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Hidrocefalia, exceso de agua en el cerebro

Miércoles 05 de abril del 2017, 11:52 am, última actualización

El líquido cefalorraquídeo evita que el cerebro o encéfalo choque con los huesos del cráneo y sufra lesiones debido a movimientos bruscos; empero, cuando el volumen del fluido aumenta puede ocasionar fuerte presión que pone en riesgo la vida y capacidades mentales.

Hidrocefalia, Líquido Cefalorraquídeo, Prevención en el Embarazo

El cerebro es el gran coordinador del funcionamiento de cada órgano o sistema de nuestro organismo, a la vez que de él dependen el desarrollo intelectual, la interpretación de los estímulos provenientes de los sentidos y la capacidad de movimiento de las extremidades, es decir, prácticamente todas las actividades humanas. No por nada, la Medicina considera que una persona fallece no cuando se han detenido su respiración o pulso, sino en el momento en que el cerebro o encéfalo deja de registrar actividad.

Debido a esto la naturaleza ha dispuesto una serie de mecanismos de protección para tan delicado órgano: el cráneo, que es una barrera formada de hueso; las meninges o capas de tejido que lo cubren para evitar infecciones generadas por bacterias o virus, y el fluido o líquido cefalorraquídeo, que lo mantiene suspendido y actúa como cojín protector. A pesar de ello, el cerebro es propenso a sufrir lesiones debido a que sus barreras de defensa llegan a fallar o funcionan con anormalidad.

Tal es el caso de la hidrocefalia (del griego hydro, “agua”, y cephalus, “cabeza”), grave padecimiento que se debe a la acumulación anormal de líquido cefalorraquídeo, principalmente en niños y recién nacidos (se estima que ocurre en uno de cada mil o dos mil nacimientos), y es responsable de cambios en el aspecto físico de la cabeza y de bajo desarrollo de las facultades mentales del menor.

Circulación interrumpida

Además de brindar protección, el fluido cefalorraquídeo cumple con otras funciones importantes: transportar sustancias nutritivas que sirven para alimentar al cerebro y colaborar en la eliminación de desechos y células muertas que se generan en los tejidos cercanos, de modo que no se encuentra estático sino que está en circulación constante y, para garantizar su limpieza, se renueva a menudo.

El líquido es generado en una región del cerebro conocida como plexo coroideo (ubicado en la región central del órgano) y luego viaja a través de canales internos del encéfalo, los ventrículos; de ahí se desplaza hacia la zona externa, entre las meninges y el cráneo, y pasa también por los conductos que posee la médula espinal (tubo neural). Durante todo este recorrido es filtrado en repetidas ocasiones y el excedente es desechado a través de conexiones con el sistema circulatorio.

La hidrocefalia se presenta cuando el fluido se produce en exceso, no es absorbido con la velocidad que se requiere y, principalmente, en caso de que se obstruya su tránsito; ante tales circunstancias se inicia la acumulación de líquido cefalorraquídeo y se incrementa la presión en el interior de la cabeza, lo que provoca que los huesos del cráneo se expandan y éste adopte un aspecto mayor a lo normal.

Las causas de hidrocefalia tienen lugar antes de nacer (en cuyo caso se habla de trastorno congénito) o durante una etapa posterior de la vida (hidrocefalia adquirida), y en general las más comunes son:

  • Enfermedades genéticas (por información heredada de los padres) que originan malformación en el interior del encéfalo y obstrucción en el flujo del líquido conocida por los especialistas como estenosis acueductal.
  • La espina bífida o abierta es una anomalía en la que el niño nace con un defecto en su columna vertebral y médula espinal que puede obstruir la circulación del fluido cefalorraquídeo.
  • Tumores o formaciones cancerosas también interfieren en la circulación de líquido y aumentan la presión interna.
  • La infección de meninges y del líquido cefalorraquídeo (meningitis) debido a la acción de virus o bacterias también causa este problema; es más frecuente en niños porque su sistema de defensas contra enfermedades (inmunológico) es más débil que el de los adultos.
  • Toxoplasmosis, infección ocasionada por ciertos gérmenes que se adquieren por contacto con excremento de gato o al comer alimentos contaminados, la cual puede ser contraída por embarazadas y ocasionar problemas a su futuro bebé como ceguera, baja audición, lento aprendizaje y acumulación de agua en cerebro.
  • Golpes en el cráneo del niño por un accidente e incluso desde el vientre de la madre pueden generar hemorragias internas y alteraciones en la circulación del fluido.
  • Infantes prematuros (nacen antes del tiempo promedio de nueve meses) son más propensos por el alto riesgo que tienen de sufrir lesiones o meningitis.
  • La alteración en la vena de Galeno es una formación anormal de los vasos sanguíneos dentro de la cabeza que origina hemorragias internas y sobreproducción de líquido. Se manifiesta al nacer o poco después del alumbramiento.
  • Osteopetrosis o aumento en la densidad ósea puede conducir a hidrocefalia por la presión que ejercen los huesos del cráneo. Es un problema raro de origen hereditario.

La documentación médica habla de ciertos síntomas característicos de la acumulación de líquido cefalorraquídeo que pueden cambiar de acuerdo al origen del problema. Así, cuando la hidrocefalia es congénita las manifestaciones son:

  • La mollera o fontanela (parte blanda localizada en la región superior de la cabeza) del recién nacido se encuentra tensa o abultada.
  • La circunferencia craneal es notablemente mayor de lo normal.
  • Los ojos del niño lucen prominentes y le es imposible mirar hacia arriba cuando su cabeza apunta al frente.
  • Las venas del cuero cabelludo son muy notables.
  • El carácter del pequeño es irritable y su llanto muy agudo e intenso.
  • No come adecuadamente y presenta vómito súbitamente.
  • Su crecimiento es lento.
  • Tiene sueño o está menos alerta de lo esperado.
  • Puede sufrir convulsiones.

Por su parte, en los casos en que la hidrocefalia se debe a tumor, golpe, infección u otras causas adquiridas (casi siempre en niños mayores), los síntomas son los siguientes:

  • Queja constante de dolores de cabeza intensos.
  • Náuseas y vómito.
  • Cambios bruscos en la personalidad, conducta o desempeño escolar.
  • Incontinencia intestinal (falta de control sobre el impulso de defecar).
  • Inquietud y mayor movimiento en brazos o piernas.
  • Convulsiones.

La presencia de estas manifestaciones debe ser tomada como una emergencia, ya que la presión interna generada por el líquido cefalorraquídeo puede ocasionar serios problemas en el desarrollo intelectual del menor y poner en riesgo su vida.

Tecnología en acción

Por fortuna, se ha dado considerable evolución en los métodos para detectar hidrocefalia oportunamente, incluso antes del nacimiento. Ello es posible gracias a la ecografía prenatal, técnica que se vale de ondas sonoras de alta frecuencia y una computadora para crear imágenes de vasos sanguíneos, tejidos u órganos, y que durante el embarazo permite monitorear el crecimiento del feto.

Cabe indicar que la hidrocefalia se presenta en muchos casos hasta el tercer trimestre del embarazo y, por consiguiente, es posible que no se detecte antes de esa fecha. Por tal motivo es de gran importancia que la madre visite al ginecobstetra para dar seguimiento al desarrollo del niño y, de ser posible, se someta a este tipo de estudios con el fin de determinar a la brevedad la posible la presencia de este problema.

En caso de no contar con dicho recurso, la hidrocefalia congénita se diagnostica poco después del nacimiento al observar los síntomas ya citados, así como con ayuda de una evaluación médica y entrevista con los padres para saber si existen antecedentes familiares de ésta u otras condiciones médicas.

Asimismo, la confirmación de estos casos y la detección en niños mayores dependerán de otros exámenes de diagnóstico:

  • Radiografía. La obtención de placas de rayos X permite observar una cantidad anormal de líquido cefalorraquídeo en el cráneo.
  • Tomografía. Es una tecnología que combina rayos X y sistemas computarizados para lograr gráficos de cortes transversales (a menudo llamados "rebanadas") de la cabeza. Muestra detalles más precisos que las radiografías comunes.
  • Resonancia magnética. Es un procedimiento mucho más moderno que combina ondas de radio, grandes imanes y una computadora para producir imágenes detalladas del cráneo y cerebro.

Una vez que se confirma la hidrocefalia deberá iniciarse el tratamiento correspondiente, mismo que tiene como objetivo disminuir la presión que sufre el encéfalo. En algunas ocasiones pueden utilizarse medicamentos (acetazolamida y glicerol) o realizarse extracciones del líquido, pero estos procedimientos sólo erradican el problema de momento, hasta que es posible colocar un dispositivo permanente que permita eliminar el excedente de fluido cefalorraquídeo mediante una válvula o derivación.

También se debe aclarar que hay pacientes en los que se exigen tratamientos más específicos. Por ejemplo, cuando la causa de la hidrocefalia es una tumoración se tendrá que llevar a cabo una terapia con fármacos especiales (quimioterapia) para eliminar los tejidos anormales; asimismo, si hay infección o meningitis se recurrirá al uso de antibióticos que detengan el ataque de bacterias. La espina bífida requiere en muchos casos de intervención quirúrgica para reparar la médula espinal que está expuesta.

Uso y cuidado de la válvula

El dispositivo de derivación es un sistema que tiene como fin drenar o llevar el exceso de fluido cefalorraquídeo que hay en el cráneo a otra zona del cuerpo donde pueda ser reabsorbido; se coloca una vez que la situación del paciente sea estable y la cirugía para colocarlo no suponga riesgos. Consta de tres partes:

  • Un tubo que se introduce en el espacio ventricular (interior del cerebro) donde se acumula el fluido.
  • Reservorio o pequeña bomba que regula la cantidad de líquido que se drena y que además permite al médico valorar el funcionamiento de la válvula, así como tomar muestras del fluido para su evaluación.
  • Catéter distal, que es otro tubo que lleva el líquido drenado al sitio donde es absorbido, como abdomen, corazón o pulmones. El médico determinará la ubicación de acuerdo al estado del niño, su edad y factores particulares.

Las posibles complicaciones generadas por la cirugía pueden ser infecciones, funcionamiento inadecuado de la derivación (cuando hay drenaje escaso o excesivo) o hemorragias, y siempre serán atendidas y controladas por el equipo médico, ya que el infante, después de ser intervenido, debe permanecer unos días en el hospital bajo observación.

El uso de la válvula será cuidadoso y se mantendrá bajo constante evaluación del pediatra o neurólogo, ya que se corre el riesgo de que pueda funcionar mal. Hay que recordar que la derivación, aunque segura, es un "cuerpo extraño" para las defensas del organismo y que es una tubería de material sintético que pudiera obstruirse paulatinamente con material que arrastra el líquido cefalorraquídeo, desconectarse, romperse o ser invadido por microorganismos oportunistas.

Por ello, las recomendaciones para su buen funcionamiento incluyen:

  • No tocar la válvula, salvo por indicación médica.
  • Evitar acostar al niño del lado en que se encuentra el dispositivo, ya que su peso puede maltratar la piel u ocasionar fallas. Esta medida, que al principio deben observar los padres, es adoptada por el infante en cuanto se habitúa.
  • En niños recién nacidos se debe supervisar a menudo que el drenaje sea adecuado, lo que es posible al observar que la mollera del niño se mantenga estable y no se hinche ni se hunda.
  • Vigilar la posible aparición de coloración roja, inflamación o supuración de la piel sobre alguna parte de la válvula. En caso de presentarse, será necesario acudir al médico de inmediato.

Además de esto, los progenitores tienen que estar al pendiente de la aparición de otros síntomas que sugieran fallas en el funcionamiento del sistema, entre los que se encuentran fiebre, vómito, visión doble, convulsiones, carácter irritable, disminución del estado de alerta o sensación de cansancio. Cualquiera de estas complicaciones requiere evaluación inmediata por parte del pediatra o neurólogo.

Se estima que 6 de cada 10 niños deben ser sometidos a cambio de derivación en algún momento de su vida, sea por fallas en el dispositivo, infecciones o porque el crecimiento del infante obliga a cambiar los catéteres para que no salgan de su sitio. Por ello es de gran relevancia la evaluación periódica y que los padres tomen nota de tres aspectos importantes: día en que se colocó el dispositivo, modelo y presión de apertura de la válvula.

Asimismo, vale recordar que aunque se ha reportado el retiro definitivo de la válvula en algunos pacientes debido a que desaparece la obstrucción al paso del fluido cefalorraquídeo, esto ocurre sólo en casos de hidrocefalia adquirida y no en la que se vincula a factores genéticos. Finalmente, hay que enfatizar que la clave para controlar la hidrocefalia y evitar problemas en el desarrollo físico e intelectual consiste en la detección temprana, tratamiento adecuado y prevención de infecciones; para ello se requiere de exámenes médicos frecuentes que aseguren el correcto funcionamiento de la derivación, y de la estrecha colaboración del equipo médico y la familia para supervisar y asesorar el desarrollo del menor.

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