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Berrinche, ¿qué te quiere decir tu hijo?

Los berrinches aparecen porque el niño desea manifestar una emocion (frustración, ira e incluso tristeza), pero no sabe cómo hacerlo. Así, un paso para disminuir estos episodios es mantener buena relación y comunicación para que el chico aprenda a controlarse y expresarse.

Las emociones fuertes son muy difíciles de contener en ciertas ocasiones, por lo que cuando un niño se siente frustrado o enojado, comúnmente se expresa con llanto, gritos u otras manifestaciones para llamar la atención. A estas reacciones les llamamos berrinches, y si bien se han considerado normales en el desarrollo infantil, existen casos en que pueden vincularse con trastornos graves.

“Las rabietas se manifiestan en 7 de cada 10 chicos entre los 18 y 24 meses, así como en tres cuartas partes de niños entre 3 y 5 años, a través de gritos, chillidos y llanto, aunque hay casos en los que llegan a golpear, patear, aguantar la respiración y privarse”, refiere la Dra. Blanca Ortiz Guzmán, psicóloga egresada de la Universidad Iberoamericana (UIA), en la Ciudad de México.

¿Por qué lo hacen?

La gran mayoría de niños entre 1 y 3 años de edad recurren a berrinches; posteriormente, estas manifestaciones se hacen menos frecuentes debido a que los chicos aprenden a expresar sus emociones.

“Es importante tener presente que los pequeños, por lo general, se encuentran en etapa de descubrimiento y aprendizaje; quieren ser independientes y hacer más cosas de las que pueden. En este camino de actividad constante suelen experimentar cansancio, temores, frustración y hambre, condiciones que expresan mediante el berrinche, ya que poseen pocas herramientas para comunicar sus necesidades”, explica la especialista.

Sin embargo, agrega, también recurren a las rabietas cuando no comprenden las órdenes que se les dan o si las personas que les rodean no entienden lo que ellos quieren. En este sentido es necesario considerar que los infantes todavía no son capaces de expresarse verbalmente, no han aprendido a resolver los problemas por sí mismos, pueden estar enfermos o reaccionando a problemas o cambios dentro de su casa.

Otras razones frecuentes por las cuales los niños hacen berrinche incluyen:

¡Cuidado!

Los berrinches varían en intensidad y frecuencia; así, algunos niños los presentan de manera regular mientras que otros sólo los experimentan ocasionalmente. Las causas principales, como hemos visto, son frustración, imitación, búsqueda de atención, sobreprotección, malestar o como respuesta a medidas disciplinarias demasiado estrictas.

“Si bien es necesario estar al pendiente de las necesidades de los pequeños para enseñarles cómo expresar sus emociones, hay algunos padres que viven condicionados a la situación emocional de sus hijos pequeños, quienes parecieran ser los que mandan y establecen los tiempos en el hogar”, señala la Dra. Ortiz Guzmán.

Como padres de un niño debemos saber cuándo va a hacer un berrinche: se ve aburrido, enojado, empieza a gritar o llorar; luego parecería que nada lo pondrá contento y, finalmente, se presenta el llanto, las pataletas, tirarse al suelo e, incluso, dejar de respirar. No es de sorprender que la criatura sólo recurra a las rabietas frente a sus padres, ya que es una forma de medir los límites de las reglas familiares.

Estrategias

Cuando el menor pierde el control, las respuestas de los padres son variadas, aunque no siempre las mejores. Por ello, la psicóloga recomienda tomar en cuenta las siguientes acciones:

Señales de alerta

Diversos autores han reportado que, bajo ciertas circunstancias, los berrinches pueden considerarse graves, por lo cual han dedicado años de esfuerzos para encontrar las causas físicas y psicológicas de esta conducta:

Para la mitad del cuarto año de la vida los berrinches ya no tienen que presentarse, pues para ese entonces el menor ya debe haber aprendido a manejar su carácter. Si continúan, es probable que el pequeño padezca problema emocional o de conducta, situación en la que resulta indispensable acudir de inmediato al pediatra para que evalúe al infante y lo canalice a un psicólogo o psiquiatra infantil.