Problemas digestivos en bebés, ¿cómo enfrentarlos? - SyM
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Trastornos digestivos en bebés, cómo enfrentarlos

Viernes 16 de diciembre del 2016, 11:12 am, última actualización.

La mayoría de los problemas digestivos en bebés no son de gravedad, suelen solucionarse espontáneamente o gracias a cambios en los hábitos alimenticios. Sin embargo, es importante conocerlos para que reciban la atención adecuada y no interfieran en su desarrollo. ¡Ponte al tanto de sus causas, síntomas y tratamiento!

Cómo evitar el reflujo en bebés, Cómo tratar la diarrea en bebés

Sistema digestivo infantil

El crecimiento infantil se relaciona estrechamente con la nutrición: leche materna y primeros alimentos sólidos (frutas y verduras) se encargan de proporcionar vitaminas, minerales, proteínas y energía necesarios para la formación de tejidos, órganos, huesos y hormonas. Es importante vigilar el buen funcionamiento del sistema digestivo en los primeros años de vida, pues de ello dependerá que el infante cuente con la "materia prima" que le permita desarrollar sus facultades mentales y físicas.

Aunque los problemas digestivos en la lactancia e infancia casi siempre se experimentan en forma ocasional, requieren la atención de padres y pediatras para observar su evolución, dar tratamiento adecuado y descartar serias repercusiones como desnutrición, talla y peso inferiores e, incluso, problemas respiratorios.

Es importante que los papás conozcan los factores de los trastornos más comunes, como cólicos, diarrea, estreñimiento y regurgitaciones en bebés, a fin de saber cómo actuar. A continuación te presentamos una explicación más detallada, no sin antes recordar cómo ocurre el proceso de digestión en niños.

Funcionamiento normal de la digestión en infantes

El aparato digestivo es el encargado de recibir alimentos, fraccionarlos en sus componentes esenciales, absorber sus nutrientes para incorporarlos al flujo sanguíneo y eliminar los restos no digeribles. Todo este proceso tiene la finalidad de proveer al organismo de elementos necesarios para formar y nutrir a las células y proporcionar energía.

Este conjunto está formado por el tracto gastrointestinal, que a su vez está integrado por boca, garganta, esófago, estómago, intestino delgado, intestino grueso (colon), recto y ano, así como por otros órganos encargados de secretar sustancias útiles para la digestión, como páncreas, hígado, glándulas salivales y vesícula biliar. Un sistema digestivo saludable procesa la comida a través de los siguientes pasos:

  1. Se ingieren los alimentos a través de la boca, que también se encarga de masticar (cuando ya hay dientes), agregar saliva y deglutir, es decir, tragar el bocado. Todos estos actos son controlados conscientemente.
  2. La comida pasa al esófago, que es un tubo que se conecta con el estómago; en esta unión se encuentra un anillo de músculos que funciona como "válvula" (esfínter esofágico inferior) para evitar que el alimento regrese.
  3. El estómago se encarga de generar sustancias especializadas (enzimas y ácido clorhídrico) para mezclarlas con los alimentos, a fin de fraccionarlos en moléculas y dejarlos libres de microorganismos.
  4. Al concluir, el estómago vacía su contenido hacia el intestino delgado, donde se agregan jugos del páncreas e hígado que facilitan su aprovechamiento. Las paredes de esta parte del tracto también absorben nutrientes y los incorporan a la sangre.
  5. La comida pasa al intestino grueso, donde principalmente se obtienen agua y minerales. Además, aquí se encuentra la mayoría de las bacterias que ayudan a los procesos digestivos (flora intestinal).
  6. Finalmente, los productos de desecho y células más viejas que se desprenden de las paredes del tracto gastrointestinal se desechan a través del recto y ano.

Cualquier hecho que altere este proceso da origen a los siguientes padecimientos.

Regurgitación y vómito

Es considerado por muchos pediatras como el más común de los problemas digestivos en bebés (aproximadamente 48% llegan a padecerlo) y se distingue porque, luego de comer, el pequeño hace buches, escupe o vomita pequeñas cantidades de leche o papilla con olor agrio. Esto ocurre debido a que el alimento ingerido se mezcla con ácidos estomacales, tal como sucede normalmente, pero regresa hacia la boca (reflujo) por la inmadurez o falta de fuerza del esfínter esofágico inferior, que no cierra la entrada del estómago.

A pesar de que causa alarma, este problema desaparece en la mayoría de los casos entre los 6 y 12 meses de edad, cuando los músculos del sistema digestivo adquieren la fortaleza necesaria para realizar su trabajo. Sin embargo, más vale no confiarse e informar al pediatra sobre la frecuencia con que se presente el reflujo, ya que es probable que se tengan que adoptar medidas y consejos para evitar el reflujo en bebés:

  • Mantener al bebé en posición vertical durante 1 o 2 horas después de comer para dificultar el retorno de los alimentos.
  • Ofrecer pequeñas cantidades de comida, pero con mayor frecuencia (cada 3 ó 4 horas), para no recargar el estómago del niño y facilitar el trabajo al esfínter esofágico inferior.
  • Si el niño consume papillas, elaborarlas un poco más espesas para dificultar su retorno al esófago.
  • Cuando se ofrezca fórmula láctea, prepararla sin que tenga burbujas, pues el aire entorpece la digestión y favorece el reflujo en bebés.
  • Procurar que el pequeño duerma de lado para evitar que el alimento devuelto pase a las vías respiratorias y cause ahogo.

Asimismo, es absolutamente necesario que los padres acudan al pediatra en caso de que el lactante:

  • Rechace los alimentos.
  • Se llene rápidamente.
  • No aumente de peso y talla conforme a lo esperado.
  • Llore a menudo y muestre carácter irritable.
  • Tosa con frecuencia y se ahogue.
  • Genere sonido similar a un silbido cuando respira.
  • Manifieste molestias en la garganta y pecho (el pequeño extiende exageradamente el cuello y mueve hacia atrás la cabeza).

Todos estos síntomas pueden indicar que el esfínter del niño continúa con problemas o que el reflujo de jugos estomacales ha originado daño en esófago, garganta e, incluso, pulmones. Para establecer el alcance del problema se requiere auscultación directa por parte del pediatra y, en ocasiones, estudios especializados, como los que miden el grado de acidez que hay en saliva y esófago.

Cabe destacar que abundante vómito en niños también puede ser síntoma de otros problemas, y siempre deberá ser atendido por un pediatra. Por ejemplo, si la expulsión del contenido estomacal es enérgica puede indicar estrechamiento u obstrucción en la unión entre estómago e intestino delgado (estenosis pilórica), mientras que al acompañarse de fiebre, somnolencia y carácter irritable puede ser indicio de una infección que el especialista seguramente tratará con antibióticos.

Diarrea en bebés

Los niños menores de un año realizan habitualmente 4 a 6 deposiciones al día, y cuando sólo toman pecho suelen tener evacuaciones frecuentes y espumosas, por lo que, para tranquilidad de muchos padres, los médicos coinciden en señalar que la consistencia del excremento no es realmente importante cuando el infante luce alegre y sin cambios notables en su humor. En cambio, la presencia frecuente de heces líquidas en bebés sí es motivo de consulta cuando el pequeño presenta poco apetito, vómito, fiebre, pérdida de peso y baja talla de acuerdo a su edad.

La causa más frecuente de diarrea en niños es una infección producida por bacterias o virus, y más allá de la incomodidad que representa para el menor, necesita la atención de un profesional para reducir el riesgo de pérdida excesiva de líquidos o deshidratación. Luego del diagnóstico, el tratamiento de diarrea en bebés suele consistir en:

  • Reponer el agua perdida mediante bebidas ricas en minerales o suero oral.
  • Mantener la dieta común, basada en leche y papillas de frutas o verduras.
  • En caso de que la fiebre sea muy alta, el pediatra puede recetar medicamentos que disminuyan la temperatura (antipiréticos).
  • Sólo en infecciones severas ocasionadas por bacterias se recurrirá al uso de antibióticos, y siempre bajo prescripción del pediatra.
  • En caso de que el niño tenga parásitos intestinales o amebas se recurrirá al uso de medicamentos específicos (antihelmínticos y antiamebianos, respectivamente).

Este síntoma también puede ser consecuencia de otros padecimientos, que impiden la asimilación de nutrientes y, por tanto, pueden frenar el crecimiento del niño. Entre las principales causas de diarrea en niños destacan:

  • Enfermedad celíaca. Es heredada, consiste en que alimentos con gluten (proteína típica de algunos cereales, sobre todo del trigo) genera alergia en el intestino, lo que ocasiona absorción inadecuada de nutrientes, poco apetito y defecaciones claras, abundantes y de mal olor. Se deben eliminar de la dieta todos los productos que contengan este grano y sustituirlos por otros elaborados con maíz y arroz.
  • Fibrosis quística. Padecimiento hereditario que altera la función de varios órganos, entre ellos el páncreas, que no tiene la capacidad de producir suficientes enzimas. Todo esto genera dificultad para digerir proteínas y grasas, además de defecación abundante y maloliente. Para controlar el problema pueden administrarse las sustancias que no genera la glándula por vía oral.
  • Mala absorción de azúcares. Se presenta de manera transitoria (a causa de infección) o de por vida, cuando el bebé no puede producir enzimas intestinales que permiten aprovechar determinados azúcares (por ejemplo, la lactasa para digerir lactosa). El problema puede ser tratado eliminando de la dieta los alimentos específicos que generan las dificultades.
  • Alergia a la leche. No es tan común, pero puede causar diarrea, vómito y sangre en la defecación; desaparece rápidamente cuando se sustituyen los lácteos por una fórmula a base de soya, pero se vuelve a presentar en cuanto se ingiere leche.

Estreñimiento en bebés

Es difícil identificar la escasa presencia de evacuaciones, ya que éstas pueden variar considerablemente. En muchos casos es normal que un bebé que defeca cuatro veces al día llegue a hacerlo una sola vez cada dos días. Asimismo, no es raro que los niños sufran molestias cuando excreta materia fecal dura y grande, mientras otros lloran cuando eliminan una blanda.

El diagnóstico de estreñimiento en bebés, por tanto, lo debe realizar exclusivamente el pediatra, quien introduce suavemente un dedo con un guante en el ano del niño. Los síntomas de estreñimiento en bebés se suelen aliviar cuando se dilata la parte final del tracto digestivo, 1 o 2 veces, aunque también se puede recurrir al uso de un laxante suave, sobre todo en aquellos casos en que el esfuerzo ha generado una herida en el revestimiento del ano.

En caso de que el estreñimiento persista, el pediatra se encargará de descartar otras posibles causas, tales como enfermedad de Hirschsprung (mal funcionamiento del sistema nervioso y gran tamaño del intestino) o deficiencias en la glándula tiroides.

Cólicos

En estos casos el pequeño sufre dolor abdominal (cólico proviene de la palabra colon), inquietud, movimiento de piernas constante, ruidos intestinales y carácter irritable debido a excesiva cantidad de gas en el vientre. No se conoce la causa precisa de este trastorno, pero se ha observado con mayor frecuencia en bebés que lloran demasiado (la respiración agitada hace que trague mucho aire), aunque también se genera por alergia a la leche u otro alimento.

No es un padecimiento que ocasione desnutrición infantil, por lo que los niños con este dolor suelen crecer adecuadamente. Si te preguntas, ¿cómo calmar los cólicos en bebés?, tomándolos en brazos, meciéndolos o dándoles suaves palmaditas. También se recomienda utilizar un biberón con un agujero pequeño para que no ingiera mucho aire. Este problema desaparece casi siempre hacia los tres meses de edad.

Alimentación insuficiente o excesiva

La alimentación insuficiente en bebés se reconoce cuando el niño, en vez de calmarse y permanecer dormido después de comer, se muestra:

  • Inquieto.
  • Se despierta 1 o 2 horas después de haber tomado pecho y parece hambriento.
  • Registra aumento de peso y talla menores a lo esperado.

Si esta situación persiste, se observará a largo plazo desarrollo más lento o menor en algunas habilidades físicas y mentales.

El diagnóstico a cargo del pediatra, se obtiene al repasar los detalles de la alimentación del niño junto con los padres, y se soluciona básicamente al aumentar la cantidad de leche o papilla que se ofrece en cada toma.

Por el contrario, la sobrealimentación en bebés se distingue por el aumento considerablemente mayor del peso esperado, en tanto que la talla permanece dentro de lo estimado. Aparentemente no genera problemas, además de que los bebés gorditos son bien vistos por familiares y amigos; sin embargo, se ha observado que los problemas relacionados con la obesidad que surgen en infancia, adolescencia o edad adulta tienen su origen en el exceso de alimentos durante la lactancia.

Cuando el aumento de peso es demasiado rápido, según se describe en una tabla de crecimiento normal, lo mejor es disminuir la cantidad de alimento que se proporciona en cada toma (bajo asesoría del pediatra), sobre todo para evitar problemas de salud futuros.

Por último, queda recordar que son bastante comunes los trastornos digestivos en bebés (durante los primeros meses o años de vida), en muchas ocasiones debido a inmadurez del sistema digestivo del infante; pero siempre deben ser atendidos con oportunidad por parte de padres y pediatras, a fin de asegurar que el crecimiento del niño no se vea obstaculizado por falta de nutrientes en su dieta.

SyM - María Elena Moura

 

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