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15 Diciembre 2017 | Iniciar Sesión



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Hipotensión ortostática, mareo al ponerse de pie

Jueves 02 de marzo del 2017, 11:48 am, última actualización.

Común en ancianos, personas que toman medicamentos para enfermedades circulatorias o se alimentan deficientemente, la hipotensión ortostática representa un riesgo si tomamos en cuenta que puede ocasionar desmayo, caídas y malestar general que impide la realización de actividades.

Hipotensión ortostática
Hipotensión ortostática, mareo al ponerse de pie

Al hablar sobre alteraciones en la presión sanguínea es frecuente pensar en los casos en que ésta se eleva (hipertensión) al practicar deporte, sentir nerviosismo, vivir una situación estresante o como un problema circulatorio permanente (crónico) que se presenta en algunas personas. Empero, la tensión que ejerce la sangre sobre venas y arterias también puede bajar de sus niveles normales, por ejemplo, cuando alguien que estaba acostado se sienta o se pone de pie, generando desvanecimiento.

Dicha condición es llamada por los especialistas hipotensión ortostática o postural, y se debe a que la falta de fuerza en el bombeo de la sangre impide que ésta llegue adecuadamente al cerebro y le suministre oxígeno y nutrientes. Aunque en la mayoría de los casos se trata de un problema transitorio, debe ser evaluado a la brevedad por el médico familiar o geriatra para determinar su origen y evitar que estos episodios continúen, ya que pueden generar accidentes severos o ser indicio de una enfermedad grave.

Falla en la autorregulación

La presión sanguínea no es más que la fuerza que ejerce la sangre sobre las paredes internas de arterias y venas. Para evaluar su estado se recurre a dos números, divididos por una diagonal, que se miden en milímetros de mercurio (mmHg) y que representan, por orden, a la tensión máxima o sistólica, que se genera cuando el corazón late, y la mínima o diastólica, que ocurre durante las pausas que hay entre las contracciones cardiacas.

Las cifras de presión normal permiten que la sangre circule en forma adecuada y, en concordancia con la mayoría de los criterios médicos, corresponden a 120/80 mmHg en adultos. En contraparte, se considera que la hipotensión ocurre cuando desciende a 110/75 mmHg o menos, aunque por lo general se requieren números un poco más bajos para que se generen síntomas.

El caso particular de la hipotensión postural responde a un fenómeno bien estudiado y conocido. Cuando una persona en reposo se sienta o levanta con brusquedad, la fuerza de gravedad hace que buena parte de su sangre viaje hacia sus piernas, brazos y tronco, de modo que la cantidad de fluido que puede bombear su corazón se reduce, descendiendo su presión arterial.

En condiciones normales, el organismo cuenta con recursos que evitan este problema; por ejemplo, el corazón late más rápido, las contracciones son más potentes y las arterias se contraen para que el espacio por el que circula la sangre sea menor y se genere mayor tensión. En cambio, cuando estas reacciones fallan o son muy lentas, se produce hipotensión ortostática.

Las personas con este problema experimentan, en su gran mayoría, desmayos, leve mareo, confusión o visión borrosa cuando se ponen de pie rápidamente o entran en actividad tras mantenerse inactivos en períodos prolongados; asimismo, se sabe que el cansancio, ejercicio, consumo de alcohol o una comida abundante pueden acentuar estos síntomas. En caso de que la reducción del flujo sanguíneo al cerebro sea muy pronunciada, puede provocarse desmayo (síncope o pérdida de conocimiento) e incluso convulsiones (sacudidas fuertes e involuntarias).

Hay distintas causas de la hipotensión postural, siendo las principales:

  • Vejez. Se sabe que hay personas que su sistema nervioso autónomo, que es el encargado de coordinar reacciones involuntarias como evitar la caída de la presión arterial al ponerse de pie, sufre atrofia con el paso del tiempo y deja de actuar con la misma rapidez que antes.
  • Consumo de fármacos. Medicamentos que se administran para erradicar problemas como hipertensión y depresión pueden afectar las reacciones habituales del organismo, generando hipotensión.
  • Deshidratación. La baja cantidad de agua en el organismo orilla a que la sangre tenga un volumen menor y, por tanto, genere presión más débil sobre venas y arterias. Las causas de este problema pueden ser diarrea, vómito, sudoración excesiva, exposición prolongada al Sol (golpe de calor) y abuso en el consumo de diuréticos (medicamentos que favorecen la expulsión de orina).
  • Desnutrición. La falta de una alimentación adecuada ocasiona que la sangre sea pobre en nutrientes, a la vez que afecta a las redes neuronales encargadas de mantener la presión sanguínea estable.
  • Bebidas alcohólicas. Su consumo prolongado altera o inhibe el funcionamiento general del sistema nervioso.
  • Diabetes. El exceso de azúcar en sangre que caracteriza a esta enfermedad ocasiona neuropatía, es decir, puede atrofiar a las terminaciones nerviosas encargadas de controlar la presión sanguínea.
  • Enfermedad de Addison. Es una deficiencia en el funcionamiento de las glándulas suprarrenales (localizadas sobre los riñones) que altera el proceso circulatorio.
  • Lesiones en la médula espinal. Accidentes, golpes y caídas llegan a lastimar a los nervios, impidiendo la regulación de la tensión arterial.
  • Enfermedades cardiacas. Quienes tienen problemas como taquicardia (palpitaciones irregulares del corazón) o insuficiencia (incapacidad del músculo cardiaco para distribuir sangre adecuadamente) son más propensos a padecer este problema.
  • Enfermedades degenerativas del sistema nervioso o neurodegenerativas. Mal de Parkinson (trastorno caracterizado por temblor y dificultad para coordinar movimientos) y síndrome de Shy-Drager o atrofia multisistémica (similar al Parkinson, pero más severo y con daño enfocado al sistema nervioso autónomo) son algunos de los padecimientos que se caracterizan por la atrofia progresiva de los tejidos neuronales, y es común que generen hipotensión postural.

El grupo más vulnerable a este problema es, sin duda, el de las personas de la tercera edad, no sólo porque su sistema nervioso actúa con menos rapidez que antes, sino porque es sabido que muchos ancianos se alimentan de manera deficiente, toman poca agua, consumen medicamentos para regular su presión y padecen con más frecuencia diabetes o enfermedades degenerativas del sistema nervioso. Si a esto aunamos el riesgo latente de que la persona caiga y tenga una fractura de cadera al sufrir un desvanecimiento, es indispensable que todo anciano que haya presentado hipotensión, así sea de manera ocasional, acuda a evaluación.

Diagnóstico favorable, casi siempre

El médico familiar o geriatra es capaz de detectar hipotensión ortostática sólo con conocer los síntomas que le reporta el paciente, pero además de entrevistarlo y elaborar su historial deberá tomar varias veces la presión arterial en el consultorio, tanto al encontrarse en reposo como después de levantarse, a fin de ratificar el diagnóstico.

De cualquier manera, también es importante la realización de algunos estudios que permitan delimitar o descartar la causa de este padecimiento, entre ellos análisis de orina, estudios de sangre y posiblemente alguna radiografía de columna vertebral.

Las medidas a seguir en el tratamiento variarán notablemente, dependiendo del caso:

  • En aquellos pacientes en donde la hipotensión ortostática se deba al consumo de algún fármaco, el trastorno puede ser corregido rápidamente al ajustar la dosis o cambiar el medicamento.
  • Cuando hay disminución del volumen de sangre por deshidratación se requerirá el consumo de mayores cantidades de agua y sales; en el caso de los ancianos se aconseja evitar largas jornadas bajo el Sol y esfuerzos excesivos.
  • Personas con desnutrición deben tratar de mantener una dieta balanceada en la que se dé preferencia a frutas, verduras, cereal integral, pescado y carnes blancas. Es probable que el médico aconseje un multivitamínico durante un tiempo.
  • Si la causa es atrofia en las terminaciones nerviosas por diabetes (neuropatía diabética), el pronóstico es malo, ya que esto índica que otros órganos pueden estar severamente afectados, ante todo los riñones. Se indica la práctica de ejercicio, cambio de dieta (rica en vegetales y baja en grasas, azúcar y harinas refinadas) y, probablemente, uso de medicamentos hipoglucemiantes (ayudan a disminuir la concentración de glucosa en sangre) administrados por el endocrinólogo.
  • Quienes padezcan problemas circulatorios deberán ser remitidos al cardiólogo, quien hará una evaluación más profunda de su caso. En términos generales, el problema deberá ser atendido con una dieta baja en grasas, carnes rojas y harinas refinadas, y rica en vegetales; la práctica de ejercicio leve suele ser favorable, así como la moderación en el consumo de sal.
  • El diagnóstico es desfavorable en caso de mal de Parkinson, síndrome de Shy-Drager u enfermedades neuronales, ya que hasta el momento no se ha encontrado cura para ellas. El tratamiento sólo puede controlar o aminorar los síntomas.

Aquellas personas en donde el sistema nervioso autónomo o involuntario falla en la regulación de la presión por vejez o luego de sufrir un accidente, es prácticamente imposible erradicar el problema. Sin embargo, se pueden realizar algunas medidas:

  • Los pacientes deberán tener cuidado de no incorporarse o ponerse de pie bruscamente, ni permanecer inmóviles durante mucho tiempo.
  • Ya que la hipotensión postural puede ser generada por acumulación de sangre en las piernas, las medias de compresión elásticas pueden ser de utilidad.
  • Es indispensable beber muchos líquidos y erradicar el consumo de alcohol, así como llevar una dieta balanceada.
  • Si no se padecen enfermedades circulatorias (insuficiencia cardiaca o hipertensión arterial), el paciente puede añadir sal a sus comidas libremente, a fin de retener más líquidos en la sangre.

Sólo cuando estas medidas no son eficaces deberá recurrirse a fármacos especiales, aunque existe el riesgo de presentar efectos secundarios como sobrepeso, insomnio, cansancio, dolor en el tórax, alteración del rimo cardiaco, cambios de estado de ánimo, zumbidos en los oídos, erupciones (granitos) y elevación de la presión arterial.

Por último, le recordamos que aunque este problema se resuelve favorablemente en la gran mayoría de casos, es muy importante que acuda a su médico familiar o geriatra para ser evaluado y evitar tanto las complicaciones de la hipotensión postural como el avance de otros padecimientos que no hayan sido detectados, como diabetes, insuficiencia cardiaca o males neurodegenerativos (en los que se atrofian paulatinamente redes de neuronas y funciones del cerebro).

SyM - Mario Rivas

 

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