Depresión causa ataque cardiaco e infarto de miocardio - SyM
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Depresión e infarto, peligrosa mancuerna

Viernes 16 de diciembre del 2016, 01:53 pm, última actualización.

Quien experimenta emociones como tristeza o desesperación, por lo menos durante dos semanas continuas, no sólo ve deteriorada su capacidad para afrontar la vida, sino que también tiene mayor riesgo de sufrir problemas cardiacos.


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Contrariamente a lo que suelen pensar la población en general y muchos especialistas, experimentar decaimiento anímico constante no es un problema que sólo afecte a la esfera emocional ya que, de manera creciente, la Ciencia ha acumulado evidencia contundente desde la década de 1990 que señala que la depresión también tiene efectos físicos.

De acuerdo con el Dr. Charles Nemeroff, director del Departamento de Ciencias en Psiquiatría y Comportamiento de la Facultad de Medicina de la Universidad Emory (Atlanta, Estados Unidos), distintas investigaciones han demostrado que la depresión aumenta el riesgo de sufrir infarto en el corazón (obstrucción del flujo sanguíneo que ocasiona la muerte de parte del músculo cardiaco), aunque todavía es necesario recurrir a más estudios para determinar con exactitud la relación entre ambas afecciones.

Por ejemplo, una teoría sostiene que “los pacientes con depresión muestran mecanismos de coagulación sanguínea más activos y, por esa causa, sus plaquetas funcionan de manera anormal, formando trombos o coágulos que al viajar por la sangre pueden originar un infarto”.

Asimismo, el Dr. Nemeroff añade que las personas deprimidas (sobre todo cuando no reciben tratamiento adecuado) presentan a menudo alteraciones del ritmo cardiaco, mismas que en algunos casos resultan peligrosas; además, se ha comprobado que el decaimiento continuo incrementa fenómenos inflamatorios, los cuales son factor de riesgo para producir ateromas u obstrucciones de grasa en el interior de las arterias.

 “En síntesis, la depresión es un padecimiento que amenaza integralmente la vida del paciente, tanto desde el punto de vista físico como psíquico", asevera el psiquiatra.

Más que desesperanza

Aunque la ciencia no ha definido sus causas exactas, se sabe que la enfermedad depresiva es un sentimiento abrumador de desesperanza, tristeza y falta de autoestima; además, es mucho más larga, profunda y desagradable que los cortos periodos de desdicha que la mayoría de individuos sufrimos ocasionalmente.

En términos generales, la depresión es un trastorno médico caracterizado por durar al menos dos semanas (a menudo más), que presenta síntomas relacionados con el ánimo, la conducta y el pensamiento, el cual deteriora la capacidad para actuar adecuadamente, y requiere tratamiento con medicamentos o terapia psicológica (o ambos).

Se han identificado distintos tipos de depresión, siendo los más comunes:

  • Depresión mayor. Se caracteriza por un cambio de ánimo que incluye 1 ó 2 signos principales de depresión, como sentimiento abrumador de tristeza o aflicción, y pérdida del interés en actividades que solían disfrutarse. Es la forma más común de la enfermedad y puede presentarse una vez o recurrir (de hecho, después del primer episodio, existe 50% de posibilidades de padecerla nuevamente y las probabilidades de reaparecer aumentan con cada recaída).
  • Distimia. Se trata de una forma leve, pero prolongada, que genera humor persistentemente melancólico que puede interferir con el trabajo y la vida social. Suele durar cuando menos 2 años y, en ocasiones, más de cinco; sus síntomas incluyen irritabilidad, aislamiento social, dificultad para concentrarse y trastornos del sueño, entre otros.

 El corazón y las emociones

La Medicina considera que el desarrollo de depresión involucra compleja interrelación de factores (genética, estrés y cambios en el funcionamiento corporal y cerebral) y, por desgracia, acepta que pocas veces recibe atención adecuada (a veces ni siquiera se diagnostica, pues se sigue pensando que es signo de “debilidad física o mental”). Sin embargo, como hemos visto, puede ser tan grave que numerosos estudios han descubierto su relación con el riesgo de sufrir ataque cardiaco o infarto del miocardio.

Si agregamos la advertencia externada por la Organización Mundial de la Salud (OMS) en el sentido de que en el año 2020 la depresión se convertirá en la enfermedad que más padecerán los seres humanos (superando al cáncer y los trastornos cardiovasculares), la necesidad de brindar apoyo a la persona afectada luce indispensable.

En su libro No más infartos, el Dr. Louis J. Ignarro, Premio Nobel de Medicina 1998, explica que un coágulo de sangre en las arterias coronarias (que alimentan al músculo cardiaco) puede tener el ancho de una fracción de centímetro y pesar menos de un gramo, pero si priva al corazón de oxígeno, impide su alimentación y puede provocar un ataque cardiaco. Agrega el prestigiado científico estadounidense que emociones como depresión, estrés, ansiedad y soledad provocan que los vasos sanguíneos se contraigan, lo cual incrementa las probabilidades de sufrir infarto.

Adicionalmente, se sabe que la tendencia de las personas deprimidas a practicar hábitos poco saludables, como fumar en exceso, beber alcohol o excederse en ciertos alimentos para intentar disminuir su malestar, son conductas que también causan trastornos cardiacos.

Por el contrario, reciente investigación llevada a cabo en la Escuela de Salud Pública de Harvard, en Estados Unidos (publicada en la Revista Europea del Corazón), reveló que quienes están satisfechos con su vida tienen menos riesgo de sufrir padecimientos cardiovasculares.

Los científicos realizaron preguntas a los participantes vinculadas con su empleo, familia, vida sexual y autoestima, a fin de determinar con esa información la satisfacción general de la vida de cada uno. Posteriormente (6 años después), volvieron a estudiar los registros de salud y los resultados demostraron que aquellos evaluados con los más altos índices de satisfacción en la vida, habían tenido un riesgo 13% menor de sufrir enfermedad coronaria.

Atención a la mente

Los aspectos psicológicos de las afecciones cardiovasculares aún constituyen un misterio para la ciencia, no obstante, son cada vez mayores los datos en el sentido de que una enfermedad mental puede aumentar las probabilidades de que el paciente sufra un ataque cardiaco.

La depresión, en particular, tiene importantes consecuencias físicas; por ejemplo, es posible que complique problemas médicos ya presentes e, incluso, eleve la posibilidad de desarrollar nuevas afecciones. Por ello, quien recibe terapia oportuna, presenta mejoría en su salud y emociones, lo que a su vez, beneficia a su círculo social (familiares, principalmente).

Los científicos apuntan que se requieren mayores investigaciones para comprender la relación exacta entre depresión y enfermedad cardiaca, pero aseguran que el adecuado tratamiento de aquella suele disminuir el peligro de ataque cardiaco. Más aún, estudios recientes establecen que la depresión también es factor de riesgo para desarrollar presión arterial elevada, condición que puede derivar en trastorno cardiaco y ataque cerebral.

Finalmente, es preciso señalar que la depresión clínica no es una condición que mejore “echándole ganas”, como a menudo se recomienda a quien la sufre; además, las consecuencias pueden ser serias para el organismo cuando el paciente ignora los síntomas o supone que quedarán en el olvido si dirige su atención, por ejemplo, hacia algún pasatiempo. El diagnóstico oportuno del trastorno y el tratamiento adecuado restablecen la salud en la mayoría de las personas, permitiéndoles recuperar su calidad de vida.

SyM - Laura Ruiz

 

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