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Fiebre, síntoma preocupante e incomprendido

La elevación de la temperatura es un mecanismo natural del cuerpo para defenderse. Por ello, y a pesar de que puede alarmar a los padres, los médicos homeópatas recomiendan dejar que este síntoma siga su curso natural hasta que desaparezca por sí solo.

Es un hecho irrefutable que los padres velamos por la seguridad de nuestros hijos, pero muchas veces ello determina que los sobreprotejamos y que retrasemos su desarrollo personal y social. En ese sentido, cuando notamos que nuestro “retoño” tiene fiebre el primer pensamiento que cruza nuestra mente es cortar de tajo con dicho síntoma; más aún, si fracasamos en el intento acudimos en busca de ayuda especializada con la intención de que disminuya la temperatura a pasos acelerados.

Toda esta situación surge, dice el médico homeópata Sergio Grines, debido a que la gente tiene la falsa creencia de que la fiebre es una enfermedad en sí misma. El experto, originario de Argentina y representante de la llamada Medicina Antroposófica (nuevo enfoque filosófico que pretende estudiar la enfermedad desde su más profundo significado espiritual), llama la atención sobre el inmenso arsenal farmacológico que existe para eliminar la fiebre en unas cuantas horas y que podría resultar contraproducente.

El asunto es, de acuerdo con el especialista, que la Medicina convencional demanda cada vez más potencia en los fármacos utilizados, sin caer en cuenta de que es sumamente riesgoso seguir por ese camino, ya que llegará el día en que algo tan simple como la fiebre sea difícil de superar.

El Dr. Grines, quien terminó la carrera de médico cirujano y posteriormente se especializó en Homeopatía, señala: “Es verdad que gran número de enfermedades en estado agudo pierden rápidamente su carácter violento gracias a los medicamentos convencionales, pero también es cierto que después de estos tratamientos se ve con frecuencia que el paciente no ha sanado en la verdadera acepción de la palabra (no se logra un reestablecimiento total). Por ello, y a veces muy pronto, le aquejan otro tipo de trastornos, pues los anteriores no han sido curados realmente, sino que sólo se han tratado sintomáticamente”, es decir, se les ha reprimido o suprimido.

El experto considera que esto se había limitado hasta hace poco a los adultos; sin embargo, “es de lamentar que los ‘éxitos’ médicos descritos se vayan extendiendo a grupos de individuos de edades cada vez menores, es decir, a escolares e incluso a lactantes. Hay actualmente niños de 2 o 3 años que ya no responden a estos tratamientos debido a que han tenido amplio contacto con medicamentos como los antibióticos, y como los gérmenes han generado resistencia a ellos, la fiebre no se deja reprimir”.

Así las cosas, en un par de semanas vuelve a presentarse alguna enfermedad febril aguda. En ese momento “se puede percibir la desesperada vehemencia con la que el niño que ha nacido sano desea experimentar y hacerle frente a una enfermedad, aunque sea por una vez. Ese niño está vacunado contra todo, pero a pesar de ello quiere ponerse a prueba a sí mismo en una enfermedad, quiere que le dejen hacer uso de sus propias capacidades curativas para fortalecer con ello su constitución”.

Es obvio que en los casos de abuso de medicamentos, asevera el experto, “nos encontramos ante manifestaciones degenerativas de nuestra civilización, degeneraciones que, por el momento, aún no constituyen normas. No obstante, tampoco cabe duda de que estas tendencias van en ascenso, de que el número de esos desdichados niños es ya enorme y de que seguirá creciendo”.

Vigilancia

De acuerdo con la Homeopatía, la fiebre es una reacción benéfica que ayuda al paciente a restablecer la armonía del organismo. Sin embargo, se dice, el proceso de curación llega a complicarse porque los padres transmiten a los chicos sus miedos, inquietudes e ideas erróneas.

El Dr. Grines establece que hay niños que presentan temperaturas de hasta 41º C (centígrados o Celsius), pero en unos cuantos días están completamente sanos. Por ello los padres que tienen experiencia en terapia homeopática han aprendido a recibir con mayor tranquilidad los estados febriles que acompañan a las afecciones agudas más comunes en la infancia, como el resfriado o las infecciones de la garganta o estómago, dice el especialista.

“Al igual que todas las crisis por las que se atraviesa en la vida, la fiebre también se acompaña de manifestaciones desagradables. Sin embargo, debemos considerar que algunas enfermedades se tornan peligrosas sólo cuando presentan alguna inflamación sin la alta temperatura corporal correspondiente. La fiebre es, por consiguiente, una exteriorización plena del sentido de la vitalidad del enfermo”, enfatiza.

Opinión compartida

Susana Aikin, homeópata graduada en la School of Homeopathy de Nueva York, explica que la fiebre no debe considerarse necesariamente un síntoma negativo. No debemos pasar por alto, dice la experta, que la temperatura elevada es una de las reacciones del sistema inmunológico de primera línea.

En cuanto el organismo detecta una infección, se encarga de elevar la temperatura corporal para eliminar bacterias, virus y otros microbios que han invadido el cuerpo. Además, la fiebre favorece la vasodilatación del cuerpo para que la sangre que transporta nutrientes y leucocitos fluya con más rapidez al foco de infección.

De acuerdo con esta lógica, bajar la fiebre artificialmente tiene el efecto inmediato de reducir las defensas del organismo y prolongar la enfermedad, acota la connotada homeópata.

¿Qué hacer entonces? “Lo ideal es respetar al máximo los cuadros de fiebre, pero sin dejar de seguir de cerca su progreso. Cuando se trata de enfermedades menores no se debe interferir con la fiebre, siempre que no pase de cierto grado. Para acelerar la cura se le podrán dar al enfermo vitamina C, líquidos en abundancia y algunas tinturas, como Echinacea y Própolis. Se trata de ayudarle al cuerpo con remedios simples”, sostiene la Dra. Aikin.

Cabe señalar que la fiebre implica ciertos riesgos, por lo que el especialista debe mostrarse atento en caso de que el niño comience a sufrir convulsiones (contracciones enérgicas e involuntarias de los músculos).

Sin embargo, subraya la especialista, se debe dejar que la fiebre baje por sí sola cuando no rebasa los 39º C, no hay antecedentes de convulsiones y el paciente no se siente incómodo. En caso contrario, cuando el enfermo experimente dolor de cabeza, cansancio excesivo y postración (debilidad extrema), puede ser el momento de tratar la fiebre homeopáticamente.

A pesar de lo antes dicho, la mejor recomendación es acudir con su médico homeópata para que valore el estado integral del niño enfermo y le proporcione el medicamento más indicado para su situación. Por lo general, una vez que se controla el problema que origina los síntomas (infección estomacal, enfermedades respiratorias), la temperatura corporal vuelve a la normalidad.