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Bebé fumador, responsabilidad materna

Diversos estudios han comprobado que los bebés de madres que fuman durante el embarazo tienen más riesgo de nacer delgados y pequeños, así como de morir al poco tiempo de nacidos. Queda en manos de los padres la decisión de proteger o dañar a su hijo.

El hábito de fumar está directamente asociado con diversas complicaciones durante el embarazo, como retraso en el crecimiento del feto, además de aumentar el riesgo de parto prematuro, con las respectivas consecuencias negativas para el niño como bajo peso al nacer, pues llega a este mundo con mayores probabilidades de sufrir graves problemas de salud (porque su organismo cuenta con escasas defensas) e, incluso, la muerte.

Desventaja prenatal

Entrevistada sobre la problemática que enfrentan futuras madres fumadoras, la Dra. Ana Marlene Espinosa, coordinadora de la Clínica de Ayuda para Dejar de Fumar, del Instituto Nacional de Enfermedades Respiratorias (INER), ubicada en la Ciudad de México, señala: “Las anormalidades congénitas (que se producen durante la fase embrionaria o de gestación) que presentan los hijos de estas mujeres son mayores que las que llegan a manifestar bebés de quienes no fuman; por ende, aquéllos tienen más probabilidades de sufrir retraso en su desarrollo físico e intelectual”.

Asimismo, añade, se sabe que “durante la lactancia la nicotina que se combina en la leche materna produce en el infante fallas de coordinación neuromuscular (entre músculos y sistema nervioso), además de continuos episodios de infecciones respiratorias agudas (de evolución breve y relativamente graves), lo cual aumenta el promedio de defunciones”.

A su vez, la muerte súbita del recién nacido, definida como fallecimiento repentino e inesperado de lactante aparente sano, es la principal causa de mortalidad infantil durante los primeros seis meses de vida, y en ella intervienen diversos factores que provocan alteraciones en la respiración, produciendo el deceso mientras el pequeño duerme.

Abunda la especialista: “los principales indicadores de riesgo en el problema citado, también llamado muerte de cuna, son madre con adicción al tabaco y bajo peso al nacer. Por ello se recomienda permanecer en ambiente libre de dicha sustancia durante y después del embarazo, de ahí que esta etapa represente gran oportunidad para que ambos padres superen el vicio de fumar”.

Muerte lenta

La especialista concluye al explicar el proceso degenerativo (en que hay pérdida progresiva de condiciones o facultades del organismo) que experimenta el fumador:



Adictivo veneno

Estudios realizados en la Universidad de California en Los Ángeles, en Estados Unidos, revelan que el humo del cigarro contiene 50 diferentes cancerígenos (causantes de cáncer) y más de 2 mil componente químicos, como cierta fórmula, conocida como NAL (por sus siglas en inglés), descubierta por científicos estadounidenses en la orina de 47% de bebés expuestos a humo de tabaco.

Estas sustancias provocan diversas enfermedades que impactan de manera distinta a madres e hijos, como diabetes en la mujer y disminución de defensas en el sistema inmunológico (mecanismo defensivo del organismo) del pequeño, afección que lo acompañará de por vida.

Pero lo más preocupante, como informa la Dra. Espinosa, es que cada año miles de jóvenes se convierten en víctimas de los efectos del cigarrillo, lo que no asusta a los futuros adictos que, según cifras del Sector Salud, se inician a edad cada vez más temprana. La conclusión lamentable es que mientras más joven se empiece a fumar, más difícil será dejar el tabaco en la edad adulta.



También es responsabilidad del padre

Para proteger al bebé no basta con que la madre deje de fumar durante los nueve meses del embarazo, pues el humo ambiental, la gran mayoría de las veces generado por el padre y otros familiares, es suficiente para afectar la salud del pequeño.

A través de diversos estudios se ha establecido que una mujer embarazada que es fumadora pasiva tiene dos veces más probabilidad de que su bebé tenga bajo peso al nacer que aquella madre que tiene una gestación libre de contaminantes.

Más aún, está comprobado que el humo del cigarrillo puede provocar alteraciones genéticas en los hijos de las fumadoras pasivas. Concretamente, se han descubierto mutaciones en un gen de los linfocitos T (células de defensa) de estos bebés, denominado HPRT, que se ha relacionado con la aparición de leucemia o cáncer de las células sanguíneas.