Trasplante de médula ósea para el tratamiento de cáncer - SyM
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Trasplante de médula ósea

Miércoles 22 de marzo del 2017, 10:53 am, última actualización

Mediante el trasplante de médula ósea es posible curar algunos tipos de cáncer y trastornos en la producción de células sanguíneas que alteran defensas, coagulación y transporte de oxígeno, lo que permite mejorar considerablemente la calidad de vida del afectado.

Trasplante de médula ósea

Al pensar en este tipo de procedimiento es común imaginar que se trata de complicada intervención quirúrgica, como ocurre con los órganos que se implantan al cuerpo de algún receptor; sin embargo, el trasplante de médula ósea se efectúa vía intravenosa y no requiere cirugía. Es importante saber que ésta es un tejido esponjoso que se encuentra en el interior de los huesos, cuyas funciones incluyen formación de 95% de las células sanguíneas, participación en la producción de anticuerpos (proteínas que contrarrestan efectos de sustancias y microorganismos extraños) e inducción de reacciones inmunológicas (defensas).

Ahora bien, entre las células sanguíneas que produce la médula ósea hay algunas que se denominan "células madre", debido a que pueden generar otras idénticas a sí mismas, además de los llamados glóbulos rojos, glóbulos blancos y plaquetas. Precisamente las estructuras que tienen la capacidad de originar otras, son las que se requieren en los trasplantes debido a que restablecen las funciones de la médula enferma. 

¿Cuándo se recurre al trasplante de médula ósea?

Los padecimientos que se asocian a alteraciones en médula ósea y células sanguíneas y que, por ende, pueden ser tratadas mediante trasplante son:

  • Leucemia. Se conoce también como cáncer en la sangre y se presenta debido a que las estructuras que comienzan a transformarse en leucocitos (tipo de glóbulo blanco que defiende al organismo) no maduran, se incrementa su cantidad y se acumulan en tejidos linfáticos (conductos por donde se trasladan las defensas). Los síntomas de leucemia incluyen cansancio intenso, sudoración nocturna, palidez, desmayos y aparición de moretones.
  • Linfomas. Alteraciones cancerosas que se originan en los linfocitos, células correspondientes al grupo de glóbulos blancos que son vitales para resguardar al organismo de agresiones externas; están distribuidos por todo el cuerpo, pero se concentran en médula ósea, ganglios (impiden el paso de objetos extraños al torrente sanguíneo), bazo (órgano situado bajo el borde del estómago que interviene en la producción y destrucción de células sanguíneas), tracto gastrointestinal y piel. Los ganglios se conectan entre sí mediante un sistema circulatorio especial denominado linfático, por donde circula un fluido claro llamado linfa en el cual los linfocitos están suspendidos a manera de "vigilantes". Cuando se presentan linfomas, las células que conforman a dicho sistema se tornan anormales, se multiplican y acumulan, dando lugar a crecimiento de uno o varios ganglios o formación de masa en órganos como estómago y piel; algunos también involucran a la médula ósea, por lo que pueden interferir en el desarrollo de células sanguíneas. Asimismo, se presenta fiebre, transpiración nocturna, agotamiento, dolores abdominal y en huesos, así como pérdida del apetito.
  • Linfoma no Hodgkin. Grupo de tumores malignos originados en ganglios que pueden extenderse a cualquier tejido linfático, aunque cuando afecta a niños es más común que se manifieste en abdomen o tórax; en caso que la médula ósea sea invadida, el padecimiento se presenta como leucemia.
  • Enfermedad de Hodgkin. Tipo de cáncer que afecta al sistema linfático, el cual está constituido por red de pequeños vasos situados en todo el cuerpo que conectan cientos de ganglios del tamaño de un frijol; a través de él circula fluido claro denominado linfa (constituido por glóbulos blancos). Las células que lo conforman cumplen importante papel de defensa pero, en presencia de la enfermedad de Hodgkin, se transforman y alteran el funcionamiento de los glóbulos blancos normales (linfocitos); en consecuencia, el afectado se hace susceptible a diversas enfermedades y, si la médula ósea ha sufrido daño, puede generarse anemia. El síntoma más común de la enfermedad es inflamación de ganglios linfáticos (ubicados en cuello, axilas e ingles), pero también se presenta fatiga, fiebre, transpiración nocturna, severa picazón en el cuerpo, dolores de espalda, piernas, abdomen y huesos, náuseas, vómitos y pérdida de peso.
  • Anemia aplásica. Se genera cuando la médula ósea produce muy pocas células sanguíneas, por lo que se manifiesta reducción de los niveles de hemoglobina (sustancia encargada de transportar oxígeno), susceptibilidad a adquirir infecciones y problemas de coagulación. Los síntomas de anemia aplásica incluyen dolor de cabeza, mareos, náuseas, dificultad para respirar, moretones, fatiga, palidez, evacuaciones con sangre, hemorragias nasales, fiebre y aumento de tamaño del hígado y/o bazo.
  • Talasemia. Trastorno hereditario que afecta la producción de hemoglobina y causa anemia; la mayoría de los afectados parecen saludables al momento de nacer, pero durante el primer y segundo año de vida pierden el apetito, se tornan pálidos e irritables, su crecimiento se hace lento y con frecuencia sufren ictericia (color amarillo en piel). Si no se proporciona tratamiento temprano, bazo, hígado y corazón se agrandan considerablemente, los huesos se debilitan y deforman, hay insuficiencia cardiaca y alta susceptibilidad a padecer infecciones.
  • Enfermedad de células falciformes. Este padecimiento ocasiona que los glóbulos rojos -que normalmente son parecidos a un disco y son flexibles-, tomen forma de hoz y se vuelvan rígidos, lo que tapa vasos sanguíneos interrumpiendo la circulación de la sangre. Lo anterior puede derivar en anemia, dolor e inflamación en manos y pies, infecciones graves, crecimiento del bazo, accidente cerebrovascular (convulsiones, debilidad o parálisis en brazos y piernas, dificultad para hablar y pérdida de conciencia), daño pulmonar y cardiaco, ceguera y hepatitis.

Procedimiento

El trasplante de médula ósea puede efectuarse de dos formas, dependiendo de quién sea el donante; así, tenemos los siguientes tipos:

  • Trasplante autólogo. El donador es el mismo paciente, de quien se obtienen las células "madre", ya sea extrayéndolas de médula (mediante punción sobre la parte baja de la espalda) o sangre; posteriormente, dichos elementos son sometidos a tratamiento especial y se le vuelven a introducir vía intravenosa.
  • Trasplante alogénico. En este caso el donador puede ser algún familiar o persona que no tiene nexo alguno con el afectado, pero es indispensable que sus características genéticas sean iguales o lo más parecidas posible. Las células "madre" pueden tomarse por extracción de médula ósea o puede recurrirse a un proceso que se efectúa con ayuda de un aparato llamado separador celular, cuyo funcionamiento permite que por una vena la sangre sea llevada al artefacto, el cual aísla a las células "madre", y por otra vía reinfunde nuevamente el vital líquido al donante.

Ahora bien, es necesario que los pacientes que recibirán el trasplante de médula ósea sean sometidos, previamente, a preparación especial, la cual incluye:

  • Valoración de riesgos comparados con los beneficios que se pueden obtener del trasplante.
  • Realización de historia médica completa y evaluación de las funciones de los diferentes órganos (corazón, riñón, hígado y pulmones).
  • Colocación de catéter en una vena del brazo o tórax, por donde se administrarán medicamentos y productos sanguíneos.

En la mayoría de los casos de cáncer también se requiere administrar altas dosis de quimioterapia (tratamiento a base de sustancias químicas) y/o radiación (emisión de rayos X) para hacer espacio en la médula ósea y así puedan crecer y reproducirse las células que se trasplantarán; a esta terapia se le denomina ablativa.

Después de lo anterior, las células madre son suministradas al paciente a través del catéter y, una vez dentro del organismo, se dirigen a la médula ósea y comienzan a producir elementos sanguíneos sanos, proceso que dura aproximadamente dos semanas. Cuando el trasplante es de tipo alogénico el afectado debe tomar medicamentos inmunosupresores, los cuales ayudan a que las células introducidas sean reconocidas y aceptadas por el sistema inmune.

El proceso de recuperación dura varios meses, periodo en el que el paciente deberá guardar reposo y tener vigilancia médica. Por otra parte, es necesario considerar que el trasplante es un tratamiento que requiere la participación de diversos especialistas, entre los que se encuentran:

  • Médicos. Oncólogos (cáncer), hematólogos (sangre), inmunólogos (mecanismos de defensa) y especialistas en trasplantes de médula ósea.
  • Enfermera. Organiza todos los aspectos de los cuidados que se le proporcionan al paciente antes y después del trasplante.
  • Dietistas. Planifican las necesidades nutricionales antes y después del transplante.
  • Fisioterapeutas. Ayudan a volver fuerte e independiente al paciente con respecto a los movimientos y la resistencia después del trasplante.
  • Otros. Farmacólogos, infectólogos y gastroenterólogos.

Posibles contratiempos

Aunque el trasplante de médula ósea tiene alto porcentaje de éxito, hay ocasiones en que pueden presentarse algunas complicaciones, por ejemplo:

  • Infecciones ocasionadas por hongos, virus y bacterias debido a la administración de inmunosupresores.
  • Aparición de llagas en la boca, irritación gastrointestinal o daño a algún órgano (por ejemplo, corazón e hígado) debido a la radiación y quimioterapia.
  • Insuficiencia respiratoria (dificultad para aspirar aire).
  • Rechazo del trasplante a causa de infección o escasa cantidad de células "madre" suministradas.

Considera que, al igual que en las intervenciones quirúrgicas, el pronóstico y supervivencia del paciente trasplantado varía de un individuo a otro; no obstante, los avances científicos han permitido el mejoramiento de este tipo de procedimiento.

SyM - Karina Galarza Vásquez

 

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