Centro Bucodental / Artículos

¡A cuidar los dientes de leche!

Se tiene la falsa creencia de que los dientes de leche (primarios) no merecen atención en caso de que presenten algún problema, ya que en cierto momento serán reemplazados por los definitivos. Esta idea es errónea y poco saludable para el niño; descubra por qué.

Aunque muchos padres de familia lo duden, es fundamental que los dientes primarios o dientes de leche permanezcan en la boca del niño hasta que se pierdan naturalmente. Las razones para que esto sea así van más allá de lo estético, ya que estas piezas cumplen funciones esenciales para el infante: le ayudan a alimentarse, emitir sonidos y hablar, además de que al aprender a cuidarlos adquiere buenos hábitos de higiene personal.

Los dientes temporales empiezan a surgir antes del primer año de edad y permanecen en la boca del pequeño hasta los 13, lo que representa considerable periodo en el que deben mantenerse sanos y funcionales, entre otras cosas porque, dicen los odontólogos pediatras, cuando sufren algún problema es muy probable que lo "hereden" a las piezas definitivas.

Por ello, y porque nunca hay que olvidar que el umbral o resistencia al dolor de los chicos es menor que el de los adultos, de modo que una "simple" picadura puede ser mucho más moelsta para ellos de lo que imaginamos, nunca hay que desestimar los problemas que afectan a la dentadura infantil.

Origen

Los dientes temporales comienzan a hacer erupción a los seis meses de edad, siendo los dos incisivos inferiores los primeros en surgir. Durante este proceso, llamado dentición, se producen leves malestares y cierta incomodidad en el niño.

Para hacer frente a dicha situación existen ungüentos de libre venta que pueden reducir las molestias, aunque es preciso advertir que la mejor elección del producto se realiza con ayuda del odontólogo o del pediatra, ya que algunas de las fórmulas que hay en el mercado contienen gran cantidad de sacarosa (tipo de azúcar) que puede dañar los dientes, además de alcohol.

Asimismo, es importante recordar que la dentición coincide con el momento en que el niño deja de obtener alimento exclusivamente del pecho materno y, por ello, inicia el uso de vaso entrenador y el consumo de alimentos sólidos o papillas. En este sentido, debemos enfatizar en el cuidado para seleccionar aquellos alimentos que, además de nutrirlo, sean benéficos para su salud bucal.

En concreto, es importante no ofrecerle productos endulzados, a fin de evitar que el chico se acostumbre a su sabor. Sencillamente, el pequeño puede crear el hábito de ingerir estos alimentos en exceso, volviéndose más propenso a desarrollar picaduras en los dientes o caries, las cuales surgen porque algunas de las bacterias que viven en la boca se alimentan de residuos de azúcar y la transforman en cierta sustancia ácida que daña el esmalte dental (capa transparente y muy dura que protege a las piezas de infecciones).

Por ello, algunos odontólogos aconsejan que no sirvan bebidas dulces (jugo, té o leche) en el biberón del bebé, y menos ofrecerle chupón con miel, ya que puede propiciar la aparición de lesiones tempranas (caries del biberón). Lo más aconsejable es darle sólo agua en la mamila para calmar su hambre y ansiedad.

Ahora bien, si se pregunta cuándo debe visitar el bebé al odontólogo por primera vez, lo aconsejable es que sea antes de la dentición o, en su defecto, al momento de que brote el primer diente. Esto con la finalidad de que el especialista muestre a los padres las técnicas de limpieza adecuadas para la boca del lactante:

Debemos mencionar que en estos primeros y difíciles años que enfrentan los dientes de leche, suele suscitarse otro problema: cuando el niño se chupa el dedo. Esto puede parecer hecho menor, pero la presión que el dedo ejerce en el paladar es constante y deforma el maxilar (hueso en el que se sostienen los dientes superiores), ocasionando desviación de las piezas dentales.

Para erradicar este problema lo mejor es no darle chupón o, en su defecto, retirárselo junto con el biberón al año de edad. Si el bebé necesita morder algo para calmar las molestias de la dentición, es mejor emplear una mordedera, que no genera problemas posteriores.

En aquellos casos en que el hábito persiste mucho tiempo es posible que el odontólogo coloque una "trampa de dedo", especie de arco fijado a las muelas mediante bandas, el cual impide que el pulgar entre a la boca. No causa daño y sirve como recordatorio para que el chico se dé cuenta de que debe dejar esta práctica.

Etapa intermedia

Entre los 30 y 36 meses de edad habrán hecho su aparición prácticamente todos los dientes temporales, que suelen sumar 20. Esta primera dentadura es menos numerosa y de menor tamaño que la del adulto, debido a las reducidas dimensiones de la boca infantil.



Cabe recordar que el niño pequeño no puede hacer buen trabajo de higiene para eliminar los microbios de la placa bacteriana o el sarro de sus dientes; por ello, los padres deben auxiliarlo y supervisarlo hasta que use adecuadamente el cepillo dental, haciendo suaves movimientos de la raíz a la punta y en forma circular, sin dañar las encías.

Como logro de autonomía, está bien dejar que el chico se cepille solo, aunque alguno de sus tutores debe revisar los resultados y brindar la cepillada final cuando menos dos veces al día, hasta los 5 ó 6 años de edad.

Otro elemento importante en la salud bucal es el hilo dental, mismo que permite asear área a la que el cepillo no puede llegar, es decir, entre las piezas.

De nueva cuenta, los padres deben hacer la limpieza con esta herramienta hasta que el pequeño cuente con la habilidad de introducir el hilo con suavidad, rodear el diente, frotarlo y extraer los restos de comida, todo ello sin ocasionar sangrado en sus encías, lo cual debe suceder, aproximadamente, entre los 8 ó 9 años de edad.

También debemos mencionar que, por desgracia, la presencia de caries es común en los dientes de leche y, cuando este padecimiento se descuida, puede causar dolor, inflamación del nervio dental y hasta pérdida de la pieza primaria.



Este tema es relevante, porque en este momento muchos padres desatienden el problema al pensar que, por no ser diente permanente, no vale la pena acudir al odontólogo. Sin embargo, hay importantes motivos para hacerlo:

En caso de que se sufra pérdida de un diente por caída accidental o mientras el niño juega, es importante llevar a cabo algunas medidas que permitan la recuperación de la pieza:

Final feliz

La historia de los dientes de leche termina con dos periodos de cambio; uno sucede entre los 6 y 8 años, y otro más entre los 10 y 12, aproximadamente.

Al respecto, un hecho importante es la aparición, a los seis años, del primer molar permanente, que aparece detrás de las muelas de leche. Como no hace caer ningún diente con su salida, esta pieza puede pasar desapercibida o, incluso, confundir a muchos padres, quienes piensan que debe ser reemplazada cuando el niño sea mayor.

Es importante contar en esta etapa con el asesoramiento del odontólogo, ya que debe supervisar que los dientes de leche sean adecuada guía para la erupción de los permanentes. Las visitas periódicas se enfocarán a observar este cambio, corregir hábitos de higiene y atender tempranamente los problemas que pudieran presentarse.

Con ello se evita que el niño sufra situaciones dolorosas, los tiempos de tratamiento serán más cortos y, desde el punto de vista psicológico, el chico se sentirá feliz luciendo dentadura sana, que le permita sonreír y comer a gusto.