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Condón femenino, evita embarazos e infecciones

En México, 11.6 millones de mujeres en edad fértil y sexualmente activas emplean algún método anticonceptivo, y de esta cantidad menos de 1% utiliza el condón femenino. Conoce las ventajas y desventajas que se derivan de su uso y decide si te conviene.

Si bien el preservativo masculino vende anualmente miles de millones de unidades en el mundo, el condón femenino apenas es conocido y no lo enfrenta comercialmente debido, principalmente, a que poco se difunden sus características y cualidades, pero está adquiriendo cada día más notoriedad, ya que representa una alternativa en la cual la mujer es la protagonista.

Diseñado en primera instancia para evitar embarazos no deseados, el condón femenino ha evolucionado y se constituye en nuestros días como el primer y único método de barrera controlado por la mujer, ya que al colocárselo en su cuerpo le da la posibilidad de decidir el momento de usarlo o retirarlo si lo desea.

Pese a que este método evita el contacto directo de la vagina con el pene, no interfiere en el placer sexual, al tiempo que brinda protección ante posibles infecciones causadas por hongos, bacterias o virus que se transmiten por esta vía, siendo las principales:

Ahora bien, el preservativo femenino ofrece opciones a parejas en las cuales el varón no tiene la posibilidad de usar el condón habitual, por ejemplo, por ser alérgico al material con el que se fabrica (látex), ya que el empleado por la mujer es de poliuretano, por lo que no provoca alergia alguna.

Asimismo, algunos hombres refieren que usar un dispositivo les provoca problemas en la erección o pérdida de sensibilidad, lo cual es revertido con el preservativo de poliuretano, material que además permite el empleo de cualquier lubricante que facilite la penetración sin que se afecte su efectividad.

Cabe destacar que a diferencia de otros métodos anticonceptivos empleados por la mujer, en éste ella tiene el control sobre su empleo, ya que puede ser colocado hasta 8 horas antes del coito, además de que la fertilidad regresa inmediatamente después de descontinuar su uso; es así que para mujeres sin pareja estable resulta muy recomendable.

Odiosas comparaciones

Aunque no hay datos que lo confirmen al 100%, se sabe del uso de precarios condones varoniles desde el antiguo Egipto, pero sería hasta la segunda década del siglo XX cuando se patentó un producto estadounidense elaborado de látex con fines preservativos. Diez años después, un equipo de médicos daneses dio a conocer su trabajo en la contraparte femenina, aunque el intento no trascendió, hasta que en 1992 la idea fue retomada por una compañía británica y lanzó al mercado el primer condón diseñado exclusivamente para la mujer.

Como se señaló con anterioridad, se trata de una funda de plástico (poliuretano), material más resistente y liviano que el látex; mide aproximadamente de 17 cm de largo, no tiene olor, no causa reacciones alérgicas, no afecta la flora vaginal ni la fertilidad; en el futuro, tampoco causa irritación significativa en la piel y no requiere que se le retire en forma inmediata después de la eyaculación; su efectividad es de 97%.

Cuenta con dos anillos blandos y flexibles en ambos extremos, uno más grande que otro. Los pasos para colocar el condón femenino son: la mujer se recuesta con las piernas abiertas e introduce por entre los labios y hasta el orificio vaginal el anillo interno (el más pequeño), procurando hacerlo llegar lo más profundo posible (lo indicado es que se ubique a la altura del hueso púbico). El anillo de mayor tamaño queda afuera del cuerpo protegiendo los labios vaginales.

Una vez puesto, la mujer puede caminar con él, y para retirarlo es necesario nuevamente recostarse y girar el anillo externo del condón, de manera que quede cerrado para que no se derrame el semen, y jalándolo lentamente hacia fuera; una vez retirado debe desecharse (sólo se usa una vez). También es factible emplearlo como método de barrera para prácticas anales y orales.

Para familiarizarse con el condón femenino, los expertos recomiendan colocarlo al menos en tres ocasiones previas a la relación sexual, ya que de esta forma se sabrá si resulta cómodo y evitará contratiempos a la hora del coito. Inclusive, se sugiere que una vez que la mujer domina cómo ponerlo y quitarlo invite a su pareja a que le ayude, pero definitivamente nunca con el pene.

Es importante dejar claro que el condón femenino no debe usarse al mismo tiempo que el condón masculino, pues la fricción entre los materiales puede deteriorar ambos condones.

Sexólogos y ginecólogos señalan que las mujeres que controlan su uso han llegado a adoptar una actitud mucho más protagónica y responsable en las relaciones sexuales. Sin embargo, uno de los obstáculos que este método enfrenta para incrementar su popularidad es su costo, pues resulta más elevado con respecto al preservativo masculino, además de que no se encuentra en todas las farmacias (es más fácil encontrarlos en tiendas de condones y de artículos alusivos a la sexualidad).

Finalmente, vale la pena reiterar que el condón femenino es para la mujer un recurso para una vida sexual tranquila, pero hay que agregar que, salvo la opinión del ginecólogo, es también una alternativa para quienes sufren estragos por consumo de anticonceptivos hormonales o su cuerpo no acepta el dispositivo intrauterino.