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Linfomas: cuando el cáncer invade al sistema defensor

Martes 28 de marzo del 2017, 09:57 am, última actualización

Los linfomas son tumores cancerosos que dañan al sistema que se encarga de transportar las defensas a todo el organismo, llamado linfático. En la antigüedad dichas alteraciones culminaban con la muerte del paciente, pero ahora muchos de los afectados sobreviven.

Linfomas: cuando el cáncer invade al sistema defensor

Cuando se presentan linfomas, las células que conforman al sistema linfático se tornan anormales, se multiplican y acumulan, dando lugar a crecimiento de uno o varios ganglios (estructuras que impiden el paso de sustancias extrañas al torrente sanguíneo) o formación de tumores en órganos como estómago y piel; algunos también involucran a la médula ósea, por lo que pueden interferir en el desarrollo de células sanguíneas.

Para entender mejor cómo se desarrollan los linfomas resulta conveniente conocer la anatomía del sistema linfático, el cual está constituido por:

  • Linfa. Líquido incoloro que contiene glóbulos blancos (monocitos, granulocitos y linfocitos, células que se encargan de la defensa del organismo), bióxido de carbono, pequeña cantidad de oxígeno, agua, glucosa y sales.
  • Ganglios linfáticos. Están localizados en distintas zonas del organismo (cuello, axilas, ingles, debajo del mentón, atrás de las orejas, encima de la clavícula, abdomen, tórax garganta, cerca del codo y en pelvis) en forma de racimo de uvas, contienen la linfa y son el punto de llegada y salida de los llamados vasos linfáticos (conductos) que recorren todo el cuerpo; su función es multiplicar linfocitos y anticuerpos.
  • Vasos linfáticos. Especie de "tubería" que conecta entre sí a los ganglios linfáticos.
  • Bazo. Órgano situado en el lado izquierdo del estómago que se encarga de producir linfocitos, almacena células sanas de la sangre y filtra a las que están dañadas, así como a bacterias y productos de desecho.
  • Timo. Glándula localizada en la base del cuello que genera células de defensa.
  • Adenoides y amígdalas. Tejido localizado en la parte posterior de la garganta, cuya función consiste en originar anticuerpos contra gérmenes inhalados o tragados.
  • Médula ósea. Parte interna de los huesos que tiene como labor la formación de células sanguíneas, como glóbulos rojos y blancos, así como plaquetas.

Cabe destacar que los linfomas se han clasificado en dos grandes grupos: enfermedad de Hodgkin y linfomas no Hodgkin, división que se basa en las características de los tumores y forma en que se diseminan por el organismo.

Enfermedad de Hodgkin

Este padecimiento afecta con mayor frecuencia al sexo masculino (en proporción aproximada de 3 a 2) y puede manifestarse a cualquier edad -aunque es muy rara antes de los 10 años-; su aparición regularmente se asocia a un virus (Epstein-Barr); sin embargo, esto no significa que la enfermedad sea contagiosa.

Ahora bien, este tipo de linfoma se caracteriza por generar células cancerosas Reed-Sternberg, cuya presencia ocasiona que las estructuras del sistema linfático se transformen y alteren el funcionamiento de los glóbulos blancos normales (linfocitos); en consecuencia, el afectado se hace susceptible a diversas enfermedades, y si la médula ósea ha sufrido daño puede desarrollarse anemia.

La enfermedad de Hodgkin suele descubrirse cuando el afectado presenta agrandamiento de los ganglios linfáticos de cuello, axilas e ingles, alteraciones que generalmente no son dolorosas, pero pueden generar molestias después de haber ingerido alcohol. Otros síntomas de dicho padecimiento incluyen fiebre, sudores nocturnos, pérdida de peso y picores intensos en la piel.

Cuando el oncólogo (especialista en cáncer) identifica lo anterior, solicita diversos estudios clínicos, entre los que se encuentra recuento de células sanguíneas y biopsia (muestra de tejido que se analiza en un laboratorio) del ganglio linfático afectado para detectar células Reed-Sternberg.

Cuando los resultados de la biopsia son positivos, el oncólogo pide la realización de los siguientes estudios para conocer la extensión del linfoma y, de esta manera, proporcionar el tratamiento adecuado:

  • Radiografía de tórax. Identifica ganglios agrandados cerca del corazón.
  • Linfografía. Se inyecta un colorante a los vasos linfáticos del pie y, posteriormente, se toman radiografías que muestran con mayor claridad a los ganglios.
  • Tomografía computarizada. Estudio con rayos X que permite obtener imágenes de diversas estructuras de un mismo órgano, en este caso detecta en forma precisa los ganglios linfáticos agrandados o incluso la diseminación del linfoma hacia otras regiones.
  • Gammagrafía. Se inyecta en la sangre pequeña dosis de una sustancia llamada galio radiactivo y después de 2 a 4 días se realiza un examen del organismo con un aparato que detecta la radiactividad y emite una imagen de los órganos internos.

Entre las opciones de tratamiento se tiene a la radioterapia (exposición de linfomas a rayos X), método que cura a más de 90% de los pacientes que se encuentran en fases iniciales de la enfermedad. Para quienes se ubican en etapa intermedia se indica, además de esta terapia, quimioterapia (administración de medicamentos que destruyen células cancerosas), lo que brinda posibilidad de recuperación de 75% a 80%.

En caso que la enfermedad de Hodgkin esté avanzada, el oncólogo recomienda la combinación de varios fármacos anticancerígenos, con lo que se logra curar a 50% de los pacientes.

Hay ocasiones en que ninguno de los tratamientos antes citados mejora las condiciones del afectado, por lo que además de incrementar las dosis de quimioterapia y aplicar radioterapia, se recurre a trasplante de médula ósea, el cual puede efectuarse de dos maneras:

  • Extraerla del mismo paciente, liberarla de células cancerosas y volverla a introducir a través del brazo.
  • Recurrir a donador compatible.

La combinación de terapias puede mantener al paciente libre de linfomas durante al menos tres años, o bien puede curarlo completamente.

Linfoma no Hodgkin

Se refiere a grupo de tumores malignos originados en ganglios que pueden extenderse a cualquier tejido linfático, aunque cuando afecta a niños -no se relaciona con bebés- es más común que se manifieste en abdomen o tórax; en caso que la médula ósea sea invadida, el padecimiento se presenta como leucemia.

La aparición de este tipo de linfomas se ha asociado a un virus aún no identificado; no obstante, ello no indica que la enfermedad sea contagiosa. Cabe destacar que algunos de estos tumores son de desarrollo lento (a lo largo de años), mientras que otros se diseminan rápidamente (en cuestión de meses).

Es importante tomar en cuenta que el primer síntoma notable de esta alteración es el aumento del tamaño de los ganglios linfáticos en un área en particular, como cuello o ingles, o bien en otras regiones (debajo del mentón, atrás de las orejas, encima de la clavícula, abdomen, tórax garganta, cerca del codo y en pelvis). Estas estructuras aumentan de tamaño en forma progresiva y, en general, no producen dolor, pero en algunos casos los que se localizan en amígdalas causan dificultad al tragar. Los que se sitúan dentro del pecho o abdomen pueden ejercer presión sobre varios órganos causando dificultad respiratoria, pérdida del apetito, estreñimiento severo, dolor abdominal o hinchazón progresiva en piernas.

Cuando los linfomas no hodgkinianos se presentan en niños es altamente probable que la médula ósea se infiltre a células cancerosas, sangre, piel, intestino, cerebro y médula espinal, lo que da lugar a anemia, erupción de ronchas en epidermis, debilidad y sensibilidad anormal.

En el momento en que se presentan dichos síntomas es necesario realizar una biopsia de alguno de los ganglios linfáticos agrandados para confirmar el diagnóstico de linfomas no hodgkinianos. Cuando se detectan estos tumores, por lo general, ya se han extendido ampliamente; en sólo 10% a 30% de los pacientes la enfermedad está localizada (en una sola parte de cuerpo).

Para determinar en qué medida se ha extendido la enfermedad y la cantidad de tejido canceroso, por lo general se utiliza la tomografía computarizada (radiografía que proporciona imágenes de diferentes estructuras de un mismo órgano) para examinar abdomen y pelvis, y en muchos casos se realiza biopsia de médula ósea.

Los afectados que se encuentran en fase inicial del padecimiento con frecuencia son tratados con radiación sobre el área del linfoma y de las zonas vecinas, método que generalmente no cura a los pacientes, pero prolonga su vida entre 5 y 10 años. Asimismo, quienes se encuentran en etapa intermedia viven de 2 a 5 años más, mientras aquellos que ya tienen avanzada la enfermedad sobreviven de seis meses a un año. Sin embargo, la quimioterapia con o sin radioterapia puede curar a más de la mitad de los enfermos con grado intermedio y alto si se comienza en cuanto se detectan los linfomas; también se puede recurrir a trasplante de médula ósea, el cual permite la curación de 30% a 50% de los afectados.

Considera que cada día hay más avances para vencer al cáncer en el sistema linfático, no obstante, es indispensable que se diagnostique a tiempo para que las terapias existentes funcionen adecuadamente. 

SyM - Karina Galarza Vásquez

 

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