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29 Marzo 2017 | Iniciar Sesión



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Infarto cerebral, cuando muere una parte del encéfalo

Jueves 02 de marzo del 2017, 09:35 am, última actualización.

Los ataques cerebrales causan muerte o invalidez a más de 40% de los individuos que lo sufren, quienes tuvieron como factores de riesgo presión arterial elevada, endurecimiento de las arterias, edad avanzada, anemia grave, drogadicción o trastornos en la coagulación y producción de células sanguíneas. Considera lo anterior y toma precauciones.

Infarto cerebral, Diabetes, Colesterol elevado, Tabaquismo, Ictus

La sangre es transportada al cerebro (encéfalo) por dos pares de grandes arterias: carótidas (se encuentran a lo largo de la parte anterior del cuello) y vertebrales (se sitúan en la porción posterior del cuello y columna vertebral); ambas se encargan de llevar el fluido a dicho órgano desde el corazón y desembocan en un círculo formado por otras arterias, del cual brotan otras más pequeñas, en forma parecida a red de calles y avenidas.

Este proceso circulatorio puede verse alterado e interrumpirse cuando se tienen los factores de riesgo antes citados -a los que se suman niveles elevados de colesterol, falta de control de la diabetes y tabaquismo-, lo que puede lesionar de manera importante a las células cerebrales, ya que no reciben aporte adecuado de oxígeno.

Ahora bien, cuando se cierra el paso de la sangre a determinadas partes del cerebro y luego vuelve a restablecerse sin destruir al tejido encefálico, se establece que el paciente sufre accidente isquémico transitorio, condición que generalmente es aviso del llamado ictus, padecimiento que además de obstruir la circulación sanguínea mata fragmentos del órgano en cuestión, dando origen a lo que se conoce como infarto cerebral.

Previo al infarto

En las paredes de las arterias suele acumularse colesterol y residuos de células musculares y sanguíneas, además de calcio, lo que suele dar origen a lo que se llama placas de ateroma, que de alcanzar tamaño que dificulte el paso de la sangre produce aterosclerosis. Esos elementos que se adhieren a los conductos por donde fluye la sangre -al igual que coágulos- pueden desprenderse e incrustarse en vasos sanguíneos del cerebro, lo que da lugar a bloqueo temporal de la circulación y, por ende, a accidente isquémico transitorio.

Este padecimiento es de inicio repentino y, por lo regular, dura entre 2 y 30 minutos; sus síntomas se presentan según la parte del cerebro que haya quedado desprovista de sangre y oxígeno, pero en términos generales agrupa a los siguientes trastornos:

  • Pérdida de la sensibilidad, debilidad o parálisis en pierna, brazo o costado.
  • Ceguera y sordera parciales.
  • Visión doble.
  • Mareo.
  • Lenguaje ininteligible.
  • Incapacidad para reconocer partes del cuerpo.
  • Incontinencia urinaria.
  • Desequilibrio y caída.
  • Desmayo.

Dichos síntomas son temporales, no obstante, estos episodios llegan a presentarse en repetidas ocasiones, riesgo que se incrementa conforme se envejece, al padecer hipertensión, aterosclerosis, enfermedad del corazón, diabetes, exceso de glóbulos rojos (policitemia) o leucemia (cáncer en la sangre).

Este problema de salud se diagnostica mediante observación de los síntomas, lo cual se complementa y confirma con una serie de evaluaciones y estudios, por ejemplo, escuchar los ruidos generados por el flujo irregular de sangre mediante aparato denominado fonendoscopio, resonancia magnética (técnica que permite visualizar imágenes de cortes de cualquier parte del cuerpo) o angiografía (examen radiológico de los vasos sanguíneos).

El tratamiento de accidente isquémico transitorio consiste en controlar los factores de riesgo, por ejemplo, regular la presión arterial, reducir niveles de colesterol y glucosa, y no fumar; asimismo, pueden prescribirse medicamentos que disminuyan la tendencia a formar coágulos, pero si se detecta que un vaso sanguíneo está obstruido en más de 70% se requiere intervención quirúrgica para destaparlo.

Lo irremediable

Muchos de los afectados por el padecimiento antes descrito llegan a sufrir ictus, que se refiere a la interrupción del flujo sanguíneo al cerebro que siempre deriva en muerte de algunas porciones de tejido cerebral. Este padecimiento puede presentarse de las siguientes maneras:

  • Isquémico. Su causa principal es la obstrucción de algún vaso sanguíneo debido a aterosclerosis o coágulo (embolia cerebral); ello puede originarse en cualquiera de las arterias que se dirigen al encéfalo, por ejemplo, en la carótida puede desarrollarse acumulación importante de grasa (ateroma) y reducirse la circulación al mínimo, de manera similar a como lo hace el agua que corre por una tubería medio tapada. Dicho componente graso también puede desprenderse de la arteria carótida, pasar a la sangre y quedar atrapado en un conducto más pequeño cerrándolo por completo.
  • Hemorrágico. Se caracteriza por generar ruptura de un vaso sanguíneo, lo que impide la circulación normal y permite que la salida de sangre inunde alguna región del cerebro y la destruya; asimismo, este tipo de derrame aumenta en forma rápida y peligrosa la presión en el encéfalo. Las lesiones craneales representan la causa más frecuente de este problema en personas menores de 50 años, aunque también se asocia a malformación en arterias y venas.

Habitualmente el médico diagnostica ictus por medio de historia clínica, síntomas (similares a los del accidente isquémico transitorio), exploración física, tomografía computarizada (radiografía en la que se usan ondas ultrasónicas), resonancia magnética y/o angiografía.

Una vez que se ha confirmado la presencia de ictus isquémico, el neurólogo administra oxígeno y asegura que la persona afectada reciba líquidos y alimentación adecuados por vía intravenosa, lo que se complementa con anticoagulantes. Para reducir tanto inflamación como aumento de presión en el cerebro se prescriben ciertos medicamentos y, si el paciente se encuentra muy grave, se coloca respirador artificial. El tratamiento del ictus hemorrágico es semejante al del isquémico, pero, a diferencia de éste, nunca se administran anticoagulantes y se procede a intervención quirúrgica para eliminar la sangre acumulada en el cerebro.

¿Y después?

Es importante saber que cada ataque es diferente, lo que depende de la parte dañada del cerebro, extensión de la lesión y estado general de salud de la persona, por estos motivos los pacientes pueden presentar las siguientes secuelas:

  • Debilidad o parálisis. Puede afectar un lado completo del cuerpo o sólo brazo o pierna.
  • Problemas de equilibrio o coordinación. Al paciente se le dificulta sentarse, estar de pie y caminar.
  • Dificultades de lenguaje. Se manifiestan mediante problemas para entender, hablar o recordar palabras.
  • Dolor o adormecimiento. Estas sensaciones se presentan en diversas zonas del cuerpo, impiden que el paciente se relaje y sienta cómodo.
  • Problemas de memoria y razonamiento. A la persona se le dificulta recordar acontecimientos, seguir instrucciones y tener conciencia de la fecha y hora del día en el que se encuentra.
  • Disfagia. Complicación para comer.
  • Incontinencia urinaria y/o fecal. Se puede ayudar al afectado mediante la colocación de pañales o cómodos.
  • Explosiones emocionales. El afectado suele pasar repentinamente de la risa al llanto y de ahí al enojo.
  • Depresión. Estado de tristeza extrema que puede presentarse semanas después del ataque cerebral.

Por lo anterior, adquiere especial importancia el seguimiento de programa de rehabilitación, el cual incluye diversas actividades, como terapia física, ocupacional, de lenguaje, ocio y educación para el paciente y familiares. Cabe destacar que después de este proceso a algunas personas se les llega a dificultar caminar, mantener el equilibrio o realizar ciertas labores cotidianas, por lo que pueden encontrar gran apoyo en diversos accesorios, como bastón, andadera, silla de ruedas y aparatos ortopédicos.

Por otra parte, debe tenerse en mente que las personas que han padecido infarto cerebral tienen mayor riesgo de sufrir otro, por lo que es de vital importancia seguir estrictamente las recomendaciones del neurólogo y aprender a reconocer las señales que pudieran indicar accidente isquémico transitorio o ictus (por ejemplo, debilidad en un lado del cuerpo y dificultad al hablar) y buscar atención médica inmediata.

Considera que en esta enfermedad el factor tiempo es determinante, pues se ha comprobado que los pacientes tratados por el neurólogo en forma temprana, recuperan en mayor medida sus funciones cerebrales y físicas.

SyM - Karina Galarza Vásquez

 

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