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El buen juez, por su boca empieza

Sonreír, comer o conversar tienen algo en común: los dientes. Sin embargo, y aunque todos estamos conscientes de su importancia, los malos hábitos en la limpieza dental son frecuentes y, por desgracia, desencadenan problemas muy dolorosos.

Nadie está exento de padecer caries, sangrado de encías, pequeñas infecciones o mal aliento, dado que toda persona, sin excepción, porta innumerables bacterias que originan estos padecimientos, y aunque es cierto que el conjunto de estos microorganismos, conocidos como placa dentobacteriana, es controlado por las defensas naturales del cuerpo, los residuos de alimentos que consumimos, ante todo azucarados, rompen el equilibrio e inclinan la balanza a favor de los invasores.

Por ello, la fórmula más sencilla y eficaz para tener dientes blancos y bonitos se basa en disciplina y buen cepillado; no obstante, son pocos quienes hacen una buena labor para eliminar la placa dentobacteriana, causante de caries, mal aliento y enfermedades de las encías, pues muchas veces se adquiere el hábito hasta que se experimenta la pérdida de una pieza dental.

Hay que decirlo, el cuidado bucal ideal se inicia desde el nacimiento mismo. Por supuesto que un bebé no usará enjuague bucal, pero deberá tener ciertas restricciones en relación con el tiempo que use biberón o chupones, que nunca debe superar el primer año de vida, ya que entre más se prolongue el contacto con estos artículos, es mayor el riesgo de que paladar y dentadura se deformen. Sin embargo, nunca es tarde para iniciar esta sana costumbre, y en cada edad puede seguirse una táctica distinta para incorporarla a nuestra forma de vida.

Niños y adolescentes

Para iniciar limpieza dental en niños debemos recurrir al mejor método que existe para aprender: el juego. Los padres deben acompañarlos cuando se cepillan haciendo bromas o contando un cuento para evitar que se vuelva una carga, y no deben olvidar que en caso de dar una recomendación nunca se debe regañar y sí proporcionar una explicación; por ejemplo, al prohibir que un pequeño lleve golosinas a la cama se le debe indicar que sólo conseguirá que las bacterias estén a sus anchas en su boca durante las horas del sueño, dañando su esmalte dental.

Para no asociar al odontólogo con una experiencia traumática, organiza una primer visita al dentista en la que solamente se le haga una exploración general, y no cuando sufra algún padecimiento dental; la edad ideal para este primer encuentro es entre los dos años y medio y los tres, es decir, cuando terminan de aparecer todas las piezas dentarias. Así, ayudarás a crear el hábito de visitar al especialista dos veces al año.

Otra etapa crucial durante la cual hay que estar muy atento en el cuidado de la dentadura es la adolescencia, cuando se producen cambios en organismo y conducta. Una de las mejores formas para inducirlos a que no dejen sus hábitos de limpieza es atendiendo no sólo a su salud, sino a su vanidad, que es un factor muy importante para ellos en esta edad. Los padres pueden remarcarles que una buena dentadura es indispensable para tener excelente apariencia.

Este es también el periodo indicado para sumar nuevos accesorios de limpieza bucal; hilo dental y enjuague son aliados que contribuirán a evitar tratamientos extremos y pérdidas de piezas dentales.

Cepillo, pasta, enjuague, hilo dental...

De seguirse algunos sencillos pasos de higiene bucal, todo individuo podrá mantener su dentadura por toda la vida, pues si bien antes se pensaba que era normal perder la dentadura con la edad, se sabe ahora que la limpieza adecuada evita los embates de la placa dentobacteriana a encías, dientes y tejidos de la boca en general. Aquí presentamos algunos muy sencillos y efectivos: