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Papillas, a partir de los cuatro meses

Jueves 20 de abril del 2017, 11:10 am, última actualización

La leche materna es el mejor alimento para el bebé durante el primer año de vida, sin embargo, cada vez son más las mujeres que comienzan a ofrecer alimentos semisólidos a sus hijos entre los 4 y 12 meses, por ello, es preciso conocer cuáles son los ingredientes ideales para papillas.

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Inicio de ablactación

Aunque cada bebé es distinto, generalmente al cumplir cuatro meses de vida su organismo se encuentra en condiciones de iniciar alimentación complementaria con papillas de frutas y verduras que le proporcionarán adecuado aporte de vitaminas y fibra.

El paso de una nutrición exclusiva con leche materna a otra que incluye alimentos semisólidos se conoce como ablactación.

Es importante señalar que existen distintas opiniones en cuanto al inicio de este proceso, pues mientras la Organización Mundial de la Salud (OMS) y la Secretaría de Salud en México recomiendan alimentar a los bebés exclusivamente con leche materna durante los 6 primeros meses de vida, otros organismos (como los agrupados en los Institutos Nacionales de la Salud de Estados Unidos) permiten ofrecer comida sólida a pequeños entre los 4 y 6 meses de edad, y advierten que hacerlo antes eleva las probabilidades de que desarrollen alergias alimentarias, pues su sistema inmune y digestivo aún se encuentra madurando.

¿Cómo hacer una papilla?

El alimento proporciona la energía y nutrientes que el recién nacido necesita para mantenerse sano. En este sentido, la leche materna es perfecta para el sistema digestivo de un ser humano cuando es bebé, sin embargo, a medida que crece conviene ofrecerle alimentación complementaria, es decir, combinar su consumo con otros elementos que favorecen su desarrollo, y las papillas son ideales para cumplir esta misión.

Inicialmente, los alimentos semisólidos pueden prepararse a partir de legumbres, frutas y verduras; sólo hasta el año de vida se incorporarán productos que pudieran producir alergias alimentarias, como huevo, trigo integral, crema de cacahuate, miel de abeja, pescados, carnes rojas, jugo de naranja o aquellos de los que se sepa generan reacciones desfavorables en algún miembro de la familia.

Cabe señalar que dentro de los ingredientes adecuados para elaborar papillas no se incluye la sal, pues se cree que añadirla a la comida del bebé podría contribuir al desarrollo de hipertensión en el futuro.

¿Cuándo ofrecerle una papilla a mi bebé? ¡Identifica las señales!

Un bebé es capaz de ingerir papillas de frutas y verduras o legumbres cuando puede sentarse y mantener estables cabeza y cuello en dicha posición, además de alejarse o girar el rostro cuando se siente satisfecho o no le gusta la comida.

Por el contrario, si el niño no está preparado mostrará dificultad para llevar el alimento a la parte posterior de la boca y tragarlo, por lo que suele empujarlo hacia fuera con la lengua.

Otro indicador de la madurez del pequeño es el interés creciente por lo que ingieren los adultos, de modo que durante la comida ve de manera intensa a sus padres y personas mayores a la vez que hace ruidos, se inquieta, sigue con la mirada los alimentos e intenta sujetarlos.

Alimentos semisólidos: sin desperdicio

La cantidad de papilla que prepares para el pequeño debe ser individualizada (recuerda, cada bebé es distinto, ¡aun cuando sean hermanos!), iniciando con muy poco, por ejemplo, tres cucharadas pequeñas que aumentarán de manera gradual, según el apetito que muestre y sin forzarlo.

Asimismo, puedes comenzar con 1 papilla diaria entre los 4 y 6 meses, 2 a los 7 u 8 meses, y 1 ó 2 más a los 9; toma en cuenta que estas cifras sólo son una referencia, ya que si tu hijo consume poco, puedes darle papillas varias veces por día (en pequeñas cantidades), y en caso contrario se recomienda que el numero de sesiones sea menor (con porciones más grandes).

Ingredientes ideales para papillas

Si a diario te preguntas “¿cómo preparar una papilla para mi bebé?”, debes saber que al principio puedes ofrecerle alternativas de consistencia semilíquida y uniforme, de modo que es posible utilizar un poco de agua o fórmula láctea para ayudar a crear dicha textura; a excepción de algunas frutas que son fáciles de pulverizar, incluso con un tenedor, es mejor procesar los alimentos en licuadora.

Saber cómo hacer una papilla es sencillo, ya que, en general, con el paso del tiempo deben tener consistencia más grumosa, incluso los ingredientes pueden incorporarse finamente picados (aproximadamente cuando el pequeño cumpla 8 meses), ya que, de no ser así, los niños suelen malacostumbrarse y esperar que todo el tiempo se les dé la comida licuada.

Los ingredientes adecuados para elaborar papillas varían de acuerdo a las necesidades de la dieta del bebé, es  decir, dependen de su edad y dificultad que le represente la digestión de los alimentos:

  • 4 y 5 meses: se recomienda sólo un alimento al día, elaborado con una sola de estas frutas o verduras: manzana, pera, plátano, calabaza, chayote o zanahoria, los cuales se deberán cocer ligeramente para que conserven sus nutrientes.
  • A partir de 6 meses: puedes incorporar papa y, sobre todo, cereales en las papillas del pequeño; procura que los granos se integren a través de un atole espeso preparado con harina de maíz y fórmula láctea o arroz bien cocido. Por el momento se evitarán trigo y cereales integrales.
  • 7 meses: pueden efectuarse ya dos comidas semisólidas al día, además de que se amplía considerablemente el número de ingredientes que asimila el niño y, discretamente, pueden comenzar a mezclarse alimentos. Así, las papillas pueden incluir fórmulas de cereales especialmente diseñadas para bebés, carne de pollo cocida y licuada (sin piel), así como verduras de hoja (acelga y espinaca) y frutas de estación bien maduras, a excepción de kiwi, durazno, fresa, frambuesa o zarzamora, que pueden generar reacciones alérgicas.
  • 8 meses: ya es posible endulzar las papillas con miel de maíz, amén de que las elaboradas con verduras pueden llevar unas gotitas de aceite de oliva. También se pueden incluir cereales como avena y trigo (excepto integral), y leguminosas como frijol, chícharo y lenteja. La papilla debe tener una consistencia más sólida que las anteriormente elaboradas (parecida a un puré), y se vale dejar pedazos de alimento finamente picados para que el niño se habitúe a masticar.
  • 9 meses: es momento de incorporar sabores dulces en las papillas, pero sin exagerar para no acostumbrar al pequeño a este tipo de alimentos.
  • Entre los 10 y 12 meses: conviene incorporar lácteos que puedes alternar con la fórmula recomendada por el pediatra.

Nuevo invitado a la mesa familiar

A partir de su primer año de edad, tu hijo es prácticamente capaz de compartir la dieta familiar, ya que en su alimentación complementaria puedes incluir huevo, jugo de naranja, trigo integral, miel de abeja, crema de cacahuate, sopa de pasta, carnes rojas (en bajas cantidades) y pescado, aunque deben evitarse picante, embutidos, mariscos, productos enlatados, alcohol, café, chocolate y dulce de leche.

Desde luego, las papillas deberán tener consistencia cada vez más sólida y estarán constituidas por tres tipos de alimentos:

  • De origen animal: hígado machacado, carnes licuadas, huevo duro aplastado.
  • Tubérculos o harinas: papa, camote, fideos.
  • Verduras: calabaza, chayote, zanahoria, col y espinaca.

Aunque es cierto que el niño utilizará cubiertos para comer hasta el año de edad, los padres pueden facilitar su aprendizaje si lo estimulan a jugar con una cuchara mientras lo alimentan con otra.

Por último, es importante tomar en cuenta el ambiente en el que se lleva a cabo la nutrición infantil, pues la atmósfera debe ser tan agradable como sea posible y, de preferencia, contar con la participación de toda la familia, para que el pequeño se sienta integrado y pueda ver cómo sus padres y hermanos comparten el pan y la sal.

SyM - Israel Cortés

 

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