Medidas para prevenir un segundo infarto al miocardio - SyM
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La vida después de un infarto

Miércoles 01 de junio del 2016, 09:55 am, última actualización.

Bajar de peso, practicar ejercicio, mejorar la alimentación y erradicar el consumo de tabaco son cambios de hábito necesarios en quien ha sufrido un infarto. Pueden representar un giro radical, pero gracias a ellos es posible llevar una vida normal.

Infarto, Colesterol, Infarto del miocardio, Corazón

Las enfermedades cardiovasculares, sobre todo el infarto del miocardio (muerte de una parte del músculo del corazón por falta de sangre), se encuentran a la cabeza entre las causas de muerte en México y muchos otros países.

A pesar de su gravedad, las expectativas de vida después de una experiencia de este tipo son halagüeñas, siempre y cuando el paciente comprenda que tiene que hacer modificaciones importantes en su estilo de vida. De lo contrario, y a pesar del avance de la Medicina, un segundo episodio cardiaco puede estar a la vuelta de la esquina.

México es uno de los países con mayor número de factores de riesgo de padecer un infarto, pues obesidad, diabetes (excesiva concentración de azúcar en sangre por la incapacidad del organismo para aprovecharla), hipertensión (presión arterial alta) y dislipidemia (elevación en cifras de grasa en sangre) se han vuelto muy comunes debido a la adopción generalizada de hábitos alimenticios inadecuados y escasa actividad física.

Recientemente se realizaron exámenes a 1,722 habitantes de la Ciudad de México, quienes fueron sometidos a cuestionarios, estudios de sangre y diversos exámenes, entre ellos una ecografía para medir la presencia de placas de grasa en venas y arterias (ateroescleróticas), para determinar el riesgo de padecer enfermedades circulatorias. Los resultados, obtenidos por médicos adscritos al Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS), fueron cotejados con muestras similares provenientes de Argentina, Colombia, Chile, Ecuador, Perú y Venezuela. La investigación concluyó que la población mexicana es la más propensa a sufrir infarto del corazón.

Cambiar para vivir mejor

Hace 20 años el infarto era la tercera causa de defunciones en México, pero en la actualidad ocupa la primera posición. Las expectativas de que esta situación cambie son muy bajas, por los altos índices de obesidad y diabetes con que contamos.

“Somos el segundo lugar mundial en obesidad infantil y el primero si hablamos de la población adulta”, dice el cardiólogo Rodolfo del Ángel Arenas, adscrito al Hospital General Regional núm. 25 del IMSS, en la Ciudad de México.

La edad en que se presentan los infartos, señala el también experto en ecocardiografía, ha disminuido en los últimos tiempos y ahora hay episodios cardiacos en personas de 40, 30 e, incluso, 20 años.

Sin embargo, y a pesar de que parece que todo está en contra, una persona que ha sufrido un evento cardiovascular puede recuperarse y tener buena expectativa de vida, aunque, apunta el entrevistado, todo depende de cómo se encontraba la salud general del paciente antes del infarto. Así, son muy distintas las perspectivas de alguien con diabetes, obesidad, presión sanguínea alta, colesterol elevado y que además fumaba, a las de un individuo que practicaba ejercicio y sólo omitió cuidar sus niveles de grasa.

En este sentido, dice el Dr. Del Ángel Arenas, tras un infarto debe ocurrir un cambio radical en el comportamiento. En principio, el paciente tiene que bajar de peso y practicar ejercicio diariamente (y por siempre) durante al menos 30 minutos; basta con que camine, aunque también puede hacer otras actividades físicas bajo indicación médica.

Además, deberá disminuir el consumo de sal y hacer cambios en su régimen alimenticio, de manera que prefiera la ingestión de frutas y verduras sobre los alimentos de origen animal.

Por supuesto, también ha de permanecer muy atento a sus cifras de lípidos (colesterol, triglicéridos y lipoproteínas de alta densidad), cuyo descontrol es dañino. De igual forma, disminuirá el consumo de alcohol y abandonará el hábito de fumar por completo, señala el prestigiado especialista.

Las perspectivas son buenas cuando se sigue este proceso, ratifica el también especialista en cardiopatía pediátrica. “El paciente prácticamente podrá hacer su vida normal, e incluso me atrevo a decir que vivirá mejor, porque tendrá la obligación de cuidarse y eliminar sus factores de riesgo”, sentencia.

Que no llegue el segundo

Es muy variable el tiempo en que puede presentarse un segundo infarto cardiaco, pero todo está estrechamente vinculado con el cumplimiento o trasgresión a las recomendaciones dietéticas y farmacológicas.

Así, establece el entrevistado, se sabe que de cada 100 pacientes que sufren un infarto, 50 de ellos morirán en el transcurso de un año. A su vez, de las 50 personas restantes, 25 fallecerán antes de que se cumplan dos años del episodio.

Se antoja complicado que alguna persona con enfermedad cardiovascular se niegue a bajar de peso o dejar de fumar, pero el cardiólogo sentencia que estos dos aspectos son los que más trabajo les cuesta modificar a los enfermos.

Ocurre de esta manera porque hay mucha gente que “sufre un infarto porque padece obesidad tipo tres, que supone un excedente de 40 kilos; por otro lado, y aunque parezca inconcebible, es una realidad que alto número de pacientes sigue fumando”, apunta el Dr. Del Ángel Arenas.

Revisión constante

Las estadísticas señalan que el varón puede sufrir un infarto a lo largo de toda la vida, en tanto que las mujeres corren mayor riesgo después de la última menstruación (menopausia) y entran de lleno al climaterio, simplemente porque desaparecen de su organismo las hormonas que le servían como escudo contra este tipo de lesiones.

Como sea, el experto señala que es preferible que ambos, hombre y mujer, obtengan a un perfil de lípidos cada seis meses a partir de los 40 años de edad, a fin de conocer el estado de su salud circulatoria.

Quien ya tuvo un infarto debe acudir al especialista cada mes durante el primer trimestre; luego, cuando se encuentre en régimen de control, podrá ir a consulta 3 o 4 veces al año. Además, deberá tomar medicamentos de por vida, sobre todo un antiagregante plaquetario, que permite reducir el colesterol. También es posible que requiera otros fármacos, si es que padece hipertensión o diabetes.

Finalmente, el Dr. Del Ángel Arenas explica que si el paciente fue sometido a intervención para colocarle uno o más stents (accesorio en forma de tubo que tiene como función mantener abierta una arteria que sufrió obstrucción), habrá que practicar semestralmente una prueba de esfuerzo para saber cómo se encuentran dichos aditamentos, ya que es posible, dice el galeno, que se obstruyan.

“Por fortuna esto no es muy frecuente, porque los stents más novedosos tienen la particularidad de que son medicados, es decir, tienen una sustancia que se libera paulatinamente y se encarga de preservar la permeabilidad. Estos accesorios están disponibles desde hace cinco años”, concluye.

SyM - Juan Fernando González G.

 

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