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17 millones de mexicanos sufren hipertensión

Miércoles 12 de octubre del 2016, 03:27 pm, última actualización.

La presión sanguínea elevada ha recibido numerosos apelativos, siendo el más conocido “asesino silencioso”. Esto no es casualidad, pues la mitad de quienes la padecen en México ignoran su condición, y cada 5 minutos puede haber un deceso atribuible a este trastorno.

17 millones de mexicanos sufren hipertensión

En los últimos años ha crecido en forma desmesurada el rubro de las llamadas enfermedades crónicas esenciales del adulto (ECEA), tales como diabetes mellitus tipo 2 (elevación del nivel de azúcar en sangre), dislipidemia (aumento de grasa sanguínea), obesidad, ateroesclerosis (endurecimiento de las arterias) y, por supuesto, hipertensión arterial, las cuales han rebasado por mucho a las afecciones transmisibles y suponen considerable gasto para las instituciones de salud, toda vez que hablamos de condiciones que no son curables y tienen secuelas incapacitantes.

Los informes médicos no mienten: en 1993 la hipertensión arterial sistémica (HTAS) tuvo frecuencia de 25% en México, cifra que por sí sola llamaba poderosamente la atención, pero en unos cuantos años mostró importante crecimiento, ya que en el 2000 se estableció que la población mexicana de 20 a 69 años de edad con dicho padecimiento sumaba 30.05%, lo que significaba cantidad superior a los 15 millones de habitantes. Hoy, de acuerdo a los hallazgos más recientes, obtenidos por la Encuesta Nacional de Salud y Nutrición 2006 (Ensanut 2006), se calcula que su incidencia llegó a 31%, es decir, 17 millones de enfermos.

Las cifras al respecto son elocuentes. En el año 2000 se advirtió que más de 60% de los hipertensos mexicanos desconocían su condición, lo cual es particularmente grave si consideramos que la gente acude al médico tras haber padecido la enfermedad durante varios años, siendo altamente probable que algún órgano haya sufrido atrofia (daño).

Pero esto no es todo, ya que de aquellos a los que se les detectó la alteración sólo la mitad se encontraba bajo tratamiento farmacológico, y de dicha suma, únicamente 14.6% mostró cifras consideradas de control (140/90 milímetros de mercurio o mm Hg). En la actualidad, la persona que sufre diabetes o daño renal debe ajustarse a la relación 130/80 mm Hg, por lo que si atendemos dicho criterio podemos decir que sólo 10% de la población tiene control adecuado.

Todo lo anterior, explica en exclusiva para saludymedicinas.com.mx el Dr. Sergio Arturo Férez Santander, subdirector general de Enseñanza del Instituto Nacional de Cardiología Ignacio Chávez (INC), ubicado en la Ciudad de México, hace que el sobrenombre que se le ha puesto a la enfermedad ( “asesino silencioso”) sea correcto, ya que muchas veces la primera manifestación del mal es la muerte misma, por ignorar los cuidados generales de salud, falta de recursos del paciente o indecisión para acudir al médico en forma regular.

Es cierto que los medicamentos son relativamente caros, reconoce el especialista, pero también lo es que en la actualidad contamos con diversas opciones de tratamiento. Además, hay que observar que hace 50 años los antihipertensivos causaban estragos en la salud del paciente, “a veces tanto o más severos que la propia enfermedad, ya que, por ejemplo, era común que el afectado tuviera que permanecer acostado prácticamente todo el tiempo; ahora, hay gran variedad de medicamentos con pocos efectos colaterales y muchas veces basta tomar una sola pastilla para permanecer bajo control”, señala el especialista.

“Según el sapo es la pedrada”

El Dr. Martín Rosas Peralta, coordinador general de las Guías institucionales para la hipertensión arterial y jefe de Hospitalización de Adultos en el INC, establece que “cada 5 minutos hay una muerte potencial por hipertensión arterial; esto significa que el riesgo de sufrir un infarto (suspensión del suministro de sangre a determinada zona del cerebro o corazón) por presión arterial elevada es mayor, incluso, que por tabaquismo y obesidad”.

Enfatiza el cardiólogo: “A partir de 2005 se estableció que cada país debe tener guías específicas para el tratamiento de la hipertensión, pues esta enfermedad responde a diversas circunstancias: situación económica, ambiente, edad del paciente, género, predisposición genética (determinada por la información biológica heredada) y otras tantas que nos hacen diferentes a los europeos, asiáticos, canadienses o estadounidenses”.

En el documento Guías clínicas para la detección, prevención, diagnóstico y tratamiento de la hipertensión arterial sistémica en México, se pone de manifiesto lo dicho por el experto y se enfatiza la relación que esta alteración guarda con padecimientos colaterales (obesidad, diabetes), ya que hoy se sabe que el abordaje médico debe tomar en cuenta dichas variables.

A su vez, los estudios internacionales no pueden tomarse como referentes exactos para nuestra población, ya que la mayoría de ellos se efectúan entre la población anglosajona y caucásica (raza blanca); además, incluyen preferentemente a personas mayores de 55 años. En cambio, dice el Dr. Rosas Peralta, al cuantificar el número absoluto de pacientes con HTAS en México se ha descubierto que 75% tienen menos de 54 años, lo que nos debe llevar a desterrar la vieja idea de que esta alteración corresponde solamente a la gente de la tercera edad.

Algunos tips

Señalar cada uno de los rubros que toma en cuenta el documento antes citado sería en extremo complicado, pero vale la pena aterrizar algunas ideas al respecto.

En principio, es válido que se tome el rango de 140/90 mm Hg como medida de referencia para diagnosticar la enfermedad, pero antes de dar respuesta definitiva el especialista está obligado a verificar que la elevación de la presión sea genuina, es decir, que no se debe a factores externos que pueden intervenir en el incremento transitorio de la tensión sanguínea, como esfuerzo físico o mental previo, o ingesta de café, té o cualquiera otra sustancia estimulante, por lo menos una hora antes del examen.

Es común, asimismo, que algunas personas sean demasiado nerviosas o aprehensivas y que el estrés determine la elevación de la presión, por lo que al detectar a un paciente con estas características lo mejor es repetir la medición varias veces, y procurar que sea en condiciones ideales (por la mañana) para hacer un diagnóstico preciso.

Como ya se mencionó, el médico deberá obtener toda la información complementaria del paciente para relacionarla con la presión arterial, ya que no significa lo mismo una cifra de 140/90 mm Hg para alguien que practica ejercicio, mantiene su peso y come saludablemente, que el mismo rango o, incluso, menor para una persona con diabetes, ya que en este último caso, de acuerdo con los nuevos lineamientos médicos, puede ser diagnosticada con hipertensión.

Los expertos mexicanos asumen que el nivel óptimo de la presión arterial se basa en el rango 120/80 mm Hg, lo cual aleja de manera fundamental el riesgo de algún evento cardiovascular. Los estudios revelan que solamente 21% de la población mexicana se encuentra en esta situación.

Ahora bien, la presión arterial se considera normal cuando la presión sistólica (la primera cifra, que corresponde al momento en que el corazón se contrae) oscila entre 120 y 129, y/o la diastólica (segunda cifra, que se presenta cuando el músculo cardiaco se relaja) oscila entre 80 y 84. Hay una categoría más, que en México se considera normal-alta y en Estados Unidos se aprecia como prehipertensión. A este rango pertenecen los individuos con valores de presión sistólica entre 130 y 139 mm Hg, y/o diastólica de 85 a 89 mm Hg.

Información es salud

Es un hecho que un documento como el mencionado se dirige especialmente a los médicos del país; no obstante, el lenguaje que utiliza es claro y permite comprender muchos conceptos respecto a la enfermedad. Nuestra recomendación es, entonces, que investigues más sobre el padecimiento, principalmente ahora que sabes que el riesgo de presentar hipertensión arterial es muy común en México y, en consecuencia, también el de sufrir infarto.

Ahora bien, si ya te han diagnosticado esta enfermedad, no dudes en investigar más sobre ella y, luego, durante tus citas con el médico, procura intercambiar puntos de vista basados en información fidedigna para mejorar el tratamiento.

SyM - Juan Fernando González G.

 

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