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Aneurisma, arterias en alerta

El ensanchamiento de una sección de las vías sanguíneas es un problema estadísticamente en aumento y cuyo desenlace puede ser fatal, ya que eleva el riesgo de sufrir derrame cerebral y hemorragias internas en tórax y abdomen. La Medicina ha encontrado varias salidas a este padecimiento llamado aneurisma, siendo la prevención la más importante.

Las arterias son vías fuertes y flexibles que se encargan de transportar sangre a todo el organismo, además de que soportan la mayor presión que se genera por los latidos del músculo cardiaco. Se entiende entonces su gran importancia, pues de ellas depende el adecuado abastecimiento de sustancias nutritivas y oxígeno a todo órgano y tejido del cuerpo humano.

Sin embargo, estos conductos no están libres de padecer enfermedades, y una de ellas es la aneurisma, que se define como el ensanchamiento, distensión o "abombamiento" de un segmento de una vía sanguínea, lo cual es provocado por la debilidad de sus paredes y cúmulos de grasa que se forman a lo largo de varios años. La gravedad de esta enfermedad es considerable no sólo porque pone en riesgo la vida de quien la sufre, sino debido a que los hábitos de vida modernos han favorecido su aumento.

Así, aunque los especialistas señalan que muchos casos tienen su origen en factores genéticos (heredados de padres a hijos), también coinciden en que algunas costumbres de los habitantes de las grandes ciudades, como falta de actividad física (vida sedentaria), estrés constante y llevar dieta rica en grasas y pobre en frutas y verduras, tienen un impacto desfavorable en la salud del sistema circulatorio y se relacionan con el surgimiento de aneurismas, los cuales ocurren más a menudo en la arteria aorta (que va del pecho al abdomen y se encarga de alimentar a los órganos de la caja torácica) y el cerebro.

En cualquiera de estos casos la lesión puede provocar una hinchazón tal que ejerza presión sobre nervios, órganos y vasos sanguíneos cercanos, ocasionándoles daño, si bien en la mayoría de los casos evoluciona silenciosamente hasta que se rompe, dando lugar a hemorragia interna y falta de irrigación que pone en peligro la vida. Asimismo, aunque tal problema puede ocurrir casi a cualquier edad, las cifras muestran que la incidencia es mayor entre los 40 y 70 años.

Señales escasas

Tomando en cuenta su origen, los aneurismas se pueden clasificar en:

Uno de los aspectos más dramáticos del padecimiento radica en que casi todas las lesiones se desarrollan sin presentar síntomas, de modo que la gran mayoría de casos se identifican hasta que hay complicaciones severas. Aun así, hay ciertas manifestaciones y patrones de evolución, los cuales dependerán de su tipo y ubicación. Los más comunes son:

Solución médica

Desafortunadamente, la ruptura de los aneurismas es una emergencia que tiene alto índice de mortalidad, ya que el sangrado de una arteria es siempre intenso y la efectividad de la atención, a cargo del angiólogo especializado en cirugía vascular (de las vías sanguíneas), dependerá del tamaño de la lesión, tiempo de traslado del paciente a urgencias y localización de la lesión, pues las estadísticas revelan que las esperanzas de supervivencia son menores cuando la herida sucede en el tórax.

En caso de aneurisma cerebral se recurre a neurocirugía, con la que se trata de cerrar la base de la lesión con grapas especiales, sutura, espirales u otros dispositivos que ayudan a la coagulación y previenen sangrado posterior. Cuando la lesión no es tan grande se requiere reposo absoluto y la administración de medicamentos para controlar dolor de cabeza, presión sanguínea y posibles convulsiones.

Las lesiones en la aorta son más delicadas, pues los sangrados son más intensos y la posibilidad de maniobrar con libertad es complicada. También en estos casos se debe recurrir a intervención quirúrgica reconstructiva, pero el porcentaje de supervivencia es bajo (alrededor de 50% de los casos).

Los aneurismas que se localizan antes de que se rompan tienen mejor pronóstico. Su detección es muchas veces casual y ocurre durante una revisión médica general o cuando el paciente se somete a algún estudio como tomografía computarizada (sistema de rayos X que toma imágenes en secciones o "rebanadas" que pueden almacenarse para formar modelos tridimensionales) o resonancia (obtención de gráficos del cuerpo humano mediante ondas magnéticas), lo cual sucede casi siempre por otros motivos, como la realización de estudios para diagnosticar problemas digestivos, visuales o de la columna, por ejemplo.

Si se localiza a tiempo y es pequeño puede ser tratado sin mayores problemas, ya que se puede seguir su evolución a detalle, mediante estudios periódicos, sin que haya cambios sustanciales en la vida del paciente. En cambio, cuando es más grande y la situación es peligrosa se tratará de sustituir la porción dañada de la arteria por otra artificial, hecha de material sintético. También puede tratarse mediante la colocación de una prótesis expansible por dentro del vaso, llamada stent , sin necesidad de cirugía abierta (se maniobra a través de los vasos de las extremidades). En tales casos el aneurisma permanecerá, pero la sangre circulará por el interior de la prótesis.

En todos estos casos se requerirá siempre de vigilancia médica para observar la evolución de paciente, evitar posibles recaídas y prevenir alguna infección, sin dejar de lado que el control de problemas que acentúen los riesgos de un nuevo episodio, como hipertensión, diabetes o aterosclerosis, deben ser tratado rigurosamente.

Se puede evitar

Queda claro que lo mejor para combatir a esta enfermedad es la prevención. En efecto, muchos casos se encuentran condicionados por factores hereditarios, pero incluso en ellos hay notable disminución de riesgo cuando se llevan a cabo medidas que ayudan a preservar la salud de las arterias:

Finalmente, conviene recordar que estas medidas deberán realizarse bajo supervisión de un especialista, y no olvide que hacerse una revisión médica general cada año puede ayudar a detectar problemas tempranos, incluyendo la aneurisma, y con ello es probable disminuir la posibilidad de exponerse a riesgos innecesarios.