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24 Octubre 2017 | Iniciar Sesión



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Diabetes mal tratada, invitación al infarto

Viernes 21 de abril del 2017, 11:53 am, última actualización.

La diabetes es un padecimiento incurable, pero el enfermo podrá tener muy buena calidad de vida si acepta su condición y cumple con las indicaciones médicas; por el contrario, no seguir con el tratamiento prescrito es abrirle la puerta a diversos padecimientos asociados, entre ellos la falta de oxigenación al corazón o infarto.

Diabetes mal tratada, invitación al infarto
Diabetes mal tratada, invitación al infarto

La diabetes es considerada desde hace mucho tiempo un problema de salud pública en México, el cual ha ido escalando posiciones en las estadísticas de mortalidad, a tal grado que hoy se considera, de acuerdo a los datos más recientes de la Secretaría de Salud (2003), como la primera causa de muerte en nuestro país, desplazando a los problemas relacionados con el corazón.

Si bien es cierto que el padecimiento en cuestión tiene una carga genética comprobada y que se relaciona íntimamente con la obesidad, tal vez tendríamos que acudir a la Sociología y a estudios psicológicos para saber por qué una vez que una persona ha sido diagnosticada con el mal incumple con el tratamiento y niega las complicaciones que se pueden derivar de él, como ceguera (a través de retinopatía diabética), amputación de miembros inferiores, insuficiencia renal o cardiopatias isquémicas (falta de oxigenación al corazón).

En los primeros días del mes de abril del 2003, en el marco del 24 aniversario del Hospital de Especialidades Centro Médico Nacional La Raza, se habló de la relación entre diabetes y los padecimientos cardiacos. Al respecto, el Dr. Marco Antonio Ramos Corrales, jefe de la Unidad Coronaria del citado nosocomio, señala en entrevista que "la diabetes ya es clasificada un elemento disparador para sufrir alguna enfermedad del corazón. Hasta hace poco se le consideraba una condición de riesgo, pero hoy se cataloga de alto riesgo".

El especialista, expresidente de la Asociación de Cardiólogos de México, abunda en su comentario y afirma que el porcentaje de personas con diabetes que finalmente sufren un infarto o angina inestable (predisposición a un paro cardiaco) está incrementando cada vez más. Para validar su opinión, establece que hay datos muy recientes (publicados en revistas médicas nacionales) que afirman que cerca del 50% de las personas que han sufrido un infarto están enfermas de diabetes. "Es una situación muy dramática -puntualiza el cardiólogo-, aunque desde mi punto de vista considero que esa cifra no es tan elevada; sin embargo, esos datos llaman nuestra atención, y debemos poner más interés en este aspecto".

Azúcar después de comer

Una prueba convencional que se utiliza para diagnosticar diabetes es medir los niveles de glucosa en sangre en ayunas. Así, se considera que un nivel deseable es aquel que se encuentra entre 70 y 110 miligramos por decilitro de sangre (mg/dl), mientras que un rango anormal se sitúa entre 111 y 125 mg/dl; cuando las cifras marcan 126 mg/dl o más se puede considerar que una persona padece la enfermedad.

El Dr. Ramos Corrales relata que se realizó un estudio en la unidad hospitalaria a su cargo y se descubrió que hay muchas personas que en ayunas pueden presentar rangos de glucosa normales, pero después de comer (glucosa pospandrial) experimentan un incremento mayor al que debiera existir. "Lo que vimos en el Hospital a través de este estudio es una llamada de atención impresionante. En principio, 30% de los individuos analizados ya cursaba con diabetes, mientras que un porcentaje idéntico, que aparentemente se encontraba sano, tuvo cifras elevadas de azúcar en sangre después de comer.

"Estas personas van a tener problemas de corazón y diabetes en un porcentaje más alto aunque aparentemente se encuentren saludables, están a punto de entrar al grupo de los que van a desarrollar ateroesclerosis (padecimiento en el que la grasa se acumula en las paredes arteriales), que finalmente produce las enfermedades del corazón de tipo isquémico (por obstrucción de las vías sanguíneas del corazón)".

El especialista abunda y explica que "antes decíamos que la glucosa previa, o en ayuno, era el centro del manejo; sigue siendo importante, pero ahora el azúcar pospandrial tiene un valor fundamental para detectar o prevenir eventos de tipo coronario, o controlar el problema si es que éste ya se presentó".

Los cuatro jinetes del Apocalipsis

El Dr. Ramos Corrales explica que hipertensión (presión arterial alta) sobrepeso y diabetes en conjunto conforman lo que se conoce como síndrome metabólico, es decir, disfunción que se presenta en el organismo, la cual facilita la ateroesclerosis. "Es un proceso al que afortunadamente ya se le empieza a dar mucha importancia en México; existen programas para su detección y manejo porque lo mejor es prevenir, y para ello debe haber estrecha cooperación entre médicos internistas, cardiólogos y neurólogos; no podemos estar desfasados porque al final nos relacionamos todos con un hecho común, el problema del corazón".

Para completar el cuadro que desencadena problemas cardiacos hay que citar al colesterol, condición complementaria que a final de cuentas también forma parte del proceso metabólico. Hay cambios en ese sentido y tenemos mucha información al respecto, afirma el cardiólogo, "por lo que no hay duda que el colesterol elevado produce o facilita la ateroesclerosis y el daño al corazón".

En opinión del entrevistado, los mexicanos tenemos serio problema con el denominado colesterol "bueno" (HDL), el cual es bajo en la mayoría de la población, lo cual facilita el desarrollo de la ateroesclerosis y los infartos a nivel de corazón y cerebro; esto se relaciona, acota el médico, con la falta de ejercicio o vida sedentaria que permite que se incremente el riesgo.

En el caso del "malo" (LDL) se puede decir que también facilita la ateroesclerosis; es, prácticamente, el disparador inicial de todo este problema y no hay duda que los enfermos de diabetes tienen cifras más altas que personas que no tienen complicaciones con la glucosa.

El Dr. Ramos Corrales enfatiza que el colesterol total se sigue utilizando como marcador de riesgo, "pero realmente el peligro se encuentra en los rangos del colesterol HDL, que idealmente debe estar por encima de 45 miligramos por decilitro (mg/dl).

"En cuanto al LDL, las cifras de referencia han cambiado en los últimos tiempos en forma impresionante, pues una persona considerada sana debe tener menos de 130 mg/dl; en cambio, si otra tiene diabetes o ya está enfermo del corazón no debe tener más de 100, y lograr este número es un reto bastante importante.

"Las cifras actuales recomendadas son muy restrictivas y eso nos lleva a buscar metas, lo cual es muy complicado porque se requiere cambiar los hábitos del paciente para que entienda que debe seguir dieta específica, controlar su peso, tener un programa de ejercicio y no dejar de tomar los medicamentos indicados".

Infartos a la carta

El cardiólogo que examina a un paciente deberá tomar en cuenta diversos factores de riesgo, es decir, sobrepeso, presión alta, tabaquismo (activo o pasivo) y si tiene grasas elevadas en la sangre; también hay que identificar si la persona practica ejercicio y vive con estrés, sin olvidar los antecedentes familiares, pues esta condición es determinante para sufrir problemas coronarios.

Asimismo, podrá practicar un electrocardiograma en reposo, o uno con esfuerzo (en el que la persona realiza alguna actividad física), si se trata de evaluar a un paciente de alto riesgo; es común que alguien con estas características acuda a programas de prevención y se le trate como un enfermo del corazón (aunque no esté diagnosticado como tal), e incluso reciba medicamentos específicos para evitar o alargar un posible evento cardiaco.

Es interesante saber que para determinar la presencia de un infarto se debe considerar la aparición de dolor intenso en el pecho (se conoce como angina), que puede desplazarse hacia el cuello o brazo izquierdo; generalmente dura más de 20 minutos, se acompaña de ganas de vomitar (en ocasiones se produce el vómito), sudor, palpitaciones, palidez e incluso sensación de muerte.

Esta clase de síntomas se presentan en 90% de quienes sufren un infarto, a las que se les ratifica el diagnóstico mediante un electrocardiograma y una serie de estudios que se conocen como exámenes de enzimas cardiacas.

¿Qué pasa con el 10% restante? El Dr. Ramos Corrales explica que esas personas no presentan dolor o angina, pero si se les tomara un electrocardiograma en ese momento se vería claramente que el infarto se encuentra en evolución. Quizá, ocho de ellas tengan diabetes.

"Este grupo tiene alto riesgo de padecer infarto sin dolor, y ello se debe a que la diabetes produce cambios en la circulación sanguínea, condición que se conoce como polineuropatía o polineuritis; es decir, se bloquean las terminaciones nerviosas de la sensibilidad y, por tanto, el infarto se produce pero no hay respuesta al dolor porque hay daño en los nervios.

"Sin embargo, en estos casos existen algunas manifestaciones que nos hacen sospechar de ataque cardiaco; la persona súbitamente empieza a sudar desesperadamente y le baja la presión; puede que le falte el aire, se desmaye o sienta palpitaciones, señales que en la actualidad se consideran equivalentes a la angina de pecho y que obligan al médico a ordenar un electrocardiograma para verificar si se ha desarrollado un infarto".

El especialista abunda y afirma que la asociación entre corazón y diabetes es implacable y que la vieja consigna de que los hombres eran más susceptibles a sufrir un infarto ha cambiado. "Debo decir - confiesa-, que la relación tiende a igualarse y que una mujer después de los 35 años puede desarrollar un infarto porque en la actualidad están sometidas a mayor estrés, trabajan, fuman y han cambiado su alimentación, es decir, se modificaron sus patrones de vida. A todo ello hay que sumar que sus arterias coronarias son más pequeñas y se dañan más fácilmente".

Es importante establecer que las hormonas propias de la mujer (estrógenos) son excelente escudo contra los infartos, por lo cual la terapia de reemplazo hormonal (TRH) es importante en quienes van a entrar a la menopausia o ya están en ella. El cardiólogo explica que no hay duda que un tratamiento de este tipo tendrá un efecto de protección, "pero si la persona ha sufrido algún daño porque ya tuvo un infarto en corazón o cerebro, no debe iniciar la TRH porque aumentan los riesgos de repetir el evento".

Sin escapatoria

Quien ha sufrido un infarto parece estar condenado a experimentar uno o más ataques. "No hay vuelta de hoja, le va a volver a dar porque la ateroesclerosis no se cura", dice el Dr. Ramos Corrales, quien señala que el tiempo en que se aparezca un nuevo problema cardiaco dependerá de la manera en que se modifiquen los factores de riesgo.

El especialista apunta que "no se ha podido detener la evolución de la ateroesclerosis, sólo se ha logrado hacerla lenta, hemos conseguido abrir la circulación mediante procedimientos de intervención, colocando 'puentes' mediante cirugía (técnica de revascularización), pero los conductos que logramos liberar se vuelven a cerrar por la misma enfermedad.

"El hecho de operar y tratar con medicamentos no quiere decir que el paciente supere la enfermedad en forma definitiva, porque de todas maneras habrá recaídas, sólo que el infarto será más tardío y más tolerable. No es fatalismo, sino la evolución natural de la enfermedad, quiere decir que si un paciente lo dan de alta con un manejo poco restringido va a tener recaídas más rápidas, por eso debemos aplicar guías de manejo ideales para que los problemas sean menores".

Como puedes observar, la diabetes, al ser parte fundamental en el desequilibrio del proceso metabólico, se relaciona con múltiples enfermedades; sólo que en ocasiones, sobre todo si no se lleva control adecuado sobre ella, puede ser la diferencia entre sufrir o no un infarto.

SyM - Fernando González G.

 

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