Significado de los berrinches de mi hijo - SyM
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24 Abril 2017 | Iniciar Sesión



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Berrinche, ¿qué te quiere decir tu hijo?

Martes 04 de abril del 2017, 05:34 pm, última actualización.

Los berrinches aparecen porque el niño desea manifestar una emocion (frustración, ira e incluso tristeza), pero no sabe cómo hacerlo. Así, un paso para disminuir estos episodios es mantener buena relación y comunicación para que el chico aprenda a controlarse y expresarse.

Berrinches, Niños

Las emociones fuertes son muy difíciles de contener en ciertas ocasiones, por lo que cuando un niño se siente frustrado o enojado, comúnmente se expresa con llanto, gritos u otras manifestaciones para llamar la atención. A estas reacciones les llamamos berrinches, y si bien se han considerado normales en el desarrollo infantil, existen casos en que pueden vincularse con trastornos graves.

“Las rabietas se manifiestan en 7 de cada 10 chicos entre los 18 y 24 meses, así como en tres cuartas partes de niños entre 3 y 5 años, a través de gritos, chillidos y llanto, aunque hay casos en los que llegan a golpear, patear, aguantar la respiración y privarse”, refiere la Dra. Blanca Ortiz Guzmán, psicóloga egresada de la Universidad Iberoamericana (UIA), en la Ciudad de México.

¿Por qué lo hacen?

La gran mayoría de niños entre 1 y 3 años de edad recurren a berrinches; posteriormente, estas manifestaciones se hacen menos frecuentes debido a que los chicos aprenden a expresar sus emociones.

“Es importante tener presente que los pequeños, por lo general, se encuentran en etapa de descubrimiento y aprendizaje; quieren ser independientes y hacer más cosas de las que pueden. En este camino de actividad constante suelen experimentar cansancio, temores, frustración y hambre, condiciones que expresan mediante el berrinche, ya que poseen pocas herramientas para comunicar sus necesidades”, explica la especialista.

Sin embargo, agrega, también recurren a las rabietas cuando no comprenden las órdenes que se les dan o si las personas que les rodean no entienden lo que ellos quieren. En este sentido es necesario considerar que los infantes todavía no son capaces de expresarse verbalmente, no han aprendido a resolver los problemas por sí mismos, pueden estar enfermos o reaccionando a problemas o cambios dentro de su casa.

Otras razones frecuentes por las cuales los niños hacen berrinche incluyen:

  • Quieren que se les compre algo.
  • No desean seguir las reglas impuestas por sus padres.
  • No quieren comer.

¡Cuidado!

Los berrinches varían en intensidad y frecuencia; así, algunos niños los presentan de manera regular mientras que otros sólo los experimentan ocasionalmente. Las causas principales, como hemos visto, son frustración, imitación, búsqueda de atención, sobreprotección, malestar o como respuesta a medidas disciplinarias demasiado estrictas.

“Si bien es necesario estar al pendiente de las necesidades de los pequeños para enseñarles cómo expresar sus emociones, hay algunos padres que viven condicionados a la situación emocional de sus hijos pequeños, quienes parecieran ser los que mandan y establecen los tiempos en el hogar”, señala la Dra. Ortiz Guzmán.

Como padres de un niño debemos saber cuándo va a hacer un berrinche: se ve aburrido, enojado, empieza a gritar o llorar; luego parecería que nada lo pondrá contento y, finalmente, se presenta el llanto, las pataletas, tirarse al suelo e, incluso, dejar de respirar. No es de sorprender que la criatura sólo recurra a las rabietas frente a sus padres, ya que es una forma de medir los límites de las reglas familiares.

Estrategias

Cuando el menor pierde el control, las respuestas de los padres son variadas, aunque no siempre las mejores. Por ello, la psicóloga recomienda tomar en cuenta las siguientes acciones:

  • No lo castigues. La reprimenda sólo agravará la situación, en especial si ésta es física, ya que, en el corto plazo, darle una nalgada a un chico sólo empeorará el nivel de la rabieta, además de que hará más difícil la resolución del problema.
  • No lo premies. Acceder a las demandas del pequeño le dará las herramientas necesarias para aprender que, la próxima vez que quiera algo, sólo tiene que recurrir a un berrinche. Mejor, una vez que finalice la rabieta ayúdalo a reconocer lo importante que es recuperar la tranquilidad.
  • Conserva la calma. En la medida de lo posible, intenta ignorar la conducta del niño, asegurándote de que no pueda hacerse daño físico. No permitas que las opiniones de los demás afecten su manera de responder ante dicha situación.
  • Ayúdalo. Trata de llamar su atención con algo más, un libro o juguete; a veces con tocarlo y acariciarlo es suficiente.
  • Espera. Usa un tiempo de espera para que tu niño se calme; después, déjalo solo unos minutos o aléjalo de la fuente del berrinche. En caso de que ya entienda, es ideal dejarlo solo un minuto por cada año de vida (si tiene 4, déjelo 4 minutos). Si no puede controlarse sal del lugar donde está el chico y regresa 1 o 2 minutos después de que se calmó. Si tu hijo es ya mayor para entender, explícale la situación.
  • Revisa. Evalúa si el comportamiento ha sido aceptable o no, y por qué. Puede invitarlo a conductas alternativas para que las lleve a cabo cuando se encuentre en una situación similar.

Señales de alerta

Diversos autores han reportado que, bajo ciertas circunstancias, los berrinches pueden considerarse graves, por lo cual han dedicado años de esfuerzos para encontrar las causas físicas y psicológicas de esta conducta:

  • Los problemas emocionales que más típicamente se han asociado con las rabietas son: depresión (sentirse triste, melancólico, infeliz o derrumbado), baja autoestima, trastorno por déficit de atención (TDAH, que ocasiona impulsividad y falta de concentración), manía (elevación anómala del estado anímico) y trastorno bipolar (alternancia de períodos de excitabilidad y desánimo).
  • Los berrinches también se han vinculado con trastornos de audición y visión, enfermedades crónicas, retraso en la aparición de lenguaje y dificultad para aprender.
  • En algunos casos se ha visto que pueden ser considerados descargas de tipo epiléptico, pues se asocian con patrones alterados de la actividad eléctrica cerebral.

Para la mitad del cuarto año de la vida los berrinches ya no tienen que presentarse, pues para ese entonces el menor ya debe haber aprendido a manejar su carácter. Si continúan, es probable que el pequeño padezca problema emocional o de conducta, situación en la que resulta indispensable acudir de inmediato al pediatra para que evalúe al infante y lo canalice a un psicólogo o psiquiatra infantil.

SyM - Karina Galarza Vásquez

 

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