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Peligros del sobrepeso en la tercera edad

Viernes 21 de febrero del 2014, 12:47 pm, última actualización.

Obesidad y sobrepeso se definen como exceso en las reservas energéticas corporales, en forma de grasa principalmente; si bien es sabido que en ambos casos la salud está en peligro, en adultos mayores el riesgo se incrementa. Este puede ser el momento en emprender acciones para evitar problemas a futuro, ¿no cree usted?

Sobrepeso, Obesidad, Tercera edad

El incremento de grasa en el cuerpo se manifiesta siempre mediante aumento de peso, pero esto no quiere decir que todas las personas que pesen más de lo que se considera normal sean obesas. Para saberlo se han establecido indicadores antropométricos como peso, talla, grosor de pliegues de la piel y circunferencias (cintura y cadera).

No obstante, el índice de masa corporal (IMC) es la herramienta médica que determina qué tanto una persona se ha excedido en las reservas de energía en forma de grasa. Para obtener el IMC, divida la cifra de su peso en kilogramos entre el resultado de su estatura elevada al cuadrado; si la derivación es menor a 24.9 kg/m2 su peso es normal, si va de 25 a 29.9 kg/m2 significa sobrepeso. Por su parte, la obesidad se define en tres clases: la primera corresponde a un índice de masa corporal entre 30 y 34.9 kg/m2, la segunda, o de riesgo, de 35 a 39.9 kg/m2 y en la última, en la que suena la alarma de peligro, el índice supera los 40.

Tome el siguiente ejemplo: un individuo cuya estatura es 1.70 m y pesa 85 kg tiene un IMC de 29, es decir, 85 kg / 1.70 x 1.70 = 85 / 2.89 = 29.4

Ahora bien, la mayoría de los adultos tienden a desarrollar sobrepeso y almacenar grasa con el paso del tiempo, principalmente porque la vida sedentaria (falta de ejercicio) se hace más común y no hay forma de eliminar los excesos acumulados. Es así que no resulta raro que en las personas de más de 65 años el IMC se encuentre entre 24 y 29, que aunque bajo ya es de riesgo para la salud.

Sin embargo, resulta muy importante tener en cuenta cuando haya que valorar los efectos adversos que se deben considerar tanto la magnitud como la distribución de la grasa. Así, la obesidad con un IMC por encima de 30, con una distribución de la grasa en estómago y cuerpo (se reconoce como androide) puede favorecer diabetes, exceso de colesterol, gota, hipertensión y padecimientos del corazón, más comunes en el hombre; pero cuando la distribución es genecoide (en glúteos, muslos y piernas), lo cual sucede en las mujeres con mayor frecuencia, no ocasiona tantos problemas, pero repercute desfavorablemente tanto sobre articulaciones como en columna vertebral, rodillas y tobillos.

Riesgos en ellas

Una de las principales causas por las que la mujer madura sube de peso es la disminución en la generación de hormonas sexuales a partir de la menopausia (última menstruación), ya que ello altera el mecanismo encargado de regular la distribución del tejido adiposo y la proporción entre músculos y grasa. A ello hay que agregar que al organismo le es mucho más difícil metabolizar lípidos y lipoproteínas como lo hacía antes, es decir, la asimilación, aprovechamiento y eliminación de grasas, lo que ocasiona sobrepeso.

Como se indicó en párrafos anteriores, los riesgos de problemas se centran en el aparato óseo de la mujer, pero también se ven afectados otros, siendo los más importantes:

Artrosis. Enfermedad degenerativa caracterizada por desgaste o destrucción del cartílago y la deformación de la superficie del hueso de una o más articulaciones. En general, envejecimiento y sobrecarga hacen que el cartílago se desgaste, de modo que la articulación pierda su sistema de amortiguación natural y los huesos sufran pequeñas deformidades que se manifiestan a través de dolor y movimiento limitado; afecta sobre todo a las articulaciones que soportan peso o que tienen exceso de movimiento, como caderas (concretamente en ingle y región interna del muslo), rodillas (en su parte interna) o pies.

Osteoporosis. Enfermedad del esqueleto que se caracteriza por disminución de densidad mineral ósea (calcio y colágeno) debido a desequilibrio en el ciclo de reconstrucción de huesos (se forma menor cantidad de tejido óseo del que se destruye), lo cual ocasiona que los huesos se vuelvan porosos, delgados y frágiles, en consecuencia, susceptibles a fracturarse ante el más mínimo esfuerzo o sin él. Este trastorno es muy frecuente en la edad avanzada, y suele afectar mayoritariamente a mujeres menopáusicas por falta de estrógenos, hormonas que el organismo deja de producir cuando se presenta la última menstruación.

¿Y ellos?

Los hombres de la tercera edad suelen incrementar afecciones en el corazón a partir de la acumulación de grasas, de ahí que podamos hablar de problemas como colesterol elevado, compuesto graso que obtiene nuestro cuerpo a partir de dos vertientes: uno, de la alimentación y el otro, el que elabora el propio organismo.

El colesterol se requiere para desarrollar muchas funciones, como producir hormonas, ayudar en la formación de bilis y vitamina D, y mantener la estructura celular del organismo. Sin embargo, cuando se elevan las concentraciones del compuesto en la sangre se originan problemas de salud, siendo el principal:

Aterosclerosis. El colesterol suele acumularse en las paredes de las arterias, el cual se suma a residuos de células musculares y sanguíneas y calcio, provocando una placa que se llama ateroma, que de alcanzar un tamaño que dificulte el paso de la sangre produce este padecimiento, el cual se presenta usualmente en las arterias coronarias (las que llevan sangre al músculo del corazón), en la aorta (la más grande del cuerpo), y en las del cerebro y extremidades, sobre todo muslos y piernas.

Cuando la placa ateromatosa tapa parcial o completamente las arterias, provoca disminución o ausencia total del flujo de la sangre, lo cual ocasiona que los órganos no reciban suficiente oxígeno para poder trabajar o no lo tengan en absoluto (oclusión completa), produciéndose la muerte de las células. Esto último es lo que se llama infarto y, como se sabe, puede ocurrir en cualquier parte del cuerpo en donde la sangre deje de circular. Es así que se producen infartos en corazón, cerebro, ojos, intestinos y piernas.

Por otra parte, es de destacar que existen otros padecimientos que son comunes a hombres y mujeres por causa del sobrepeso, entre los que debemos mencionar:

Gota. Como parte del proceso de renovación diaria de las células que lo conforman, nuestro organismo desecha diariamente un compuesto llamado ácido úrico, que de manera natural se elimina por la orina, pero cuando esto no sucede se acumula en la sangre y se deposita poco a poco en las articulaciones, en forma de cristales, provocando inflamación y dolor muy intenso. Entre las causas por las que el ácido úrico no es eliminado correctamente se pueden mencionar obesidad y diabetes, enfermedades que provocan mal funcionamiento de los riñones, lo que genera la acumulación y determina la aparición de cálculos (piedras formadas por sales y minerales no desechados).

Hipertensión. La presión alta afecta a un tercio de las personas que superan los 60 años; este mal radica en que las vías sanguíneas más pequeñas se angostan, o bien, las arterias pierden su elasticidad, lo que obliga al corazón a bombear con más fuerza para abastecer de sangre a todos los órganos. Una de las principales causas es la acumulación de grasa en los vasos sanguíneos, situaciones constantes de estrés y angustia, padecimientos del riñón y diabetes, hábitos de vida sedentarios (con muy poco ejercicio físico), consumo excesivo de sal, tabaco y alcohol.

Diabetes mellitus. La diabetes es un síndrome caracterizado por la acumulación excesiva de glucosa en la sangre, debido a un deterioro absoluto o parcial de la secreción y acción de la hormona insulina, producida por el páncreas y encargada de mantener los niveles de azúcar normales. Si no se controla puede traer complicaciones como ceguera, daños renales y vasculares, así como amputaciones de piernas.

Existen dos tipos: el primero se desarrolla en personas en las que la producción de insulina es escasa o nula. La mayoría de los pacientes con esta afección la desarrollan antes de los 30 años de edad.

En cambio, la tipo 2 o mellitus se presenta cuando el páncreas continua produciendo insulina, pero el organismo desarrolla resistencia a sus efectos. Generalmente, este tipo de diabetes aparece después de los 30 años.

Cáncer. De manera muy sencilla, este padecimiento puede explicarse como falla en el mecanismo que regula el desarrollo de las células que se encuentran a lo largo de nuestro cuerpo, hecho que de presentarse provoca que algunas de éstas crezcan sin control alterando su estructura genética, siendo de esta forma las más propensas a desarrollar cáncer. Uno de los factores que pueden acelerar el proceso es la acumulación de grasa en el cuerpo, así como compuestos contaminantes, virus y radiación ultravioleta de los rayos solares.

Acciones a emprender

Pese a que los adultos mayores requieren de manera natural de cuidados especiales, hay que tener particular atención cuando haya obesidad o sobrepeso, de manera que se preste atención a las siguientes precauciones:

TRH. No resulta raro que muchas mujeres menopáusicas sigan una terapia de reemplazo hormonal, es decir, reciben artificialmente los estrógenos que su cuerpo ya no produce, lo que entre otros beneficios ayuda a no subir de peso; no obstante, recibir hormonas es motivo de discusión en la comunidad científica, pues se asocia a casos en que las mujeres desarrollan cáncer. Lo indicado es consultar al ginecólogo sobre riesgos y ventajas de su administración.

Ejercicio. Para que en el organismo ocurra mayor gasto de energía es necesario promover el ejercicio. Con éste, además de aumentar la definición de músculos, mejora la sensibilidad a la insulina y disminuyen los niveles de colesterol. La caminata, por ejemplo, es excelente actividad deportiva, ya que no se necesita condición física ni accesorios especiales.

Comer y masticar. Masticar lentamente permite triturar los alimentos y convertirlos en un bolo alimenticio perfectamente digerible; de no ser así, los órganos implicados en la digestión trabajarán a marchas forzadas, lo que generará indigestión, dolor estomacal, emisión de gases e inadecuada metabolización de grasas.

Alimentación. Posiblemente el punto principal y del que se desprendan muchos problemas, de ahí que se deba prestar atención a:

  • Comer poco pero frecuentemente; una alimentación bien distribuida permite perder el exceso de grasa, en tanto que una sola comida al día favorece la acumulación de grasas.
  • Beber 2 litros de agua al día para rehidratar el tracto digestivo y la piel.
  • Evitar el consumo de sal, debido a que favorece la formación de ateromas (pequeñas bolas o grumos de grasa en las paredes arteriales). En cambio, procure incorporar ajo a sus comidas, pues evita la formación de ateromas (al igual que la toronja) y favorece la buena circulación sanguínea.
  • Diga adiós a los aperitivos y sustitúyalos por fruta o verdura (jícama, pepinos, zanahorias, etc.), ya que no engordan y eliminan el apetito.
  • Compare las calorías, proteínas, grasas y azúcares de todo lo que come y busque equilibrar sus alimentos. Haga sencilla evaluación con ayuda de nuestras tablas de grupos esenciales de alimentos, minerales, vitaminas y proteínas (ubicadas en el apartado Esquemas, al costado izquierdo de la pantalla).
  • Utilice aceite de oliva para cocinar y aderezar, ya que este producto reduce la concentración del colesterol dañino, a la vez que incrementa la del llamado bueno.
  • Coma con moderación tortilla, pan elaborado con harinas refinadas (sustitúyalo por pan integral en cantidades pequeñas), dulces y alcohol.

Más allá de la cuestión estética, que para muchas personas tiene gran peso, la obesidad debe ser tratada en la tercera edad, pues así se estará ganando en salud; no tenga duda de ello.

SyM - Raúl Serrano

 

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