Aneurisma, ensanchamiento de las arterias - SyM
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Aneurisma, arterias en alerta

Martes 31 de mayo del 2016, 05:08 pm, última actualización.

El ensanchamiento de una sección de las vías sanguíneas es un problema estadísticamente en aumento y cuyo desenlace puede ser fatal, ya que eleva el riesgo de sufrir derrame cerebral y hemorragias internas en tórax y abdomen. La Medicina ha encontrado varias salidas a este padecimiento llamado aneurisma, siendo la prevención la más importante.

Aneurisma, Arteria aorta

Las arterias son vías fuertes y flexibles que se encargan de transportar sangre a todo el organismo, además de que soportan la mayor presión que se genera por los latidos del músculo cardiaco. Se entiende entonces su gran importancia, pues de ellas depende el adecuado abastecimiento de sustancias nutritivas y oxígeno a todo órgano y tejido del cuerpo humano.

Sin embargo, estos conductos no están libres de padecer enfermedades, y una de ellas es la aneurisma, que se define como el ensanchamiento, distensión o "abombamiento" de un segmento de una vía sanguínea, lo cual es provocado por la debilidad de sus paredes y cúmulos de grasa que se forman a lo largo de varios años. La gravedad de esta enfermedad es considerable no sólo porque pone en riesgo la vida de quien la sufre, sino debido a que los hábitos de vida modernos han favorecido su aumento.

Así, aunque los especialistas señalan que muchos casos tienen su origen en factores genéticos (heredados de padres a hijos), también coinciden en que algunas costumbres de los habitantes de las grandes ciudades, como falta de actividad física (vida sedentaria), estrés constante y llevar dieta rica en grasas y pobre en frutas y verduras, tienen un impacto desfavorable en la salud del sistema circulatorio y se relacionan con el surgimiento de aneurismas, los cuales ocurren más a menudo en la arteria aorta (que va del pecho al abdomen y se encarga de alimentar a los órganos de la caja torácica) y el cerebro.

En cualquiera de estos casos la lesión puede provocar una hinchazón tal que ejerza presión sobre nervios, órganos y vasos sanguíneos cercanos, ocasionándoles daño, si bien en la mayoría de los casos evoluciona silenciosamente hasta que se rompe, dando lugar a hemorragia interna y falta de irrigación que pone en peligro la vida. Asimismo, aunque tal problema puede ocurrir casi a cualquier edad, las cifras muestran que la incidencia es mayor entre los 40 y 70 años.

Señales escasas

Tomando en cuenta su origen, los aneurismas se pueden clasificar en:

  • Hereditarios. Por razones desconocidas hay familias en las que sus integrantes sufren debilitamiento de la capa muscular de las arterias, y es común encontrar que la fuerza generada por la presión sanguínea dé lugar a alguna hernia esférica o en forma de cereza (aneurisma saculado), misma que casi siempre se localiza en la región del cerebro.
  • Adquiridos. Son aquellos casos en que la capa muscular se debilita progresivamente a causa de otros padecimientos, como aterosclerosis, presión arterial elevada (hipertensión) y diabetes (altos niveles de azúcar en sangre por producción deficiente de hormona insulina); con menor frecuencia se debe a golpes e infecciones por bacterias u hongos. Por lo general esta lesión ocurre en la aorta y tienen forma alargada, ya que la fuerza de la sangre ocasiona la separación de las capas de la arteria, haciendo que una parte del torrente circule entre éstas (aneurisma disecante).

Uno de los aspectos más dramáticos del padecimiento radica en que casi todas las lesiones se desarrollan sin presentar síntomas, de modo que la gran mayoría de casos se identifican hasta que hay complicaciones severas. Aun así, hay ciertas manifestaciones y patrones de evolución, los cuales dependerán de su tipo y ubicación. Los más comunes son:

  • Aneurisma cerebral. Se presenta en las vías sanguíneas que alimentan al encéfalo y se estima que 5% de la población mundial los padece, si bien la ruptura ocurre en 10 de cada 100 mil casos. Cuando crece lo suficiente para comprimir las estructuras circundantes puede causar visión doble, ceguera parcial y dolores de cabeza o cuello. En caso de que reviente y se genere hemorragia interna (lo cual es favorecido por padecer hipertensión o someterse a menudo a estrés), se manifiesta con repentino dolor de cabeza (descrito a menudo como "el peor que se haya sentido en la vida"), náuseas, vómito, dificultad para mover alguna parte del cuerpo, convulsiones, problemas del habla, escaso control de temperamento y rigidez en cuello. Este derrame puede generar la muerte de una sección de los tejidos (infarto cerebral) y, por tanto, alguna discapacidad.
  • Aneurisma aórtico torácico. Es un aneurisma que ocurre en la sección superior de esta arteria, justo arriba del corazón y a un lado. Aunque rara vez genera síntomas puede manifestarse con ronquera, tos, dificultad para pasar alimento y dolor en tórax o parte alta de la espalda, debido a la presión que ejerce. Si se sufre hemorragia el dolor es muy intenso y se llega a confundir con angina de pecho o infarto, ya que también ocasiona sudor frío, agotamiento, angustia y pérdida de conocimiento.
  • Aneurisma aórtico abdominal. Sucede en la parte inferior de esta arteria y en ocasiones se manifiesta con dolor de espalda baja o la sensación de contar con una masa u objeto en la región abdominal que palpita rítmicamente. La hemorragia genera dolor abdominal severo, persistente o constante, que se extiende a la ingle, nalgas o piernas; también puede ocasionar palidez, pulso acelerado, boca seca, ansiedad, cansancio, náuseas y vómito.

Solución médica

Desafortunadamente, la ruptura de los aneurismas es una emergencia que tiene alto índice de mortalidad, ya que el sangrado de una arteria es siempre intenso y la efectividad de la atención, a cargo del angiólogo especializado en cirugía vascular (de las vías sanguíneas), dependerá del tamaño de la lesión, tiempo de traslado del paciente a urgencias y localización de la lesión, pues las estadísticas revelan que las esperanzas de supervivencia son menores cuando la herida sucede en el tórax.

En caso de aneurisma cerebral se recurre a neurocirugía, con la que se trata de cerrar la base de la lesión con grapas especiales, sutura, espirales u otros dispositivos que ayudan a la coagulación y previenen sangrado posterior. Cuando la lesión no es tan grande se requiere reposo absoluto y la administración de medicamentos para controlar dolor de cabeza, presión sanguínea y posibles convulsiones.

Las lesiones en la aorta son más delicadas, pues los sangrados son más intensos y la posibilidad de maniobrar con libertad es complicada. También en estos casos se debe recurrir a intervención quirúrgica reconstructiva, pero el porcentaje de supervivencia es bajo (alrededor de 50% de los casos).

Los aneurismas que se localizan antes de que se rompan tienen mejor pronóstico. Su detección es muchas veces casual y ocurre durante una revisión médica general o cuando el paciente se somete a algún estudio como tomografía computarizada (sistema de rayos X que toma imágenes en secciones o "rebanadas" que pueden almacenarse para formar modelos tridimensionales) o resonancia (obtención de gráficos del cuerpo humano mediante ondas magnéticas), lo cual sucede casi siempre por otros motivos, como la realización de estudios para diagnosticar problemas digestivos, visuales o de la columna, por ejemplo.

Si se localiza a tiempo y es pequeño puede ser tratado sin mayores problemas, ya que se puede seguir su evolución a detalle, mediante estudios periódicos, sin que haya cambios sustanciales en la vida del paciente. En cambio, cuando es más grande y la situación es peligrosa se tratará de sustituir la porción dañada de la arteria por otra artificial, hecha de material sintético. También puede tratarse mediante la colocación de una prótesis expansible por dentro del vaso, llamada stent , sin necesidad de cirugía abierta (se maniobra a través de los vasos de las extremidades). En tales casos el aneurisma permanecerá, pero la sangre circulará por el interior de la prótesis.

En todos estos casos se requerirá siempre de vigilancia médica para observar la evolución de paciente, evitar posibles recaídas y prevenir alguna infección, sin dejar de lado que el control de problemas que acentúen los riesgos de un nuevo episodio, como hipertensión, diabetes o aterosclerosis, deben ser tratado rigurosamente.

Se puede evitar

Queda claro que lo mejor para combatir a esta enfermedad es la prevención. En efecto, muchos casos se encuentran condicionados por factores hereditarios, pero incluso en ellos hay notable disminución de riesgo cuando se llevan a cabo medidas que ayudan a preservar la salud de las arterias:

  • Mejorar la dieta. Se aconseja que sólo 30% o menos del total de alimentos consumidos sea de origen animal, dando preferencia a carne libre de grasa, pescado o aves, e incrementando la cantidad de cereales, frutas y verduras.
  • Evitar el sobrepeso. Es sabido que la gente que mantiene su peso corporal ideal controla mejor los niveles de colesterol y las cifras de presión arterial, de modo que la fuerza que deben soportar las vías sanguíneas es menor.
  • Hacer ejercicio. Correr, bailar, andar en bicicleta o practicar deportes es de gran utilidad para aumentar la capacidad de trabajo del sistema circulatorio y regulan los niveles de grasa corporal, glucosa, colesterol y tensión arterial. Se estima que, para una persona adulta, es suficiente caminar 45 minutos diarios.
  • Vigilar presión sanguínea y colesterol. Es importante saber que las personas que mantienen estos parámetros en niveles ideales, reducen de manera significativa el desgaste de su sistema circulatorio.
  • Controlar el estrés. Diversos estudios revelan que las enfermedades circulatorias son más comunes en personas que hacen mal manejo de la tensión, por lo que es conveniente aprender técnicas de relajación, dormir adecuadamente y realizar actividades de esparcimiento.
  • Erradicar el tabaco. Las sustancias contenidas en cigarrillos impactan negativamente en la salud del corazón y vías sanguíneas, por lo que se aconseja evitar su consumo.

Finalmente, conviene recordar que estas medidas deberán realizarse bajo supervisión de un especialista, y no olvide que hacerse una revisión médica general cada año puede ayudar a detectar problemas tempranos, incluyendo la aneurisma, y con ello es probable disminuir la posibilidad de exponerse a riesgos innecesarios.

SyM - Mario Rivas

 

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