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Higiene infantil, nada como el ejemplo

¿Qué madre no se enorgullece de que sus hijos sean reconocidos como limpios, aseados o pulcros? Los hábitos de higiene son una tradición que se hereda de generación a generación, los cuales deben ser reconocidos como la primera defensa ante posibles problemas de salud.

Hacer entender a los niños que las diversas técnicas de limpieza no son capricho de los padres es una tarea compleja. Se trata de inculcar buenos hábitos higiénicos que acompañarán a los chicos durante toda su vida, y que servirán como base para que obtengan seguridad y aceptación social.

El primer gran paso para lograrlo es predicar con el ejemplo y guiarlos para que imiten lo que usted hace, siempre buscando que el momento sea grato, sin reprimenda o castigos. Que tal sugerirle de manera sutil: "Qué agradable es estar limpio y fresco, ¿quieres darte un baño?". Lo siguiente es hacerles notar que llevarlo a cabo es muy grato, de forma que inmediatamente lo vincularán con placer, o bien con diversión, si es que se recurre a hacerles reír como método para atraerlos al aseo diario, lo cual en la mayoría de casos resulta de gran utilidad en los más pequeños.

En los mayorcitos es importante explicarles en forma amorosa las ventajas de mantenerse limpios y sus gratas consecuencias, como sensación de bienestar, buen olor corporal y prevención de enfermedades en órganos como piel, ojos, oídos, dientes, genitales, nariz, uñas, estómago e intestinos.

0 a 18 meses

Bien, pero yendo por partes, lo primero es aprender como padres a asear al bebé, quien depende absolutamente de nosotros. Así, es de vital importancia bañar al pequeño diariamente, ya que así se favorece el proceso de transpiración de la piel, se retiran bacterias y se les proporciona confort. Para ello, resulta conveniente frotar delicadamente el cuerpo del bebé con esponja suave, previamente enjabonada, poniendo especial atención en pliegues y genitales; el lavado del cabello del bebé debe realizarse con las yemas de los dedos y no con las uñas. No olvide usar jabones y shampoos infantiles y agua tibia, además de procurar que no queden rastros de espuma. Una vez terminado el baño debe secarse al menor con sumo cuidado, cerciorándose que todo su cuerpo quede seco, para posteriormente hidratar su piel con alguna loción, aceite o crema. Igualmente importante es atender cada uno de los siguientes órganos del pequeño:

18 meses en adelante

A esta edad el pequeño empieza a tener cierta autonomía y coordinación de movimientos, y es más notoria la intención de imitar a sus padres. Aprovechando esto podemos enseñarle a lavarse los primeros dientes después de ingerir alimentos; al principio puede recurrirse a un paño esterilizado y húmedo, pero a partir de los dos años debe adquirirse un cepillo de cerdas suaves y finas, así como pasta dental con sabor agradable. Una vez que se acostumbre, y se pierda la novedad, quizá cueste trabajo que lo haga después de cada comida pero, por lo menos, habrá que lograrlo a la hora de acostarse y al levantarse.

Las manos siguen siendo vitales para reconocer cuanto les rodea, así que debe enseñarse al pequeño que debe lavarlas varias veces al día, especialmente antes de comer y después de ir al baño, tanto en casa como en la escuela. Es fundamental evitar que se coma las uñas o arranque pellejos, ya que ello puede ocasionar lesiones e infectar los dedos.

Respecto a la higiene corporal, es importante iniciar con la cara, por ejemplo, cuando el niño termine de comer y tenga el rostro sucio ponlo frente al espejo, de forma que pueda apreciar su aspecto y siga cada uno de los pasos para su limpieza; utiliza jabón infantil e indícale que debe cerrar los ojos para que no se irriten. Recuerda que alabar tiene siempre más efecto que reprimir, por lo cual podemos premiar al chico planteándole un nuevo reto de mayor responsabilidad y autonomía, como acompañarnos en la ducha y, poco a poco, pedirle que haga lo que nosotros llevamos a cabo; sin duda resultará motivante para el niño ver que se va confiando en él en función de su responsabilidad.

Desde pequeño es importante que sepa que cada prenda -incluyendo calzado- que vaya a vestir debe estar limpia, ser cómoda (nunca ajustada porque comprime abdomen y zona genital) y adaptarse a las condiciones ambientales, de lo contrario puede presentar lesiones en la piel, (por ejemplo, irritación) y si no está bien abrigado, resfriarse. Asimismo, es básico que diariamente se le cambien calcetines, ropa interior y calzado, así como procurar que calce sandalias cuando acuda a una alberca, pues de esta manera se pueden prevenir infecciones.

El niño generalmente considera al peine un enemigo natural, por lo que debemos poner especial cuidado con los tirones y peinarlo con delicadeza, mientras le hablamos y dejamos claro lo bien que se ve.

Más que higiene

Hay otros factores fundamentales que hemos de inculcar a nuestros hijos desde que son niños y que redundarán en su buena imagen, y salud, como no meterse los dedos en la nariz y toser o estornudar cubriéndose la boca. Nuevamente, la mejor herramienta es el ejemplo, digamos, al taparnos la boca para bostezar y hacer lo propio para estornudar, además de girar la cabeza, de forma que el bebé de año y medio no tardará en imitarnos; no olvide que aplaudir esas iniciativas será el mejor estímulo para él.

No está demás recalcar que los hábitos de higiene que enseñemos a nuestros hijos deben ser inculcados, nunca forzados. Tampoco hay que dejar de lado que no hay reglas uniformes, porque cada hijo es diferente: mientras a unos tendremos que perseguirlos para que entren en la bañera, a otros tendremos que insistirles para que la dejen.