de los menores encontró que muchos tuvieron un parto complicado, y supuso que el padecimiento se debía a falta de oxígeno durante el alumbramiento.

Aunque los conocimientos en la materia han crecido enormemente, ya que ahora sabemos que este tipo de problemas también pueden surgir desde que el pequeño se encuentra en el interior del vientre materno, el cirujano británico dio inicio al estudio de los padecimientos que afectan al control del movimiento, la capacidad de aprendizaje y la percepción sensorial, y que se agrupan bajo el término parálisis cerebral.

Tales investigaciones han ayudado a comprender que el seguimiento del embarazo ayuda a tomar medidas preventivas que disminuyen la incidencia del problema, pero también han mejorado las expectativas de vida de aquellos pequeños en donde las dificultades no pudieron evitarse, gracias a la creación de modelos educativos que estimulan el desarrollo de habilidades.

Éste es precisamente el campo de trabajo de la Dra. Thalía Harmony Baillet, connotada investigadora del Instituto de Neurobiología de la UNAM, ubicado en Juriquilla, Querétaro (centro de la República Mexicana), y quien explica que los eventos que pueden dar origen a parálisis cerebral se denominan “factores de riesgo prenatal, si ocurren durante la gestación, como cuando hay amenaza de aborto, accidentes, parto prematuro o infección en útero y/o vagina (cervicovaginal), y perinatales en caso de que se registre una dificultad que pudiera dañar al sistema nervioso del niño durante o después del alumbramiento”, como cuando falla la oxigenación hacia el cerebro o hay meningitis (infección de los tejidos que protegen al mismo).

La especialista en Psicofisiología asegura que las lesiones más frecuentes “se llaman leucomalasia o leucoencefalopatía, y son aquellas que ocurren en la sustancia blanca del cerebro (localizada en ambos hemisferios, debajo de la corteza). En ocasiones no tienen consecuencia, pero en otras son muy graves: limitan los movimientos del pequeño, generan problemas de atención o de uso del lenguaje e, incluso, dan lugar a retraso mental, sordera, ceguera o epilepsia (alteraciones en la actividad eléctrica del sistema nervioso que llega a generar convulsiones)”.

El tratamiento en estos casos debe empezar desde temprana edad, preferentemente antes de los tres meses de vida y como máximo hasta los seis, pues de lo contrario será muy difícil que el infante desarrolle sus habilidades; sin embargo, esto no siempre es posible debido a que los padres de familia no saben que su hijo tiene lesiones neuronales. Por ello, la Dra. Harmony Baillet enfatiza que los esquemas de detección y rehabilitación de la parálisis cerebral deben mejorar en todo el país, a la vez que trabaja en el estudio de métodos de atención médica con mayor eficacia que los comúnmente empleados.

Nuevas soluciones

De acuerdo con cifras obtenidas en el censo de 2000 realizado por el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi), 20% de las discapacidades que se registran en México se deben a problemas prenatales y perinatales. Muchos de estos casos, sin duda, pudieron evitarse de contar con métodos de diagnóstico más eficaces y de recibir terapia adecuada y oportuna.

La posibilidad de que el bebé sufra un evento que desencadene parálisis cerebral (enfermedades de la madre durante el embarazo o parto complicado, por ejemplo) se puede contemplar antes del nacimiento, sobre todo si ha habido seguimiento médico pero, asimismo, está el caso de muchos pequeños que sufren alguna complicación y que, a pesar de que permanecen durante un tiempo en la incubadora o son atendidos en terapia intensiva para que su vida no corra peligro, son dados de alta sin que se estudie el estado de su sistema nervioso y, meses o años después, se descubre que padecen alteraciones neurológicas, ya que no desarrollan las mismas habilidades que otros chicos de su edad.

En este sentido, la propuesta del grupo de trabajo del Instituto de Neurobiología contempla una innovación en dos vertientes: la primera consiste en mejorar los procedimientos de diagnóstico, estableciendo como norma que todos los bebés con algún factor de riesgo sean sometidos a exploración clínica (observación de destrezas y reflejos, por ejemplo), apoyada en métodos como audiometría (detección de posible pérdida auditiva), electroencefalograma (estudio de la actividad eléctrica del cerebro), ultrasonido (obtención de imágenes del encéfalo con ayuda de ondas de sonido) y resonancia magnética (técnica para obtener mapas del interior del organismo con gran precisión, apoyada en el uso de campos magnéticos), entre otros. La segunda es propiamente la rehabilitación, y está destinada a los pequeños en los que se han detectado dificultades neuronales.

Sobre este último punto, Harmony Baillet y sus colaboradores se basan en “una serie de ejercicios descritos por el neurocirujano húngaro Ferenc Katona, del Instituto de Pediatría de Budapest, y que se han aplicado desde el decenio 1960-70 con notable éxito. En Hungría se ha creado una red que permite identificar tempranamente a los niños con problemas, con el fin de someterlos a dicho tratamiento, y con esto han disminuido las secuelas desfavorables de la parálisis cerebral. Nosotros mantenemos contacto directo con el especialista, quien nos asesora y ha venido a Querétaro para dictar cursos”.

El método Katona se ha aplicado en grupos de niños para que desarrollen sus habilidades en dos sentidos, a saber, “que los pequeños puedan caminar sin problemas y que tengan vertical su eje axial, es decir, que sostengan el cuello y tengan erguida la espalda. Para lograrlo ejercitamos intensamente al pequeño con movimientos complejos que estimulan al laberinto, que es el centro del equilibrio localizado en el oído interno y el encargado de indicarle al cerebro cuál es la posición de la cabeza en el espacio”.

Así, los movimientos de la terapia física tienen la función de estimular a las estructuras neuronales encargadas de coordinar el movimiento, y éstas, a su vez, desencadenan el funcionamiento de músculos y articulaciones. De manera recíproca, la actividad de las extremidades envía señales al sistema nervioso, creando una retroalimentación que mejora los mecanismos de atención en el menor.

La Dra. Harmony describe algunos de estos ejercicios: “uno de ellos consiste en ‘sentar al pequeño en el aire', sin apoyo, tomándolo de los muslos para obligarlo a que la posición de su columna sea vertical; en otro acostamos al niño y lo levantamos lentamente, sujetándolo de los dos bracitos o de las manos, para que yerga la cabeza, y en uno más lo recostamos, con las rodillas flexionadas, y le damos un empujoncito desde la parte de atrás de la pelvis para que se incorpore y mantenga la posición erecta. En cuanto a la marcha, hacemos que avance por una rampa con inclinación ascendente y descendente, o recurrimos al ‘gateo asistido', donde le ayudamos a que se desplace en sus cuatro extremidades mientras le detenemos el mentón y el abdomen”.

Por su parte, los bebés con problemas de sordera son remitidos a la brevedad a programas especiales de rehabilitación, a fin de que aprendan a hablar en su edad promedio, y no como ocurre comúnmente (hasta los 3 o 4 años), cuando ya es tarde para que logren desarrollar adecuadamente la capacidad de lenguaje.

Mucho por hacer 

Hace unos años era muy difícil que los centros de salud pública en México emprendieran labores de atención y prevención a la parálisis cerebral, y debido a ello el Gobierno Federal ha establecido el programa Arranque Parejo, que trata de subsanar este vacío. Sin embargo, no está exento de algunas deficiencias.

A decir de la Dra. Harmony Baillet, “en Arranque Parejo están empleando sistemas tradicionales de terapia física, como el método de Bobath, que de acuerdo con investigaciones médicas no es muy efectivo, pues tiene resultados favorables en 18 a 20% de los casos. En cambio, con el método que nosotros hemos empleado, sobre todo en niños prematuros y con asfixia perinatal, alcanzamos un índice de recuperación total y parcial de 40% y 30%, respectivamente, por lo que 2 de cada 3 niños logran un restablecimiento”.

Por el momento, los especialistas de la UNAM son los únicos en nuestro país que trabajan con los movimientos complejos del Dr. Ferenc Katona, asesorando tanto al Centro de Neurodiagnóstico y Neurotratamiento (Cenene), que es una institución de asistencia privada, como a la asociación civil Bebé Avance, ambos en Querétaro. Asimismo, trabajarán con el Hospital de Especialidades del Niño y la Mujer Dr. Felipe Núñez Lara, perteneciente a la Secretaría de Salud y localizado en la misma entidad federativa, para que incorpore el método Katona en el programa Arranque Parejo.

Más aún, Thalía Harmony comenta que “en el Instituto de Neurobiología vamos a empezar a dar tratamiento directamente en la Unidad de Investigación y Neurodesarrollo, próxima a inaugurarse en el campus Juriquilla de la UNAM. Esto lo hacemos para ser más efectivos en la investigación y para tratar de abatir la mayor dificultad que hemos enfrentado, que es la deserción”.

Ahonda al respecto: “Por desgracia, en cuanto los padres ven que el bebé mejora un poco o juzgan que no ha tenido cambios, dejan de traerlo. El problema es grave, porque interrumpimos la terapia a los 7 u 8 meses y no tenemos la oportunidad de darle el seguimiento adecuado, que es hasta los 2 años de edad, cuando podemos constatar que el niño camina, coordina movimientos y hace buen uso del lenguaje”.

Finalmente, la Dra. Harmony subraya la importancia de que los padres de familia y médicos cobren conciencia de que “todo niño que haya estado en la incubadora o en terapia intensiva debe ser evaluado por un neuropediatra, y luego asistir a un centro de rehabilitación especializada durante el tiempo necesario”, aunque recuerda que, por el momento, el alcance del tratamiento con terapia de Katona en México se limita prácticamente a Querétaro.