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Caries de biberón, bacterias en la boca del bebé

Viernes 29 de abril del 2016, 02:42 pm, última actualización

Dejar que el bebé duerma con el biberón y seguir mala higiene bucal son factores de riesgo para que se generen lesiones en los dientes a temprana edad, mismas que de no recibir atención pueden ocasionar dolor intenso y pérdida de las piezas afectadas. Aprende a prevenir este problema y ayuda a tu hijo a conservar su sonrisa.

Caries de biberón, Dientes del bebé, Síndrome del biberón

Es innegable que el aseo del bebé es necesario para prevenir enfermedades e infecciones, de modo que los padres se esmeran en cumplir puntualmente con el baño, higiene en nariz y oídos, y cambio de pañal y ropa, a fin de que el crecimiento ocurra sin contratiempos. A pesar de esto, muchos ignoran que la boca también exige atenciones para prevenir la proliferación de bacterias que pueden generar padecimientos como caries o síndrome de biberón, que sigue siendo común en muchos pequeños y es responsable de visitas frecuentes al odontopediatra.

Este problema, afirma el Dr. José Leonardo Rubio Argüello, quien es Presidente de la Academia Mexicana de Odontología Pediátrica (AMOP) y catedrático de la Universidad Intercontinental, se genera en “niños pequeños que acostumbran tomar el biberón a menudo o durante mucho tiempo, o bien, porque tienen el hábito de dormirse con él. También se debe al amamantamiento muy frecuente por pecho materno y, en general, por consumo de bebidas y alimentos azucarados (jugos y refresco) que sirven de alimento a microorganismos”.

El especialista, egresado de la Universidad Nacional Autónoma de México y con posgrados en el Instituto Nacional de Pediatría y la Universidad de Washington (Estados Unidos), explica que la leche no necesita estar endulzada para generar este padecimiento, ya que posee un azúcar, la lactosa, que al ser consumida por las bacterias Streptococo mutans que habitan en la boca da lugar a la formación de ácidos que debilitan (desmineralizan) el esmalte de los dientes que están surgiendo o erupcionando.

Cabe destacar que cuando el consumo de alimentos azucarados es frecuente y se conjuga con falta de higiene bucal, las lesiones en la dentadura pueden aparecer en niños menores de un año y, más aún, las consecuencias pueden presentarse toda la vida si no reciben atención.

Dentadura bajo ataque

El Dr. Rubio Argüello destaca que el síndrome de biberón queda englobado en el término odontológico “caries temprana de la infancia”, mismo que contempla distintos grados de severidad y que se define a través de la presencia de alguno de los siguientes síntomas:

  • Una o más lesiones de caries, las cuales pueden estar cavitadas (con cavidades o “picadas”) o no cavitadas.
  • Uno o más dientes faltantes por motivo de caries.
  • Una o más superficies tapadas en cualquier diente primario (“de leche”) en un niño de 71 meses de edad o menor (antes de cumplir 6 años).

El especialista señala que antes se pensaba que la única causa de caries pediátrica era el mal uso del biberón, pero se comenzaron a observar infantes en los que los motivos eran distintos, entre ellos “factores genéticos que dificultan la calcificación o formación de cristales de este mineral en los dientes. Los primarios se empiezan a constituir entre la cuarta y sexta semana de embarazo, y su proceso de calcificación va, en términos generales, desde la decimosegunda semana de gestación hasta después del nacimiento, de modo que las fallas en este largo proceso dan lugar a piezas débiles, con menor resistencia”.

Otro aspecto a tomar en cuenta es que las bacterias Streptococo mutans pueden ser transmitidas en grandes cantidades al pequeño, lo que ocurre cuando la madre que padece caries o ha tenido este tipo de problemas bucales tiene la costumbre de probar los alimentos de su hijo y luego le da de comer con la misma cucharita que utilizó.

En el caso concreto de caries de biberón, ésta se caracteriza por el patrón en que aparecen. El Dr. José Leonardo Rubio comenta que “los primeros dientes en surgir son los incisivos inferiores, a los 5 o 6 meses de edad, pero casi nunca se ven afectados por este problema debido a que la lengua los cubre y la leche no los toca de manera directa; más adelante aparecen o erupcionan, en orden, los incisivos superiores, los molares primarios, los caninos y los segundos molares, que carecen de protección y sufren caries casi siempre en esa misma secuencia y en las caras linguales o internas”.

Es evidente que el contacto prolongado con azúcares (carbohidratos), la presencia de bacterias y la falta de higiene bucal son factores de riesgo para sufrir la enfermedad, pero particularmente grave es que el niño “duerma con el biberón o que cuando despierte a medianoche los padres le den el biberón, ya que los residuos de alimento permanecen más tiempo en la boca, sin olvidar que el flujo de saliva, que protege de microorganismos, disminuye durante la noche, en forma natural”.

Detección y diagnóstico

El principal problema de la caries del biberón consiste en que, al iniciarse en la cara interna de las piezas dentales, los padres se percatan de su presencia hasta que surge alguna lesión en la parte frontal. De ahí que, como explica el odontopediatra, “las visitas al consultorio ocurren cuando los progenitores creen que sólo hay un diente picado, pero al revisar al pequeño nos damos cuenta de que toda la zona interna tiene lesiones”.

Es por este motivo que la localización temprana y oportuna ocurre cuando los tutores revisan minuciosamente la boca del niño y descubren alguna mancha café o amarillenta que casi siempre se ubica en la región lingual de los incisivos superiores, de color café o amarillento. A decir del Dr. Rubio Argüello, es importante que se tome muy en serio el surgimiento de los síntomas iniciales y que no se piense que por tratarse de los dientes de leche, que son temporales, tiene poca relevancia, ya que tal actitud permite la evolución de la caries hasta que el pequeño tiene dolor, lo cual significa que ha avanzado mucho y requiere de medidas agresivas, prolongadas y costosas para ser aliviada.

Así, lo ideal es que los padres lleven al niño con el odontopediatra en cuanto erupcione el primer diente, es decir, antes del primer año de edad, a fin de que el estado e higiene de la dentadura sean supervisados. En su defecto, al momento de detectar alguna mancha o picadura deben llevarlo de inmediato al especialista para determinar la causa exacta del problema.

Comenta el Presidente de la AMOP: “Por lo general basamos el diagnóstico de caries en dos aspecto; el primero de ellos es un interrogatorio en el que a través de los padres sabemos si el niño toma biberón constantemente o se duerme con él, o averiguamos si la madre padece mucho de caries y, por tanto, es probable que haya transmitido las bacterias”.

El segundo aspecto es la revisión visual, para la cual, explica, “el niño es sentado en las piernas de su padre o madre, y luego es recostado para que la cabeza del pequeño quede sobre las piernas del odontopediatra; de esa manera se puede ver la boca con libertad y se distingue la distribución de las superficies afectadas. Si el daño a las piezas es proporcional al orden en que se da la erupción dental, podemos determinar que el problema de caries se debe al uso excesivo del biberón”.

Recuperar la sonrisa

El tratamiento del síndrome de biberón consta de varios pasos, siendo fundamental tanto la reparación de las piezas dañadas como la erradicación de las causas. “Si al hacer el diagnóstico detectamos que uno de los motivos es el uso excesivo de biberón, decimos a los padres que deben suspenderlo; cuesta trabajo al principio, sobre todo si se tiene la costumbre de utilizar este instrumento para mantener tranquilo al pequeño (lo alimentan con él cuando llora por cualquier motivo), por lo que también consideramos que en algunas ocasiones, cuando el niño está ya muy habituado, puede utilizar el biberón, pero sólo para beber agua sola y no bebidas dulces”.

Por otra parte, destaca que el odontopediatra procura enseñar a los padres la técnica para asear los dientes de su hijo, misma que deberá realizarse tres veces al día. “Generalmente es un poco difícil ponerla en práctica cuando el niño tiene un año de edad o menos, pues es inquieto y no se siente a gusto. Por ello recomendamos a los tutores que busquen un lugar cómodo, como un sillón, donde puedan maniobrar con amplitud, ver los dientes de pequeño y tener una palangana con agua, sin olvidar que deben utilizar un cepillo suave y pasta dental (en cantidad del tamaño de un chicharito), procurando que no se la coman”.

Igualmente importante es que se eviten los alimentos entre comidas, no tanto por la cantidad ingerida, sino por la frecuencia, ya que el constante contacto con el azúcar favorece la reproducción de los microorganismos y les ayuda a mantenerse adheridos a la superficie de los dientes.

El Dr. Leonardo Rubio especifica que también se debe reforzar la resistencia de las piezas dentales, y que la mejor manera de hacerlo es mediante fluoruros, que ayudan a la remineralización. “Existen enjuagues y colutorios que cumplen esta función, y aunque el niño no los puede usar como un adulto, sus padres pueden mojar una gasa con estos productos, exprimirla, y con ella limpiar los dientes una vez al día, preferentemente antes de dormir”.

Ahora bien, no se debe olvidar que las lesiones de las piezas dentales deben ser restauradas. Cuando las picaduras de dientes son profundas se requieren tratamientos agresivos, que incluso involucran a la pulpa, por lo que se debe intervenir bajo sedación cuando se trata de cuatro dientes como máximo, o bien, en casos más severos se debe trabajar bajo anestesia general, en un quirófano y con ayuda de un anestesiólogo.

Si el problema no está tan avanzado se recurre a terapia restaurativa traumática, en la que se emplea una cucharilla para eliminar las partes blandas afectadas en las piezas, y luego se aplica una base de ionómero de vidrio, material que tiene la ventaja de que se coloca fácilmente, se adhiere con fuerza, detiene el avance de caries y además libera fluoruro que ayuda a devolver su fortaleza al diente.

Ahonda el odontopediatra: “Todos los niños con este problema tienen que estar en un programa de prevención importante, en el que acudan al dentista al menos cada tres meses para someterse a revisión, practicar limpieza y aplicar barnices de fluoruro, que se mantienen más tiempo en la boca que otros productos. Por supuesto, para efectuar todas estas medidas se requiere la ayuda de los padres, a fin de que el manejo sea integral”.

No espere a que surja

La perspectiva del niño con este problema, expresa el especialista, dependerá del grado de lesión y de que reciba atención a tiempo, pues cuando la infección progresa sin que sea contrarrestada por la intervención de un odontopediatra, puede afectar la pulpa (tejido con numerosos nervios y vasos sanguíneos que está situado al interior de las piezas dentales) y generar abscesos (zonas inflamadas donde se acumula pus) muy dolorosos.

A veces la destrucción es tanta que “tenemos que extraer el diente dañado, lo que significa que el niño tenga experiencias traumáticas y de dolor. Por un lado, es posible que tenga que ser intervenido en el quirófano, bajo anestesia general y, por otro, hay que considerar que esto es una mutilación en una zona muy íntima, como es la boca, sin olvidar que los dientes permanentes van a salir hasta los 8 años, por lo que el infante va a pasar varios años en el kinder y la primaria sin dientes, y sus compañeros suelen ser muy crueles con él”.

Asimismo, enfatiza que debe entenderse que los dientes primarios o de leche son una guía y base para el desarrollo adecuado de los permanentes, y por eso es importante que se mantengan sanos. “La caries temprana de la infancia, cuando es severa, también afecta a los dientes permanentes, que se están calcificando, y puede salir con manchas o descalcificados”, siendo más susceptibles a sufrir padecimientos durante la adolescencia y edad adulta.

Por todo ello, finaliza, es necesario que los padres tomen medidas de higiene para prevenir problemas bucales en niños pequeños, entre ellas:

  • Iniciar el cepillado y lavado de las piezas dentales del pequeño, igualmente, desde el momento en que surjan.
  • Impedir que el niño se duerma con un biberón que contenga leche, fórmula, jugos o cualquier otro líquido dulce, y preferir, en dado caso, agua sola.
  • Suspender el uso del biberón en cuanto empiecen a erupcionar los dientes (lo cual ocurre entre el sexto y octavo mes de edad) y erradicarlo por completo antes del primer año de edad con ayuda de un vaso entrenador que lo sustituya.
  • Concluir definitivamente la alimentación con pecho materno cuando el infante cumpla su primer año de vida, y proseguir con papillas y alimentos sólidos, que deben introducirse en la alimentación desde el cuarto o sexto mes de edad.
  • Llevar al niño a revisión con un especialista desde el momento en que le salgan los dientes, a fin de que el estado de su boca sea evaluado.

SyM - Rafael Mejía

 

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