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Estimulación temprana, ¿moda o necesidad para el desarrollo infantil?

La estimulación temprana no es método para hacer de tu hijo un genio, sino un conjunto de acciones que procuran una infancia sana y feliz. Sin embargo, en los últimos años ciertos centros la promueven como una serie de actividades que los pequeños deben seguir a determinadas edades, cual si fueran robots.

Desarrollo infantil es distinto en cada pequeño

Si bien todos los seres humanos pertenecemos a la misma especie, cada uno poseemos características, hábitos y necesidades que nos hacen únicos. Pese a ello, siempre ha existido la tendencia a generalizar, lo que se refleja con claridad en aspectos importantes como la alimentación o la actividad física.

¿Cuántas veces hemos sido testigos de que personas sin conocimiento y ética pretenden "uniformarnos" con una dieta o ejercicios determinados? Y ello a pesar de que está científicamente fundamentado que no todos podemos comer lo mismo o seguir rutinas idénticas, ya sea por la edad, constitución física, nivel de actividad o enfermedades, entre otras características individuales.

Lo mismo ocurre con la estimulación temprana, pues existen centros que ofrecen servicio de atención general para los niños y sólo dividen sus programas por edades, dejando a un lado las necesidades de cada pequeño.

"Esta disciplina implica conocimiento profundo del proceso de formación del cerebro y las necesidades de cada bebé, lo que permite elegir el tipo de estímulo, intensidad y frecuencia con que se aplicará", acota la Mtra. Alma Mireia López-Arce Coria, de la Facultad de Psicología de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).

¿Es necesaria la estimulación temprana para niños?

La estimulación temprana es una filosofía de acción que puede aplicarse a los niños, de preferencia, durante los tres primeros años de vida. No obstante, debido a que en los últimos años se le ha promovido, a muchas mamás les inquieta saber si será conveniente que sus hijos la reciban.

Si el chiquillo está sano e integrado a núcleo familiar que le proporciona cariño, apego y atiende sus necesidades básicas, se puede prescindir de los métodos de estimulación, pues con el apoyo y cuidados que obtiene de la familia es suficiente.

La situación es diferente para los niños considerados de alto riesgo, es decir, quienes antes o después del parto presentaron algún problema que los dejó vulnerables y les pudo ocasionar alteraciones en su crecimiento; "en estos casos se interviene y evita la presencia de efectos discapacitantes. En quienes presentan daño neurológico, el objetivo consiste en habilitar las funciones cerebrales", comenta la especialista.

Punto de partida

Por lo anterior, antes de poner en práctica algún programa de estimulación temprana, es importante tomar en cuenta que las técnicas de intervención son diferentes para cada tipo de niño.

El primer paso consiste en realizar una evaluación al infante desde los primeros días de nacido, la cual se basa en pruebas psicológicas y revisión, cuyos resultados permiten detectar alteraciones del desarrollo. Como medida preventiva, se recomienda llevar a los pequeños a evaluación cada seis meses; de esta manera, al detectar la más mínima desviación, de inmediato se trabaja en ella.

"Yo no me atrevería a darle estimulación temprana a un infante que en apariencia esté sano, sino hasta después evaluarlo. Además, la intervención también se extiende a la familia y a nivel institucional (guardería o estancia infantil), lo que tiene la finalidad de lograr abordaje integral y científico", indica la experta.

Programas de estimulación temprana

Tras efectuar la evaluación, etapa en la que ya se tiene conocimiento sobre debilidades y fortalezas del menor, así como de las condiciones de la familia e institución a la que asiste el pequeño, ya es posible diseñar la intervención.

Se establece un programa dirigido al niño, dos para los padres (uno para reforzar la estimulación del pequeño y otro para promover la salud familiar) y el cuarto se enfoca a la estancia infantil.

En el niño se instaura un conjunto de actividades encaminadas a la maduración de su sistema nervioso central, al cual se le protege y estimula para que funcione de manera óptima a fin de que el chico desarrolle funciones superiores (hablar, atender, concentrarse y lograr independencia en actividades de autocuidado).

Es imprescindible resaltar que la estimulación temprana debe estar a cargo de especialistas en la materia, quienes deben conocer el neurodesarrollo y tener ética.

Mundo de estímulos

Tal como lo afirma la Mtra. López-Arce, si se tiene la seguridad de que el niño está completamente sano, no es necesario que se le lleve programas de estimulación temprana. El hecho de seguirlos desde edades tempranas no logrará que camine a los tres meses de edad o que hable a los cuatro.

De hecho, cada una de las actividades cotidianas que los padres y familia realizan con el bebé representa, de alguna forma, fuente importante de estimulación temprana. Por ejemplo, al amamantarlo se le ofrece universo de sensaciones a través de la piel, se crea poderoso vínculo afectivo, se fomenta el reflejo de succión y se le expone al olor de la madre y al sabor de la leche. Asimismo, el baño le proporciona información sobre la temperatura, textura de la esponja, sonido del agua que cae, olor del jabón y sensación de movimiento.

¡Cuidado con la sobrestimulación!

Sobreestimular a los niños, lejos de ayudar e incrementar sus habilidades, les genera sobrecarga cerebral, la cual se manifiesta con bochornos, sudoración, dificultad para respirar, palidez, náusea y vómito; incluso, pueden presentar aislamiento, agresión, terrores nocturnos persistentes o trastornos del sueño.