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Anestésicos

Los anestésicos son aquellos compuestos que se emplean para interferir momentáneamente la percepción de sensaciones, sobre todo la sensación de dolor.

Los anestésicos se clasifican en dos grandes grupos: anestésicos locales, cuando sólo actúan en el sitio en que fueron aplicados, y anestésicos generales, en caso de que bloqueen el reconocimiento de estímulos en todo el organismo y produzcan un estado de inconsciencia temporal.

El uso de anestésicos ya era conocido por la Medicina tradicional, aunque de forma limitada, y de acuerdo con el libro Las sustancias de los sueños: neuropsicofarmacología, del científico mexicano Simón Brailowsky Klipstein, fue hasta mediados del siglo XIX que se integró a estas sustancias como un recurso en la labor de los facultativos.

Se estima que hasta antes de esa época las cirugías se practicaban en casos de extrema emergencia, como amputaciones, drenaje de abscesos o extracción de piedras (cálculos) de la vesícula biliar. El dolor se controlaba con el consumo alcohol o drogas como el opio, así como golpes en la cabeza o estrangulación para inducir inconsciencia, aunque lo más común era sujetar al paciente entre varias personas, a fin evitar sus movimientos. Por cierto, en ese entonces tampoco había medidas de higiene ni antibióticos, de modo que era imposible evitar infecciones.

Cierto es que ya el químico británico Joseph Priestley había descubierto las propiedades analgésicas de varias sustancias gaseosas desde 1776, pero tales avances no pudieron generalizarse por la constante persecución de que eran objeto los científicos, a quienes se acusaba y condenaba de brujería.

Por ello, narra Simón Brailowsky, la aplicación de anestésicos generales tuvo que esperar hasta el decenio 1840-50, cuando los odontólogos estadounidenses Horacio Wells y William Morton, cada cual por su cuenta, utilizaron altas concentraciones de óxido nitroso (el “gas hilarante” que se empleaba en las ferias para generar estados de risa incontrolable) a fin de adormecer a sus pacientes y evitar complicaciones durante sus intervenciones.

Por su parte, el primer anestésico local descubierto fue la cocaína, misma que hoy se emplea ilegalmente como estimulante y que se obtiene de las hojas de la planta de coca (Erythroxylon coca). Como dato curioso, sirva decir que dos jóvenes médicos austriacos, Sigmund Freud y Karl Koller, realizaron en 1884 uno de los primeros estudios sobre los efectos de dicho compuesto. Además de confirmar sus cualidades, ésta y otras investigaciones también corroboraron el carácter adictivo de la sustancia, de modo que fue reemplazada en 1905 por otra más potente y con efectos adversos mínimos: la procaína.

Anestésicos locales

Tienen la particularidad de bloquear la conducción de impulsos sensitivos cuando se aplican sobre la piel (ungüentos, solución o spray) o se inyectan cerca de una terminal nerviosa.

Son utilizados por una gran variedad de médicos (cirujanos, odontólogos, dermatólogos e internistas, entre otros) para adormecer aquella zona en donde se debe realizar una intervención, pero también son un recurso al alcance de cualquier persona, ya que varias de estas sustancias se encuentran en fórmulas de medicamentos de libre venta para mitigar dolor en oídos, molestias musculares a causa de golpes e incluso el malestar en encías que sufren los bebés durante la dentición.

Cabe mencionar que, de acuerdo con su composición química, este grupo de anestésicos se subdivide en ésteres (son los más antiguos, como procaína, benzocaína, piperocaína, tetracaína y clorprocaína) y amidas (de creación reciente, entre los que destacan lidocaína, mepivacaína, prilocaína, bupivacaína, dibucaína, etidocaína y ropivacaína). A pesar de que casi todos actúan en menos de 15 minutos, la duración de su efecto varía, pues los primeros proporcionan insensibilidad de 1 a 3 horas, en tanto que los segundos de 3 a 6 horas.

Las técnicas de anestesia que se realizan con estos compuestos son:

Anestésicos generales

Son una combinación de compuestos que pueden inhalarse, administrarse por vía intravenosa o ambas, y se distinguen porque disminuyen la actividad del sistema nervioso central (cerebro y médula espinal) cuando ingresan al torrente sanguíneo, de modo que adormecen a todo el organismo y son ideales en intervenciones quirúrgicas mayores e incluso en algunos métodos de diagnóstico.



Estos recursos farmacológicos cumplen con varios objetivos, como el alivio del dolor o analgesia, pérdida temporal de la memoria y de la conciencia, reducción de ansiedad, inmovilidad, relajación muscular y control de reacciones adversas causadas por la intervención médica, pues colaboran en el control de temblores, movimientos por reflejo, sacudidas y exceso de salivación.



Algunos de los compuestos más empleados en su elaboración son:

La anestesia general, que es para lo se emplean estos productos, es responsabilidad exclusiva del anestesiólogo; sólo él puede elegir la técnica y dosis más seguros para cada caso, siempre en relación con las condiciones de salud y edad del paciente.

Consulta a tu médico.