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Y después de la leche, ¿qué come el bebé?

Aunque se recomienda que un niño se alimente con leche materna hasta que cumpla su primer año de vida, a partir de los 4 ó 6 meses es posible combinarla con elementos nutricionales como frutas y verduras, hecho conocido como ablactación. A continuación presentamos un modelo ideal para que el infante no resienta el fin de la lactancia.

 

La leche materna es el mejor alimento que puede recibir un niño recién nacido, ya que le proporciona los nutrientes que necesita y le provee de importantes anticuerpos para luchar contra enfermedades y alergias. Sin embargo, luego de 12 meses deja de ser adecuada, debido a que su contenido proteínico es insuficiente y va perdiendo nutrientes vitales como zinc, cobre, hierro y potasio.

Es por ello que los padres deben procurar que un lactante adopte paulatinamente nuevos hábitos alimenticios que contribuyan a su desarrollo, a la vez que la mujer logra hacerse de más tiempo para recuperarse adecuadamente del embarazo (tanto por incremento en el consumo de nutrimentos como por la inhibición del ciclo menstrual) y, como ocurre cada vez más a menudo, cuente con la oportunidad de reincorporarse a sus actividades laborales.

Así, se establece que en el primer año de vida existen tres etapas de la alimentación del bebé, cuyos límites son sólo una aproximación que deberá acordarse con asesoría de un pediatra:

Cómo saber cuándo

Si bien cada bebé es diferente, existen algunas señales que permiten distinguir el momento en que se le pueden proporcionar alimentos sólidos. Una de ellas es el interés creciente del pequeño por lo que están comiendo los adultos: mira intensamente a alguien que come, hace ruidos, se inquieta, observa con insistencia los alimentos e intenta sujetarlos.



Aunque en estos casos es común que el niño muestre más curiosidad por los utensilios que por los propios alimentos, conviene dejarle jugar con las cucharas o un tazón de plástico mientras los adultos comen, de modo que esta práctica le sirva para familiarizarse con esos artículos.



Otra característica de los bebés que ya pueden incorporar nuevos alimentos, es que son capaces de sentarse sin ayuda, demostrando avances notables en su habilidad motriz (capacidad de movimiento) y, ante todo, que incrementan con gran notoriedad su necesidad de leche materna, superando por mucho el incremento progresivo del apetito que se presenta durante los primeros meses de vida.

Período de transición

Durante esta etapa, que marca el inicio de la ablactación, se recomienda que se incorpore sólo un alimento a la vez, dejando transcurrir de 3 a 4 días para introducir un producto nuevo (sin abandonar los anteriores), a fin de determinar fácilmente posibles intolerancias o reacciones alérgicas. Las porciones al principio serán pequeñas, luego se irán incrementando poco a poco.



La comida del niño debe encontrarse tibia o templada, y se desaconsejan por completo las temperaturas demasiado calientes o frías; si a pesar de esto el pequeño rechaza el alimento y no hay síntoma alguno de enfermedad, no debe existir preocupación, y la conducta a adoptar sería esperar unos días, y comenzar nuevamente.



Si se preparan purés y papillas, éstos deben tener consistencia blanda y, poco a poco, se les dará consistencia más espesa, pues de esta manera el niño aprende a masticar y se evita el rechazo de productos en edades posteriores. Asimismo, la alimentación se debe distribuir en cuatro comidas diarias para crear un horario habitual, y para mantener buena salud bucal se evitarán "entremeses", golosinas, gaseosas y jugos artificiales.



No hay necesidad de añadir sal o azúcar a los alimentos para un bebé, y se debe evitar la comida condimentada al gusto de los adultos; también se recomienda no dar miel de abeja a los niños menores de un año, debido a que conserva restos de polen que pueden desencadenar botulismo infantil, envenenamiento causado por la toxina de una bacteria y que podría provocar parálisis a nivel del sistema nervioso.

Guía mes a mes

Presentamos una guía para la incorporación paulatina de nutrientes semisólidos hasta el primer año de vida, recordando que los parámetros estimados no son rígidos y que la alimentación con leche materna podrá mantenerse los primeros 12 meses de vida.



4 y 5 meses. En este período se ofrecerá al bebé sólo una comida sólida al día, que puede ser:

6 Meses. Esta etapa se caracteriza por la incorporación de cereales; de igual manera, se ofrece una sola comida sólida al día.

7 Meses. A esta edad pueden realizarse dos comidas sólidas al día.

8 Meses. Las papillas pueden endulzarse con miel de maíz, y los purés de verduras pueden llevar unas gotitas de aceite de oliva.

9 Meses. Se pueden incorporar sabores dulces, pero sin exageración, para no mal acostumbrar al pequeño.

10 a 12 meses. Es posible iniciar el consumo de lácteos.

1 año. A partir de los 12 meses se habla de la incorporación a la dieta familiar, proceso que consiste en llevar en forma definitiva a los bebés a tener una alimentación como la del adulto. Es en este momento cuando se incorporan alimentos que pudieran producir alergias, como huevo, trigo integral, crema de cacahuate, pescados y mariscos, jugo de naranja o alguno del que se tenga antecedente familiar. También se pueden incluir:

Cabe mencionar que durante todo el proceso de ablactación debe contar con la asesoría del pediatra, y que cualquier reacción desfavorable del niño hacia algún alimento será reportado de inmediato al especialista. Sólo algunas recomendaciones más:

Finalmente, recuerda que no existen períodos fijos respecto al fin de la lactancia, ya que cada bebé es diferente, y que los tiempos que aquí manejamos son sólo una aproximación.