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Aftas bucales, pequeñas pero muy dolorosas

Comunes en niños y muy dolorosas, las aftas son ulceraciones en la superficie interna de mejillas o labios, parte inferior de la boca, paladar y lengua. No se sabe con certeza qué las origina, pero pueden presentirse.

Las aftas son lesiones circulares u ovaladas, planas o en forma de cráter que se caracterizan por ser de color rojo y contar con bordes blanquecinos o amarillentos; a menudo se presentan en la mucosa de la boca, aisladas o formando pequeños grupos, y miden entre 3 milímetros y 1.5 centímetros.

Casi siempre se curan en aproximadamente dos semanas, sin dejar cicatriz, pero durante este tiempo generan dolor muy intenso, desproporcionado en relación al tamaño de la herida, y ocasionan dificultad para ingerir alimentos y líquidos por las molestias que provocan. Además, se ha observado que son de tendencia familiar, es decir, es común que varios miembros de una misma familia sufran estas heridas. Afectan más a niños y jóvenes, sobre todo del sexo femenino, aunque después de los 50 años es raro que se presenten.

Sin causa aparente

La palabra afta viene del latín aptha, que significa "úlcera"; aunque es un término que puede aplicarse a lesiones producidas en otras regiones del cuerpo, popularmente se utiliza para denominar a las que aparecen en la boca, mismas que, según algunos cálculos, pueden presentarse hasta en 20% de la población mundial. Las hay de tres tipos:

Llama la atención que estas heridas no sangran, nunca aparecen en el paladar duro (el que está formado por hueso) ni en las encías y, ante todo, que en 70% de los casos no es posible establecer su origen.

Entre las causas que desencadenan su formación se han encontrado con más frecuencia las siguientes:

Todos estos factores pueden generar lesiones en las mucosas de la boca, mismas que son aprovechadas por bacterias, virus u hongos para establecerse y generar las aftas.

Diagnóstico y tratamiento

La presencia de aftas es fácil de determinar con sólo observarlas y por sus dolorosas manifestaciones. Muchas veces basta con tener adecuados hábitos de higiene bucal para que sanen por sí mismas, por ejemplo, se recomienda el uso de soluciones antisépticas especiales, las cuales proporcionan alivio y ayudan a cicatrizar si se hacen buches o se aplican directamente en la ulceración.

Sin embargo, aquellas personas que no logren alivio en 10 días, que presentan estas heridas a menudo o cuyas ulceraciones aparecen junto con otros síntomas o enfermedades, deben acudir al odontólogo para que elabore una historia clínica detallada y una exploración minuciosa para clasificar la lesión como afta verdadera o como una aftoide, es decir, lesión similar pero con localización, forma o extensión fuera de lo normal, que presenta ampollas o no genera dolor y que puede deberse a alteraciones en la sangre, cáncer u otras enfermedades.

Por lo general, el especialista localizará factores que puedan generar las aftas para erradicarlos, como caries, dentadura postiza y aparatos de ortodoncia mal adaptados, o problemas en la masticación. Asimismo, recomendará a los pequeños no introducir objetos en su boca ni respirar por ésta, además de que mostrará la técnica adecuada de aseo bucal con pasta y cepillo, misma que se practicará obligatoriamente todos los días hasta convertirse en hábito.

El tratamiento de aftas también se encamina a aliviar el dolor, facilitar la curación y prevenir la aparición de nuevos brotes, de modo que se pedirá al paciente que evite alimentos calientes, ácidos o muy condimentados, además de bebidas alcohólicas, y se recetarán enjuagues específicos para ayudar a una pronta mejoría.

Los medicamentos para el tratamiento de las aftas pueden incluir anestésicos locales, antisépticos y antiinflamatorios, pero si el especialista lo juzga oportuno puede incluir antibióticos para prevenir el avance de una infección ocasionada por bacterias. Evidentemente, las lesiones aftoides requerirán el tratamiento específico de la enfermedad que las genera.

Por último, sólo cabe recordar que estas ulceraciones pueden evitarse con buena alimentación y limpieza bucal adecuada, además de procurar que la masticación sea cuidadosa y que las fallas en los aparatos que corrigen defectos en la boca sean reparadas. Como puede ver, se trata de sencillas normas que todos podemos seguir y que los mayores deben enseñar a los niños a fin de evitarles bocados realmente difíciles de tragar.