La obesidad puede contagiarse entre familiares y amigos - SyM
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16 Octubre 2017 | Iniciar Sesión



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¿La obesidad se contagia?

Viernes 27 de enero del 2017, 12:47 pm, última actualización.

Ya sabemos que el exceso de grasa corporal es peligroso para la salud, pero ahora un estudio científico sostiene que el problema es, también, contagioso, y que cuando una persona sube de peso es muy probable que lo hagan sus familiares y amigos. ¿Qué tan cierto es esto?

Obesidad, Sobrepeso
¿La obesidad se contagia?

Decir que una enfermedad como la obesidad puede contagiarse suena, en primera instancia, como locura a la que no hay que prestar atención. Sin embargo, recientemente se ha puesto la mirada sobre este tema, a partir de que se tomó conciencia de los males que se desprenden de una dieta desequilibrada que privilegia el consumo de carbohidratos, grasas y azúcar, sobre las frutas, verduras y fibra.

Al respecto, especial atención merece cierta investigación realizada durante más de 30 años, publicada por The New England Journal of Medicine, la cual concluyó que la obesidad se extiende en el tejido social como especie de virus que se contagia entre amigos y familiares.

El trabajo se basó en la observación detallada de 12,000 personas que fueron monitoreadas durante 32 años, de 1971 a 2003. Lo más interesante es que los investigadores sabían perfectamente quiénes de estos “conejillos de Indias” eran amigos, vecinos o familiares, y todos fueron pesados varias veces durante el tiempo que duró el análisis.

Tras comparar los resultados, los investigadores concluyeron que cuando una persona gana peso arrastra a sus amigos y familiares en la misma dirección, y que este factor social puede tener mayor importancia que la misma genética (factores heredados) para que el problema se presente.

Resulta sumamente interesante saber que es entre los amigos que se da la influencia más grande para engordar. El estudio lo reveló así: cuando alguien se convierte en obeso, sus amigos tienen 57% de posibilidades de hacer lo mismo, sobre todo si son muy cercanos. La influencia en relación a los familiares también es alta (40%), pero ciertamente muy lejos del primer peldaño. En relación con los vecinos, la investigación demostró que no hay influencia directa.

El trabajo científico hace énfasis en la relación emocional que existe entre un grupo de amigos y su percepción sobre diferentes aspectos de la vida, en especial sobre la obesidad. Tal parece que cuando uno de los miembros de la “pandilla” acumula sobrepeso, los demás lo arropan y lo aceptan incondicionalmente. Así lo establece Nicholas Christakis, médico y profesor de Sociología Clínica de la Escuela de Medicina de Harvard, y uno de los autores del estudio.

Es simple, dice el investigador: “Cuando alguien se convierte en obeso, la enfermedad deja de ser mal vista por sus amigos. Uno cambia su percepción de lo que es un cuerpo aceptable mirando a la gente que tiene en torno suyo, y esto es completamente demostrable con este estudio, porque se examinó una red social en conjunto, y no caso por caso”.

Visión a la mexicana

La población mexicana es una de las más obesas del mundo, pero no siempre fue así. Antes, las condiciones de vida eran diametralmente opuestas: la gente hacia más ejercicio, ya que no existían la red de transporte actual ni mucho menos la cantidad de vehículos automotores de hoy día. La comida era fresca y se encontraba en forma abundante en los mercados de los diferentes barrios, mientras los refrescos sólo eran novedad que se consumía como postre y no con la regularidad que se ingieren en estos momentos.

Sirva este planteamiento para dar voz a la maestra en Nutrición Belén Reyes Iriart, adscrita al Departamento de Nutrición del Centro Médico Nacional Siglo XXI, localizado en la capital del país y perteneciente al Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS), quien habló sobre la obesidad y la forma como puede contagiar a los miembros de una familia o comunidad de amigos.

En principio, la especialista descarta el papel protagónico de la genética en esta “pesada” enfermedad: “La población mexicana no hereda los genes de la obesidad, sino los patrones de conducta de la familia y sus malos hábitos alimenticios. Abuelitas y mamás intervienen directamente para que haya nietos o hijos gorditos”.

En este sentido, destaca que “hoy debemos saber que un niño obeso, al crecer, está en peligro de sufrir muerte súbita o enfermedades asociadas a su condición, como diabetes (azúcar elevada), hipertensión (presión arterial alta), hipercolesterolemia (exceso de grasa en sangre) y afecciones cardiovasculares (del sistema circulatorio), todas ellas alteraciones metabólicas que se consideran componentes de muerte silenciosa”.

Es complicado, pero parece que tendríamos que reeducar a toda la población, dice la especialista, porque la gente ignora casi todos los aspectos de una buena dieta. Los ejemplos de ello sobran; uno de ellos, muy característico, es el famoso “desayuno a la mexicana”, el cual consiste en atole y tamal, alimentos muy “llenadores” que proporcionan al individuo 1,100 calorías, alto porcentaje del total recomendado que debe consumir un adulto diariamente: entre 1,100 y 1,800.

Se observa con frecuencia, explica la maestra en Nutrición Pediátrica por el Hospital de Valladolid (Barcelona, España), que los pacientes hospitalizados no entienden que deben combinar los alimentos de todos los grupos en las tres comidas diarias.

Sienten, abunda la entrevistada, que no deben incluir vegetales en el desayuno porque éstos solamente se consumen en la comida. “Es clásico escuchar el reclamo de la gente cuando preguntan por qué les damos hot cakes con queso y algunas verduras, en lugar de que haya fruta en almíbar o, al menos, una gelatina de leche”. La realidad, sentencia la nutrióloga, es que no sabemos estructurar nuestra dieta.

No hay magia, dice Reyes Iriart; “tal vez el término ‘contagio’ no sea exacto para hablar de obesidad, aunque es evidente que la mayoría de la sociedad camina en el mismo sentido. Por ello, cuando te invitan a una reunión el menú de botana es casi idéntico: apenas llegas y te ofrecen cacahuates, papas y refrescos; si les invitas un vaso de agua de limón, se te quedan viendo raro, y si les ofreces queso panela o tiras de apio con zanahoria, te preguntan por el chile o mayonesa. Yo elegiría hablar de moda en la alimentación, más que de contagio, y especificaría que ha sido impuesta desde Estados Unidos”, enfatiza.

Productos light, ¿una trampa?

En Europa, los fabricantes de alimentos de todo tipo están obligados a manifestar el contenido calórico y nutricional de sus productos, pero la norma implica también expresar el total de calorías.

En México no es así, dice la maestra Reyes Iriart, y nos enfrentamos de nueva cuenta a la mala educación y procedimientos anómalos que las autoridades no regularizan. Ello perjudica de muchas formas al consumidor porque, dice la entrevistada, “la gente piensa que un refresco de 3 litros contiene sólo 30 calorías, cuando en realidad la etiqueta se refiere sólo a una ración o porción. Por ello, una bebida de este tipo es auténtica ‘bomba calórica’ que no proporciona nutrientes”.

En México, los patrones alimenticios empezaron a modificarse masivamente cuando el país abrió sus fronteras a toda clase de productos y servicios, como las oleadas de establecimientos de comida rápida y centenares de productos light, los cuales, dice la especialista, son una trampa que nos puede perjudicar.

Es una contradicción, afirma, “que Estados Unidos, el país más obeso del mundo, sea también la nación con mayor tecnología en el terreno de los alimentos light. Nuestro vecino nos convidó de sus productos y aunque ahora hay un boom por consumir todo aquello que sea reducido en calorías, no acabamos de entender que de cualquier manera hay que comer con moderación. Si alguien ingiere un paquete completo de galletas bajas en grasa y azúcar, consume la misma cantidad, o más, que si hubiera sido un producto normal”.

Debemos entender que lo light no quiere decir que no haya hidratos de carbono ni calorías en un producto, sino que existen exactamente los mismos elementos, sólo que en cantidades reducidas.

En relación a la comida tradicional mexicana, Reyes Iriart explica: “puedo decir que es una de las mejores del mundo, y lo único que le falta es incluir más aceite de oliva, característico de la comida mediterránea (la cual, por cierto, no es tan buena como parece porque contiene muchos hidratos de carbono y grasa). Nuestra comida es rica en fibra y, si hablamos del pozole, por ejemplo, encontramos que es buen alimento: tiene fibra a través del maíz, lechuga y rábanos, además de proteínas del pollo o carne de cerdo. Lo malo viene cuando observamos que no comemos cantidad razonable, sino que excedemos en mucho lo recomendable”.

La Encuesta Nacional de Salud y Nutrición 2006 revela que 70% de la población mexicana tiene sobrepeso u obesidad, lo que es muy preocupante, dice la nutrióloga, “sobre todo si consideramos que en la actualidad la obesidad se presenta con mayor frecuencia entre los 16 y 25 años de edad, y que cada vez hay más niños con sobrepeso entre los 5 y 8 años, chicos que, con el tiempo, serán adultos con grasa corporal en exceso”.

Concluye la experta: “Debemos llamar la atención de los padres para cambiar hábitos alimenticios. Sin embargo, soy realista y creo que el problema, lamentablemente, tiende a empeorar”.

SyM - Juan Fernando González G.

 

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