Centro Cardiovascular / Artículos

Problemas circulatorios, acoso a las extremidades

Las alteraciones en la circulación de las piernas, que suelen sufrir las personas de edad avanzada, son resultado de la evolución de padecimientos que no se atendieron de manera oportuna durante la juventud o adultez. Aprende a hacerles frente y evita complicaciones.

Cuando los adultos mayores se quejan de dolencias en las extremidades por deficiente circulación sanguínea, nunca falta quien les diga: “A tu edad son normales” o “son problemas de la vejez”. Sin embargo, los especialistas desmienten tales afirmaciones.

“Los problemas vasculares del anciano no existen como tales, sino que se trata de complicaciones de enfermedades cuya antigüedad llega a ser importante. Esto quiere decir que la persona de más de 70 años no desarrolla el problema debido a su edad, pues ya venía ‘arrastrando’ la afección desde los 20, 30 ó 40 años”, explica el angiólogo (encargado del estudio de venas y arterias) Marcelo Páramo Díaz, quien es egresado de la Facultad de Medicina de la UNAM y posgraduado del Hospital Universitario de Estrasburgo, Francia, así como del Instituto Policlínico de Barcelona, España.

Las enfermedades vasculares en las extremidades inferiores se clasifican en arteriales o venosas. Las primeras pueden ser secundarias a defecto local en las arterias, por ejemplo, los aneurismas (abombamiento anormal en una porción arterial), o bien son propios de enfermedades como arteriosclerosis (endurecimiento de vías que transportan sangre). Las segundas incluyen várices y trombosis venosas (formación de coágulo dentro de un vaso sanguíneo).

Más comunes

De acuerdo con el entrevistado, quien también ha sido presidente de la Sociedad de Angiología y Cirugía Vascular, así como de varias sociedades internacionales, los problemas más frecuentes en el anciano son los arteriales.

Uno de ellos es la llamada oclusión arterial, que se refiere a obstrucción del riesgo sanguíneo hacia las extremidades por placas de ateromas, lo cual provoca falta de oxigenación crónica (isquemia), trombo o embolia. Sus síntomas dependen del vaso afectado, la extensión de la obstrucción y rapidez con que progrese.

En algunos casos, la piel puede tornarse seca y escamosa con crecimiento deficiente de uñas y pelo y, a medida que empeora la isquemia, pueden aparecer úlceras en los dedos del pie, talón o piernas, especialmente después de traumatismo local (golpe, herida o fricción).

A su vez, los padecimientos venosos incluyen:

Abuelos en riesgo

¿Por qué los problemas se acentúan en la vejez? En primer lugar, tomemos en cuenta que desde hace años está presente una alteración que compromete la circulación de la sangre. A ello se suma que la persona sube de peso, camina poco y padece hipertensión.

El anciano, por su condición general camina poco; en consecuencia, su masa muscular no favorece la circulación arterial para solicitar mayor cantidad de sangre, ni la venosa para favorecer el retorno del vital líquido. Lo anterior se denomina estasis, la cual tiene consecuencias desfavorables.

“La falta de ejercicio provoca hinchazón en las piernas y, en estas condiciones, cualquier golpe, picadura de insecto o rasguño producido al ponerse un calcetín o media, causa infección y se genera una úlcera venosa”, refiere el especialista, quien también se desempeña como jefe de la División de Cirugía del Hospital de Especialidades del Centro Médico La Raza, perteneciente al Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) y localizado en la Ciudad de México.

Por otra parte, la circulación lenta ocasiona que la sangre se torne más espesa por la capacidad respiratoria disminuida, por lo que tiende a estancarse y oxigenar poco los tejidos.

“Cuando la persona permanece durante mucho tiempo en cierta posición, apoyándose en alguna saliente ósea (por ejemplo, el talón), ésta queda sin irrigación sanguínea, se pierde la capacidad de cicatrización en la zona y forma una escara. Ésta es un tejido muerto que se desprende y permite la formación de una ulcera que se infecta”, advierte el Dr. Páramo Díaz.

Otro padecimiento que puede complicar los problemas circulatorios es la diabetes mellitus (altos niveles de azúcar en sangre), ya que provoca disminución en el diámetro de los vasos sanguíneos y, por ende, reducción en el aporte de oxígeno. “Lo anterior favorece la obstrucción de los vasos y, si a esto agregamos la arteriosclerosis que el paciente padece desde hace tiempo, se tapan las arterias. Si no hay compensación adecuada por otras vías se presenta isquemia (falta de oxigenación) que puede derivar en gangrena y amputación.

A lo anterior se suma la disminución de la capacidad visual, lo cual representa un peligro cuando la persona se corta las uñas de los pies, momento en el que se producen lesiones que pueden agravarse.

¿Qué hacer?

Por todo lo anterior, es fundamental que a las personas de edad avanzada se les revisen frecuentemente las extremidades para vigilar la coloración, que tiende a ser azulada o cianótica (a causa de estancamiento de sangre) o pálida (por falta de circulación). También es necesario observar si hay hinchazón o resequedad.

Para evaluar estos problemas es suficiente el diagnóstico clínico, el cual se puede apoyar con ultrasonografía doppler, útil estudio para examinar el flujo de sangre de los vasos grandes que irrigan a las extremidades.

“Los problemas circulatorios en los ancianos pueden mejorar mediante práctica de ejercicio y movilización, lo que debe ir en función de las condiciones generales de las personas. También es de gran ayuda elevarles las piernas, mantener buen aseo, lubricarles la piel y cuidar sus uñas. Ahora bien, en cuanto al tratamiento quirúrgico, solamente está indicado cuando hay riesgo de perder la extremidad, ya que el procedimiento puede ser peligroso para el anciano”, acota el Dr. Páramo Díaz.